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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-10-2017

La guerra de los decibeles

Domingo Amuchstegui
Cuba Posible


Ya se ha escrito y dicho lo suficiente por las partes en conflicto sobre los misteriosos ataques snicos o acsticos contra el personal diplomtico de Estados Unidos y de Canad. El resultado es -casi a la vuelta de un ao- nulo, pues nada ha podido ser esclarecido (a pesar de los esfuerzos de ambas partes por determinar los orgenes, medios y actores de semejantes incidentes). Por estos senderos de lo ignoto han transitado desde guiones cinematogrficos mediocres hasta las plumas ms ilustres de los difuntos Ian Fleming (con su James Bond) y Graham Greene (Nuestro Hombre en La Habana, y otras ms serias y memorables); as como del veterano John Le Carr y del ms reciente y novedoso Tom Clancy. En sentido figurado, creo que todos se moriran de envidia al no poder reclamar la autora de la espectacular trama en cuestin, pues estamos hasta hoy ante lo indescifrable.

Repito, no solamente no se tiene ni la ms remota idea de quines han sido los autores y, mucho menos, de los recursos tecnolgicos empleados; sino que tampoco sabemos de los motivos y potenciales beneficios, y de por qu en La Habana (y no en Mosc, Londres, Beijing, Ottawa o Washington). Los diagnsticos mdicos preliminares son dispares en extremo y contradictorios. La bruma del misterio es tan densa y de implicaciones tan variadas que en algunos pasillos de Washington se llega a decir en voz baja -segn algunas fuentes- que ello nunca se sabry de saberse no se hara pblico.

No han faltado las hiptesis ms truculentas, que culpan a las autoridades cubanas o a un sector de stas supuestamente opuesto a la normalizacin de relaciones con Estados Unidos. Los que sostienen esta hiptesis asumen, errneamente, que Cuba posee una insospechada arma tecnolgica y, adems, que su Gobierno ha enloquecido colectivamente, al procurar ahora una ruptura de relaciones a favor de las cuales trabajaron durante mucho tiempo (y que recin comenzaron a vivenciar desde hace menos de tres aos).

Desde Washington, el Departamento de Estado anuncia, a manera de prembulo, el retiro del 60 por ciento de su personal diplomtico en La Habana, la suspensin de visas por tiempo indefinido y la advertencia a sus ciudadanos de que se abstengan de viajar dado el peligro de sufrir ataques similares. Unido a ello se alega falta de proteccin a sus diplomticos y ciudadanos por parte del Gobierno cubano. Este anuncio se agrava todava ms si tenemos en cuenta que, tres das antes, el canciller cubano, Bruno Rodrguez, se haba entrevistado con el Secretario de Estado, lo que confirma que el contenido y tono de dicha entrevista no fue de entendimiento ni nada prometedor, sino muy confrontacional. El coro de tambores de guerra se desat hace semanas nuevamente encabezado por el senador cubano-americano Marco Rubio, el que, respaldado por otros cuatro senadores, ha venido pidiendo las condenas y sanciones ms drsticas hacia Cuba.

Examinemos los hechos (echando mano a un poco de sensatez, buen raciocinio y, tambin, a los autores citados, lo mejor de Sector 40 o al propio Sherlock Holmes o Hrcules Poirot):

  1. Lo que se est armando ahora como un ataque snico o ataque a la salud de diplomticos de Estados Unidos no es algo que haya tenido lugar iniciada la Administracin Trump, ni que se haya orquestado como un posible contra-ataque al discurso del presidente Trump sobre su nueva poltica hacia Cuba, el 16 de junio pasado. La nueva Administracin lo redescubre hace apenas semanas y comienza a capitalizarlo polticamente desde entonces. Los hechos se originaron hace un ao y las partes consultaron entre ellas, constructivamente, lo ocurrido hace un ao. Todo el escndalo actual denota, con toda claridad, quienes buscan beneficiarse ahora del misterioso incidente.
  2. Dnde est el arma asesina o la tecnologa utilizada? Ni los sper genios de las 17 agencias de Inteligencia de Estados Unidos parecen tener la ms mnima pista hasta ahora Extraa circunstancia para la principal potencia del mundo, duea del mayor caudal cientfico-tecnolgico.
  3. Puede ser dicha arma misteriosa una creacin cubana? Me parece que no; pero para no ser tan categrico digamos que es altamente improbable, dada su complejidad cientfica y operacional. Mucho ms probable pudiera ubicarse sus orgenes en el vecino de enfrente -lase Estados Unidos- y su bien conocida parafernalia cientfico-tcnica.
  4. Si no se dispone del arma asesina o de la compleja tecnologa empleada, tenemos que indagar, entonces, en los posibles motivos de estos ataques. Qu beneficios o ganancias tendran esos posibles autores cubanos en precipitar una ruptura de relaciones y/o provocar un conflicto maysculo entre los dos pases? Ningn beneficio, ninguna ganancia de tipo alguno (econmica, poltica, diplomtica) y, muy por el contrario, enormes prdidas en todos los planos, empezando por su legitimidad internacional y terminando por uno de sus pilares en materia de turismo, el nico sector solvente y dinmico de la economa en estos momentos. Habra que tener un estado de enajenacin total (mezclado con una vocacin suicida), para empearse en crear este incidente, atributos que no adornan la psicologa social del cubano, ni de su dirigencia. Adems, ningn cubano, de San Antonio a Mais, creo que estara de acuerdo con una accin de este tipo a estas alturas.
  5. Lo haran los rusos, los chinos o los norcoreanos inconsultamente desde La Habana (al costo de destruir todo el proceso de normalizacin de relaciones entre Cuba y Estados Unidos)? Sera este un muy flaco servicio para con Cuba, pas con el que han sostenido estrechas y estables relaciones durante muchos aos. Cul sera el propsito de semejante sobrecarga de decibeles para causar sordera o trastornos de equilibrio a una veintena de norteamericanos? Esta hiptesis me parece poco seria, sin sentido alguno y descontextualizada por completo. No son estos los tiempos ni circunstancias de la Crisis de Octubre de 1962.
  6. Admitiendo la hiptesis de que sea un ataque promovido y/o permitido por la dirigencia cubana o un sector de sta, preguntmonos: y para qu atacar a los canadienses? Muy poco o nunca los exaltados comentaristas y polticos del patio (empeados en la ruptura y la confrontacin), se ven interesados en indagar este otro ngulo. Atacar a los canadienses que son los principales inversionistas en Cuba; que cada ao ms de un milln de turistas canadienses visitan la Isla? Ahuyentarlos as con esta suerte de terrorismo psicolgico que se puede encontrar en ciertos medios y en declaraciones de figuras polticas conectadas a la nueva Administracin de Trump y con las nuevas medidas anunciadas en Washington? Ni enajenados ni suicidas en Cuba andaran pensando en atacar a los canadienses! A quin le interesa espantar de Cuba las inversiones, los turistas y hoteleros canadienses? No veo a ningn experto o poltico del lado de ac plantearse o explorar este ngulo tan elocuente e importante. Y algo ms, no menos importante: a diferencia de Washington, el gobierno canadiense no ha acusado a las autoridades cubanas de ser responsables por dicho ataque, ni de negligencia en la proteccin a sus diplomticos. Cabra pensar que algunos de los dos est rotundamente equivocado
  7. Finalmente, dnde se concentran las mayores posibilidades de inventar y hacer efectiva un arma capaz de desatar esta guerra de decibeles, en La Habana o en Washington? En Washington, naturalmente. Para qu se resucita este misterioso incidente casi un ao despus? En aras de un esclarecimiento efectivo para ambas partes o para desatar un conflicto que justifique la adopcin de sanciones y medidas que lesionen a Cuba severamente de mil maneras diferentes (incluida su industria turstica en ascenso, que tanta preocupacin causa en la poderosa industria hotelera de la Florida)? Probado hasta la saciedad: para justificar tensiones, conflictos y sanciones contra Cuba. Dnde encontrar las bases cientficas y operacionales para estos supuestos ataques, en La Habana o en Washington? En Washington, sin la menor duda; no en la cuna de los almendrones. Quin se beneficia y procura, por tanto, gestar un conflicto que justifique y satisfaga sus objetivos polticos con respecto al tema de las relaciones con Cuba? Los que se opusieron a la normalizacin con Obama; los que han venido articulando presiones y acciones en la Casa Blanca y el Congreso antes y despus del triunfo de Trump para detener y revertir dicho proceso (y priorizar al mximo la poltica de cambio de rgimen en Cuba). Esta ltima lgica es la que busca no slo crear el conflicto Cuba-Estados Unidos, sino tambin involucrar a Canad con todos los perjuicios apuntados para la parte cubana. Y los animadores de esta lgica no se localizan en otra parte que no sea en Washington y en Miami; no es por pura casualidad que los legisladores cubanoamericanos ms beligerantes (encabezados por Rubio) trabajen activamente en los comits de Inteligencia, Defensa y Poltica Exterior.

En este rompecabezas para la dirigencia cubana no habra ms que prdidas y perjuicios. En ello coincidiran desde Sherlock Holmes hasta Tom Clancy.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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