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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-09-2017

Ayotzinapa y los sonidos del silencio

Fabiola Alans Smano
Rebelin


Todo ha quedado en el silencio. Estamos observando todos y en el mismo sentido las escenas que sacuden nuestras conciencias y nuestra existencia. Nos hemos quedado ausentes, como tratando de detener el tiempo en cada movimiento, atentos a aquellas manos que con precisin levantan los trozos de vida envueltos en las cenizas que simbolizan la impunidad. Dijeron que se trata de los restos de los 43 jvenes desaparecidos, observamos incrdulos, con la rabia y el llanto contenidos, no es la primera vez que aparecen restos no se sabe de quin, ste es el pas de uno.

Al caer la tarde, las calles empedradas de este pueblo mgico, reciben nuestros pasos como llorando con nosotros. Las camelinas adornan las casas de adobe que en sus paredes almacenan con rigurosidad cientfica los sonidos y los acentos de las palabras.

Las mujeres ahora caminan como si el alma les faltara. No sonren, no se alteran y no quieren preguntar por el miedo a la respuesta. Ninguna se atreve a mirarse en el pequeo y cuarteado espejo, testigo en tiempos no tan lejanos de la esplendorosa belleza de las mujeres de coloridos vestidos, figuras perfectas y caderas que parecen haber sido trazadas en el lienzo de un artista. As son, as eran las jvenes mujeres madres de los estudiantes.

Se trata de sus hijos, los jvenes que llevan a cuestas el pecado de ser jvenes, el atrevimiento de ser rebeldes y la histrica carga de ser humildes, los ms pobres entre los pobres.

Nos hemos sentado junto al fogn, un refugio natural para intentar reconciliarnos con la vida. El humo se instala sin pedir permiso, casi en tinieblas y sin darnos cuenta empezamos a hablar de nosotras el yo desapareci para siempre.

No somos ya las mismas. Es verdad que la impunidad tiene permiso y que la corrupcin recorre las entraas de este pas que por momentos se nos va de las manos. Nuestros jvenes no solo no tienen el derecho a estudiar y a trabajar, les quieren tambin negar el derecho a vivir. Lo que ya no podemos permitir es que les quieran negar el derecho a tener al menos una tumba en el camposanto que se extiende inmisericorde frente a nuestros ojos.

Al caer la noche, quisiramos iniciar el novenario de todos pero permiso no tenemos. No hemos recibido los cuerpos de nuestros hijos para prenderles sus veladoras y pedir por la sanacin de sus almas. Quisiramos decirles que perdonen, que es la palabra de Dios la que cuenta, pero no nos han dado ese derecho, no nos han permitido tener sus cuerpos aqu, para vestirlos con su ropa elegante y rezarles hasta el quinto misterio.

La tristeza invade todo en las tinieblas de la noche. Al final de la calle, ah junto a la iglesia quedaron dispersas las hojas con los apuntes intactos de quien le dicta a la vida el pensamiento del futuro. Mil veces escribe: Volver y seremos millones.


Fabiola Alans Smano, Doctorante en Ciencias Sociales por la UAM-Xochimilco, maestra en Ciencia Poltica por la Universidad Laval, de Quebec, Canad.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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