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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-09-2017

La Librera La Repartidora de Valencia presenta Masculinidades y feminismo (Virus), de Jokin Azpiazu Carballo
Nuevas masculinidades: poder, violencia estructural y limitaciones

Enric Llopis
Rebelin


En la obra Masculinities, la antroploga australiana Raewyn Connell aborda el gnero como sistema de poder, lo que le conduce a la nocin de masculinidad hegemnica. El gnero, segn la idea desarrollada por esta autora, no es un rasgo inmanente y esttico que caracterice a los individuos, sino ms bien un sistema dinmico y atravesado por relaciones de poder. Se establece, por tanto, una jerarqua de masculinidades, sobre la que asentara su dominio la masculinidad hegemnica. sta no se hace evidente, sino que al contrario, se confunde sutilmente con el sentido comn de una poca.

Al margen permaneceran las masculinidades femeninas, los hombres gais, o quienes no desarrollen valores picos y raciales. A partir del estudio de Connell, se han desarrollado numerosos trabajos sobre la masculinidad hegemnica, cmo se erige y las formas de exclusin que ejerce; hoy es prcticamente escuchar a alguien hablar de masculinidad, en singular, afirma el socilogo y activista Jokin Azpiazu Carballo en el libro Masculinidades y feminismo (Virus, 2017), presentado el 22 de septiembre en la librera La Repartidora de Valencia.

El cuadro general trazado por la terica australiana es slo el punto de inicio para la reflexin de este investigador, msico e integrante desde 2011 de la Joxemi Zumalabe Fundazioa, organizacin que trabaja en apoyo de los movimientos populares de Euskal Herria; y entre 2006 y 2008, del grupo de hombres antisexistas Alcachofa, en Barcelona. Una de las tesis del libro es que el modelo de macho alfa, intrpido, violento y que oculta sus emociones ya no constituye el patrn dominante en regiones como el sur de Europa. De hecho, las formas de masculinidad que hoy irradian hegemona prefieren incorporar elementos de otras masculinidades histricamente excluidas, como la gai. Se conservan los mbitos de poder, aunque con otro ropaje. Precisamente la cuestin del poder es central en el ensayo de Jokin Azpiazu, de ah que el investigador deje abierta la siguiente pregunta: Resulta efectivo seguir enfocando la cuestin del cambio de los hombres desde un punto de vista de las identidades, en lugar de hacerlo, por ejemplo, desde el desempoderamiento?

De las nuevas masculinidades comenz a tratarse en las dcadas de 1980 y 1990, cuando un modelo concreto de hombre se plante cambios. Generalmente era blanco, de clase media, autctono (de pases del Centro), con ideologa en muchos casos progresista, tambin heterosexual y con vida en pareja o familia. El nuevo prototipo masculino otorgaba mayor importancia a los cuidados, la paternidad responsable, la educacin de los hijos en valores de igualdad, el reconocimiento de la discriminacin de las personas homosexuales, la expresin de las emociones o la relacin igualitaria exenta de malos tratos- con sus parejas. No es casualidad que, junto a la violencia de gnero, sean estas las prioridades en las polticas pblicas destinadas a hombres por las consejeras de igualdad.

Pero el autor de Masculinidades y feminismo problematiza el canon. Es un libro de preguntas. Azpiazu Carballo cita la obra El pensamiento heterosexual, de la escritora y terica feminista Monique Wittig, en el que la autora considera la heterosexualidad un sistema de valores, actitudes y creencias que trasciende la mera opcin sexo-afectiva. En qu consiste el pensamiento heterosexual? Activistas e investigadores LGTB han reflexionado en los ltimos aos sobre este punto. Entenderse como complementarios, buscar en la vida familiar y en pareja una satisfaccin que resulta ser el sostn de todo un sistema econmico basado en la invisibilizacin del trabajo de reproduccin social, apunta Jokin Azpiazu. Adems, si bien es cierto que gais, lesbianas y trans han conquistado derechos y espacios de libertad, no lo es menos que el sistema mantiene su potencial asimilador; por ejemplo con las zonas gay en los procesos de gentrificacin, o la promocin del pinkwashing (mercadotecnia rosa) en pases como Israel.

Asimismo, podra cuestionarse la idea de que la vieja masculinidad reprima sin matices las emociones. La simple presencia en un estadio deportivo permita observar cmo, entre los espectadores, se desataban la ira, la euforia, la rabia o el xtasis. La clave reside, segn el socilogo vasco, en que determinadas emociones como la rabia, el deseo sexual o la ambicin- se asocian a la esfera masculina y de las mismas se ha excluido a las mujeres; en cambio, llorar o la expresin de ternura se ha vinculado al mundo femenino. El mbito de las emociones permite constatar los lmites de las nuevas masculinidades. Es muy comn que nos llame la atencin las mujeres que ocupan posiciones de poder, y las criticamos porque ello no supone un avance, explica Jokin Azpiazu, pero preferimos no hablar de la posicin de ventaja en que nos sita a los hombres la naturalizacin de nuestras ambiciones.

No es el nico avance sobre el que pueden plantearse dudas. El hombre actual, ms emptico, cercano y con menores dificultades para conectar con la emocionalidad, tambin es el que mejor se ajusta al modelo de triunfador; de hecho el ejecutivo que es un buen gestor de equipos, consigue lo mejor de cada empleado y trata de comprender a su pareja, resulta ms funcional al sistema que el hombre mquina, simple calculador racional de costos y beneficios. Otra limitacin de las nuevas masculinidades remite al mundo de los cuidados. El tiempo que los hombres dedican a las tareas del cuidado de las personas a cargo ha aumentado, pero en ello influyen circunstancias como el incremento del desempleo por la crisis; adems, matiza el autor de Masculinidades y feminismo, tal vez el hombre se est centrando en las partes menos severas del trabajo domstico, como realizar las compras o cocinar, mientras que otras como limpiar los baos continan desempendolas bsicamente las mujeres. Tambin buena parte de los hombres critica las violencias machistas, pero estas no se abordan como una forma de violencia estructural.

Sin desdear estos cambios de mentalidad, Jokin Azpiazu propone trascenderlos e incorporar la perspectiva de la economa crtica feminista por una razn: el espacio de la individualidad como nico lugar de accin que nos ofrece la actual forma neoliberal de patriarcado capitalista, puede quedarse corto para modificar pautas y tendencias que desembocan en la injusticia social. Incluso en los hombres con mayor afinidad a las corrientes feministas, por qu no hemos denunciado que la custodia compartida por defecto esconde las condiciones de desigualdad salvaje y violencia en que se da la crianza hoy?, se pregunta el autor del libro publicado por Virus. En resumen, las nuevas masculinidades no han renunciado a espacios de poder poltico, cultural y simblico, ni tampoco se han adentrado en los mbitos de la reproduccin de la vida del mismo modo que la mujer en la produccin.

El captulo tercero del libro somete a crtica los roles de gnero asumidos en los movimientos sociales. Los hombres se encuentran con espacios y colectivos en buena parte diseados a su medida. En primer lugar, por los valores atravesados por la testosterona, la accin, la idea de vanguardia y la pica-, que hasta hace poco tiempo eran abrumadoramente dominantes en los movimientos. La mujer proactiva se revelaba como una especie de anomala, ya que se esperaba de ella un rol pacfico y conciliador. Sin embargo, quin sostiene al militante comprometido (masculino) para que pueda serlo?; quin le lava la ropa y le escucha cuando lo necesita? Dentro de las asambleas puede encontrarse en muchas ocasiones una distribucin de funciones parecida: quienes se hacen cargo de la logstica, trabajan las cuestiones de gnero o intentan mejorar las formas de participacin; y los que por otra parte asumen las funciones ms visibles, como las portavocas, y copan los turnos de palabra; a ello se agregan los recelos de muchos hombres a aceptar los espacios slo para mujeres, mujeres y chicos trans o para mujeres y LGTB+.

En una entrevista a Jokin Azpiazu realizada el pasado 23 de junio por Josu Snchez y publicada en Pikara Magazine, el investigador natural de Ermua defiende la incomodidad productiva, por ejemplo en los talleres de masculinidad. Si no hay algo incmodo, nos podemos quedar en el mismo sitio; las cosas no tienen que ser slo interesantes, tambin han de ser transformadoras, afirma. De hecho, el libro est escrito desde la sinceridad, pero tambin desde la confusin. En un artculo publicado en marzo de 2013 en la citada revista, Azpiazu ya sealaba la ausencia de respuestas a la pregunta central: Qu hacer con la masculinidad?, Reformarla? Transformarla? Abolirla?. Ni siquiera la opinin pblica se plantea la pregunta.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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