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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-11-2005

Testimonio de un espaol en los barrios calientes de la revuelta francesa
Sobre Pars, desde Pars

Argemino Barro Garcia
Rebelin


Tena que ser en Pars. No poda haber sido en otra parte. Disturbios, coches quemados, guerrilla urbana. En Pars se sepult al Antiguo Rgimen, en Pars se declar la Comuna y en Pars los estudiantes tomaron las calles. Y es en Pars, ahora, donde los desheredados llaman la atencin sobre una situacin de injusticia. Saben cmo hacerlo, saben que las palabras se las lleva el viento, y que para llamar la atencin de las cmaras hace falta dar espectculo. As que, con latas de gasolina y mucha furia, materializan la tradicin reivindicativa del pueblo francs.

Bruselas, martes 8 de noviembre. Por la maana, mi compaero de piso y yo, lo comentamos: "Qu est pasando en Pars?" "4000 coches quemados por toda Francia?" Y cada uno investiga, durante el da, por su cuenta; peridicos, internet y una vuelta por el barrio bruselense de Saint Gilles, donde se haban quemado cinco coches recientemente, abren el apetito. Por la tarde volvemos a hablar sobre ello. "Se est liando muy gorda". Sentamos una opresin en el pecho, la sensacin de perder una oportunidad y ser consciente de ello. Cambiamos informaciones. La actualidad se escurra entre las manos como arena fina por los resquicios de un puo. Nos picamos. "Vamos a Pars?" "Vamos?" "De verdad?" "Venga!".
Y fuimos. Tres horas en coche. Cuaderno, cmara de fotos, pan de molde, jamn y muchas sonrisas nerviosas. Paramos en el piso de una amiga en Bastilla.

Pars respira solemnidad. Es evidente que todo el dinero que jams se invirti en el desarrollo de la banlieue, ha ido a parar a limpiar las paredes del centro, iluminar las estatuas del Louvre y cubrir de lucecitas la Torre Eiffel. "El centro es impresionante, pero si vieseis los alrededores..." nos cuenta una chica.

Tras estudiar y cubrir de notas media docena de peridicos, salimos a husmear al Barrio Latino. Buscbamos una pista, una opinin, una toma de temperatura. Hablamos con tres estudiantes de derecho de la Sorbona. Segn ellos, a ningn parisino le importaba lo que ocurra en las afueras. "La televisin da la imagen de una revolucin armada, pero en realidad aqu no nos enteramos de nada, slo lo que vemos en la tele". "En la universidad no se organiz nada, ni charlas, ni debates, no hay movilizacin, y menos en esta facultad, llena de nios pijos. Preguntad en facultades como la de sociologa, puede que all encontris algo". "Habis ledo a Bordieu?".
Volvimos al piso, un poco decepcionados, y dormimos. A las 8 de la maana del da siguiente, con un mapa de la ciudad arrugado y un puado de peridicos del da (que a diferencia de los del da anterior, se cuidaban de dar direcciones), estbamos camino de Seine-Saint-Denis. Empezamos por la localidad de Stains.

En Stains apualaron a un hombre de 61 aos, que posteriormente (fallecido en su cama de hospital) sera la nica vctima mortal de las revueltas (o simplemente un cirmen desvinculado...). Aparcamos con cautela (tenamos en mente los miles de coches incendiados) y nos dirigimos al ayuntamiento paseando por el mercadillo local regentado por norteafricanos. Una llovizna ligera y punzante que se desprenda del cielo encapotado. Esperbamos notar un ambiente tenso, plomizo, rencoroso, envolviendo un paisaje de calles vacas y coches carbonizados. Nada. En el ayuntamiento nos atendi el Encargado de Comunicacin, un tipo alto y desgarbado con pinta de ser competente. Respondi sin problemas a todas nuestras preguntas: "La cosa ya est ms tranquila, ya no hay disturbios. No, nada de toque de queda. Respuestas del ayuntamiento? Vamos a hacer maana una manifestacin contra la violencia, y luego el alcalde convocar varias reuniones con los vecinos, donde se debatirn todas estas cuestiones". Sigui la cosa, para cada pregunta una respuesta, muy rpido, los tres de pie en el umbral de la puerta acristalada. Le dimos las gracias. "Por favor, mandadme el reportaje o artculo cuando est terminado!". Sacamos fotos del lugar donde fue apualado aquel hombre."Homenaje a Jean-Jacques Lechedec", rezaba una pancarta. Un par de ramos de flores descansaban delante.
"Los peridicos mencionaban esta localidad", manipulando el mapa, "Bobigny, vamos?".

Por el camino vimos un camin remolcador manchado de ceniza, una pista. Lo seguimos hasta cansarnos. "Mejor pasamos", y llegamos a Bobigny. La arquitectura de Bobigny quita el hipo. Una estructura ajardinada de plazas y puentes se levanta sobre la autopista y los cruces de carreteras, como si fuese un centro de ciudad colgante. La arteria principal de la localidad es el boulevard Lnine, atravesado por la rue Odessa y la rue Leningrad. Estamos en la Unin Sovitica? El ayuntamiento se encuentra emplazado en el boulevard President Salvador Allende. En Bobigny gobierna, con energa, el PCF. Hay luz en la cara de los funcionarios, y luz en la cara de un ciudadano corpulento que nos pregunta, "Necesitis ayuda?", mientras miramos un mapita callejero. El Palacio de Justicia de Bobigny, la localidad ms grande de la zona, se encarga de los casos de toda la banlieue oriental; de hecho, estos das tenan refuerzo policial porque los amigos de muchos detenidos durante los disturbios estaban acumulados alrededor, protestando. Fuimos al ayuntamiento y all nos guiaron hasta el despacho del peridico local, donde hablamos con una periodista que nos inund de informacin y consejos sobre todo lo sucedido. Esa misma tarde habra una manifestacin contra el toque de queda, "Una medida cuya propsito es el de tranquilizar, el de provocar una ilusin de seguridad". Nos dio otros hilos a seguir: una fbrica de Citren de la zona haba echado a la calle a cientos de jvenes empleados, y se rumoreaba que estos iban a juntar reivindicaciones laborales con la agitacin del momento, "Y si podis, conseguid el "L'Humanit" de hoy". Tomamos su direccin, nos regala un ejemplar del "Bonjour Bobigny", le damos las gracias y nos promete mandarnos el siguiente nmero por correo, "Tendr informacin interesante".

Haba aplicacin en la cara de la periodista, le gustaba su trabajo. Bobigny peleaba.

Cogemos el coche, satisfechos, y nos vamos hacia la ltima frontera: Clichy-sous-bois. All tres adolescentes, huyendo de la polica, se ocultaron en el transformador de una central elctrica. Dos murieron electrocutados, uno est herido en el hospital. Fue la chispa que prendi la mecha. Las revueltas comenzaron aquel 27 de octubre, y desde entonces, este suburbio parisino ha sido el lugar ms radicalizado y sensible de Francia. Con sonrisa nerviosa y mucha cautela, paseamos el coche por la ciudad. Jaime conduca y yo sacaba fotos disimulando mientras caa la noche. Bajo el cielo violeta vimos un panorama desolador: edificios abandonados, un gimnasio escolar reducido a escombros ennegrecidos, pintadas rojas en las paredes: "Qu va a hacer la polica?" "Sarkozy, paga por tu desorden", y bandas de adolescentes apoyados en las paredes, como diciendo: "Nos remos de todo". Enormes bloques de pisos de cemento, paredes desconchadas, asfalto resquebrajado y moteado de manchas negras, indicios de coches asesinados. Era el Kabul francs. El ambiente, aqu s, estaba siendo asfixiado por la tensin, por esa calma incmoda que debe preceder a las batallas.

Ayuntamiento de Livry Gargan, la localidad vecina. Tras deambular por pasillos y mostradores, nos atiende el mismsimo alcalde. Era un tipo agradable, cuya tripa le arqueaba peligrosamente la espalda. Sonrea constantemente con los ojos. "Habis venido a una localidad tranquila" dijo. Bonachn y atento, nos invit a su despacho, donde conversamos mientras los ltimos rayos de sol se filtraban entre las persianas a su espalda. Con la ayuda de un mapa extendido en la pared, el alcalde nos explic dnde se haba iniciado todo, y cmo se haba extendido la revuelta. "Tiene la religin algo que ver en todo esto?" "No, nada que ver". El alcalde, que haba sido profesor de periodismo en La Sorbona, nos dio una rpida leccin de historia: "Aqu lleg mucha gente procedente del Norte de frica, entre los aos cincuenta y sesenta, a los pisos que el Estado construy a las afueras de Pars. Desde entonces, las inversiones han ido decayendo hasta desaparecer. Los colegios y los hospital es estn degradados, los edificios desmejorados, ha habido varios casos de ascensores que se caen...". "Nos dijeron que "L'Humanit" de hoy tena informacin til", "Esperad, que a lo mejor tengo uno...", se levant y se puso a rebuscar por toda la sala. Sali a preguntar al personal, volvi con las manos vacas y dijo: "Voy a llamar al Encargado de Comunicacin, a ver si tiene alguno". Habl por telfono, nos propuso que furamos al despacho del de Comunicacin, nos despedimos cordialmente, y nos dijo que le mandsemos el artculo o reportaje a su correo electrnico.
El de Comunicacin era un tipo alto, delgado y con corbata. Pareca un presentador de televisin, tan simptico como el alcalde. Hablamos un rato, nos dio el peridico y prometi mandarnos un ejemplar de su reportaje sobre lo ocurrido en la banlieue. Nos despedimos y volvimos a Clichy.

Por casualidad, todas las administraciones que visitamos eran crticas con la mano dura de Sarko y partidarias de la inversin social. De izquierdas.

Ya casi era de noche. Preguntando por la central elctrica, los peatones nos daban informacin contradictoria, y en el ayuntamiento, una secretaria desagradable nos invit varias veces a que nos perdiramos. Seguimos buscando, ya de noche, la central. Al final la encontramos, estaba pegada a un parque boscoso. Me baj a sacar unas fotos muy rpidas cuando, de repente, varios trabajadores salen por una puerta. Guardo la cmara con disimulo y me acerco a preguntarles si es aqu donde tuvo lugar el accidente. Se hacen los locos, con la cara muy seria y la mirada desconfiada. "Ah, el accidente" dice , "S" respondo. "No es aqu", "Y dnde, pues?", "Por abajo" y hace un gesto muy vago con la mano. Insisto un poco, sin xito."Gracias" le digo. "Qu te han dicho?" pregunta Jaime, "Que no era, que vayamos por all abajo. No queran decir nada.". "Vale, ya tenemos fotos de la central elctrica!".

Volvimos a Bobigny para ver la manifestacin contra el toque de queda. All, en la plaza de delante de la prefectura, haba una pequea multitud agitando banderas rojas en torno a un pequeo escenario. Un tipo con perilla se subi a dar un discurso: "El lema de la Repblica es: Libertad, Igualdad, Fraternidad... y yo me pregunto: DNDE EST LA IGUALDAD!!".

Sonriendo, volvimos a Bruselas.


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