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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-09-2017

Apuntes sobre ciertas confusiones y mitologas recientes de los aborgenes argentinos: de los mapuches son chilenos al "extermino tnico"
Indios, mitos y fronteras

Guillermo Caviasca
Revista Zoom


El abordaje sobre el tema de los aborgenes argentinos se encuentra cargado de subjetividades y prejuicios, comenzando por la misma palabra aborigen.

Ab-origen viene del latn y significa desde el origen, y no sin origen, como indigenistas de caf manifiestan indignados. As, como en muchas otras cuestiones que hacen a los pueblos indgenas en la formacin de nuestro pas, se establece un sentido comn que oscurece tanto por izquierda como por derecha. En este punteo planteamos algunas ideas para la discusin del tema frente al amplio pblico de la militancia popular

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Los aborgenes (y podramos tomar incluso el trmino indios para nombrar, como lo hacan las fuentes de la poca y como se denominaban a s mismos los caciques en las cartas que dictaban) no son, ni menos an, eran chilenos. Slo pueden ser chilenos los que se reconozcan o hayan nacido en un territorio de soberana ms o menos efectiva de ese Estado-nacin. Y, sobre todo, que lo hayan hecho con la conciencia de pertenecer al colectivo nacional chilenos. En todo caso, serian chilenos los que vinieron despus de la consolidacin de Chile en la zona de Araucana.

Anteriormente, cuando tuvieron lugar las grandes migraciones, los pueblos que las protagonizaron (sin negar su origen transcordillerano, o sea, sin ocultar que eran originarios de la regin del Arauco) se desplazaron dentro de un espacio que no entendan como nacional, ni crean estar atravesando fronteras nacionales al cruzar la cordillera, aunque s eran conscientes de que se desplazaban de un espacio donde interactuaban con cristianos de Chile hacia un espacio donde la relacin se daba con las autoridades porteas (o cordobesas, mendocinas, puntanas) y, ms tarde, argentinas. Tambin saban que al desplazarse de una regin a otra deberan confrontar con otros pueblos establecidos previamente y que entraban en una competencia por el control de recursos y vas de comercializacin de los mismos

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La discusin chilenos o argentinos es anacrnica y lleva al error. Como tambin es un error considerar a los indgenas mapuche como un colectivo tnico que abarc desde el Pacfico al Atlntico. Ese colectivo nunca existi en esa dimensin ni en otra asimilable. Es ignorar que haba otras etnias y etnias nuevas. O sea, que manzaneros, salineros, ranqueles, tehuelches, pampas, pehuenches y otra variada cantidad de tribus autnomas que se encontraban en toda la regin, bajo ningn aspecto pertenecan a una nica formacin poltica. Ms bien indios como colectivo era la identificacin que se les daba desde el sector ms confrontativo de la sociedad criolla, que al unificarlos como brbaros pretenda eliminarlos y expulsarlos de la nacin a construir. Hoy pueden considerarse mapuches los colectivos indgenas (o indigenistas). Quizs les sirva o les resulte til para disputar con el gobierno, con los terratenientes o asumirse como un colectivo unificado. Pero, en su poca, sus ancestros tenan orgenes diversos y eran entidades diferenciadas entre s que trataban con el gobierno por separado y que tenan buenas, regulares y/o malas relaciones, y asuman una mayor cercana o distancia en la construccin nacional.

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Los diferentes grupos indgenas que se formaron en los aos de la primera mitad del siglo xix y algunos desde antes ranqueles, manzaneros, salineros, etc. son producto de guerras, mestizajes, agrupamientos de tribus de diverso origen. Calfucur extermin en los aos 30 del siglo xix a gran parte de los boroganos, sin dudas; y los borogas eran araucanos llegados unos diez aos antes que l. El mismo Calfucur se instala definitivamente en la Pampa a instancias de Rosas y fue garante de la paz en la regin durante ms de una dcada. Miles de indgenas amigos asentados en las zonas de frontera (interna, econmica) formaban en las filas del ejercito rosista o en las filas de los diferentes ejrcitos provinciales y nacionales, tanto en la lucha contra otras fracciones criollas o en la lucha contra indios enemigos.

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Mapuche es gente de la tierra. No se llamaban de esa forma a s mismos los pueblos indgenas en el siglo xix. Sino que mapuches tambin podramos llamarnos nosotros, si aprendemos el idioma mapudungun, ya que somos gente de la tierra. La adopcin del idioma en el proceso de araucanizacin va de la mano, tambin, de la adopcin de pautas culturales araucanas. Esto hace que muchas tribus, de diverso origen y grado de mestizaje, aparezcan dentro de un universo cultural comn. El mapudungun es adoptado en forma muy extendida y es ah la raz de la identificacin de todos los pueblos como mapuches, en cierta forma reaccionaria. Pero eso no es as: es como si los diferentes pueblos latinoamericanos furamos espaoles porque hablamos el idioma de Castilla

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Pero ese universo cultural que abarcaba desde la Araucana a las llanuras bonaerenses, no era aislado del universo criollo. La evolucin de las tribus se da en ntima relacin con la presencia inca, primero, hispana despus y criolla finalmente. Se da en una relacin de influencia asimtrica.

En el periodo espaol se forma un espacio econmico dependiente de las relaciones de frontera, tanto en la adquisicin de ganado en las pampas (por diversos mtodos, que incluyen el maln) como de la venta del mismo a las poblaciones criollas de Chile. Y, a la sombra de esas relaciones, crecen y se fortalecen, decaen y desaparecen, jefaturas y grandes liderazgos.

En esa amplia regin que abarca desde la frontera hasta el sur de Chile (o sea, las provincias enteras de Ro Negro, Neuqun, La Pampa, y partes importantes de Crdoba, San Luis, Mendoza y Buenos Aires) se estructura una formacin social en la que la explotacin de ganado y su comercializacin, las raciones de los gobiernos argentinos y los pactos, permiten la existencia de jefaturas que nacen a partir de estas relaciones.

Las relacin de los indgenas con los diferentes pueblos criollos tuvo dos planos; uno, el parasitismo de las raciones y la captura de ganado, y otra, el intercambio comercial y laboral que, en algunos casos, como la de los patagones y la colonia galesa, fue central para su supervivencia

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Mapuche no era una identidad colectiva. No haba una nacin mapuche que ejerca algn tipo de gobierno comn en una amplia regin, ni en ningn momento existi una jefatura mapuche, ni una confederacin mapuche o araucana. No hubo una unidad poltica de ningn tipo entre los pueblos de la regin, excepto en momentos puntuales de agresin generalizada por parte del Estado, con Bartolom Mitre en el 50, y hacia el final de la campaa de Julio Roca. Eran sociedades donde las relaciones de parentesco, la reciprocidad asimtrica, las alianzas coyunturales permitan la existencia de grandes acuerdos para los ms famosos malones, pero tambin ese sistema de acuerdos se desestructuraba con igual rapidez.

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Araucano define a los pueblos de Chile y lo toman los espaoles de los incas (auca: guerra o guerrero). Por otra parte, mapuche es una construccin tnica posterior a la conquista. En dos fases, una en la supervivencia de ese nico idioma para un conjunto de pueblos. Y segundo, ya destruidas las estructuras tribales tnicas previas a 1880, como una forma de generar una identidad de resistencia de los marginados en la construccin de un Estado-nacin excluyente.

Pero araucano no es un insulto ni una denigracin; su nico problema es que designa a pueblos asocindolos con una regin del actual Chile. Y una gran parte de los pueblos del lado argentino tenan un origen local y/o mestizo. Por ello debemos tomar todas estas identidades con cuidado y no hacer de ellas cosas que no fueron. En general, se usaba la idea de chilenos a los indios agresivos, aunque haba entre los indios amigos que paleaban junto a las fuerzas del Estado aborgenes que tambin eran chilenos. El caso del cacique Venancio es muy claro: llegado de Chile se asent en Baha Blanca en la poca de Rosas, figur como hacendado y como fuerza de defensa de la fortaleza, hasta su muerte a manos de indios enemigos del Restaurador.

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Las migraciones ms numerosas desde la Araucana s se producen. Negarlas en funcin de una lucha poltica presente es un error. Era una regin mucho mas poblada, chica y con una fuerte presin del naciente Estado chileno en la guerra a muerte de la dcada de 1820 (durante las guerras de la Independencia, una parte sustancial de los indgenas de all fueron realistas) con ms riqueza y espacio. Son migraciones en muchos casos, movimientos temporales en otros, son masivos y conflictivos. Comienzan en la zona cordillerana hacia fines del siglo xvii pero son desequilibrantes de la demografa en el siglo xix.

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Los pueblos indgenas confrontaron entre s. Las guerras inter-tnicas fueron, naturalmente, muy duras, sobre todo a partir del siglo xix. Los enfrentamientos de los araucanos con los tehuelches existieron (algunos tomaron carcter casi mtico: la batalla de Languieo, Barrancas Blancas y Shtel Kike, que quedaron en la tradicin oral). Fueron parte de este movimiento de pueblos y de la araucanizacin que llev al establecimiento de una nueva estructura social en la regin. Pero no hay que exagerarlos y hacer de ellos la desaparicin tehuelche por la conquista genocida mapuche.

Los tehuelches siguieron presentes como tales, o como parte de las nuevas etnias nacidas en ese periodo. Los manzaneros eran, en gran parte, descendientes de tehuelches, en toda la costa patagnica, la cuenca del Chubut y hacia el sur, eran tehuelches. Adems, de igual violencia fueron los combates entre los tehuelches, entre araucanos, entre criollos, y en la mayora de los casos con formaciones mixtas cuyo encuadramiento tnico no es posible de realizar.

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La absorcin cultural de gran parte de los tehuelches por los araucanos no necesariamente es un extermino: una cultura ms fuerte, con mas experiencia guerrera y mejor preparada materialmente como la araucana va araucanizando la zona, y eso se traduce en la adopcin del idioma por una mayora, como tambin de las pautas culturales, aunque otras se pierden. Las tribus se adaptan al esquema productivo extractivo, comercial ganadero, de la pampa. Por eso, el trmino mapuche no sirve, histricamente, para definir a ese conjunto de pueblos. En realidad, lleva a un racismo superado y bastante nocivo (identificacin de raza y nacin), y ms complicado si consideramos el origen tnico de los argentinos, que, como sabemos, somos infinitamente diversos. La Argentina no puede asociar su identidad a etnias, ya que ese camino disuelve la identidad que tiene como sustento una nacin.

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Es clara la estrategia diferenciada de las diferentes tribus en el hecho de que tantos indgenas formaran en las filas del ejrcito nacional. De hecho, la derrota de Calfucur en 1872, en la batalla de San Carlos (una dura derrota), es una victoria de Catriel y Coliqueo, quienes aportaron la mayora de los hombres.

Durante la poca de Rosas, la seguridad de la frontera econmica, descansaba en los indios amigos, cuyas lanzas superaban en nmero a los milicianos y al ejrcito en muchos puntos. Calfucur mismo era parte de ese esquema de seguridad en toda la regin.

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Considerar genocidio a la ocupacin por el Estado de las tierras del sur es un error, ya que lleva a la idea de desaparicin y, por lo tanto, se asocia a la idea de reemplazo de poblacin. Eso no fue as: la gran mayora de los indgenas sobrevivieron, de diversas formas. Pero lo hicieron a partir de su eliminacin como sujetos polticos, no fsicos, y de su separacin de las tierras que habitaban.

Es de destacar que, aun en la concepcin de la poca, se les podra haber entregado tierras en alguna forma de propiedad. Esa era una lnea de trabajo de una parte sustancial de la elite, poblar con los indgenas, establecer colonias mixtas de indios e inmigrantes, etc.

Los aborgenes representaban una cantidad de personas que rondaran las diez mil familias, exagerando el clculo. Podan llegar a ocupar una porcin menor del conjunto de tierras a distribuir. La decisin de separarlos de la tierra y entregarles tierras marginales, o distribuirlos entre la elite, la iglesia o el ejercito, o volverlos trabajadores annimos, fue una decisin poltica asociada a una forma de produccin agraria que no contemplaba la distribucin de la propiedad. Tuvo que ver con la decisin de la clase dominante de establecer una nica forma de desarrollo del capitalismo agrario a travs de la inversin extranjera y de grandes extensiones de tierra para la produccin hacia el mercado externo: a partir de ah todos los indios son malos.

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De hecho, aunque les sorprenda a los blancos de hoy (blancos culturales), slo informados por un mal entendido sentido comn y por simplificaciones que emanan de disputas polticas en el seno de la antropologa o la etnohistoria, una mayora indgena para 1870 haba aceptado al superior gobierno argentino, como expresan todas las cartas y tratados, escritos por los mismos caciques indgenas, o entre autoridades criollas, o debates parlamentarios. Una aceptacin con homenaje a la bandera, servicio de armas o de polica, en trminos mas bien federales (algunos ya eran directamente fuerzas del ejrcito). Esto era mayoritario en la Patagonia pero tambin muy numeroso en la regin pampeana.

El proceso no era novedoso: tenia sus races en la colonia, y fue avanzado con Rosas. Con varias rupturas en el medio. No era pacfico: los malones existan y eran sangrientos, como las expediciones militares de castigo lo eran igual o ms. A veces eran slo maniobras polticas, muchas veces como parte de una diplomacia armada, otras, por su raz econmica. Sin embargo el proceso daba cuenta de un avance del reconocimiento del Estado nacional por parte de una mayora de las tribus. La guerra es un proceso poltico militar que da cuenta de la formacin del Estado argentino (y de todos los Estados) no slo respecto de los pueblos indgenas.

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Lo que cambia en torno a 1880 es una actitud mayoritaria y hegemnica que desconoce la existencia de tribus con las cuales tratar, exige una subordinacin absoluta (y disolucin en la prctica). Se decide destruir los colectivos tnicos y sacarlos de las tierras que sean productivas. Situacin que es nueva y no haba sido tan radical y extendida hasta entonces, ya que hasta entonces la creencia haba sido, como expresaba Foyel (cacique de la zona de Chubut), la creencia de que: ac hay lugar para todos.

En algunos destacados casos de la elite criolla haba conciencia de la necesidad de poblar y de que los indios podan transformarse en ganaderos y agricultores como cualquier otro. Pero la construccin del Estado, la definicin de las fronteras, de un mercado nacional y forma jurdica y militar unificada, y la definicin de qu soberana se ejercera efectivamente en esas amplias regiones, sera definida en ese momento. Deba ser definida por el Estado argentino (cuyos ttulos jurdicos y socio-histricos eran slidos) o por cualquier potencia o Estado que estuviera en condiciones de hacer efectiva la dominacin poltica sobre todo o una parte del espacio territorial en cuestin.

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Hasta ese momento, los tratados buscaban absorber a los indgenas, someterlos al orden como deca Rosas. Que se asentaran en un territorio fijo, eliminaran el sistema de justicia tribal de venganza y los delitos fueran sometidos a la justicia criolla, las lanzas presentaran servicio militar en la guardia nacional en forma formal, etc.

En la prctica, proletarizarlos de a poco, o hacerlos campesinos y (a algunos, varios caciques) hacerlos propietarios ms importantes. O sea, civilizarlos, como expresaba el lenguaje de la poca. De hecho, el debate en sectores de la elite se sostsuvo con posterioridad y durante la misma poca de la ocupacin definitiva. Destacados militares, exploradores y polticos se preguntaban: no deberamos aprovechar a los indios para poblar, como ejercicio efectivo de la soberana? Pero fueron voces ignoradas por el avance de una formacin econmica oligrquico-terrateniente-exportadora, que se impuso en forma arrolladora.

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Finalmente, y como sabemos, campesinos no hubo o hubo muy pocos, ni indios, ni criollos, ni inmigrantes.. La proletarizacin se produjo a la fuerza y a garrotazos, en unos pocos aos, Y a los indios amigos, cuya estrategia de incorporacin al Estado naciente era de una negociacin que les permitiera preservar formas de auto produccin de la tierra, les qued la peor parte (igual que a todo el resto de los argentinos trabajadores). Sin dudas, a los indios les toc lo peor: cargaban con las definiciones de Sarmiento a favor de su exterminio, pero ni Roca lleg a tanto como se suele suponer.

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El estudio y recuerdo de la problemtica aborigen no debe llevarnos a romanticismos anacrnicos, ni a idealizaciones conservadoras de un pasado idlico que no existi, salvo en la invencin que se pueda hacer. Por el contrario, debe servirnos para reinstalar en la agenda nacional la problemtica de la tierra, del derecho de los desheredados, dee quin, cmo y para qu se utiliza nuestra tierra. Y la cuestin de nuestra identidad nacional como un tronco de muchas races an vivas que se encuentra en plena formacin, que si no lo cuidamos y alimentamos puede secarse o enfermarse, volviendo a nuestro pas an ms vulnerable.

La solucin a la cualquier crisis tiene siempre dos caminos posibles: el autoritarismo y la represin con la eliminacin de los rebeldes y el establecimiento de una estructura estable mas injusta, o las reformas que den cuenta de los problemas estructurales, que eliminen las razones de la protesta y no a los que protestan, dando nacimiento a una nueva sociedad, ms avanzada, independiente y justa. Tambin, como dicen los clsicos, existe una tercera alternativa: el hundimiento de esa sociedad.

Fuente: http://revistazoom.com.ar/indios-mitos-y-fronteras/



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