Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-10-2017

Puerto Rico
Algunas lecciones del huracn

Rafael Bernabe
Rebelin


Desde Puerto Rico, 2-10-2017

(Normalmente mis escritos, sobre todo ante situaciones nuevas, son resultado de discusiones con otros compaeros y compaeras. Pero estos das estamos casi incomunicados. Por tanto, an ms que en otros casos, este escrito es de mi entera responsabilidad. De igual forma, escribo con informacin incompleta, resultado de la misma incomunicacin, por tanto, todo lo que escribo est, ms que de costumbre, sujeto a correccin futura.)

Las crisis plantean problemas agudos que ponen al descubierto y acentan los aspectos tanto admirables como negativos de las sociedades que impactan. Tambin plantean nuevas tareas y nuevas perspectivas ante agendas que ya estaban planteadas. El caso de Puerto Rico y el efecto y respuesta al paso del huracn Mara no es excepcin.

Empecemos por lo admirable: la reserva de solidaridad, de comunidad, de generosidad que subsiste en el pas a pesar de tres dcadas de prdica y prctica neoliberales que fomentan lo privado sobre lo pblico, la competencia sobre la colaboracin, el egosmo sobre la comunidad, la inmediatez sobre la previsin, la fragmentacin sobre la integracin democrtica. Podra dar decenas de ejemplos: el pon que me han dado cuando voy caminando a hacer alguna gestin (por falta de gasolina), la comida que me han fiado (porque no tena cash), el caf ofrecido por mis vecinos, el uso de una hornilla prestada para calentarle algo de comer a mi beb, los mdicos y personal de salud laborando en un hospital que se haba quedado sin electricidad (cuando tuvimos que ir a sala de emergencia el da despus del huracn). No hay duda que nuestro pueblo entiende y siente, a pesar de todo, que las relaciones humanas, incluso entre desconocidos, son ms y deben ser ms que el fro vinculo del efectivo.

Pero hay problemas y retos sobre los que hay que reflexionar: no podemos dejar a un lado las tareas ms urgentes, pero tampoco podemos dejar de analizar la situacin, sobre todo si queremos desde el principio reconstruir un Puerto Rico distinto y mejor. Esa reconstruccin empez ya y no podemos dejar esa reflexin para ms tarde. En ese caso, otros tomarn las decisiones que nos afectarn. Tampoco podemos ser injustos con los que en este momento estn inmersos en tareas de rescate, apoyo y reconstruccin: hay que reconocer esa inmensa y difcil labor, incluyendo a funcionarios de gobierno cuyas ideas no comparto pero cuya labor reconozco.

Para empezar por lo ms inmediato. No hay duda de que la respuesta prevista al desastre fue inadecuada. No podemos pedir milagros. Pero sin duda, era necesario un plan o planes para mantener el suplido de agua, alimento y servicios de salud y la provisin de combustible necesario para todo esto, suponiendo un colapso predecible y anticipado del sistema elctrico. Era posible tal plan y previsin? Sin duda, al menos en grado mayor de lo que hemos podido observar. La realidad es que ya se tena la experiencia de los huracanes Andrew y Katrina, que no se aprovecharon adecuadamente (volveremos sobre las races de esta falta de previsin). Pero es cierto que los planes, por buenos que fueran, no podan solucionarlo todo. Hay otros problemas, que tambin pueden atenderse ciertamente, pero no con planes de emergencia. Para dar dos ejemplos: la gasolina y la salud.

La carrera desesperada en busca de gasolina, con el caos y la incertidumbre que hemos vivido, es el resultado, en ltimo anlisis, de la dependencia casi absoluta en el automvil privado como medio de transporte, que tantas veces se ha denunciado por razones urbansticas y ecolgicas. Sin automvil el pas no funciona para las cosas ms cotidianas y sin gasolina los automviles no funcionan. Piense el lector o lectora lo distinto que sera la situacin si contramos con una eficiente y tupida red de transporte colectivo: levantar esa red colectiva sera una tarea difcil, sin duda, pero permitira restablecer y garantizar el acceso y el movimiento de personas mucho ms rpidamente que tratar de proveer gasolina a millones (s, millones) de automviles. Es decir, el paso del huracn acenta una necesidad que ya estaba planteada antes del huracn. No olvidemos esto a la hora de la reconstruccin. (Irnicamente, una de las razones por las que se planteaba y plantea el transporte colectivo es la necesidad de reducir la quema de gasolina para atender la amenaza del cambio climtico, una de cuyos impactos es precisamente aumentar la frecuencia de eventos extremos, como huracanes categora 5) Con tres huracanes de ese tipo en una sola temporada quizs empecemos a tomarnos en serio esta amenaza (aunque Trump siga negando su existencia).

Otro ejemplo de lo dicho es nuestro sistema de salud. No debo decir sistema: sistema tuvimos hasta la dcada de 1990. Era un sistema diseado lgicamente, con centros de diagnstico y tratamiento e instalaciones de cuido primario, secundario y terciario, en una especie de pirmide. Tena sus carencias, deba mejorarse, pero era un sistema mnimamente coherente. En una crisis como esta pudo prepararse, y puede levantarse y coordinarse, de nuevo, con un mnimo de coherencia y eficiencia, alrededor del pas. Pero ese sistema ya no existe: lo que existe es el resultado fragmentado, catico y desarticulado generado por la privatizacin. La terea de prepararse y responder a la crisis es, por tanto, mucho ms difcil. (Una de mis ms lamentables experiencias ha sido una farmacia que se neg a despacharme un medicamento para mi beb que tena en existencia porque no tena "sistema" y por tanto no poda procesar ni cotejar la cobertura de mi plan de salud).

La falta de previsin y la insuficiencia de la respuesta inicial toca tambin a FEMA. Desde Katrina la insuficiencia de esta agencia qued demostrada: es un aparato que funciona, si no con la lgica del bussiness as usual, si con la del distraer as usual. Acaso no era previsible que con el colapso previsible del sistema elctrico y de comunicacin seran necesarias decenas de grandes plantas generadoras para hospitales y otros puntos clave, por ejemplo, as como medios para restablecer comunicaciones? Ni el gobierno de Puerto Rico, ni FEMA tomaron en cuenta lo que la realidad nos ha recordado duramente: Puerto Rico es una isla, a diferencia de Lousiana, Texas o Florida y necesita planes especiales ante una situacin como esta, no el modelo de siempre y otros lugares.

La insuficiencia de la respuesta inicial se detect inmediatamente para los que estamos en la isla, pero la gran mayora no tenamos, y aun no tenemos, muchos medios para protestar. Aqu la dispora, ese Puerto Rico fuera de Puerto Rico, ha tenido un rol central en denunciar la situacin y exigir que Puerto Rico no sea abandonado a su suerte y que reciba el apoyo que todo pueblo en estas circunstancias merece. Gracias a esto, al escndalo ms all de Puerto Rico que se ha logrado generar, la respuesta ha ido mejorando. No soy de su partido y no vot por ella, pero de igual modo tengo que aplaudir las protestas y denuncias de la alcaldesa de San Juan. La respuesta de Trump, necia e insolente a la vez, era de esperarse. Antes de esa polmica ya haba demostrado total indiferencia a la situacin de Puerto Rico. En uno de sus primeros tweets tuvo la indecencia de mencionar el pago de la deuda y ahora la ha emprendido contra los trabajadores puertorriqueos que segn l son unos vagos (algo que algunos repiten en Puerto Rico y que encontrarse al lado de Trump quizs los llame a reflexionar). Pero qu se puede esperar de este seor? Trump representa la oposicin y negacin de todo lo que hay de bueno, decente y generoso en la humanidad incluyendo la parte de la humanidad que habita en Estados Unidos. Su anunciada visita, como me dijo alguien en una fila, es un estorbo: cualquier recurso que se desve para atenderla es un recurso menos para la recuperacin. Ni para entender la situacin, ni para coordinar la reconstruccin es necesaria su visita. Viene a tomarse la foto. Hay que declarar a este racista persona non grata en Puerto Rico. Ya pas la poca en que el respeto a las necesidades y derechos humanos por los gobernantes depende de su favor y gracia, ganado con el buen comportamiento de los sbditos.

Ahora, gracias a las denuncia dentro y fuera de Puerto Rico empiezan a llegar ms recursos para la reconstruccin. La mayor parte de ese apoyo, o una parte considerable, est llegando por va militar. Ya tenemos la foto de generales dirigiendo la reconstruccin. Por un lado, tenemos que acoger cualquier ayuda y apoyo que podamos en este momento de necesidad extrema. Pero esto tambin debe ser motivo de reflexin. Hay tres que quisiera sealar. Lo primero es que resulta lamentable que el presupuesto y los recursos para atender estas situaciones (no solo en Puerto Rico) estn en manos de los militares y no de agencias civiles. Pero esto no es extrao: es tpico de las prioridades de la mayora de los gobiernos, incluyendo el de Estados Unidos, en este mundo en que vivimos. Se gasta mucho ms, muchsimo ms, en el aparato militar que en educacin y bienestar social. Se puede mantener un arsenal gigantesco, pero no proveer un seguro de salud universal. Este aparato militar no es el salvador de pueblos afectados por desastres: es un aparato que normalmente acapara una gigantesca cantidad de recursos que debieran estar dedicados a otros fines. Esta realidad hace que el apoyo nos llegue por va militar, pero no tenemos que dejar de ver el lado amargo y oscuro de esa realidad. No lo olvidemos ni por un segundo. Redoblemos la lucha por otras prioridades en Puerto Rico, Estados Unidos y el mundo.

En segundo lugar, no deja de ser interesante como luego del paso del huracn (y de las denuncias y exigencias indicadas) aparecen recursos millonarios para atender la reconstruccin de Puerto Rico. Pero, por qu ahora y no antes? Desde hace tiempo hemos planteado la necesidad de una sustancial aportacin federal para la reconstruccin de Puerto Rico (en general y, entre otras cosas, para transformar su sistema de energa). Por qu hay que esperar a un desastre natural-social para dar paso a medidas de este tipo? Lo mismo hay que decir sobre las leyes de cabotaje: cuntas veces no se ha planteado la necesidad de eliminarlas para contribuir a la recuperacin econmica? Si eliminarlas ayuda ahora a la recuperacin, por qu mantenerlas ms adelante? Irnicamente, el huracn ha obligado a que se hagan cosas (algn apoyo federal para reconstruccin, suspensin de leyes de cabotaje) que desde hace tiempo muchos hemos planteado que eran necesarias (aunque no necesariamente en la forma que ahora toman). La tercera reflexin sobre el aspecto militar la dejo para ms adelante.

Ya que el mismo Trump plante el tema de la deuda en uno de sus tweets y que el presidente de la Junta de Control ha planteado que ahora hay que repensar muchas cosas digamos algo sobre esto. En pocas palabras: quien pretenda cobrar la deuda en estas circunstancias comete un acto de lesa humanidad. El huracn Mara adems de viviendas, talleres, negocios e infraestructura destruy la deuda. Ya no solo hay que revocar PROMESA, hay que anular la deuda. La doctrina legal para esto es clarsima: la fuerza mayor (force majeure), cambio fundamental en circunstancias y el estado de necesidad, que no tengo carga suficiente en la computadora para explicar aqu pero que aplican perfectamente al caso de Puerto Rico luego de Mara (ver Eric Toussaint, Damien Millet, Debt, the IMF and the World Bank, New York: Monthly Review, 2010, pgs. 246-47). Cmo puede pensarse en cobrar esta deuda que ya era impagable e insostenible, cuando las necesidades apremiantes del pas acaban de multiplicarse? Debemos lanzar un llamado internacional para la anulacin esa deuda.

Nada de lo indicado ser posible sin la denuncia aqu y en la dispora y de nuestros aliados fuera de Puerto Rico: todos los movimientos por la justicia social en Estados Unidos y el mundo. Aqu, como dije, el paso del huracn nos ha hecho hacer lo que es necesario de ahora en adelante: movilizacin y denuncia aqu y afuera para exigir las medidas de reconstruccin econmica, sobre la deuda y aportacin federal a la que tenemos derecho y que el Congreso nos debe (entre otras cosas, como corresponsable de la situacin en el territorio sobre el cual mantiene su control colonial.)

La privatizacin desastrosa de nuestro sistema de salud, la incapacidad de emprender en serio un desarrollo econmico planificado, acorde con las necesidades del pas, es la otra cara del culto neoliberal del mercado y la competencia como resolucin de todo. Y eso est detrs de la cultura de imprevisin cuyas consecuencias estamos viviendo. Si la mano invisible del mercado y la competencia lo arreglan todo eficientemente para qu planificar, para qu prever? Esa gestin privada y, por tanto, fragmentada de un aparato productivo, de una infraestructura que es desde hace tiempo cada vez ms social e interdependiente, genera, en condiciones normales, desigualdad, despilfarro y destruccin ambiental (en el caso de Puerto Rico tambin genera una economa unilateral, incapaz de proveer empleo, etc.). Esos resultados normales en crisis como la presente, se convierte en muchos casos en caos. No deja de ser llamativo la declaracin de un ejecutivo de una empresa de telefona: no es momento de competir. Solo actuando como una red colaborativa podemos avanzar. Efectivamente: necesitamos respuestas sociales, colaborativas a nuestros problemas, ahora, y tambin en el Puerto Rico que debemos reconstruir.

Y aqu regreso al tercer punto que quera formular sobre el tema de la aportacin militar a la reconstruccin: la otra ventaja que tiene este aparato, que tiene no pocos admiradores y adoradores, es que es un sistema integrado, planificado, coordinado, en que las partes actan (o se suponen que acten, no voy a idealizar) no en competencia sino en colaboracin unas con otras. El problema, por supuesto, es que se trata de una centralizacin autoritaria, de un aparato cuyos fines esenciales son destructivos (no me refiero a las intenciones de muchos soldados de base, que ingresan a la fuerzas armadas por diversas razones, sino al aparato). Pero la admiracin por la eficiencia del ejrcito es una forma deformada de admiracin por ese funcionamiento que no obedece a las sacrosantas reglas del mercado y la competencia. Tomemos de eso lo bueno: la planificacin, la coordinacin integrada de recursos y mezclmosla en efuturo con una gestin, no militar y autoritaria, sino civil y democrtica.

No tengo duda que las mismas voces que antes de Mara insistan que Puerto Rico no poda resolver sus problemas, que tenemos que ponernos en manos de la Junta de Control que nos impondr el castigo merecido, no dudo, repito, que esas voces, ahora remacharn que debemos ponernos en manos de otras agencias federales, incluso el ejrcito, para que hagan lo que no podemos hacer nosotros, ineptos que somos. No hay que dedicar mucho tiempo a debatir con ellas: son incorregibles. Lo que tenemos que hacer es sacar de todo, lo bueno y lo malo, las lecciones para la reconstruccin que queremos y necesitamos.

Ahora que aoramos, el que escribe incluido, un regreso mnimo a la normalidad, no permitamos que ese sentimiento se manipule ms adelante para que cuando llegue la electricidad pensemos que todo sigue y seguir como antes. Escucho con preocupacin los anuncios en la prensa de que llegan expertos a aportar a partir de la experiencia de Katrina en Nueva Orleans. Claro que debemos aprender lo que podamos, pero hay que recordar que la recuperacin de Katrina se us para privatizar escuelas, eliminar derechos laborales, desplazar comunidades y gentrificar (aburguesar creo que es el trmino en espaol) vecindarios. Usar estos desastres para impulsar estas agendas es tpico de la doctrina del shock, como ha sealado Naomi Klein en su famoso libro.

En cierta medida, las propuestas anteriores a Mara siguen vigentes, pues Mara en buena medida agudiz al extremo problemas que ya existan: la necesidad de un plan de reconstruccin econmica, la necesidad de renegociar la deuda, la necesidad de aportacin federal para reconstruccin, la necesidad de una reorganizacin democrtica del gobierno y los servicios pblicos, la necesidad de transporte y salud pblicas y de energa renovable, la necesidad de revocar PROMESA, la necesidad de la movilizacin en Puerto Rico y fuera de Puerto Rico para lograr todo eso.

No he mencionado, pero no quiero dejar en el tintero o el teclado el efecto desigual del desastre: los que peor estn son los que menos tenan antes de Mara. La reconstruccin debe ser una reconstruccin hacia mayor igualdad.

Cabe decir que la necesidad de una reconstruccin econmica ser ms aguda. Una interrogante en el futuro cercano ser la reaccin de las grandes empresas que generan grandes ganancias en Puerto Rico (y tributan muy poco) al paso del huracn. Seguirn operando aqu? Sospecho que al menos algunas quizs decidan irse. En una economa privada, como sabemos, estas decisiones que afectan a toda una comunidad o un pas se toman sin tomar en cuanta otra cosa que las ganancias de las empresas involucradas. De nuevo: si Puerto Rico ya necesitaba una nueva economa, el paso del huracn tan solo acenta esa situacin.

La situacin de Puerto Rico recuerda la de principios de la dcada de 1930: golpeado por dos terribles huracanes (San Felipe y San Ciprin) y sumido en la depresin econmica. De esa crisis se sali gracias a grandes movimientos de justicia social que plantearon ambiciosos programas de reforma agraria, creacin de servicios pblicos, derechos laborales, reconstruccin econmica y autodeterminacin nacional, que adems buscaron aliados fuera de Puerto Rico. El liderato del ms grande de esos movimientos, el PPD, luego abandon todo lo que haba defendido. Construyamos los equivalentes en el presente de aquellos movimientos y aquellas alianzas. Tengamos la constancia que no tuvieron otros de mantenernos fieles al programa que el pas necesita. Esa constancia tan solo puede surgir del pueblo trabajador organizado para la defensa de sus intereses. Esa organizacin est hoy debilitada, fragmentada y maltrecha: reconstruirla es tarea fundamental para lograr la reconstruccin que necesitamos. Esperemos que el huracn tambin se haya llevado las rmoras de la divisin, el sectarismo y los personalismos que nos atan. Mis mejores deseos de seguridad, salud y recuperacin a todos y todas a lo largo y ancho de Puerto Rico.

El autor del artculo es militante y portavoz del Partido del Pueblo Trabajador.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter