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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-10-2017

A un ao de la derrota del SI en el 2-O
Lecciones de la derrota en el Plebiscito de la Paz

Fernando Dorado
Rebelin


Ya ha pasado un ao. De cara a las elecciones presidenciales de 2018 es pertinente hacer un balance, tanto de las causas de la derrota de las llamadas fuerzas de la paz como de la actitud mostrada por los dirigentes de las agrupaciones polticas que tenan que asumir su responsabilidad por ese negativo resultado. Pocos lo hicieron. La gran mayora pas de agache, achacndole la culpa a la desinformacin orquestada por Uribe y reconocida por el jefe de la campaa por el NO. Sabemos que no fue la nica causa.

Para quienes desean acertar en 2018 es indispensable la evaluacin y el balance. Es ms que necesario cuando nuevamente amplios sectores de las fuerzas de la paz insisten en conformar una gran convergencia con los mismos actores que fueron los causantes de la derrota. Pero adems, hay que ir un poco ms atrs, para analizar el tipo de respaldo que los demcratas le otorgaron a la re-eleccin de Santos en 2014 y cmo contribuy ingenua e inconscientemente a reforzar la actitud frvola de Santos.

En anteriores artculos hemos identificado las causas inmediatas del triunfo del NO: La demagogia de Santos; las mentiras y habilidad de Uribe para aprovechar los errores del gobierno, entre ellos, la polmica causada por la educacin de gnero de la ex-ministra Parody; el triunfalismo de las FARC; la confusin de los demcratas y la flojera de la izquierda para deslindarse de los corruptos vestidos de pacifistas; el saboteo dentro del mismo gobierno encabezado por Vargas Lleras y Juan Carlos Pinzn; la celebracin del triunfo antes de tiempo con pompa y arrogancia en Llanos del Yar y Cartagena por parte del gobierno y las FARC. Y otras de menor calado.

Ahora de lo que se trata es de identificar razones de mayor importancia. El mismo proceso de paz debe ser revisado para reconducirlo. Hoy que la implementacin de los acuerdos y la reincorporacin de los integrantes de la guerrilla a la sociedad se encuentran en un momento de graves dificultades, se requiere una mirada crtica de conjunto. El nuevo gobierno va a heredar un Estado en medio del caos y el desorden institucional, una conflictividad poltica y social de marca mayor, en medio de una situacin econmica francamente crtica y la acumulacin de problemas de todo tipo. El destape de la corrupcin, especialmente en la justicia, hace ms complejo el momento.

El pas ya entr en la dinmica electoral. Santos no fue capaz de cumplirles a las FARC. Si no se asume esa realidad seguiremos colgados de unos acuerdos que han quedado reducidos al sometimiento de la insurgencia, en su concentracin y desarme, pero que en los dems aspectos, estn en una especie de limbo jurdico y presupuestal. Y lo ms grave es que quienes se alimentaron de burocracia y contratos durante los 7 aos del gobierno de Santos han cambiado de bando ante la posibilidad de perder la presidencia en 2018. Hoy encabezan el bloqueo al cumplimiento de los acuerdos con el fin de polarizar al pas entre paz y guerra, entre perdn y venganza, entre reconciliacin y odio. El fiscal general y congresistas de la fracasada coalicin nacional, ya lo hacen.

Adems, la dinmica de la guerra estructural se mantiene. El gobierno no cumple ni en lo ms mnimo. Las expectativas creadas en torno a la sustitucin de cultivos de uso ilcito triplicaron las reas cocaleras pero el gobierno no avanza con los programas (ni puede cumplir mientras el negocio del narcotrfico sea rentable). La estrategia de reinsercin colectiva diseada por las FARC muestra serios problemas frente a una realidad inocultable: un porcentaje importante de sus integrantes convirti la lucha guerrillera en una forma de vida, con poder y dinero, que est muy lejos a lo que es la vida de un trabajador comn. Y las zonas donde las FARC tenan presencia son copadas por otros grupos armados ilegales, entre ellos el ELN y las disidencias de las FARC.

Las lecciones de fondo

1. Las fuerzas democrticas que representan a los sectores sociales que efectivamente necesitan la paz (campesinos, indgenas, comunidades negras, trabajadores, clases medias empobrecidas, pequeos y medianos empresarios) nunca identificaron los intereses de las clases y sectores sociales que viven de la guerra o que queran una paz sin costos polticos ni econmicos.

2. Se jug al logro de una paz imperfecta, una paz pura y simple, sin entender que una paz neoliberal solo es la continuidad de la guerra por otros medios. As fuimos pasando de una guerra instrumentalizada por el gran capital a una paz perrata, como la que ya estamos viviendo (que tiende a convertirse en una nueva versin de lo que ocurri en Centroamrica con paras y maras de nuevo tipo). Este balance no desconoce la importancia de parar la guerra y de evitar ms muertes, pero lo que se est acumulando en la trastienda no puede ocultarse.

3. La insurgencia y gran parte de la izquierda se volvieron a ilusionar con la estrategia de aliarse con una supuesta burguesa progresista para derrotar a los vetustos terratenientes. No se ha entendido que la oligarqua juega al polica bueno (Santos) y al polica malo (Uribe). As lo ha hecho desde siempre.

4. Se colabor con la versin demaggica de la paz estable y duradera. En vez de insistir en separar lo que es el fin negociado del conflicto armado con las FARC de lo que es una verdadera paz, se contribuy con la poltica de Santos de engaar a la sociedad colombiana con promesas y fantasas incumplibles. Por ello el grueso del pueblo (65% del electorado) no particip en la farsa.

5. Mientras la gran burguesa transnacional (grandes grupos financieros que Santos representa) queran desarmar a las FARC para entregar en paz extensos territorios y riquezas a la inversin extranjera, los terratenientes de nuevo cuo (hacendados y mafiosos que se apropiaron de 6 millones de hectreas de tierra despojada a los campesinos pobres) deseaban exterminar a la guerrilla y a las izquierdas para no devolver nada. Entre esos intereses contradictorios pero, de alguna manera, complementarios, las fuerzas de la paz vienen naufragando estruendosamente.

6. Al no tener en cuenta los intereses en juego, las fuerzas democrticas le entregaron la direccin de la lucha por la paz a la burguesa transnacional y se aliaron en las formas polticas con la burguesa burocrtica, que es profundamente descompuesta. Aceptaron la tctica de Santos de impulsar el proceso de paz con toda clase de negociantes y burcratas, adems de permitir que guerreristas camuflados hicieran parte del gobierno y actuaran como caballos de Troya. En esa dinmica se desgastaron, perdieron credibilidad y hoy una parte de ellas estn confundidas.

7. En esa fiebre de ilusin, las FARC se involucraron en hacer una pequea revolucin por decreto. En vez de concentrarse en depurar sus fuerzas, en asegurar serias condiciones para garantizar su seguridad y una reintegracin viable, digna y sobria a la sociedad, se empearon en lograr reformas agrarias y polticas para entrar por la puerta grande. Esas reformas requieren de un gran movimiento social y democrtico para que sean realidad. Los acuerdos en el papel, por ms folios, puntos y pargrafos que tengan, solo son eso, papel. Y por ello, los incumplimientos del establecimiento oligrquico no se han hecho esperar y la sociedad no se da ni por enterada.

8. No se ha entendido tampoco que al entregarle la direccin de la lucha por la paz a Santos, se le dej el terreno abierto a Uribe para liderar la oposicin poltica y canalizar la inconformidad de amplios sectores sociales y econmicos que han sido afectados por la globalizacin neoliberal y por la ineptitud del gobierno. Esos sectores sociales se expresaron en octubre de 2016 en contra del SI en el plebiscito, no porque rechazaran la paz sino porque la perciban como un engao y una trampa. Ese fenmeno hace parte del surgimiento de los populismos de derecha que se expresaron a nivel global con el Brexit, la eleccin de Trump, y ahora, con los secesionistas catalanes y escoceses y otros procesos en desarrollo.

9. No hay que ensillar sin tener las bestias. Es indudable que haba que obligar a Santos a negociar previamente con Uribe. El imperio estadounidense gran interesado, beneficiado y componedor habra tenido que intervenir con fuerza contundente. Pero no, se prefiri hacer un ejercicio de desgaste, usando temas jurdicos, extradiciones y otro tipo de presiones que no han logrado su objetivo. Por el contrario, Uribe hbilmente se hace la vctima y mantiene su cauda electoral. Sigue siendo un peligro, amenaza con hacer trizas los acuerdos y, por ello, debe ser enfrentado con inteligencia y capacidad poltica y comunicativa.

La correccin estratgica

Menos mal que las fuerzas democrticas contaban con reservas estratgicas que no estaban comprometidas con el conflicto armado y que no se haban dejado contaminar de las prcticas corruptas. Estos sectores polticos reaccionaron rpidamente despus de la derrota del Plebiscito e iniciaron un proceso de convergencia para deslindarse del gobierno, de las FARC y diferenciarse totalmente del uribismo y el vargas-llerismo.

Hace 15 das se present la Coalicin Colombia. Es la expresin de una alianza anti-corrupcin que tiene la ventaja de estar lejos de la izquierda que fue connivente con los graves errores de las FARC (tanto en la guerra como en el proceso de paz) y tambin de los polticos corruptos que blandieron la bandera de la paz mientras les sirvi para alimentarse de mermelada durante los dos perodos del gobierno de Santos.

Esa coalicin poltica ha identificado con claridad la respuesta al momento coyuntural. La lucha contra la corrupcin poltico-administrativa es su principal prioridad pero sin renunciar a darle continuidad a los acuerdos de fin del conflicto, corrigiendo lo que haya que corregir. No sabemos si lograrn construir una estrategia de largo plazo, para varios perodos presidenciales, que implique un verdadero proceso constituyente de largo aliento, pero esa debe ser la intencin para poder ganar las elecciones en 2018.

Por ahora, dicha coalicin ha logrado interpretar los intereses de los pequeos y medianos empresarios del campo y de la ciudad (e incluso, de algunos grandes) que requieren un Estado eficiente y moderno, y apoyan la causa de la paz. Tambin, representan a amplios sectores de clases medias. No obstante, hay que atraer a los trabajadores, campesinos, indgenas y afros, a los profesionales precariados y dems trabajadores informales, que por lo menos deben avizorar un camino cierto para avanzar poco a poco y con paso firme hacia cambios de mayor envergadura en temas del modelo productivo, empleo, medio ambiente, salud, educacin, seguridad y justicia.

Lo importante es que se logr rectificar a tiempo y el horizonte est despejado.


Blog del autor: https://aranandoelcieloyarandolatierra.blogspot.com.co/2017/10/lecciones-de-la-derrota-en-el.html#.WdKVZo_WzIU

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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