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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-09-2017

La democracia y la calle

Guillermo Almeyra
Rebelin


El jueves 21 en las ciudades grandes de Francia se realizaron manifestaciones contra la reforma reaccionaria del Cdigo de Trabajo y el lunes, la huelga de los camioneros, con bloqueo de las gasolineras y de las rutas proseguir la protesta.

Los trabajadores franceses retoman as la inmensa movilizacin en 2016 contra la reforma del Cdigo Laboral del gobierno socialista anterior. En Argentina, por su parte, los estudiantes secundarios de Buenos Aires, apoyados por los maestros, ocupan desde hace semanas los colegios y hacen manifestaciones para anular la reaccionaria reforma de la Ley de Educacin que quiere realizar el gobierno macrista de la ciudad. Los miembros del Conicet argentino ocupan adems las instalaciones del Ministerio de Ciencia y Tecnologa para luchar contra los recortes de fondos para la institucin.

La respuesta es siempre la misma: la democracia no se hace en la calle, las leyes las hacen las instituciones parlamentarias. Eso dicen Macron y Macri y todos los gobernantes de este mundo capitalista algunos de los cuales admiten a regaadientes el derecho de huelga y el derecho a manifestar (aunque tratan de reglamentarlos-anularlos).

Realmente la sede de la democracia son los Parlamentos? Esa afirmacin es doblemente falsa. En primer lugar, porque los Parlamentos y la capacidad de legislar nacieron de la calle con la Revolucin Inglesa de 1688, se reafirmaron en la calle con la revolucin en las colonias inglesas de Amrica y la guerra de liberacin nacional que condujo al nacimiento de Estados Unidos y se identificaron con la democracia con el triunfo de la Montaa en la Revolucin francesa en 1791-1792.

Dicho sea de paso, la burguesa no hizo ni dirigi la Revolucin Francesa aunque en parte la prepar y despus la canaliz y la expropi en su beneficio. La revolucin la hizo el demos, o sea, el pueblo y la nacin, organizados en Pars en los clubes y secciones y en la Comuna. En esa alianza entre sansculottes y burgueses medios y chicos (los grandes haban comprado ttulos de nobleza o eran monrquicos), segn los testimonios escritos, los trabajadores y artesanos se identificaban como nacin y utilizaban la calificacin de pueblo para los buergueses medios o pequeos y fue la nacin en armas y no el pueblo quien hizo la revolucin y defendi las fronteras contra los ejrcitos de las monarquas.

En el siglo XIX la jornada laboral, incluso en las minas, era de 15 horas y basta con leer a Dickens para horrorizarse ante el trabajo femenino e infantil desde los 5 aos y la terrible condicin de las viviendas de los trabajadores y de su alimentacin y hbitat en general. Aunque algunos filntropos preocupados por la mortalidad en los barrios obreros y por la degeneracin fsica y poco rendimiento de los trabajadores propusieron leyes que protegan a stos, la mayora absoluta de las leyes laborales, sanitarias, educativas, ambientales y el mismo voto universal surgieron de la organizacin y de las luchas obreras y costaron sacrificios y muertes. Fue la calle quien reestableci el Parlamento y la Constitucin en Italia al fusilar y colgar a Mussolini y a los jerarcas fascistas, y en Francia la Liberacin fue fruto de los ejrcitos que vencieron a Vichy y a los nazis pero tambin de los Maquis, los civiles armados, en su mayora trabajadores del campo y de la ciudad y de su lucha contra las instituciones legales pero ilegtimas.

Las propuestas de leyes laborales deben ser discutidas y aprobadas (en Francia, China, Cuba o cualquier lugar del planeta) por los trabajadores en su lugar de trabajo reunidos en asamblea, y no slo por gente elegida cada tantos aos pero desligada, por su vida y sus privilegios, de quienes trabajan. Lo mismo vale para las leyes sanitarias en las que deben opinar vecinos, usuarios de servicios, ecologistas pero, sobre todo, el personal enseante u hospitalario.

Mientras los representantes legales de la voluntad popular, elegidos por los partidos, no sean controlados por sus electores y revocables en todo momento, como en la Comuna de Pars en 1871, los trabajadores debern legislar con sus huelgas y manifestaciones que nuevamente, oponen la nacin a un pueblo multiclasista de meros electores ocasionales.

En la calle es necesario ganar las conciencias de quienes delegan o venden su voto, es fundamental elevar el grado de decisin y de moral de las vctimas de las leyes reaccionarias que refuerzan la dominacin y la explotacin capitalistas, es indispensable demostrar con propuestas que no es cierto que no haya una alternativa ni que existan inexorables leyes econmicas que supuestamente obligan a adoptar medidas impopulares.

No existe una falta de alternativas: hay una dictadura en las empresas y no hay consulta previa a los trabajadores. En los servicios priva adems el infame concepto de que ferrocarriles, hospitales, escuelas, agua, luz deben tener equilibrio presupuestario o dar ganancias, cuando son en realidad inversiones que hacen posible tener trabajadores sanos, ms cultos y ms productivos y deberan ser gratuitos.

Los Parlamentos nacieron de revoluciones e insurrecciones y no pueden sustituir la soberana, que reside en el pueblo y no en quienes dicen ser los representantes de ste. La calle puede ser y ser legisladora mientras quienes con su trabajo producen la riqueza de los pases estn ajenos a una actividad legisladora que no los tiene en cuenta. Sobre todo all donde los grandes patrones gobiernan, como en Francia o Argentina, donde impera un masivo fraude preelectoral o en las urnas mismas, como en Mxico, o donde golpes de Estado parlamentarios burlan la votacin popular, como en Brasil.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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