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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-09-2017

Dinmicas neoliberales en el espacio pblico de las ciudades
Turismoqu?

Paco Roda
Rebelin


La turismofobia ha sido la palabra del verano. Una sugerente idea con la que jugar en cada informativo. Pero ante todo es una palabra viciada. O construida con toda la intencin influyente del discurso hegemnico. Ese que se amasa en las factoras mediticas que evitan nombrar el malestar real del da a da. Porque ya no se habla de lo que realmente pasa. Hay un uso intencionado del lenguaje que convierte la vida en una stira degradada. Como alguien ha dicho, hay una burbuja inflacionista del parloteo. Y la turismofobia, como otros palabros artificiales, se ponen en funcionamiento para travestir las cosas reales. O para criminalizar otros conceptos y generar adhesiones indirectas.

Y es que echar mano de esta palabra-ttem, ha sido un recurso comunicacional e ideolgico con claras intencionalidades. El PP, y los grandes medios, la ha incorporado a su cartera comunicacional como afrenta y desafo al glorioso PIB estatal. Ese del que don Mariano viene comiendo caliente cada da que le dicen que ha subido no se cuntas dcimas. Tambin el PP la ha comparado con la kale borroka, criminalizando as cualquier acto opositor al turismo masivo e invasivo tras los ataques a los autobuses en Barcelona. Y es que a falta de un anlisis en profundidad del impacto del turismo sobre el espacio, las poblaciones y la propia economa de subsistencia, se echa mano del baratismo analtico, del populismo lingstico o de la ideologa de saldo. Y ms si es verano, ese espacio de tiempo laxo en que triunfan los juegos de seduccin solo sacudidos por los sangrientos atentados de Barcelona o el previsible catexit . Y es que la turismofobia tiene tirn meditico. Como concepto especulativo y juego de distraccin. Porque es una veta acusadora ante el vaco de realidad que padecemos. Pero ms an; funciona como un vocablo de dominacin. Porque victimizando al turismo promovemos la turismofilia. Que de eso se trata.

Quienes venimos cuestionando el actual modelo de ocio turstico y las prcticas degradadas del mismo, no hemos pasado por el divn del Dr. Freud para diagnosticarnos fobia alguna. No tenemos aversin contra quienes visitan nuestras ciudades. Por tanto, el anlisis sociolgico de la masificacin turstica no es contra el turista privado, sino contra el impacto de las prcticas publicas derivadas de un modelo de turistizacin invasiva de las ciudades; y en concreto de sus cascos histricos. Pero eso no debera impedirnos repensar o cuestionar nuestras prcticas privadas. Yo mismo viajo, soy turista. Pero ser turista, con mis contradicciones en la mochila, no me invalida para cuestionar el modelo en el que me muevo o nos movemos.

Alrededor del turismo como fenmeno y como producto de consumo e industria del ocio masivo circulan varias ideas fuerza que inflaman el msculo del discurso hegemnico. Tambin tienen un importante impacto en las mentalidades colectivas. Son ideas, y tambin realidades que se prestan a una deformacin interesada del fenmeno y que funcionan como un mantra ante el cual no cabe contestacin.

El reino de Espaa ha sido el destino de casi 80 millones de turistas en lo que va de ao. Este sector es responsable de casi el 12% del PIB. De la industria turstica viven 2.8 millones de personas lo que significa el 12,7% de los trabajadores y trabajadoras ocupadas (EPA 2017). Frente a esto casi no cabe contestacin. Cuestionar el modelo depredador de la industria turstica espaola no es fcil. A no ser que demuestres con datos que esto es una pifia. O un filn para unos pocos. Que donde antes hubo fbricas, factoras y trabajo estable despus hubo un a superinflacin del ladrillo. Agotada la burbuja ladrillera se ha redescubierto el ocio barato, el turismo democrtico y la masificacin del consumo de sensaciones. Porque ahora la mayor fuente de ingresos procede de un sector especializado en promover bienestar, emociones, viajes y sensaciones inolvidables entre mojitos y sombrillas servidos por camareras de piso, casi 100.000 en Espaa, que cobran dos euros por limpieza de habitacin. Por eso no hay que olvidar que la hostelera es el empleo peor pagado de entre todas las profesiones de Espaa. Que la hostelera es el sector con ms precariedad, inestabilidad y temporalidad del mercado de trabajo (EPA). O que la hostelera es el sector que ms economa sumergida esconde. Que es el ms sexista en funcin de sueldo. Las mujeres ganan un 26% menos que los hombres en el sector (EPA). Y tambin el sector con las peores condiciones del mercado de trabajo. Todos los informes sindicales confirman que este empleo, al amparo de la reforma laboral del PP, es un subempleo barato y de psima calidad. Cuando no ilegal y reproductor de graves desigualdades laborales. Y esto es la sea de identidad del turismo espaol. Francia tiene un potencial turstico muy importante. Pero contribuye mucho ms a la productividad total porque all el turismo es de muy alta calidad. Y esto, todo esto, tiene mucho impacto sobre el Estado del Bienestar y los posteriores productos transferidos que este nos ofrece. Porque los bajsimos salarios, cuando no la ocultacin de los mismos, contribuyen muy poco a la hucha de reparto de la Seguridad Social.

Todo esto sin nombrar otros efectos de impacto de la potente industria turstica que est transformado las ciudades, sus hbitats y las estr ategias de socializacin urbano- comunitaria travs del branding o mercantilizacin de las mismas y los procesos-marca. Podramos hablar de Venecia que con 50.000 habitantes agredidos y alterados en su vida cotidiana, soportan una masificacin salvaje de 30 millones de turistas al ao. Pero podramos hablar de Bilbo, Donosti o de Irua, que tambin es algo ms que sanfermines, y comprobar la creciente multiplicacin del negocio turstico: bares, tabernas de diseo y nuevos y sugerentes hoteles. Por no hablar de las inversiones especulativas de inmobiliarias internacionales en busca de la ms alta especulacin, como los pisos tursticos que expulsan a sus propietarios y vecinos tradicionales o la reconversin de los cascos antiguos en parques temticos hostelerizados y festivalizados durante todo el ao. Como si no hubiera un maana. Estas son las incipientes dinmicas gentrificadoras de los centros histricos cuyo espacio publico ha sido saqueado y okupado legalmente por la nueva hostelera de diseo a precio de saldo. Dinmicas neoliberales donde se mueve una industria que, en el mercado global muestra su cariz depredador respecto a recursos: suelo, combustibles, agua, espacio y patrimonio monumental que algunos de nuestros ayuntamientos, por aquello del crecimiento sin lmites, se niegan a reconocer. Recientemente la Comisin de Presidencia del Ayuntamiento de Irua, a instancias del PSN, vot en contra de una pegatina, s una pegatina que circulaba por el Casco Viejo en la que se poda leer: 'Gentrificacin is coming. Un turista ms, un vecino menos'.

Pero estos datos tienen poco peso social frente a la idea fuerte: el turismo es un bien social. Pero como dice Castells, si el nico argumento para no controlar este sector es su contribucin al gasto (del que habra que restar el costo de los servicios) y al empleo (precario y poco productivo), estaramos hablando de sacrificar la calidad de vida de los habitantes en funcin de transformar su ciudad en un espacio de ocio para quien pague. O lo que es igual, a seguir prostituyendo nuestras ciudades y seguir generando desigualdades espaciales y de vida.

Paco Roda. Trabajador Social. Ayuntamiento Pamplona-Irueko Udala.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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