Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-09-2017

Clase, hegemona e independentismo cataln

Marc Casanovas y Bras Fernndez
Viento Sur


Este texto pretende participar en un debate estratgico abierto en las izquierdas en torno al referndum cataln del 1 de octubre, pero que pensamos que va ms all. No entraremos a relatar la historia de la formacin del proceso independentista cataln. Delimitaremos la discusin a proponer una caracterizacin de lo que se ha llamado el procs y tratar de aportar argumentos de por qu las izquierdas no independentistas deberan impulsar activamente el 1-O como un momento de ruptura.

Uno de los argumentos tpicos de sentido comn de la izquierda tradicional para no apoyar el referndum cataln del 1 de octubre es que el procs est liderado por la burguesa. Dicho as, esto es rotundamente falso y solo puede basarse en dos malentendidos, uno malicioso y otro que slo puede ser producto de la ignorancia o de un desplazamiento de categoras tan absurdo que se invalida por s mismo. La falsedad de este argumento es empricamente verificable. La gran burguesa catalana se ha manifestado una y otra vez contra el procs por irresponsable y por generar inestabilidad en sus negocios, como puede comprobar cualquiera que se moleste en buscar en Google las declaraciones de la patronal catalana Foment del Treball. La ignorancia viene a la hora de definir qu significa burguesa, concepto que la izquierda espaola solo ha empleado en los ltimos 40 aos para referirse a Catalunya o, en el caso del PCE, para justificar su poltica de alianzas con la burguesa progresista y nacional (sic) que representaba Surez en el 78.

Burguesa es un concepto de la economa clsica rescatado por el marxismo, que define a la clase dominante en relacin a la propiedad de los medios de produccin. Como ya hemos remarcado, las lites de este sector social estn en contra del procs: Foro Puente Areo, la patronal Foment del Treball, la elitista Crculo Ecuestre, el Crculo de Economa o la internacional Comisin Trilateral han manifestado reiteradamente su oposicin a la independencia, as como Jos Manuel Lara (Planeta), Isidre Fain (CaixaBank), Josep Llus Bonet (Freixenet) o Josep Oliu (Banco Sabadell), aunque algunos sectores de Foment del Treball s que han dado, ante los hechos consumados, apoyo al procs con la esperanza de mejorar su posicin y sus prebendas frente a la burguesa del resto del Estado y a nivel internacional. Tambin ante la dinmica de movilizacin popular el procs ha ido encontrando el aval de la mayora del empresariado de las pequeas y medianas empresas, organizados en entidades como la PIMEC, la Cecot o la Cmara de Comercio.

Pero en ningn caso estos actores han impulsado el procs, sino que fieles a su proverbial pragmatismo han ido reposicionando sus intereses segn avanzaba el proceso. Como reconoci con lampedusiana melancola el mismo Artur Mas ante el Colegi deconomistes de Catalunya antes del 9N: "Las lites del pas no deben pretender cambiar el curso de la historia, sino que han de canalizar este movimiento de base. No se trata de frenar ni de parar, sino de hacer que salga bien.

Hacer que las cosas no salgan bien para estos sectores de la clase dominante, incidir sobre sus contradicciones e intentar que no puedan canalizar la crisis de rgimen, para cerrarla por arriba con un nuevo pacto y reparto del pastel entre lites, es la primera tarea para cualquier organizacin o espacio que aspire al cambio poltico y social.

No es una alternativa quedarse mirando desde la barrera, a esperar que se estrelle el mayor movimiento de masas que hay en estos momentos en toda Europa con la excusa de que sectores de la burguesa catalana pretenden canalizarla hacia sus propios intereses. Al contrario, es precisamente por esto por lo que hay que apoyar el movimiento y disputar su direccin poltica con la activacin y agregacin de sus sectores ms populares. En el contexto del 155 de facto en Catalunya y de involucin democrtica en todo el Estado, no entender que si se estrella el proceso soberanista nos estrellamos todas y todos tiene su mrito hermenutico: no dejar que la realidad te estropee una buena historia.

En el contexto del 155 de facto en Catalunya y de involucin democrtica en todo el Estado, no entender que si se estrella el proceso soberanista nos estrellamos todas y todos

Entonces, quin lidera? o, ms bien, quin surfea el movimiento soberanista cataln? Es claro que un sector de la clase poltica catalana (sin duda, llena de elementos poco deseables y poco sospechosos de querer una transformacin radical de la sociedad) ha dejado de representar los intereses polticos de la gran burguesa catalana (aunque siguen defendiendo su programa econmico) y mantiene su aspiracin a jugar un papel dirigente mediante su control sobre una parte del aparato del Estado y su capacidad de irse adaptando a un proceso de masas independentista. Nuevamente aqu de lo que se trata es de no dejar alegremente que el proceso de movilizacin social que se est dando sirva como relato heroico para justificar su proyecto social y econmico austeritario. El desafo aqu no estriba en quin es capaz de describir con ms saa un sector dirigente del proceso, sino de cmo somos capaces de articular un terreno comn entre la izquierda independentista y soberanista de Catalunya y del resto del Estado que permita una nueva hegemona: Repblica catalana y procesos constituyentes es un futuro no cotejado que el 1 de Octubre podra activar si hubiera la voluntad poltica suficiente.

Frente a la tendencia a ver el proceso independentista cataln como algo homogneo, es interesante explorar sus contradicciones internas y verlo como un campo de luchas y un final sin determinar. En un proceso nacional-popular, la homogeneidad es una ficcin previa a la lucha real o conquistada a travs del monopolio del Estado: es decir, lo nacional tiende a suturar todas las contradicciones de clase que hay en lo popular. Sin embargo, cuando ese proceso nacional-popular se pone en movimiento y entra en conflicto con los aparatos de dominacin del Estado, aparecen las primeras grietas, repertorios de lucha que van ms all de los de las lites dirigentes del proceso nacional-popular. Esto nos lleva a la cuestin de tratar de definir las bases sociales del procs. Suponemos que a nadie se le ocurrir decir que hay ms de 2 millones de burgueses o de polticos en Catalunya. Es cierto que la matriz dominante son las llamadas clases medias (un concepto que prima en su propia definicin la heterogeneidad de sus componentes y su relacin con determinadas expectativas de clase antes que una definicin estrictamente marxista, es decir, relacionada con la propiedad de los medios de produccin) y que la clase obrera en un sentido clsico est ausente. Es decir, estamos ante un movimiento policlasista, en el cual hay obreros, pequeos propietarios, funcionarios, polticos, profesionales, pequeos y medianos empresarios, etc., pero cuya relacin con el movimiento independentista no est determinada por la relacin econmica que ocupan, sino ms bien por la adhesin nacional-popular al proyecto de una Catalunya independiente.

Esto implica un programa lleno de contradicciones: un sector del procs parece tener como modelo de Catalunya independiente una especie de Suiza del sur. Para la mayora de las bases (sueo, por cierto, compartido por la mayora de la base social del progresismo espaol) su ejemplo es una Suecia mediterrnea, donde el mercado est controlado por un Estado eficiente y sensato. Un sector minoritario pero significativo (ms significativo por lo menos que en el resto del Estado espaol y que en cualquier otro lugar de Europa) apuesta por una salida ntidamente anticapitalista del procs. Por lo tanto, el pegamento del horizonte de una Catalunya independiente esconde diferentes proyectos. Es eso tan extrao? Acaso los movimientos polticos y sociales de masas que han surgido desde la derrota del movimiento obrero por el neoliberalismo no han tenido debilidades semejantes? No es la ausencia de una clase obrera formada y con un proyecto transformador hegemnico la principal ausencia que marca los lmites de nuestro tiempo? Sin duda, estas limitaciones evidentes impiden hablar del movimiento independentista como un movimiento socialmente revolucionario porque no cuestiona los fundamentos materiales del capitalismo: la subordinacin del inters colectivo a la propiedad privada, y las relaciones de produccin y de reproduccin basadas en la explotacin y la opresin.

Pero, acaso el 15M lo haca? Eran la clase trabajadora y sus intereses los que tenan el protagonismo central, ocupando los centros de trabajo e irradiando desde el corazn del capital un proyecto de sociedad alternativa? Es cierto que el 15M portaba un programa socialmente ms avanzado, pero eso slo apareci como algo real tiempo despus para ese sector de la izquierda que hoy mira con recelo a Catalunya y que tambin mir en aquel momento con recelo el movimiento 15M, por no autodefinirse de izquierdas y por la ausencia de la clase obrera. Acaso todos los movimientos que se apoyan desde la izquierda transformadora cumplen necesariamente a priori estas caractersticas tan delimitativamente revolucionarias? Esta concepcin del rol la clase obrera recuerda a la justa crtica que le haca Laclau a Kautsky y a la Segunda Internacional en Hegemona y estrategia socialista:

El pretendido radicalismo de su posicin era, sin embargo, la pieza esencial de una estrategia fundamentalmente conservadora; estando fundado en el rechazo de todo compromiso o alianza y en el desarrollo de un proceso cuyo desenlace no dependa de iniciativas polticas, dicho radicalismo conduca al quietismo y a la espera. Propaganda y organizacin eran las dos tareas esenciales en realidad nicas del partido. La propaganda no tenda a la formacin de una voluntad popular ms amplia sobre la base de ganar nuevos sectores a la causa socialista, sino, esencialmente, a un reforzamiento de la identidad obrera; en cuanto a la organizacin, su expansin no significaba una participacin poltica creciente en una variedad de frentes, sino la construccin de un gueto en el que la clase obrera llevara una existencia segregada y centrada en s misma. Esta progresiva institucionalizacin del movimiento corresponda bien a una concepcin segn la cual la crisis final del sistema capitalista vendra del propio trabajo que la burguesa llevaba a cabo en la direccin de su ruina, en tanto que a la clase obrera slo le corresponda prepararse para intervenir en el momento apropiado. Desde 1881 Kautsky haba afirmado: Nuestra tarea no es organizar la revolucin, sino organizamos para la revolucin; no hacer la revolucin, sino aprovecharnos de ella.

Es cierto que la ausencia de una clase obrera como vector central en el proceso independentista es un lmite evidente. Negarlo sera hacer apologa del policlasismo populista que a da de hoy es el aglutinador fundamental del procs. Pero si queremos llevar el debate a un plano estratgico, ms que postular un socialismo fuera del tiempo y unas consignas de autoconsumo, debemos desplazar la discusin y empezar a pensar que la poltica est constituida no slo por factores estructurales, sino tambin por agentes polticos. La actitud de una parte importante de la izquierda ante el movimiento independentista es, por as decirlo, pre-hegemnica en dos sentidos. Por una parte, la mayora de la izquierda catalana, o al menos su parte fundamental con funciones dirigentes, el grupo de Ada Colau y los Comunes, asumen el movimiento como algo esttico, incapaz de desarrollos distintos y abiertos, de mutaciones a travs de conflictos internos. La izquierda que en Catalunya se mantiene en estos momentos crticos al margen del movimiento soberanista (a pesar de formar parte de ste) asume una posicin pasiva que ni disputa la direccin del propio movimiento ni incorpora a sectores sociales nuevos generando una delimitacin de clase dentro del propio proceso. Mantiene una actitud ambigua, de espera, confiando en que la apuesta independentista pierda su fuerza y su empuje, con una estrategia basada en recoger las cenizas como bisagra de una ms que posible negociacin neoconstitucional con las lites que gobiernan el Estado Espaol.

Ciertamente, a la pasividad de la izquierda comn en Catalunya hay que sumar las limitaciones de las CUP, que a pesar de su honesta radicalidad, no se han esforzado por jugar un papel de enlace entre esa izquierda y el movimiento independentista, prefiriendo, en sitios claves como el Ayuntamiento de Barcelona, adoptar una actitud sectaria que asegurase el atrincheramiento de su espacio a una poltica de alianzas arriesgada que arrastrase a los Comunes a una pelea conjunta contra la direccin convergente-republicana del proceso soberanista.

Por parte de la izquierda espaola, existe una tendencia a considerar al movimiento soberanista una farsa, como si no fuese algo serio, sino un simple juego entre lites, lo cual revela una total incomprensin de aquella vieja idea del archicitado Lenin (que en realidad est presente en toda la poltica del conflicto) de que la divisin entre las clases dominantes es una precondicin para cualquier transformacin social. Una precondicin significa que es algo que en s mismo no es suficiente, pero que es una contingencia necesaria, que abre una fisura por la que pueden irrumpir las polticas emancipatorias, sus subjetividades partidarias y sus intereses de clase. Es cierto que el movimiento soberanista puede terminar en una farsa lampedusiana, pero como todo. Nada nace siendo verdad, se hace verdad en la lucha activa y en el conflicto. Es la pasividad la que crea las mentiras, el falso y eterno veredicto de los hechos consumados: los de arriba siempre ganan. Aunque frente a esto una posicin activa tampoco garantice la verdad, es nuevamente precondicin de toda poltica emancipatoria.

Por parte de la izquierda espaola, existe una tendencia a considerar al movimiento soberanista una farsa, como si no fuese algo serio, sino un simple juego entre lites

Los de abajo siempre se mueven en conflictos sociales y polticos histricamente concretos, donde las cartas siempre estn marcadas por los de arriba y donde los grados de conciencia son diversos y contradictorios. Quien busque un terreno de lucha social puro, depurado de sus contradicciones polticas, culturales, nacionales etc., busca un terreno de lucha que no es de este mundo, que solo existe en el imaginario icnica de las peores pesadillas del realismo socialista. La aorada y ausente clase trabajadora slo se formar en la lucha poltica, en y ms all del centro de trabajo, en contacto con otras clases, delimitando sus intereses en procesos reales de lucha poltica y postulando a partir de ah la hegemona de sus intereses como la mejor solucin al conjunto de una sociedad en crisis. Porque la clase trabajadora como sujeto poltico no existe como tal, se forma: lo que existe es una masa multiforme a la que llamamos fuerza de trabajo y que est presente en todos los poros de la sociedad, aunque no tenga conciencia de si misma como fuerza poltica emancipadora.

Es cierto que la actitud de ciertos sectores de IU como Garzn y de Podemos es diferente: hay que reconocer que Podemos ha defendido en su discurso un referndum mientras que IU no ha sido capaz de proponer nada diferente a un abstracto Estado Federal. Sin embargo, el arreglo propuesto para el tema cataln por Podemos parte de una premisa que ahora no se cumple: que Podemos gane las elecciones por mayora absoluta, puesto que un co-gobierno con el PSOE, siendo realistas, estara totalmente vinculado a negar ese referndum.

No es imposible que esto ocurra en algn momento, pero s es difcil creer que este escenario se vaya a producir a corto plazo. Porque esa es la gran tragedia de las estrategias gradualistas: pensar los tiempos polticos de forma lineal y monocorde, sin discordancias, como si el proceso cataln y el 1 de Octubre fuera un molesto parntesis dentro de una estrategia pasiva de acumulacin de fuerzas electoral, en lugar de articular las distintas temporalidades que estructuran el campo poltico del Estado y pensar el 1 de octubre como el catalizador que podra precipitar la cada del gobierno del PP y abrir una aceleracin del tiempo poltico que propiciara una primavera de procesos constituyentes por todo el territorio del Estado que enterrar, por fin, el rgimen del 78 bajo las ruinas del valle de los cados.

Toda crisis es coyuntural: la crisis de rgimen provocada por el flanco cataln no durar eternamente y el movimiento independentista, si no va hasta el final en este momento de auge, es posible que no tenga otra oportunidad en bastante tiempo. Parece difcil que con la direccin actual del procs, el asunto vaya hasta el final: la desobediencia destituyente implica un grado de cohesin y determinacin que ni la clase poltica catalana parece estar en condiciones de asumir ni la izquierda catalana y espaola dispuestas a alimentar y aprovechar desde una ptica de la democracia constituyente. Quizs la tragedia sea que el hipottico fracaso del proceso soberanista sea potencialmente funcional tanto a la izquierda que representa Ada Colau en Catalunya como a la que representa Podemos en Espaa. En palabras de Josep Mara Antentas, el escenario pos-proceso soberanista cataln no augura una situacin de radicalizacin democrtica, sino que ms bien la pasividad ante el envite independentista dibujan unas organizaciones ms insertadas en la gobernabilidad convencional y la normalizacin institucional. Delinean unas fuerzas polticas ms favorables a un cierre de la crisis institucional por arriba en forma de una positiva, pero limitada, mutacin del sistema tradicional de partidos en favor de uno nuevo donde la izquierda posneoliberal tenga mayor peso que en la fase anterior.

An quedan unos momentos decisivos en las que pueden ocurrir algunas cosas. Quizs la represin del PP y de los aparatos del Estado pos-franquistas despierten a la izquierda mayoritaria de su pasividad. Porque las oportunidades pasan y luego lo nico que nos queda es la profeca autocumplida del no se puede.

En las ltimas semanas se ha producido un salto cualitativo en el nivel de conflicto con el Estado y en la respuesta masiva y espontnea de la poblacin, con elementos de autoorganizacin y con un repertorio de lucha que va ms all del habitual al que la sociedad civil institucionalizada del procs nos tiene acostumbrados: la entrada en escena del mundo del trabajo convocando a una huelga general y social para el 3 de octubre si no se puede votar, la decisin de los estibadores negando asistencia a los barcos de las fuerzas militares atracadas en el puerto, el movimiento estudiantil cortando el trfico y ocupando facultades, distintas plataformas promoviendo actos de solidaridad en todo el Estado y una carta de derechos sociales en Catalua que culmine en una asamblea de movimientos sociales catalana, muestras de solidaridad y manifestaciones en todo el Estado.

En la medida en que esto ocurra, en la medida en que al frente de la defensa del derecho a decidir del pueblo cataln se ponga el mundo del trabajo y los movimientos sociales, la agenda social de dichos movimientos y de amplios sectores populares hasta ahora ausentes comenzar a tener fuerza "constituyente". Esto es fundamental para empezar a construir y visualizar una nueva correlacin de fuerzas, un nuevo campo poltico de alianzas estratgicas, que impugne la agenda "constituyente" neoliberal de Junts Pel S por un lado y que obligue a la izquierda estatal a ponerse las pilas y apostar por la fuerza destituyente del rgimen del 78 que representa el proceso independentista por el otro. El problema de Espaa y la cuestin catalana solo se desbloquearn si las clases trabajadoras y populares proponen soluciones y son las protagonistas de lo que Gramsci llamaba gran poltica, es decir, aquellos hechos que afectan a la configuracin de los Estados, los temas histricamente irresueltos por las clases dominantes.

Marc Casanovas y Brais Fernndez forman parte del Secretariado de Redaccin de viento sur y son militantes de Anticapitalistas en Barcelona y en Madrid, respectivamente.

Fuente: http://vientosur.info/spip.php?article13056



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter