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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-09-2017

Irma en el tejado: desastres, pobreza, y desarrollo en Cuba

Pedro
El Estado como tal (Blog)


Irma, Sandy, Mathew y otros, han sido fenmenos naturales, pero la calamidad que han causado no puede ser nicamente calificada como un desastre natural. Lo que casi siempre deja tras su paso un cicln tropical es el agravamiento de un desastre social previo: la pobreza.

Un cicln como Irma pone al descubierto -de manera sbita y dramtica- algo que se conoce que existe, pero sobre lo que no se divulgan cifras oficiales y que apenas se menciona en los documentos guas de la visin de desarrollo de Cuba: una presumible situacin de pobreza que se relaciona con una probable desigualdad de la distribucin de la riqueza y de los ingresos.

Extraoficialmente, investigadores cubanos estimaron en 2013 -en un libro compilado por FLACSO Cuba- que uno de cada cuatro ciudadanos se encontraba en una situacin de pobreza en el pas, mientras que la ltima vez que se calcul oficialmente la desigualdad, en 1999, esta haba crecido aceleradamente hasta alcanzar un coeficiente de Gini de 0,407, una cifra que hace casi veinte aos ya era preocupante. Ambos indicadores pudieran haber empeorado, pero eso no lo podemos saber con certeza.

El hecho de que oficialmente no se conozca su medicin, no significa que no exista pobreza y desigualdad en Cuba. El hecho de que ambas cosas se soslayen en los documentos oficiales no implica que no sean temas cruciales para poder superar el subdesarrollo.

Las polticas estatales encaminadas a evitar y contener el agravamiento de las consecuencias negativas de un evento natural sobre los ciudadanos pobres son encomiables, sobre todo cuando funciona con relativa efectividad, como es el caso de Cuba. Sin embargo, esas polticas no modifican las condiciones estructurales que causan la pobreza y que la convierten en el eslabn social ms dbil de la gestin para la reduccin de riesgos.

La naturaleza juega con dados cargados

Si existe una leccin importante de los cataclismos naturales, ratificada hasta la saciedad por miles de informes oficiales y estudios acadmicos realizados en todo el mundo, es que las consecuencias negativas de esos siniestros -sean estos huracanes, inundaciones, terremotos o tsunamis- afectan mayormente a los pobres.

Hay un par de libros que explican muy bien el asunto, a partir del estudio de casos. The Shock Doctrine (2008) de Naomi Klein, explica cmo las catstrofes abren las puertas a algo que la autora denomina capitalismo del desastre y que consiste en el beneficio comercial que las compaas obtienen del caos. El otro libro es The Disaster Profiteers: How natural disasters make the rich richer and the poor even poorer (2015), de John C. Mutter, cuya tesis bsica es que los desastres conllevan a una afectacin general, pero que mientras que los ricos estn protegidos gracias a su riqueza, e incluso pueden aprovecharse del desastre para hacer ms dinero, la exclusin social hace que los pobres lleven siempre la peor parte.

La pobreza coloca a determinados grupos de ciudadanos en una situacin de fragilidad social que los hace muy vulnerables ante cualquier evento negativo, sea natural o humano. La pobreza tambin dificulta la normalizacin de la vida del pobre una vez que la naturaleza vuelve a la calma. Por lo regular, la vida post-desastre del pobre se torna an ms precaria. Esto es aplicable en la comparacin entre distintos pases y es muy evidente al interior de cada nacin.

Por tanto, no hay nada natural en el hecho de que un huracn se ensae con los pobres, ni es algo natural que quienes demoren ms en recuperarse -si es que ello ocurriese- sean las personas y grupos sociales en situacin de pobreza. Eso ha ocurrido en Nueva Orleans, Puerto Prncipe, Katmand, Leyte, Mumbai o en La Habana. Tambin parece haber sucedido recientemente en Remedios, Punta Alegre, Caibarin, Isabela de Sagua y otros lugares.

La evaluacin preliminar de daos sobre los efectos del cicln Irma en las viviendas y techos parece indicar la correlacin que pudiera existir entre la pobreza y el impacto social desigual del huracn. Las autoridades informaron que las mayores afectaciones provocadas por el huracn se concentran en la vivienda, sobre todo en los techos. Aun cuando no se tienen los datos exactos de los daos ya se trabaja en la ayuda a los damnificados, para lo cual las fbricas de cemento y de tejas de asbestocemento se encuentran produciendo a toda capacidad. A este empeo se sumar en los prximos das la fbrica de tejas infinitas de Camagey. Ver, Reconoci Ral arduo trabajo desplegado en el pas tras el paso del huracn Irma, Granma, 14 de septiembre de 2017, http://www.granma.cu/cuba/2017-09-14/reconocio-raul-arduo-trabajo-desplegado-en-el-pais-tras-el-paso-del-huracan-irma-14-09-2017-23-09-01

La medicin de la pobreza es un asunto complejo y controversial, particularmente por su naturaleza multidimensional. El estado de la vivienda es precisamente uno de los parmetros que se toman en cuenta para medir la pobreza en numerosos estudios. Sin dudas, el estado de la vivienda desempea un papel importante en la determinacin de las condiciones materiales de vida que influyen en la calidad de vida de las personas.

Han logrado construirse sistemas estadsticos que miden el nivel de deprivacin material en relacin con el hbitat. Se tienen en consideracin tres aspectos objetivos: la existencia de problemas estructurales en la vivienda (techos con filtraciones, paredes hmedas, etc.); hacinamiento; y existencia de instalaciones sanitarias.

Tan importante es para la medicin de la pobreza el estado de la vivienda, en particular de los techos, que se han diseado tcnicas de muestreo para hacer estimaciones de pobreza mediante observacin simple de la vivienda, y simultneamente se ha estado haciendo un creciente empleo del procesamiento de imgenes satelitales con el mismo objetivo.

En el caso de Cuba, donde -como se ha indicado antes- no se publica la medicin oficial de pobreza, se conoce que solamente el 61 por ciento de las viviendas se encuentran en buen estado. Esto permite inferir que el restante 39 por ciento de las viviendas que se clasifican como en regular y mal estado, pudieran expresar un nivel aproximado de deprivacin material en relacin con un componente clave de la medicin de la pobreza. Ver, El desafo de la vivienda en Cuba, Cubadebate, 2 julio 2013, http://www.cubadebate.cu/opinion/2013/07/02/el-desafio-de-la-vivienda-en-cuba/#.Wb-IhWesVaQ

Aunque no puede afirmarse con certeza que la poblacin que vive en ese 39 por ciento de las viviendas es pobre, pudiera deducirse que esas personas se encuentran en un estado de deprivacin material que los colocara en desventaja respecto a otros sectores de la poblacin, algo que se agudiza en situaciones de un evento climtico extremo.

No resulta irracional asumir que una mayor efectividad de la gestin para la reduccin de riesgos en Cuba sera directamente proporcional a la reduccin de los niveles de pobreza, especialmente en cuanto a la disminucin del componente de deprivacin material relativo a la vivienda. Un cicln en Cuba, sin ese 39 por ciento de viviendas malas y regulares, tendra un impacto social distinto al que tiene en la actualidad.

De la emergencia a la transformacin econmica y social

Queda claro que en Cuba la prioridad inmediata post- Irma ha sido una serie de acciones que han abarcado desde la reactivacin de la infraestructura y los servicios bsicos (transporte, electricidad, agua potable, sanidad pblica, y comunicaciones) hasta la atencin especial a las personas y familias particularmente afectadas, pasando por soluciones temporales de alimentacin y de hbitat. Tambin se ha prestado atencin a la reduccin de prdidas de las cosechas y a la recuperacin de los activos que pueden generar divisas en plazos inmediatos, como ha sido el caso del turismo.

No obstante, lo ocurrido tambin debe ser valorado desde una perspectiva ms amplia y de largo plazo, especficamente desde la ptica del proceso de desarrollo.

En el terreno del enfrentamiento a huracanes y la recuperacin posterior, la capacidad del gobierno cubano ha sido tradicionalmente reconocida por organismos internacionales, gobiernos y especialistas. Tambin Cuba ha sido elogiada por su gestin en el caso de Irma. No ha sido un manejo impecable, pero raramente una gestin de desastres lo es.

Se ha experimentado un gran sufrimiento humano y han existido deficiencias, pero el hecho comprobable es que, aunque los perjuicios han sido palpablemente muy considerables, ha funcionado un plan de contingencia, los daos fueron aminorados, la recuperacin funciona, y de ninguna manera el deterioro es terminal.

Ciertamente habr que lidiar con secuelas de magnitud. Probablemente la economa cubana decrezca por segundo ao consecutivo y se registre un retroceso en el nivel de vida de una parte de la sociedad, pero no hay evidencias que permitan vislumbrar el tipo de quiebra econmica y de hecatombe social que parece estar pronosticndose en otros territorios afectados directamente por Irma, como sido el caso de Islas Vrgenes Britnicas y San Martin, espacios bajo jurisdiccin de tres de los pases ms desarrollados de Europa (Reino Unido, Francia y Holanda) donde incluso el manejo inicial de la emergencia ha sido deficiente.

Respecto a Cuba, cabe hacer dos precisiones puntuales. Primero, la gestin de la emergencia y de la recuperacin se ha apoyado bsicamente en recursos materiales y humanos propios. En segundo lugar, el esfuerzo nacional por evitar una posible catstrofe humanitaria asociada al cicln, coincidi con el obsceno acto de renovacin peridica del bloqueo econmico y financiero de los EE.UU contra Cuba.

No obstante, la llamada gestin para la reduccin de riesgos no debe ser concebida como un mecanismo para responder nicamente a situaciones de emergencia, sino como un componente permanente, priorizado y visible de la estrategia de desarrollo nacional.

En ese sentido, se han dado importantes pasos, como es el caso del Plan de Estado para el enfrentamiento al cambio climtico, denominado Tarea Vida, que fue examinado por el parlamento cubano el pasado mes de julio. Sin embargo, llama la atencin que ese Plan de Estado no se menciona en el documento Conceptualizacin del modelo econmico y social cubano de desarrollo socialista, ni en el documento Lineamientos de la poltica econmica y social del partido y la Revolucin para el periodo 2016- 2021.

De hecho, el cambio climtico apenas recibe un par de escuetas menciones en esos documentos, de manera que componentes claves de la gestin para la reduccin de riesgos todava distan mucho de tener el lugar que le corresponden en la estrategia de desarrollo.

Una de las posibles lecciones de Irma parecera ser la necesidad de dar un salto en este aspecto. Una isla en medio de la trayectoria habitual de ciclones que parecen ser cada vez ms frecuentes y potentes tiene la necesidad de incrustar la gestin para la reduccin de riesgos climticos en su estrategia de desarrollo. El pas cuenta con el conocimiento cientfico y la capacidad tcnica para ello. Es cuestin de saber aprovecharlo.

Los desastres como oportunidades: repensando la relacin vivienda-pobreza-desigualdad en Cuba

Los desastres tienen el potencial de funcionar como momentos polticos que rompen las inercias que limitan el necesario cambio econmico y social. El cicln Irma parece haber revelado, de manera cruda, la nulidad de la actual estrategia para mejorar el fondo habitacional del pas.

Debido a la relacin que existe entre la reduccin de la pobreza y la disponibilidad de viviendas que cuenten con habitabilidad adecuada, las polticas para aumentar el fondo habitacional son cruciales en cualquier estrategia de desarrollo nacional. Esto es bien conocido, aunque a veces parece no concedrsele la prioridad que debera tener.

En el caso de Cuba, la habitabilidad ha sido oficialmente definida como la aptitud de una vivienda para ser habitada, garantizando la satisfaccin de sus ocupantes. Para ello, la vivienda debe ofrecer proteccin contra el medio exterior; contribuir a preservar y mantener la salud de las personas, as como su higiene y la de la propia vivienda (abasto de agua, evacuacin de residuales, terminaciones superficiales), y garantizar las condiciones espaciales y ambientales requeridas para el desarrollo de las actividades propias de la vida privada y familiar. Ver, Norma Cubana 641-2008 de Edificaciones -Viviendas Sociales Urbanas-Requisitos funcionales y de habitabilidad, http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1815-58982013000100004

La existencia de problemas relativamente extendidos de habitabilidad presenta un escollo para la reduccin de la pobreza y de la desigualdad, insuficiencias que deben ser resueltas para que el pas pueda acceder al desarrollo.

En ese sentido, las polticas actuales para la solucin del problema de la vivienda en Cuba parecen estar descarriladas: el dficit anual de viviendas crece ms rpido que las nuevas viviendas terminadas (30 mil frente a 22 mil). Ver, Construccin en Cuba. Indicadores seleccionados. Enero diciembre 2016. ONEI, http://www.one.cu/semestralconstruccion.htm

Asumiendo que se intentase resolver para el ao 2030 el dficit de viviendas calculado en 883 mil a fines de 2016- se necesitara reducir a cero el incremento anual del dficit y adems alcanzar un ritmo de crecimiento promedio anual de 1,5 por ciento en la terminacin de viviendas. En realidad, el supuesto relativo a la posibilidad de reducir a cero el incremento anual del dficit es una premisa con pocas posibilidades de materializacin. Se ha adoptado aqu para simplificar los clculos. Ver, Diputados analizan los problemas de la vivienda en Cuba: Insuficiencias a pie de obra, Cubadebate, 12 julio 2017, http://www.cubadebate.cu/noticias/2017/07/12/diputados-analizan-problematica-de-la-vivienda-en-cuba/#.Wb-DAGesVaQ

Ello equivaldra a que en el primer ao habra que aumentar el fondo de viviendas en unas 57 mil unidades, o sea, ms del doble de las viviendas que se terminan anualmente en estos momentos.

Si, en cambio, se mantuviese el ritmo actual de terminaciones anuales de viviendas (unas 22 mil que representan una tasa de crecimiento anual del 0,58 por ciento del fondo habitacional) y se asumiera que se reduce a cero el incremento anual del dficit, seran necesarios 36 aos para resolver el problema. Obviamente, plantearse una estrategia que adopte como meta temporal el ao 2053 para resolver el dficit habitacional tiene muy poca traccin poltica.

Es plausible asumir, a falta de datos precisos, que la mayora de esas nuevas viviendas serian ocupadas por ciudadanos que hoy clasificaran como pobres, situacin en la que actualmente se encontraran, entre otros factores, precisamente porque presentaran un alto nivel de deprivacin material en un componente clave de la pobreza.

Expresado de otra manera: la superacin de la pobreza en Cuba depende en grado considerable de la solucin del dficit habitacional, algo para lo que sera necesario una poltica distinta a la actual. Obviamente, la identificacin de fuentes de financiamiento seria parte de la nueva poltica.

Adicionalmente, el incremento del fondo de viviendas tendra un impacto positivo en la reduccin de la desigualdad. Es decir, que adems de reducir la pobreza tambin pudiera disminuir la distribucin desigual de riqueza que existe en el pas. No nos referimos aqu a la desigualdad de la distribucin de ingresos (salario, pago por rendimiento, ganancia, distribucin de utilidades, remesas, etc.) sino a la distribucin de la riqueza, entendida aqu como activos financieros (ahorro en forma de efectivo, cuentas bancarias), bienes fsicos de valor (automviles, medios de produccin, obras de arte, joyas, etc.) y vivienda.

No existen datos concretos, pero es razonable asumir que quienes pudieran ser considerados como ricos en Cuba presumiblemente acumularan una proporcin relativamente alta de las dos primeras formas de riqueza (activos financieros y bienes fsicos de valor), pero tendran una concentracin comparativamente menor de la riqueza en forma de vivienda.

La razn para ello es que, en el caso de Cuba, aproximadamente el 80 por ciento de las viviendas se encuentra en rgimen de propiedad individual y estn usualmente habitadas por sus propietarios. Es decir, la vivienda tiende a funcionar en Cuba como un factor de dispersin de la propiedad sobre un bien relativamente valioso como la vivienda, un bien que para muchas familias cubanas es la principal forma de riqueza material que poseen.

Obviamente, el valor individual de esas viviendas es menor que el valor que pudieran tener las viviendas que son propiedad de quienes no son pobres, pero, en cambio, el nmero de las viviendas modestas es muy amplio y, tomadas de conjunto, representan una riqueza considerable.

Es por ese motivo que un aumento en la construccin de viviendas por ejemplo, 57 mil unidades anuales- y un crecimiento de la reparacin del fondo habitacional que hoy se clasifica como en estado constructivo regular y mal, debera contribuir a reducir la desigual distribucin de riquezas en Cuba.

Un programa acelerado de construccin y reparacin de viviendas incrementara la dispersin de una forma de riqueza (vivienda), a favor de muchas familias que hoy apenas cuentan con riqueza material.

Reconstruir mejor: una cuestin poltica

El estudio de las conexiones sociales de un evento climtico como Irma debe concederle un papel crucial al anlisis de largo plazo.

Es comprensible que en los primeros momentos predomine la atencin a la catstrofe inmediata, pero lo que resulta verdaderamente indispensable para comprender adecuadamente lo sucedido es el entendimiento, lo ms preciso posible, de las condiciones sociales que existan con antelacin al evento y el tipo de cambios sociales que pudiera sobrevenir despus del evento.

En el corto plazo, lo relevante ha sido la capacidad para materializar el llamado imperativo humanitario, es decir, la obligacin moral de ayudar a cualquier ser humano para aliviar su sufrimiento. La urgencia ha sido proteger a los ciudadanos del peligro inminente, alimentarlos, curarlos y proveer albergue temporal. Esto es algo que, a raz de Irma, ha funcionado en Cuba de manera ejemplar, aunque no de forma impecable.

En el largo plazo, el nfasis consiste en reconstruir mejor, algo que inevitablemente debe tomar como marco de referencia la estrategia de desarrollo nacional, debiendo quedar claro que no se trata solamente de la recuperacin de indicadores econmicos y de coeficientes tcnicos.

Las lecciones derivadas de Irma deberan fortalecer la gestin para la reduccin de riesgos, la cual es una necesidad para el desarrollo de un pas como Cuba. Esto tiene un componente material, incluida la ciencia y la tcnica, pero el desastre social asociado a Irma agravamiento de la pobreza de grupos poblacionales- es la manifestacin de procesos de desigualdad y de fallas de sustentabilidad social que deben ser corregidas.

En el contexto de la estrategia de desarrollo, la gestin para la reduccin de riesgos exige concentrarse en combatir las causas subyacentes del riesgo, en vez de limitarse a tratar sus sntomas.

Puede solucionarse un componente de la pobreza en Cuba, como la deprivacin relativa a la vivienda, reemplazando las viviendas para pobres arrasadas por el ultimo huracn con nuevas viviendas para pobres que probablemente seran arrasadas por el prximo cicln?

Es la construccin de viviendas por esfuerzo propio una apuesta correcta en un entorno de cambio climtico que requiere normas de construccin con mayores estndares tcnicos?

Reconstruir mejor no es solamente acerca de materiales y soluciones tcnicas. Involucra definiciones respecto a las relaciones polticas de quienes intervienen en el proceso.

Quin tomar las decisiones para reconstruir las viviendas?, Dnde, cundo y cmo?

Quin controlar que esas decisiones se traduzcan en programas que se cumplan?

En el marco de la estrategia de desarrollo, la gestin para la reduccin de riesgos es inseparable de la erradicacin de la pobreza y, por tanto, es un proceso esencialmente de naturaleza poltica.

Fuente: http://elestadocomotal.com/2017/09/22/irma-en-el-tejado-desastres-pobreza-y-desarrollo-en-cuba/



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