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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-09-2017

O Bara o Madrid?

Luis Toledo Sande
La Jiribilla


Entre las preocupaciones por el futuro de la pelota en Cuba se percibe el temor a que el ftbol la desplace. Nada raro sera que al paso del tiempo un pueblo cambie en sus preferencias deportivas, como en otras. Cuba, para decirlo con un exitoso ttulo de Ernesto Limia Daz, en gran parte ha vivido entre imperios, y abraz la pelota entre el rechazo a la tauromaquia, de tanto arraigo, aunque cada vez ms discutida, en su entonces metrpoli, Espaa, y la influencia cultural estadounidense.

La nacin caribea se consolidaba, con el independentismo como camino representativo, nico plenamente digno, y asumi la pelota sin servilismo hacia la potencia en desarrollo que dicho por Jos Mart se aprestaba a ensayar su sistema de colonizacin. El nimo de aquella Cuba se expresara hasta en la creatividad con que adopt la jerga de ese deporte, sin esperar a que apareciera un Jos Antonio de apellido Salamanca, y por broma y a lo anglfono apodado Bobby, pero de tan chispeante cubana que habra podido sacudir en la Universidad salmantina a Miguel de Unamumo, el poeta. An no haba prosperado tanto y tan sostenidamente la idea de que el mundo es, si no anglohablante de base, bilinge, pero con el ingls erigido en lingua franca o dominante, como el fruto imperial que es.

Sobre la preocupacin apuntada al inicio, no se descarte que, as como desaloj a la fiesta de los toros, la pelota pudiera dar paso al predominio del ftbol o futbol, o balompi, denominacin que parece borrada por la avalancha de la lengua inglesa. Que ese deporte se imponga no se debe considerar imposible, ni siquiera porque la pelota haya sido una fogosa pasin nacional, que ha incluido el placer de derrotar a equipos del pas cuna de ese juego.

El cambio tampoco sera obra de la naturaleza ni del espritu santo, sino consecuencia de hechos concretos. Uno de ellos radica en la crisis que de manera ms o menos generalizada se reconoce en la pelota cubana, y que no requiere ser experto para apreciar que no obedece a la casualidad ni a razones de ndole tcnica. Pero cualquiera que sea el caso, se necesita conocerla y enfrentarla si se quiere revertir, lo que tampoco ha de estimarse improbable.

Ese asunto que antes pudo haberse percibido de diversos modos arreci con la expansin del deporte asociado al negocio. Se relegaba as cada vez ms la actividad deportiva por aficin, propia del amateurismo, vocablo que, venido del francs amateur (amador), recuerda la poca en que esa lengua se supona portadora de lo espiritual, frente al pragmatismo del ingls. En la prensa cubana de las primeras dcadas del siglo XX pulularon soire y business, elocuente pareja lxica: festividad y negocio, respectivamente.

En plena pujanza de la ofensiva empresarial que en el deporte resulta inseparable del neoliberalismo, organismos internacionales competentes impulsaron la mezcla de atletas aficionados y profesionales. Este ltimo rtulo identifica a quienes practican el deporte que se llama rentado. Ms que la consagracin vocacional a una determinada actividad, esa denominacin corresponde a la prctica deportiva dominada por la bsqueda de dividendos.

En ese entorno hubo quienes se ganaron el sambenito de dogmticos con el que hoy se intenta desacreditar a quienes no acatan el dogma capitalista por vaticinar que tal medida, que pareca concernir de modo asptico al desarrollo del deporte, en particular de la pelota, se diriga en particular contra Cuba. Al igual que en otras esferas, en la deportiva este pas se alejaba con voluntad programtica de la llamada libre empresa, y defenda modalidades primordialmente afines al cultivo de la salud fsica y la satisfaccin moral. Tambin con ello daba un ejemplo condenado por los magnates que se enriquecan lo mismo a base de explotar el deporte que el petrleo, la produccin material en su conjunto y los casinos, entre otras actividades.

La mezcla de jugadores aficionados y profesionales en competencias no solo beisboleras, pronto mostr sus efectos para el dscolo pas que en los deportes, y no solo en el de su vehemencia nacional, acumulaba en confrontaciones internacionales logros desmesurados para el nmero de sus habitantes y su solvencia econmica. De ello dieron una seal rotunda las Olimpadas de Barcelona, en 1992: un quinto lugar honrossimo, y tambin inarmnico con respecto a su tamao y sus recursos econmicos, mxime cuando se haban disuelto el campo socialista europeo y la Unin Sovitica, por lo que ya atravesaba la realidad mgicamente bautizada perodo especial en tiempo de paz.

De la alianza solidaria con aquellos poderes le haban llegado a Cuba recursos que la ayudaron a mantener la prctica masiva de deportes alentada por la Revolucin desde su triunfo en 1959. Quizs en esa manera de asumirlos habra seguido hallando ms races y frutos perdurables que en las fascinaciones del alto rendimiento.

El verse llevada a tratar de combinar sus afanes de amateurismo con las exigencias empresariales opuestas a l le impuso desafos que, en lo tocante concretamente a la pelota, le han generado inestabilidad o zozobra. Los buenos propsitos de satisfacer en lo econmico necesidades y aspiraciones de los deportistas, que ven cmo la propiedad privada y determinadas manifestaciones creativas simpticas para el mercado aportan mayores dividendos, pudieran conducir solo pudieran? a callejones sin salida ostensible. Muchas y grandes asimetras objetivas y axiolgicas median entre el deporte visto como actividad empresarial y el que la Cuba revolucionaria intent fomentar.

Parece que para algunas percepciones son ya cosa del pasado los peloteros o boxeadores, o volibolistas, o ajedrecistas que lo daban todo para satisfacer expectativas propias de un pas en revolucin, cuyo lder, a quien era comn que de modo entusiasta se le dedicaran las victorias cosechadas, sustentaba ideales no mercantiles en el afn de transformar la sociedad, deporte incluido. Hoy, sin menospreciar el peso de la retadora economa, a menudo grosera, cabe el criterio con el cual se responsabiliza el articulista de que la crisis de la pelota y acaso de otros deportes en Cuba es, ante todo, de naturaleza ideolgica.

Las consecuencias pueden ser devastadoras, o acercarse a serlo. Basta percibir el culto al deporte rentado, u or a un comentarista presuntamente especializado decir que Cuba se ha perdido ms de cincuenta aos de nexos con el deporte profesional. Por qu no elogiar el empeo de ms de medio siglo por lograr que florecieran y se hicieran ticamente prsperas y sustentables otras formas de concebir y abrazar el hecho deportivo y la sociedad toda?

En medio de la crisis, en particular, de la pelota han hecho fortuna en Cuba los encantos del ftbol, lo que tambin se explica por una poltica informativa que rehsa, con razones, ensalzar el negocio deportivo de la potencia que bloquea al pas, y promover mediticamente a quienes han llegado al deporte rentado por la va de la desercin antipatritica. Adase que, por las manipulaciones mediticas con que se promueve en cuerda empresarial, el ftbol ha concitado que distintas voces lo llamen el verdadero opio de los pueblos, lo cual remite asimismo al descrdito de concepciones ms ateocrticas que ateas, y al fomento de creencias religiosas favorecido por penurias materiales y espirituales.

Nada de eso basta para negar los valores concretos del ftbol ni de otros deportes. Pero aquel destaca por las ganancias millonarias con que est asociado. Eso es objetivamente ms comprobable que su consideracin como el ms universal de todos: la universalidad es un concepto manipulado desde los centros de poder hegemnico, tanto en poltica y en artes literatura incluida como en filosofa, y en la moda y la generalidad de las ocupaciones y las ideas. Algo similar ocurre con otros rtulos, como local, nacional e internacional. De eso se ha ocupado el autor en otras pginas: algunas de ellas se hallan en su libro Ms que lenguaje, con sendas ediciones en 2006 y 2009.

En cuanto a las ganancias millonarias, ser necesario acudir a clculos cibernticos para afirmar que las colosales sumas pagadas a futbolistas estelares nada o muy poco tienen que ver con la importancia de las patadas que dan al baln y los goles que logran, ms bien escasos incluso tratndose de los ms afortunados entre ellos? La explicacin deber buscarse en los dividendos que aporta una maquinaria de publicidad orquestada sobre el rendimiento de deportistas que, ms que contratados, son sometidos no solo en el ftbol a redes de compraventa similares a las de animales y otras mercancas.

Al igual que la crisis de la pelota en Cuba, la imagen boyante del ftbol y otros deportes tiene en el mundo dimensin ideolgica. Fabricar hroes futbolistas millonarios, exitosos adems no solo en ligar mujeres en general, sino, sobre todo, estrellas del espectculo, invita a la generalidad de la poblacin juvenil a no buscar otros tipos de heroicidad: a no enredarse en inquietudes sociales. Basta que se apliquen a ser deportistas triunfadores, aunque las plazas correspondientes estn reservadas para unos pocos y en las mismas grandes potencias futbolsticas haya buenos jugadores que ganen muy poco o nada, porque hasta equipos existen, y no necesariamente malos, que carecen de fondos para pagarles.

Cualquiera que sea el deporte en cuestin, la propaganda sobre el enriquecimiento conviene a los poderosos: en las ganancias venidas del espectculo deportivo y de la publicidad en torno a l tienen un instrumento atractivo para controlar o apaciguar inquietudes sociales, por aquello de al pueblo pan y circo. Las ilusiones urdidas en ese mbito pueden resultar ms tentadoras para los jvenes que aquellas de que usted tambin puede ser accionista de un banco aunque se preparen para labores de tal corte al retirarse o, segn la propaganda estadounidense, hasta presidente de la nacin. Pero cuntos en un siglo?

Ningn pas est exento de ser influido por la realidad mundial, y menos cuando operan portentosas maquinarias de publicidad. Cuba, aunque se haya distinguido por ser una honrosa anomala sistmica, no es una excepcin, y tampoco en el deporte se libra de los estragos causados por la tendencia al embullo, que parece ser uno de los entretenimientos preferidos en la idiosincrasia nacional. Propicia, por ejemplo, que despus de dcadas repudiando los excesos del boxeo rentado, se oigan voces y se vean hechos que lo glorifican de diversas maneras y alaban hasta que sus brutalidades se impongan en todo el pugilismo, que as se torna ms violento o agresivo.

Nadie crea que ese es el tope de la facilidad para cambiar, sin rubor, de palo pa reguetn: ya ha aparecido el espacio televisual en que se alaben las maravillas de un seudodeporte, supuesta mezcla de artes marciales, en el cual con sus reglas o por encima de ellas se permite saltar sobre el pecho del adversario derribado, darle patadas en la cara o en cualquier parte, meterle los dedos en los ojos o intentar rajarle la boca o la nariz estirndole con fuerza las comisuras de los labios o las fosas nasales. El pragmatismo de tal alabanza ya se ha expresado en el elogio a un cubano que se dijo triunfa en ese deporte.

Vistas u odas cosas tales, no cabe asombro ante narraciones o crnicas, u otras vas promocionales, que se diran enfiladas a lograr que la audiencia cubana se interese ms en las intimidades del ftbol y sus hroes en las potencias dominantes de ese deporte o negocio a partir del juego que en la realidad deportiva propia del pas, o incluso en la vida en general de este. Hoy la devocin por el deporte de otras naciones conste que no se le ocurrira al articulista creer que es vlido ignorar el resto del mundo, ni que se debe violar el derecho de cada quien a preferir un deporte u otro se expresa, sobre todo, en torno a la rivalidad de los clubes dominantes en la Espaa monrquica.

Dada la pasin que algunas voces ponen al tratar dicha rivalidad, se pudiera suponer que para Cuba el dilema vital es O Bara o Madrid. Frente a eso parece necesario recordar que en 1869 de modo explcito sin eso que los franceses llamaran afrentosa hsitation, o sea, sin vacilar el entonces adolescente Jos Mart plasm en el peridico estudiantil El Diablo Cojuelo la disyuntiva cardinal que convocaba a su patria: O Yara o Madrid.

Para el revolucionario fiel a la conviccin de que Cuba deba ser libre de Espaa y de los Estados Unidos, aquel planteamiento de su juventud cedera centralmente el paso al que pudo haber planteado en estos trminos: O Yara o Washington. Ese dilema contina vigente en la medida en que el imperio estadounidense, con maniobras en que ha tenido la complicidad del gobierno espaol, sigue intentando doblegar a Cuba, arrebatarle la soberana que ella en 1959 alcanz contra la herencia de 1898, y que mantiene pese al podero y la agresividad del imperio al cual Espaa le sirve hoy en el seno de la OTAN. No, para Cuba la opcin crucial no es o pelota o ftbol, y mucho menos o Bara o Madrid.

Fuente: http://www.lajiribilla.cu/articulo/o-barca-o-madrid



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