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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-10-2017

Individualismo y barbarie en Las Vegas

Ricardo Orozco
Rebelin


El debate que se ha desencadenado en la opinin pblica nacional, en torno del tiroteo que despoj de su vida a medio centenar de personas, en un evento musical pblico, en Las Vegas, Nevada; recuerda, en primera instancia, todas esas ocasiones en las que ese mismo debate se ha tenido que reciclar a s mismo cada vez que un evento similar ocurre en Estados Unidos, saturando la discusin con algunos espacios comunes sobre los cuales, en un lapso temporal relativamente corto, se montan construcciones analticas viciadas y sin capacidades de problematizar los puntos genealgicos, es decir, originarios, desde los cuales se forja la sistematicidad de hechos como el presente.

En trminos generales, esos espacios comunes, esas analticas viciadas, ese sentido comn en torno de lo que en el imaginario colectivo estadounidense es denominado indistintamente como una masacre (massacre) o un tiroteo (shooting) se reducen, en ltima instancia, a una narrativa del terror, pese a que su derivacin en discursos sobre terrorismo depende, por entero, de la pertenencia racial, nacional, religiosa, cultural etc., de quien ejecute el acto en cuestin. As pues, el hilo o la continuidad discursiva que atraviesa las narrativas de atentados como los de Virginia Tech, Virginia (2007); Newton, Connecticut (2012); San Bernardino, California (2015); y Orlando, Florida (2016); es una en la que el terror se presenta como el elemento constructor de las oposiciones entre seguridad e inseguridad; entre libertad y coaccin; entre lo propio y o ajeno; entre la identidad y la otredad, etctera. Pero ello, sin que en ese discurrir se enuncie al terrorismo, como experiencia y fenmeno sociopolticos concretos, pues derivar el acto a su denominacin como atentado terrorista depende de que quien discurre, quien se coloca en la posicin de observador o de vctima del atentado identifique y construya a un enemigo, a una otredad en el perpetrador.

En este sentido, si bien el discurso sobre el terror se mantiene presente en las narrativas de todos los eventos mencionados reforzando los dispositivos de poder que el Estado monta sobre las nociones de seguridad, paz y orden pblicos, slo los casos en los que el ejecutor es un sujeto perteneciente a otra raza, a otra nacionalidad, a otro culto religioso, a otra cultura, etc., el acto se vuelve un atentado terrorista, y tal es el tratamiento analtico que se le da en el espacio pblico. El terrorismo, pues, para un observador estadounidense blanco, anglosajn y protestante es un trmino reservado para negros, latinos, musulmanes, y as sucesivamente. La cuestin es, no obstante, que para llegar a ese tipo de conclusiones se debi transitar por otras series de anlisis que fungen como premisas generales de aquellas a partir de la puesta en juego de puras tautologas. Y entre stas, dos son las series dominantes. Por un lado, se encuentra aquella en la que se construye la personalidad del ejecutor. Es fcil de observar porque, para todos sus efectos, es en el anlisis de la personalidad del sujeto que se busca encontrar las causas ltimas, las razones que tuvo ste para realizar tales actos taninhumanos.

No es una estrategia discursiva nueva, por supuesto. Desde que el terrorismo comenz a introducirse en el debate pblico internacional, entre los aos sesenta y setenta del siglo pasado, identificar el perfil psicolgico de los perpetradores se convirti en un mtodo que, se argumenta, ofrece una representacin fil de los problemas que los terroristas tienen en contra de la humanidad; de su desconexin con lo humano, con lo social y lo comn.

En el evento de Las Vegas, por ejemplo, la discusin se encuentra dominada por el anlisis de su situacin laboral, del segmento socioeconmico al que pertenece, del tipo de relacin que tena con sus amigos, vecinos y familiares, de sus antecedentes penales, de sus historiales acadmico y de salubridad, de sus gustos y pasatiempos, etctera. Y la cuestin es que, en este tipo de analtica, lo que no se est observando es la manera en que se est construyendo la personalidad del sujeto de manera tal en que ste ya se parezca a su delito o a su acto terrorista muchsimo antes de que ste siquiera fuera cometido por aquel.

Contar con baja autoestima, haber transitado por una infancia o una adolescencia solitaria, ser sicolgica o emocionalmente inmaduro, tener una personalidad poco estructurada, habersufrido carencias afectivas, tener una mala o una pobre apreciacin de la realidad, estar desequilibrado afectivamente, etc., se convierten en justificantes sicolgicos de una personalidad asesina, violenta, terrorista introduciendo la idea de que el asesino, el violento y el terrorista ya lo eran desde el primer momento en que su vida cotidiana se vio afectada por alguna de estas condiciones emocionales y cognitiva.

El problema es que se parte de la nocin de que existe un punto cero, una regla general o una especie de normalidad en cada una de esas condiciones: se parte de la idea de que existe una personalidad normal (una normalidad sicolgica, afectiva, emocional, cognitiva, etc.,), fuera de cuyos parmetros ya se est dentro de una condicin patolgica, potencialmente peligrosa tanto para el propio individuo como para la sociedad en la que se desenvuelve. Y lo cierto es que esto es un problema porque anula por completo el peso y la determinacin que la sociedad, la poltica y la cultura tienen sobre el comportamiento del ser humano.

En otras palabras, individualiza la violencia: exculpa a la sociedad de esos contenidos sociales, polticos y culturales que reproducen sistemticamente la violencia, la muerte, el terror para mantener o cambiar el estado de cosas vigente. Y entonces, poco importa que sociedades como la estadounidense se basen en una concepcin de libertad individual en la que sistemticamente se reproduce la idea de que la comunidad es un peligro para el propio individuo. Pero no slo, pues son anlisis que omiten que esa misma sociedad reproduce, tambin de manera sistemtica, el recurso a la guerra como precondicionante para la paz y la estabilidad; omiten que la tortura a los prisioneros de guerra, en Guantnamo, es una prctica socialmente aceptada, validada e interiorizada, and so on.

En este sentido, la segunda serie de tautologas dominante es aquella en la que se construye el entendimiento de la violencia como una propiedad incrustada en la tcnica, ajena y exterior al individuo. Aqu, el problema es que se lleva a los extremos del absurdo la premisa de que la fuente de todo evento violento, como las masacres y los tiroteos pblicos en Estados Unidos, se encuentra en las armas que circulan en la sociedad, como si con el hecho de retirar cada arma, real o potencial, hiciese que los sujetos sociales dejen de ser violentos.

As pues, los anlisis que se proponen ser ms crticos que el promedio de narrativas que circulan en el espacio pblico terminan por afirmar que el problema de la violencia en Estados Unidos, en realidad, no tienen nada que ver ni con los migrantes, ni con los terroristas, ni con el desempleo, ni con el consumo de estupefacientes, sino con el hecho de que de cada diez habitantes del territorio estadounidense, nueve cuentan con una arma de fuego. De ah que esgriman como su indicador ms irrefutable el hecho de que en las sociedades primermundistas con menor cantidad de armas en manos de los ciudadanos sean, al mismo tiempo, las sociedades con menores ndices de violencia, en general; y de homicidios, en particular por oposicin, claro est, a las sociedades con mayor nmero de armas, que seran las ms violentas.

Y este es un extremo de lo absurdo porque hace suponer que la violencia emana de las armas, y no de un sujeto que se encuentra inscrito en un contenido cultural determinado. Que las sociedades con menor circulacin de armas de fuego sean las sociedades con menores ndices de violencia y de homicidios no se debe a la escasez de armas. Por lo contrario, el que existan menos armas en circulacin es consecuencia de una cultura que las repudia como instrumento o tcnica vlida para su uso en sociedad. De tal suerte que la ecuacin correcta es la opuesta a la que se reproduce en el sentido comn: las armas son consecuencia de una determinada configuracin y de un especfico contenido cultural, y no su determinante.

En Estados Unidos, mientras se siga valorando ms una cultura individualista, en la que las personas conciben a su comunidad y a su sociedad como un peligro inminente en contra de su libertad; mientras no se logre establecer vnculos sociales que den coercin al contenido comunitario ms all del contacto espordico que se establece a travs de los canales de produccin y consumo de mercancias; mientras la guerra y sus derivaciones civiles en los cuerpos de seguridad pblica no dejen de ser precondicin para el mantenimiento de la paz, la seguridad y el orden sociales el contenido cultural sobre el cual se asienta la conciencia violenta de la colectividad no desaparecer, y eventos como los de Las Vegas continuarn sucediendo.

Finalmente, no sobra sealar que el perfil sicoemocional de Stephen Craig Paddock, el tirador de Las Vegas, pese a contener elementos que en cualquier otra situacin lo catalogaran como terrorista de inmediato, su caso se encuentra atravesado por una discursividad racial, en u pertenencia al ncleo social estadounidense (blanco, anglosajn y protestante) lo blinda y lo abstrae de dicha denominacin. La sentencia de su padre, Benjamin Paddock, a veinte aos de prisin por robo a un banco; y su designacin por el FBI como psicpata al que le gustan las armas; as como la experiencia laboral de Craig en la industria armamentista, su gusto por la caza de animales salvajes y el haber contado con ms armas en su hogar que la veintena que lleva encima al momento de disparar; habran sido motivos suficientes para declararlo como un terrorista profesional, de haber sido negro, musulmn o extranjero.

Publicado originalmente en: https://columnamx.blogspot.mx/2017/10/individualismo-y-barbarie-en-las-vegas.html

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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