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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-10-2017

La perdida nocin de clase en el sindicalismo chileno

Paul Walder
Punto Final


En 1973 existan en Chile ms de seis mil sindicatos con 934 mil afiliados. Un registro que llev la tasa de sindicalizacin a cerca de un 40 por ciento de la poblacin activa, techo histrico jams recuperado. A partir de entonces, tras 17 aos de dictadura y casi tres dcadas de transicin neoliberal, la tasa de sindicalizacin se halla en el otro extremo. El fenmeno es atribuible a la persecucin de las organizaciones laborales y sus dirigentes durante la dictadura, que no slo contina sino que se profundiza durante los aos de la transicin. En 1990 los trabajadores chilenos registraron una tasa de sindicalizacin del 18 por ciento, que baj a 14 por ciento en 2013.

La drstica y permanente cada del nmero de organizaciones laborales ofrece diversas interpretaciones. Desde la oficial, o funcional al statu quo institucional, que la relaciona con una transformacin de las relaciones econmicas que han minimizado las tensiones entre el capital y los trabajadores, a las polticas y culturales, que encuentran en el deterioro del sistema poltico al menos gran parte de las causas. La cooptacin y corrupcin de polticos y posteriormente de partidos completos han derivado en la extensin de este fenmeno hacia las organizaciones laborales controladas por esos partidos.

La desafeccin y desconfianza de los trabajadores en relacin a los sindicatos es una ms de las expresiones de la incorporacin de la cultura del mercado en los modelos econmicos y programas polticos. Una cultura, por lo dems no propia, sino global, que ha conducido a la fragmentacin de la sociedad y sus organizaciones de base a niveles inditos. Si ello ha sido y es un factor de gran consideracin en gran parte del mundo, en Chile ha adquirido sesgos paralizantes. La destruccin de las organizaciones laborales y la persecucin y desaparicin de sus lderes durante la dictadura no hall polticas de restauracin en la transicin. La normativa laboral, construida por el ministro de Pinochet, Jos Piera, se ha mantenido, entre la indolencia y el deleite de la clase poltica, ms o menos intacta pese a algunos matices.

El mercado se ha impuesto como ideologa y prctica dominante. Para su funcionamiento pleno, bajo la ortodoxia neoliberal, es necesario eliminar las organizaciones sociales. Un discurso hegemnico por ms de cuarenta aos que tiene sus efectos en la actual concentracin del poder en pocos actores polticos y econmicos que ejercen un control de caractersticas totalitarias sobre el resto de la poblacin. En el caso de los trabajadores, la fragmentacin en millones de individuos inermes e ignorantes incluso de la normativa laboral, ha conducido a que el salario nacional promedio se acerque a la lnea de la pobreza.

La hegemona del mercado y la corrupcin poltica filtrada hacia las organizaciones sindicales funcionales al modelo, como la CUT, son dos aspectos para un mismo resultado, que es la fragmentacin social expresada, en este caso, en el debilitamiento progresivo de los trabajadores ante el capital. No slo fragmentacin y alejamiento, sino tambin inaccin: la tasa de negociaciones colectivas, incluso, disminuy desde una cobertura superior al once por ciento en 1991 a un ocho por ciento en 2013.

 

TIPOLOGIA SINDICAL

En este malogrado escenario, hoy podemos hallar dos tipos de sindicalismo. El entregado y funcional al sistema econmico y partidario, representado por la CUT, y otro, mucho ms acotado, que todava lucha por mejorar las condiciones de los trabajadores. Una estructura en la que surge una tercera vertiente negativa, que es el sindicalismo ambiguo: una no menor cantidad de organizaciones laborales que corren tras algn beneficio, matiz bien representado hoy por la central que encabeza el ex presidente la de la CUT, Arturo Martnez. La primera y tercera clase de organizacin son funcionales al sistema neoliberal. Su accionar, del mismo modo que sus dirigentes, son una extensin de los partidos que han conformado el devenir poltico de la transicin.

El que hemos mencionado como un segundo tipo de sindicalismo, cuyas bases ideolgicas y culturales tienen un ancla en la Izquierda, tiene en este escenario de fragmentacin problemas no menores. Ante la cultura del mercado impuesta por el pensamiento hegemnico neoliberal, que ha arrastrado y pisoteado la cultura social, esta dispersin ha hallado otros obstculos en los trabajadores. Aquellas organizaciones que confrontan el sistema tienen otro problema: son demasiado mesinicas. Cada dirigente cree que tiene la razn. O te subordinas a sus planteamientos en cuanto hay que terminar con el capitalismo o eres un enemigo, dice Manuel Ahumada Lillo, presidente de la Confederacin General de Trabajadores de Chile (CGT).

Hay dos grandes bloques, contina Ahumada. Un grupo de sindicatos que se entreg y saca beneficios, que van a la OIT en Suiza y se arrogan la representacin de los trabajadores. Y un sector menor que apunta a la condicin de clase y desde ese rol de clase comienza un proceso de organizacin. Junto a ellos, hoy aparece un tercer grupo formado por oportunistas, gente que est viendo dnde sacar provecho. Esos son algunos desencantados de la CUT, pero que tampoco quieren cambiar el modelo. Se van de la CUT porque la CUT no les da espacio. Es un sindicalismo ligado a los partidos. Tienen razn de existir, nadie dice que no, pero tiene que haber una vertiente que logre aglutinar a aquellos que militando, tengan claro que los trabajadores no dependen de los partidos.

 

UNA CONCEPCION CLASISTA

Manuel Ahumada y la CGT dicen suscribir la tradicin de la antigua CUT de Clotario Blest, sobre un concepto de clase. Vale rememorar la declaracin de principios de la Central Unica de Trabajadores de 1953: Que el rgimen capitalista actual, fundado en la propiedad privada de la tierra, de los instrumentos y medios de produccin y en la explotacin del hombre por el hombre, que divide a la sociedad en clases antagnicas, explotadores y explotados, debe ser sustituido por un rgimen que liquide la propiedad privada hasta llegar a la sociedad sin clases.

Manuel Ahumada afirma: El problema del capital, creo que no est muy claro para las organizaciones sindicales. Hay una carencia enorme de educacin sindical. Estoy hablando de elementos bsicos, de entender, por ejemplo, qu es el capital, la definicin de empresario, de cul es el rol que juegan los trabajadores, organizados y no organizados; es un enorme problema del que no se quiere hacer cargo ninguna organizacin.

Desde el golpe de Estado se desarrolla un proceso de descomposicin social, que no da tregua. A la destruccin de las organizaciones y la represin a los dirigentes se agrega la desaparicin de la conciencia de clase del trabajador, como sujeto histrico. El concepto de clase obrera termina en 1973, realidad asumida por gran parte de los dirigentes sindicales.

Isolina Acosta, presidenta de Sintrac (Sindicato Interempresa Nacional de Trabajadores Contratistas y Subcontratistas) ha relevado la condicin clasista de su organizacin, aun cuando ha admitido que si bien han habido avances en la recuperacin de algunos derechos para los trabajadores, hay una falencia cultural que se expresa en la falta de motivacin y participacin sindical.

Hace mucho tiempo que la organizacin sindical dej de reconocerse como clase. Est el efecto de la dictadura, aun cuando la incorporacin de los partidos de la antigua Izquierda en la esfera socialdemcrata y posteriormente en la neoliberal terminaron de hacer esa tarea. No hubo capacidad de educar hacia abajo. La gran falla del sindicalismo fue carecer de instrumentos de educacin a los trabajadores. El trabajador fue permeado por el discurso de la dictadura, matiza Ahumada.

Las organizaciones no se preocuparon de decirle a los trabajadores que el mundo iba cambiando, de decirle que iban a ser tentados por objetos y consumo. El capital se reinvent y nos hizo creer que por la va del trabajo individual podamos surgir, que podamos ser clase media. Instal el concepto de clase media, que todava lo defino como pobres que quieren ser ricos. Lo hicieron de maravilla, se instal ese concepto y esa ilusin a la vez que se demonizaban los sindicatos, remata el presidente de la CGT.

 

LA CULTURA ANTISINDICAL

La prdida del poder negociador de los trabajadores se enfrenta al aumento del poder corporativo, que no slo toma forma en la hegemona neoliberal sino tambin en un permanente y directo asedio contra el mundo laboral. Por un lado est el constante incumplimiento del reglamento laboral mediante todo tipo de trampas y estrategias de gestin, como la subcontratacin, prctica a la que se agregan las polticas de recursos humanos, en muchos casos orientadas a frenar la sindicalizacin y la recuperacin de derechos.

Sergio Alegra, presidente de la Federacin Clotario Blest y director de Sintrac, es dirigente sindical de la empresa del Transantiago Alsacia Express y constata estas prcticas. El sistema no tiene ni siquiera la voluntad de respetar las normas legales. Todas las empresas obtienen grandes utilidades al no respetar el reglamento laboral. La Direccin del Trabajo fiscaliza, constata infracciones, pero no multa. Observa excesos de jornada, no pago de bonos, no cumplimiento de las horas de colacin, falta de baos para los conductores, pero no sanciona. Al transgredirse de forma sistemtica estas normas, nosotros estimamos que a cada trabajador le sacan del bolsillo mensualmente entre cien mil y 150 mil pesos. Aqu falta educacin. Uno de los elementos que facilita este abuso es la ignorancia del mismo trabajador.

Los gerentes de recursos humanos se mofan de los sindicatos al sealar que Alsacia Express es uno de los sectores ms sindicalizados, por sobre un 98 por ciento. Pero qu pasa realmente, se pregunta Alegra. Aqu se elabor una poltica de gestin contra los sindicatos. Las empresas elaboran una poltica de recursos humanos, gerencias que en trminos de recursos financieros llegan a igualarse a las gerencias de ventas. En Express esto se refleja en polticas orientadas a la divisin y fragmentacin de los trabajadores, favorecidos por su falta de educacin y mnima cultura sindical. Estos sindicatos amarillos, brujos, renen ms de tres mil trabajadores y son financiados por la empresa. Incluso con trabajadores fantasmas que slo aparecen para boicotear huelgas.

Todo esto lo instal el sistema, asegura Manuel Ahumada. El sistema tuvo xito en destruir todos los avances que tuvieron los trabajadores. No slo la dictadura. Hoy, si miramos las actuales luchas, son para recuperar derechos antes adquiridos. Y agrega: Nosotros sentimos que en el sindicato tiene que haber gente que crea en la clase. Que la clase est llamada a jugar un rol en todo este proceso. Materia de organizacin es ponerse al da con el siglo XXI en cuanto a las comunicaciones, a los avances tecnolgicos. Pero tiene que haber una concepcin de clase.

 

 

 

Publicado en Punto Final, edicin N 885, 29 de septiembre 2017.

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