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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-09-2017

Lo que tenemos que hacer

Jaime Richart
Rebelin


Cuando oigo o leo algo expresado en la primera persona del plural, en el yo mayesttico, para culpabilizarnos a rengln seguido de las iniquidades y aberraciones humanas cometidas con la naturaleza, y pronosticar luego que si no cambiamos sobrevendr la muerte del planeta y el de la humanidad, me pongo de lo nervios. Y me exaspera, porque hablar uno en nombre de la humanidad o en nombre de grandsimas porciones de ella enquistadas en unos sistemas socioeconmicos devastadores por su propia estructura y configuracin, me deja la impresin de que quien habla o escribe no es plenamente consciente de hacia donde debe dirigir sus diatribas o lamentos. Desde luego no hacia nosotros, hombres y mujeres comunes del mundo. Cambie l, si entiende que debe cambiar, pero no nos pida que cambiemos todos. No nos meta a todos en el mismo saco. No nos culpe a quienes somos prcticamente la inmensa mayora de los habitantes del planeta pero no contamos para nada...

Estn los poderosos rematando a un planeta agonizante, s. Pero ni ese que habla o escribe, ni yo, ni miles de millones tenemos nada que ver con la senda de consumo, de ambicin y de destruccin que slo unos cuantos millones de individuos acaparadores del poder econmico, financiero y poltico son los que nos hacen comportarnos econmicamente como actuamos. Ellos son los que nos estn llevando a la perdicin y a la extincin planetaria. Pero siendo eso causa de mi irritacin, lo peor de todo es la inferencia. Y la inferencia es que si no nos comportsemos econmicamente como ellos nos dictan a travs de sus fatwas, de sus ucase, de sus maniobras conductistas y mentalistas publicitarias, propagandsticas, etc, -sas que estn llevando a la ruina del mundo-, el sistema, los sistemas en que nos movemos se desplomaran con estrpito de la noche a la maana. Es decir, que nos encontramos en un callejn sin salida, pues a la salida no se llega ya siquiera a travs de la entrada...

Por ejemplo, a propsito de la Sexta extincin masiva del Planeta, leo en la web Redes cristianas: Debemos adoptar un enfoque que disocie el desarrollo humano y econmico de la degradacin ambiental quizs esta sea la transformacin cultural y de comportamiento ms profunda experimentada jams por civilizacin alguna. Todo el artculo escrito en ese, para m, antiptico yo mayesttico que cada vez se me antoja ms pueril y ms sensiblero...

Ya sabemos que es un modo de expresar muy comn este tipo de llamamientos a la cordura colectiva. Pero en vista de que est comprobado que nada se logra, que todo va a peor y que nosotros nada tenemos que ver con ello, que no podemos hacer otra cosa que a duras penas reciclar hasta lo ya irreciclable, ha llegado la hora de que esta clase de llamamientos sean comprometidos, rompedores, revolucionarios. Si empleamos ese yo mayesttico deber ser para otra cosa: para convulsionar a la poblacin del mundo, para enardecerla. Debemos, ahora s, desalojar del poder poltico a los irresponsables y a los necios, y del poder econmico a los responsables, es decir, a los brbaros. Eso es lo que debemos hacer. Pero culpabilizarnos nosotros, culpabilizar al ser humano, a la humanidad porque no saben resolver problemas causados por individuos y grupsculos concretos de codiciosos y locos que atentan contra el mundo entero; denunciarnos a nosotros mismos porque estamos cavando nuestra propia fosa; nosotros, pobres e indefensos mortales, sujetos permanentemente pasivos, manejados, condicionados, vapuleados por quienes detentan aquellos poderes y los descargan sobre nosotros causando, probablemente a corto plazo, la extincin masiva, es una ingenuidad, una estupidez o una franca irresponsabilidad.

Si se puede todava hacer algo, lo que tenemos que hacer es sublevarnos, levantarnos contra ellos y elegir con la sabidura al alcance de toda alma bienpensante a los mejores. Lo que hemos de hacer es buscar a quienes nos garanticen que en adelante sometern a esos puados, s puados, de sujetos que estn al frente de los poderes econmicos, polticos y financieros, y darn un golpe de timn al funcionamiento global de un deplorable sistema depredador; que habilitarn a un justo dictador o a varios dictadores repartidos por las potencias o las naciones, para que dirijan al mundo a su salvacin por vas de la contraeconoma liberal... Y que adems debern hacerlo deprisa, porque no tenemos tiempo que perder (por cierto, es preciso aclarar que la dictadura est reconocida en la Ciencia Poltica como un recurso de emergencia; que lo odioso de la dictadura no es ella en s misma, sino su prolongacin innecesaria o su conversin en rgimen vitalicio).

Slo as podremos salir de este atolladero y controlar los pocos recursos naturales que nos quedan. Slo expresndonos de esa manera y con ese objetivo cobrar sentido lo que tenemos que hacer. Porque, rebus sic stantibus (mientras permanezcan as las cosas), de cualquier otro remedio ya nos podemos despedir. Cualquier otra clase de llamamiento al mundo, a las naciones, a la humanidad ser pura retrica, versificacin o canto de desesperacin, pero nada que conduzca a un aliviadero y menos a una solucin. Pues la retrica, la poesa o los cantos divulgados por ese deseable quehacer conforme a la tica universal y al amor a la Naturaleza, no sirven para nada. Si acaso, para ponernos el corazn en un puo. Pero en cualquier caso, si la solucin dictatorial que apunto la consideris indeseable o reprobable, ya podemos asegurar que la suerte del planeta y de la de la humanidad est echada y probablemente escrita en el ADN de esta civilizacin...


Jaime Richart, Antroplogo y jurista.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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