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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-09-2017

Post-verdad, transparencia y personalizacin en internet

Jos Mara Agera Lorente
Rebelin


La tecnologa sigue progresando hacia un poder cada vez mayor, ya sea para el bien o para la destruccin. Cul es la fuente de todos estos problemas? La fuente es bsicamente el pensamiento (David Bohm: Sobre el dilogo)

Lo que nos mete en problemas no es lo que no sabemos, sino lo que creemos con certeza y no sabemos. (Mark Twain, cita tomada de la pelcula La gran apuesta)

La post-verdad es la versin remozada y tuneada del posmoderno debilitamiento de la nocin de verdad por el que, en definitiva -se admita o no-, se abraza el relativismo ms absoluto -valga la paradoja- y de facto se renuncia al conocimiento (lase mi artculo Post-verdad: nada nuevo bajo el sol). Esto quiere decir que nuestro sistema de creencias -personal constructo cognitivo desde el que, en gran medida, juzgamos lo que admitimos como verdadero y lo que no- se convierte en un fortn inexpugnable para toda evidencia contraria al mismo. Qu efecto pueden tener sobre la cultura de la post-verdad las nuevas tecnologas del mundo digital y particularmente las redes sociales que han florecido en el entorno de internet es lo que deseo exponer aqu aprovechando especialmente el libro del activista y crtico de las nuevas tecnologas, el norteamericano Eli Pariser, titulado El filtro burbuja, publicado en castellano en abril de este ao (por cierto, no es la primera vez que aludo a las tesis de este autor; a ellas hago referencia sucinta en mi artculo titulado El secuestro de la mente y la paradoja de internet ).

La post-verdad implica necesariamente el constructo de una versin de los hechos ajustada a una lgica discursiva monolticamente congruente e invulnerable al efecto corrector de aquello que pueda poner en entredicho el sistema de creencias que le confiere solidez en la mente del individuo que la sustenta. Requiere, por as decir, el aislamiento cognitivo de la persona, su refugio en una burbuja que le proteja de entrar en contacto con todo lo que l no tiene por verdadero, lo que se facilita generando un ambiente en el que se infravaloren los hechos frente a las emociones y creencias propias. Esta condicin es la que el filsofo Jos Antonio Marina denominaba fracaso cognitivo en su libro titulado precisamente La inteligencia fracasada. En l reconoce cuatro clases de fracasos dentro de la conducta no patolgica del sujeto; a saber: el prejuicio, la supersticin, el dogmatismo y el que considera ms peligroso de todos, condensacin de los anteriores, que no es otro que el fanatismo. Todos ellos son fracasos de la inteligencia porque bloquean la que seguramente es su funcin vital, que es conocer la realidad. Este es uno de los objetivos primordiales del uso racional de la inteligencia, el cual se torna imposible de alcanzar cuando la inteligencia se encierra en su mundo privado, a todos los efectos un mdulo de funcionamiento autnomo y completamente blindado frente a las evidencias en contra de las creencias que lo conforman. Esos mundos -nada sutiles, ni ingrvidos, ni gentiles en expresin del poeta - constituyen el semillero ideal para que germinen el prejuicio, la supersticin, el dogmatismo y el fanatismo. Todo recurso de comunicacin humano que tapie las ventanas que permite el intercambio entre las mentes y entre stas y la realidad, con todo lo que sta tiene de contradictora de nuestras creencias, es un riesgo para la humanidad en su conjunto. Nadie como el matemtico y filsofo de mediados del siglo XIX William Kingdon Clifford para expresar lo que queremos decir. l escribi en su ensayo (no traducido an al castellano, lamentablemente) titulado The ethics of belief (La tica de la creencia) lo siguiente: Si un hombre, con creencias que le ensearon en la infancia, o que asimil ms tarde, es fiel a ellas y desestima todas las dudas que se plantea l mismo al respecto, elude adrede la lectura de libros y la compaa de personas que las cuestionan o las analizan, y considera impas las preguntas que no pueden responderse fcilmente sin poner aqullas en entredicho; la vida de ese hombre es un pecado continuo contra la humanidad. Amn.

He aqu un asunto en el que se pone a prueba la fe en el progreso y lo que se pregunta el mencionado Eli Pariser es si la web ha supuesto un avance en la senda tica sealada por Clifford o, por el contrario, se camina, sobre todo en el mbito de las redes sociales, hacia la implantacin de procedimientos algortmicos que, sin que nos demos cuenta, nos conducen a encerrarnos en esos mundos privados en los que nuestras creencias se retroalimentan en un ensimismado bucle de informacin filtrada segn el perfil de preferencias confeccionado con el permanente rastreo de nuestros intereses inferidos a partir de nuestro continuo devenir por internet. Sin nuestro control, la red se hace con un cuadro de la personalidad de cada uno de nosotros que nos es opaco y que determina qu llega a nuestro conocimiento y qu no. Dicho contundentemente por el activista norteamericano: Por definicin, un mundo construido sobre la base de lo que nos resulta familiar es un mundo en el que no hay nada que aprender. Si la personalizacin es demasiado especfica, esta puede impedir que entremos en contacto con experiencias alucinantes y aniquiladoras de prejuicios, as como con ideas que cambien nuestra forma de pensar con respecto al mundo y a nosotros mismos.

A decir de Pariser, el mundo digital est cambiando radicalmente. Ha dejado de ser ese medio annimo en el que cada cual poda ser quien quisiera para convertirse en una herramienta con la que recoger y analizar nuestros datos personales (no otra cosa representan los cookies). Para expresarlo en forma de eslogan: el medio que iba a permitir el renacimiento de la utopa ha mutado en una fuente de temores distpicos. Estos se condensan en dos: la presin del aspecto econmico de la personalizacin hacia un concepto esttico de persona y la concentracin en la prctica del control sobre lo que vemos y qu oportunidades tenemos en manos de unos pocos. Nuestra dimensin de consumidores puede acabar fagocitando la de ciudadanos. Esto es enormemente daino para la salud de las actuales democracias en las que la cuestin de la identidad es un serio problema y la guerra ideolgica global un hecho.

El filtro burbuja (filter bubble en el ingls original) desdibuja el gora que debe tener su sitio en el mundo personal de cada ciudadano de las democracias contemporneas. Ese es el lugar en el que, aplicando el criterio de la intersubjetividad, estamos en disposicin de acceder a la realidad. La nueva generacin de filtros de la informacin de internet, sin embargo, observan las cosas que parecen gustar a cada cual y a las personas que se le parecen, y a partir de ellas extrapolan. En palabras de Pariser: Son mquinas de prediccin cuyo objetivo es crear y perfeccionar constantemente una teora acerca de quin eres, lo que hars y lo que desears a continuacin. Conlleva un determinismo informativo que implica una merma de nuestra libertad al cercenar opciones y, por ende, nuestra capacidad para elegir cmo queremos vivir. La personalizacin algortmica que, en esencia, es el filtro burbuja, es la interfaz que se coloca entre cada uno de nosotros y la realidad, por lo que su poder de sesgo sobre sta es considerable. Y ese sesgo va en la lnea de reforzar nuestros gustos, nuestras creencias, aquello que complace y refuerza nuestra egocntrica visin de las cosas excluyendo todo lo que potencialmente nos podra servir para contrastarla y falsarla, aunque nos cueste un disgusto. Pero lo que es ms grave: nos puede hacer incurrir en la ilusin de que todo lo que nos muestra la pantalla es todo lo que hay al hurtrsenos un aspecto primordial de la realidad cuando se busca conocerla, a saber, lo que no sabemos. Como aquellos prisioneros de la caverna platnica, creyentes de que la realidad se reduca a las sombras que se proyectaban en su pared, el homo internauta sera tambin ignorante de su ignorancia. Este es, en fin, el escenario perfecto para que se instale el reino de la post-verdad, pues -como sostiene el filsofo Byung-Chul Han en La sociedad de la transparencia (de las mismas fechas que el texto de Pariser)-: Transparencia y verdad no son idnticas. Esta ltima es una negatividad en cuanto se pone e impone declarando falso todo lo otro. Ms informacin o una acumulacin de informacin por s sola no es ninguna verdad.

Si dejamos atrs la verdad -la embajadora intersubjetiva de la realidad- y socialmente abrazamos la post-verdad regresaremos a esa etapa infantil en la que el nio vive en su mundo de fantasa de espaldas a la realidad. Jean Piaget, en sus investigaciones sobre el desarrollo de la inteligencia, constat que lo que hacia que el infante abandonara sus confortables reductos ntimos y sustituyera la evidencia privada por la intersubjetiva es la necesidad de relacionarse con los dems. El filtro burbuja proporciona un entorno de mximo confort pues reduce el contacto con los otros, los que no piensan como nosotros; o limita las opciones de exponernos a lo que nos contradice y/o contrara, colocndonos as muy cerca del solipsismo. Quin va a querer salir a la plaza, a exponerse a la intemperie y a la peticin de explicaciones de los vecinos cuando se encuentra tan a gusto en su propia casa donde no le falta de nada?

El trabajo de la verdad -que cuesta trabajo!- es una tarea colectiva, expuesta permanentemente al contraste con la realidad y al dilogo con los otros que no piensan lo que uno. As se ha construido la civilizacin en la que vivimos, basada no en logros materiales, sino en el conocimiento. Si ahora todo se acaba reduciendo a expresarse uno mismo es probable que olvidemos toda la infraestructura pblica que apoya esta clase de expresin; y que perdamos de vista nuestros problemas comunes, si bien ellos no desparecern por ensalmo. Recurro de nuevo a Byung-Chul Han, que lo ve muy claro: Los social media y los motores de bsqueda personalizados erigen en la red un absoluto espacio cercano en el que est eliminado el afuera. All nos encontramos solamente a nosotros mismos y a nuestros semejantes. La consecuencia es la privatizacin del mundo por desintegracin de la esfera pblica al mostrrsele al individuo nicamente -y en el mejor de los casos- la seccin que le gusta de lo que compone la realidad. 

El libro de Eli Pariser nos recuerda que una vigorosa ciudadana exige el permanente contacto con la realidad (toda) para lo que es imperativo evitar que la confinen en un bucle infinito de autoadulacin sobre los particulares intereses de cada cual. La tecnologa de la informacin y la comunicacin -como toda eficiente prtesis creada para potenciar nuestras capacidades naturales- debiera servir para mejorar nuestra capacidad de pensar, no para atrofiarla formando cmaras de eco (echo chambers) -en expresin del matemtico Andrew Odlyzco -, en las que cada grupo refuerza sus particulares visiones sesgadas, escogiendo qu se acepta como verdad, amplificando los prejuicios de cada cual y blindndole ante las preguntas incmodas Ello disuelve la conciencia pblica, crtica, al imposibilitar el dilogo en democracia, medio esencial por el que un pblico disperso, mvil y diverso -mxime en nuestras actuales sociedades multiculturales- puede ir ms all de sus intereses personales para reconocerse una comunidad; e imposibilitndolo abona el humus social para la germinacin de facciones y la siembra de fanatismos. Adems, deja el camino expedito para que quienes ostentan el poder lo hagan libres del necesario control. Como dice una vez ms Byung-Chul Han en el texto mencionado: La prdida de la esfera pblica deja un vaco en el que se derraman intimidades y cosas privadas. En lugar de lo pblico se introduce la publicacin de la persona. La esfera pblica se convierte con ello en un lugar de exposicin. Se aleja cada vez ms del espacio de la accin comn. La suplantacin de la verdad por la transparencia, latente en el discurso de la post-verdad, es el refugio infantil, al que ms arriba aludamos, en el que uno evita la responsabilidad de dar razones pblicamente de lo que sostiene y de asumir lo que de ello se deriva. Es complementaria del pseudodemocrtico aserto segn el cual todas las opiniones son respetables (o cada cual tiene derecho a pensar lo que quiera) y que en la prctica torna estril el imprescindible y precioso dilogo.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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