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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-10-2017

Imperioso alto el fuego bilateral

Carlos Meneses Reyes
Rebelin


La bsqueda de un acuerdo para dar por terminado el conflicto armado interno entre el Estado colombiano y las fuerzas insurgentes del Ejrcito de Liberacin Nacional (ELN), explorada en Quito a marzo de 2016, confluyeron en la apertura de una mesa pblica de conversaciones, cuando el Gobierno del presidente Santos nombr una comisin especial encabezada por el exministro Juan Camilo Restrepo. Gesto repetido por la contraparte insurgente, consecuentes con una voluntad poltica en la exploracin de dilogos y conversaciones comunes. Esas conversaciones -que no negociaciones- se fijaron en 6 puntos en la Agenda: 1. Participacin de la sociedad en la construccin de la paz. 2. Democracia para la paz. 3. Transformaciones para la paz. 4. Vctimas. Fin del conflicto armado. 6. Implementacin.

Durante el transcurso del ao 2017 se cumplieron tres fases de conversaciones entre los plenipotenciarios del Gobierno colombiano y los del grupo insurgente; con la cualidad de plenus, llenos de poder a lo acordado, sobre el presupuesto del derecho internacional que conversen un Estado soberano y una fuerza insurgente con status de beligerancia reconocida. Las fases se han cumplido al calor del conflicto armado y concluido en un acuerdobilateral de alto el fuego por 112 das, a partir del 1 de octubre de 2017 al 9 de enero de 2018.

Cmo resolver un proceso en que prima la falta de fe.

Durante las conversaciones se agudiz la muerte de luchadores populares por fuerzas paramilitares y de extrema derecha. Ha sido implacable la accin contrainsurgente de las fuerzas estatales y ha expresado sin ambages la contraparte armada que la lucha armada tiene plena vigencia en Colombia, que las condiciones que la originaron en nada han cambiado y que no asimilan lo de una dejacin de armas Con muestras de experimentado malabarismo poltico, las partes en conflicto no se han levantado de la mesa. La insistencia de la participacin de la sociedad en las conversaciones no ha logrado una frmula de aplicacin; pero s ha obtenido cientos de encuentros territoriales con la instalacin de un Comit de Impulso Mesa Social para la Paz. El temario en la base popular contina siendo los inamovibles: las necesarias polticas de redistribucin de la riqueza, qu cambios estructurales en el modelo econmico vigente. La defensa de los recursos naturales, lo ecolgico y ambiental. La aplicacin de frmulas econmicas alternativas ante la crisis hegemnica del neoliberalismo, con bsquedas de un fortalecimiento de la diversificacin de la produccin nacional y descartar la imposicin de la locomotora minera, bajo la falsa premisa que si no se continua con una economa extractiva, desigual y devastadora de nuestros recursos naturales sobrevendr la pobreza, cuando est infinitamente demostrado que lo de crecimiento econmico no implica bienestar de las bases populares, sino del especulador capital financiero multinacional.

Imposible que luego de seis dcadas en la bsqueda de una salida al conflicto no se encuentre una frmula para dar pasos ms concretos. Se experiment la enseanza del padre Camilo Torres R: unmonos alrededor de las coincidencias y dejemos a un lado lo que nos separa. En esa dinmica se explor lo de desescalar el conflicto, sin logros concretos. Se convergi en la bsqueda de un alto el fuego bilateral. Convencidas ambas partes deque hay que cambiar sin las nfulas unilaterales y prepotentes gubernamentales al hablar solo de cambios y gestos exigibles a la insurgencia sin contraprestacin de lo gubernamental; factores externos como la visita del papa Francisco, decantaron frmulas de acercamiento. En esto corresponde destacar que pese a los ambientes adversos para la implementacin de los acuerdos con las Farc, a la fuerte influencia de la extrema derecha militarista en el seno del ejrcito colombiano y sin seguir un orden mecnico, se asimil lo de sacar la violencia de la lucha poltica, calificando que el logro de un alto el fuego bilateral, aunque temporal, armoniza un desarrollo civilizado del debate electoral por el que transita Colombia. Y aunque el ELN no tiene dentro de sus clculos o descarta un acuerdo definitivo antes de las elecciones de 2018, tiene claro que en la etapa de conversaciones no se va a obtener una revolucin por decreto. No concebimos la negociacin como un asunto bilateral, sino que es indispensable que se comprometa a todos los sectores de la sociedad, pero no a firmar lo que otros acuerden, sino a disear el proceso, a participar en l y a implementarlo explica Nicols Rodrguez (Gabino).

Qu se entiende por participacin de la sociedad.

Al manifestar el ELN que no concibe las conversaciones con la contraparte gubernamental como un asunto bilateral, vuelca el escenario del desarrollo de la lucha de clases en Colombia en el entorno de la participacin ciudadana. Pero ms all de la frmula de la representatividad indirecta constitucional, como en la dinmica propia del movimiento popular. Los cambios sustanciales que el ejercicio democrtico impone en Colombia ante la puerta del fin del conflicto armado interno perfilan necesariamente la figura de la democracia participativa directa. Lo de manera activa y protagnica sobrepasa lo de la contienda ante un sistema electoral corrupto e ilegitimo, sin visos de un cambio de fondo pese a los acuerdos de una reforma poltica como fue lo convenido con las Farc. En la fragua de las fuerzas sociales en crecimiento el silencio de los fusiles insurgentes retoma el cauce del decidir avasallador del movimiento popular. De manera que en smil o comparacin sencilla: si lo bombazos desastrosos de la insurgencia contra el tubo del oleoducto no pararon la poltica desfoliadora de los hidrocarburos en Colombia a favor de las multinacionales petroleras, sea la voluntad de miles de manifestantes populares la que cierre las llaves del saqueo de tan valioso recurso natural. Comprendamos que el silencio de los fusiles no significa la pasividad de las masas populares. Todo lo contrario. Asimilemos que el fin del conflicto armado interno no significa la arriada de las banderas por la lucha del poder popular.

Aqu no se trata de instruir, aleccionar o ensear. Se trata de ubicar el sentido de las conversaciones con el ELN para lograr la bsqueda de un fin del conflicto armado interno, no sobre el supuesto gatopardismo que todo cambie para que nada cambie. Estn las enseanzas que dejan lo de la implementacin de los acuerdos con las Farc. La dictadura meditica del rgimen imperante supedita a la opinin pblica con el ejercicio legal proselitista del partido poltico Farc de homenajear al guerrillero Mono Jojoy, a la par a que se homenajea -en todo el mundo- al Che como guerrillero heroico cercanos los 50 aos de su asesinato en Bolivia. Incitan a que fue un sanguinario, sin demostrarlo, sin ocultar los innumerables bustos y monumentos al monstruo Laureano Gmez y/o al fascista G. Alzate Avendao, creador del paramilitarismo chulavita. Estos s con suficiente registro de memoria histrica demostrada! Cabe aqu recordar la deudita que los medios monoplicos privados de comunicacin tienen durante el conflicto armado en Colombia.

Adems, qu siginifica un alto el fuego bilateral.

En primer lugar, el Gobierno nacional (presidente y ministro del ramo) firm el decreto de alto el fuego bilateral con el ELN. Los comandantes de ambas fuerzas en beligerancia -el presidente Santos y el comandante Gabino- ordenan detener las acciones ofensivas. Es decir, todo movimiento, accin, concentracin e iniciativa de tipo militar. Comprende la limitacin de todo ataque, movilizacin de tropas medios y elementos de combate que conlleve sorpresas al enemigo. El alto el fuego bilateral interrumpe temporalmente la guerra, los enfrentamientos. No ha de interpretarse como que se reduce la intensidad del conflicto. Se trata de la detencin temporal de las acciones ofensivas. Estealto el fuego configura una tregua bilateral y corresponde a una expresin de entendimiento, como demostracin de superacin de la desconfianza, de la falta de fe, entre las altas partes. De invaluable valor para la nacin colombiana.

Tratndose del factor insurgente, siendo sus objetivos el boicot econmico por acciones militares, como voladuras de oleoductos, etc., estas cesaran. Dado que la retencin de personas con fines econmicos implica despliegue de unidades armadas, esa modalidad cesar. Obviamente por parte de la insurgencia no cesar su accionar ilegal, puesto que su razn de ser es el desconocimiento del orden legal y constitucional gubernamentales. Su labor de proselitismo, enrolamiento, sostenimiento bajo una economa de guerra, continuarn. Resumiendo: como organizacin poltico-militar, que lo es el Ejrcito de Liberacin Nacional (ELN), todo lo militar queda estancado, suspendido, congelado; pero el nutriente poltico de su caudal ideolgico por lo general lo utilizan las fuerzas insurgentes en tregua para la difusin a ultranza de su pensamiento o ideario poltico. La contraparte de la fuerza armada gubernamental continuar ajustndose a los prembulos constitucionales vigentes.

Un enfoque territorial.

El alto el fuego bilateral del ELN con el Gobierno es de alcance nacional. El panorama insurreccional colombiano con el acuerdo de terminacin del conflicto con las ya hoy inexistentes farc-ep, cambia totalmente. En el panorama nacional existe el ELN, pero tambin persisten reductos del tambin desmovilizado Ejrcito Popular de Liberacin (EPL) en zonas del sur del Cesar, provincia de Ocaa y el Catatumbo nortesantandereano y vestigios del mismo en el suroccidente en zonas indgenas del Cauca, a juzgar por sus manifestaciones en este ao en curso. Huelga mencionar, igualmente las llamadas disidencias de las antiguas Farc-ep, que operan en Guaviare, Putumayo, Caquet. Los pases garantes como las delegaciones de la ONU indiscutiblemente desplegaran consideraciones tcnicas al respecto, con miras al absoluto cumplimiento del cese de hostilidades.

Por lo anterior una zona territorial en que el indiscutible flagelo de la guerra persiste es la provincia de Ocaa y el Alto Catatumbo. Como doliente de esa regin, ilustro a la opinin pblica nacional y mundial acerca de la tambin imperiosa necesidad porque los puentes de acercamiento en torno a un trato calificado para con el Frente Libardo Mora Toro del EPL en esa regin del nororiente colombiano enfoque en un acercamiento y reconocimiento a conversar oficialmente con esa faccin armada. No obedece a una motivacin personal. El EPL dej de existir como organizacin insurgente en 1989. Pero qued y persiste ese frente como reducto del EPL en esos territorios. Cuenta con base campesina. Anida en ncleos rojos con tradicin abstencionista. Maneja presencia territorial y cuenta con jerarquizado mando. Son desodas sus manifestaciones de entrar a conversar con el Gobierno. En el argot o lenguaje especial que usan las personas en la actividad insurgente se conoce del vnculo histrico entre los del ELN y los del EPL como primos. Personeros municipales de esas regiones alientan en la necesidad de que se hable con esa faccin disidente con presencia operacional, pese a las arremetidas del ejrcito colombiano contra ellos. Se impone el buscar frmulas giles de acercamiento oficial con ellos. Al respecto impera el mandato constitucional. Dada la situacin de "macartizacin" y sealamiento contra los dirigentes de izquierda y luchadores populares en esos territorios, se requieren los buenos oficios del liberalismo progresista, por ejemplo y de los pases observadores y de las propias Naciones Unidas para que esta coyuntura del alto el fuego bilateral del Gobierno nacional con el ELN, tambin alcance un trato poltico para con esa faccin del EPL proscrito y que con calificativo de insultantes eptetos en nada contribuyen al imparable derrotero del fin del conflicto armado interno en Colombia.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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