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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-10-2017

El Che que sus asesinos resucitaron

Reinaldo Troncoso C.
Rebelin


El ejemplar humano, enajenado, tiene un indivisible

Cordn umbilical que le liga a la sociedad en su conjunto:

La ley del valor. Ella acta en todos los aspectos de su vida,

va modelando su camino y su destino.

 (Ernesto Che Guevara)

 

Hoy estamos ocupando los espacios de la memoria, estos son territorios llenos de recuerdos, que cuando emergen se reinventan y enriquecen las formas de pensarlos y de ubicarlos en nuestra realidad. Estos recuerdos permanentemente son amenazados por el olvido, por las amnesias convenientes, por los silencios impuestos. Como en toda guerra, tambin en estos territorios, estamos en una disputa por salvar nuestros recuerdos de los galopes bestiales del progreso, tras cuyas embestidas, son convertidos en datos intiles y anacrnicos. Nuestros enemigos tambin incursionan en estos territorios para satanizar culturalmente nuestros recuerdos, criminalizar y condenar al olvido nuestras luchas, sacar de la historiografa las revoluciones, secuestrar como verdaderos delincuentes los recuerdos de vida rebelde de nuestros hroes y devolvernos imgenes de super-estrellas que disuelvan en nuestra conciencia su condicin de enemigos del capitalismo.

Hace 50 aos, en la escuelita del pueblito de La higuera en Bolivia, fue asesinado el Che. Sin querer convertir este hecho trgico, en una suerte de memorial litrgico, nos parece que conmemorar su muerte encuentra su sentido, en el acto de explicarnos su asesinato, como el objetivo de nuestros enemigos: la burguesa y el imperialismo, de buscar neutralizar o anular de un modo definitivo, la concepcin revolucionaria de cambios que puede llegar a encarnar una persona; al punto que se les hace necesario recurrir a la persecucin y al crimen para hacer desaparecer y sepultar esa grave amenaza contra el capitalismo. Tal intento, como en el caso del Che, fue eso, un intento, un gran y fallido intento; porque la historia demostr, a ellos y a nosotros, que un crimen, por ms alevoso que sea, por ms despiadado que lo hagan y al que adems le sumen el ocultamiento de cualquier rastro o vestigio material, que pueda exhibirse como prueba de su existencia; no puede constituirse en la historia humana en un vaco inexplicable, no puede llegar a ser el eslabn invisible de una larga y gran cadena de luchas emancipadoras y libertarias. No es posible, y no ser posible nunca, que la existencia real de un hombre como Ernesto Guevara, con todo lo que era y lo que fue, afincada en la historia de los que luchan por la revolucin social, se pueda reducir mediante el asesinato a un olvido forzado. Por esta suficiente razn, el pueblo de Cuba al poco tiempo de ocurrida su muerte, consagra el mes de octubre como el Mes del Guerrillero Heroico. La revolucin cubana responde de esta manera a los reaccionarios, al imperialismo y al intento de la CIA, estableciendo que ninguno de los mejores hijos del pueblo, cados por la causa de los pobres y de los humildes del mundo, sern cubiertos por un manto de olvido.

Ernesto Guevara de la Serna, no era un desconocido para la clase dominante, muy por el contrario, representando de manera abierta y pblica los intereses y los grandes postulados histricos del proletariado mundial; en declaraciones francas y claras, se les haba presentado, como la voz poltica y moral irreductible e incorruptible del liderazgo revolucionario, que supo con gran lucidez y convicciones firmes, denunciar y desenmascarar a los enemigos de la humanidad como la expresin ms bestial del odio de clase. Lo tuvieron incluso en sus espacios institucionales donde no trepid en declarar el cinismo e hipocresa de la burguesa para mantener su dominio y explotacin contra los pueblos. Ellos le conocan pero no era ese el peor de sus agravantes, lo peor fue que el Che a ellos los conoca mucho ms; les conoca sus manera de pensar, sus manera de proceder, sus manera de mentir y engaar, sus mecanismos de manipulacin y sus estructuras de dominio y cerco de las conciencias. Y este guerrillero que emerge de la Sierra Maestra, se hace tambin un peligroso guerrillero de la retrica cuando expresa su pensamiento revolucionario en sus discursos pblicos.

Ernesto Guevara de la Serna, como un gran y significativo deber, pensaba en su condicin de revolucionario, y pensando esa condicin la amplificaba valricamente a todos y cada uno de los militantes revolucionarios. Su obra escrita se introduce y transita por los callejones clandestinos de la conciencia, y desde estos espacios interpela y exhorta los niveles de responsabilidad y compromiso moral con los pobres y con los pueblos, pensando y mirando ms all de las fronteras y ms all de los continentes, ms all de los cercos que nos imponen las clases dominantes para dividirnos y mantenernos divididos.

El Che no calla lo que piensa, lo habla, lo hace, no calla lo que piensa, lo transforma en decisiones, lo convierte en resultados prcticos. La generacin de cubanos que lo vieron y le conocieron, fueron testigo de su moral y de su consecuencia, la Africa en lucha, particularmente el Congo, conocieron de su espritu intrpido y osado y la estatura elevada de su compromiso, propia de un militante de la revolucin mundial. Ese internacionalismo vivido a plenitud lo lleva a cumplir tareas en Bolivia, buscando la creacin de esos Vietnam necesarios para la toma del poder.

A medida que los aos pasan, conocemos ms del Che y ms se agiganta su figura y se cosecha mucho ms de la semilla que l dej sembrada en los campos de batalla de la lucha de clases. An as, los efectos de su ejemplo cuestionan a no pocos de quienes dicen ser sus seguidores, por lo mismo, hacen denodados esfuerzos, por mostrarlo menos marxista y ms an, menos leninista de lo que realmente fue; algunos incluso, oportunistamente lo declaran pblicamente como un gran revisionista que humaniz la concepcin revolucionaria, como si proclamar la revolucin y llevarla a cabo, al decir de un Papa, hubiese sido algo intrnsecamente perverso. Otros confesados militantes de la izquierda revolucionaria, desde hace tiempo, buscan con lupa en su pensamiento su distancia o cercana con Trosky o Staln, para emparentarlo o divorciarlo de ideas y prcticas dogmticas o pragmticas, y se esfuerzan para no atenerse a lo que el Che real e histrico asumi como su explcito referente terico: el marxismo-leninismo. Estos supuestos discpulos de su causa, quieren y necesitan un Che a sus antojos y medida, un Che que les legitime poltica y moralmente sus complejos mesinicos, sus egolatras y egocentrismos pequeo-burgueses, para ganarse como jineta un aurea revolucionaria que no poseen ni podrn jams tener, obviando al propio como lo hacen, la lucha de clases y todas sus objetivas y reales consecuencias. Y no es extrao, que estos discpulos no se encuentren parados, precisamente all, donde estn en ebullicin las contradicciones sociales ms agudas entre burgueses y proletarios, porque hasta rehuyeron la condicin de intelectuales orgnicos de la clase, para instalarse de manera ms cmoda, en la academia o en los think thank de moda de la elaboracin intelectual, para desde all influir y conducir el acontecer poltico-ideolgico. Sin embargo, el Che no est ni estar a sus medidas, y es porque el Che an despus de su asesinato, pudo continuar hablando y desde sus escritos y desde la memoria de su ejemplo puede seguir cantndoles las verdades que evidencian sus prcticas y espritus mediocres. No podemos negar, ni desconocer, que en los avatares de la lucha de clases, especialmente en los periodos de derrota de los pueblos, estos falsos discpulos han logrado sembrar la duda, han desvirtuado su prctica y su pensamiento, intentando beatificar su rebelda para vaciarla de sus contenidos irreverentes y revolucionarios. Han querido despojar su concepcin del mundo y de la historia, de su combate irreductible contra el hambre, la opresin y la explotacin humana, mostrando su pensamiento fuera de contexto y desperfilando su voluntad guerrera violenta e indomable contra las injusticias.

Es un Comandante, as qued inscrito en la conciencia de clase de los obreros y de los sectores populares. Integrado al grupo de combatientes del Granma, gan en ese proceso de organizacin y desarrollo de la lucha revolucionaria, la autoridad moral para erigirse en uno de los conductores poltico-militar de los enfrentamientos en la Sierra Maestra. A pesar de este peso moral ganado con el ejemplo, no renunci al valor de la humildad para reconocer en su compaero Fidel Castro, al lder indiscutido de toda esta tremenda hazaa insurgente, que liberara al pueblo de Cuba de la tirana capitalista encarnada en el dictador Fulgencio Batista. Como Comandante revolucionario, asume con responsabilidad y disciplina militante, las tareas de la construccin socialista. En el desafo de legitimar y afirmar la confianza del pueblo en la revolucin, el Che predica con el ejemplo y es capaz con un compromiso genuino a toda prueba, de rescatar en los momentos ms cruciales de ese proceso de construccin, el espritu bolchevique: sacrificado, incansable, disponible a todo tiempo, multifactico y al mismo tiempo sobrecargado de fraternidad humana.

Y ese mismo Che hecho Comandante, nos provoca, nos exhorta, nos interpela y de esta manera nos acerca a las gestas picas, a los temblores de los levantamientos sociales, le da un lugar de honor a la violencia y al odio de clase de los desposedos. El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa ms all de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fra mquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser as; un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal. (1)

Desde estos mismos territorios de la memoria, recordamos que asumimos la audacia y el coraje para cambiar el mundo. Tomamos las banderas de la revolucin de octubre, con el mismo sentimiento de admiracin y respeto con que el Che las tomo y apostamos con nuestra voluntad y conciencia por los cambios revolucionarios. De la misma manera, recordamos la ofensiva del enemigo de clase y la derrota que nos lanza al ms profundo reflujo de nuestra historia. Y porque hemos dicho, que los espacios de la memoria son territorios en disputa, es que recordamos tambin, que la historia se construye de marchas y contramarchas, de avances y retrocesos, pero que en ltima instancia, esta no se detiene, su legalidad dialctica le impide conservarse y quedar esttica, porque adems la historia es un producto del hombre y de la conciencia de sus desafos. Es entonces la memoria con sus fragmentos heroicos, la que nos incita a desatarnos de la derrota y entre estos fragmentos hojeamos la vida y el ejemplo del Comandante Ernesto Guevara. Con los tcitos sentimientos de amor por nuestros hermanos de clase, nos conminamos a echar a andar y nos decimos: Hay que seguir al Che, hay que imitar su ejemplo y decir adems, que cuando reiniciemos la marcha hacia el porvenir, encantados por la decisin de asaltar el poder, evitemos, como lo hizo el Che que nuestros espritus se enreden en los matorrales de la mediocridad. No existe posibilidad de cumplir la gloriosa faena de armar los cimientos del mundo nuevo, si extraviamos la ruta, si no miramos a nuestros hroes a la cara y los aceptamos con los retos que sus ejemplos nos imponen.

Maana unidos como revolucionarios, unidos como pueblo, unidos como clase, seremos para el capitalismo y los patrones, mucho ms, mucho ms que una espina irritativa y sentiremos como deca el Che que esa unidad, que esa interaccin de clase, se convierte en una poderosa y eficaz fuerza, y como un pueblo armado que se levanta contra un enemigo bestial, tambin posee una decisin de triunfo en sus pupilas.

Tenemos, entonces, que liberar el pasado, recuperar la historia de las revoluciones, de las rebeldas y de las resistencias mltiples. Amrica Latina se cuenta como una epopeya, entre lo imaginado y lo histrico, que narra nuestra identidad. Esta herencia se mantiene en el recuerdo colectivo, en los smbolos y en quienes resisten. (2)

 

 

Citas bibliogrficas

 (1) Ernesto CHE Guevara. Obras Completas. Crear dos, tres, muchos Vietnam es la consigna. Pg. 351. Edit. Legasa. Buenos Aires. Argentina.

(2) Carla Valds Len. Tomado de La Ventana (Casa de las Amricas)

 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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