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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-10-2017

La comunicacin como praxis revolucionaria
Eh Che y la experiencia vasca

Iaki Gil de San Vicente
Rebelin

Ponencia para el II Encuentro Latinoamericano de Comunicadores Antiimperialistas, a celebrar del 5 al 8 de octubre en Santa Cruz, Bolivia.


1. COMUNICAR: DIALECTICA DE LA NEGACIN CRTICA.

2. LA VERDAD SIEMPRE ES CONCRETA Y REVOLUCIONARIA.

3. PRAXIS COMUNICADORA Y FORMACION TERICA.

4. CREATIVIDAD, RESISTENCIA Y REPRESION CULTURAL.

5. LUCHA CULTURAL PARA PREFIGURAR EL COMUNISMO.

 

Ustedes saben que yo tengo la mana de hacer crticas siempre que me encuentro con un micrfono [1]

1.- COMUNICAR: DIALECTICA DE LA NEGACIN CRTICA.

Estimadas compaeras y compaeros, este Segundo Encuentro Latinoamericano de Comunicadores Antiimperialistas se celebra nada ms y nada menos que en el cincuentenario del asesinato del Che, y se celebra aqu, en una Bolivia que se yergue orgullosa frente al imperialismo y frente a la racista derecha interna, y, para completar el cuadro, abre sus puertas a una reunin internacional para que debatamos sobre los problemas a los que nos enfrentamos quienes construimos medios de comunicacin populares, antiimperialistas, crticos

Como es sabido, pertenezco a una nacin oprimida por los Estados espaol y francs, una nacin como todas las capitalistas, dividida en clase sociales antagnicas, una de las cuales, la burguesa apoya y asume abiertamente la ocupacin estatal o la justifica con mil excusas. Desde este pueblo europeo tan distante en el espacio pero presente en la praxis voy a intentar explicar por qu y cmo Che Guevara adelantaba en sus escritos y en sus acciones lo esencial de la praxis comunicadora de la izquierda vasca que luchaba por la independencia y el socialismo de su pueblo.

Qu es la praxis comunicativa? Sabemos desde Hegel y el Che nos lo recuerda, que Las definiciones siempre son defectuosas, siempre tienden a congelar trminos, a hacerlos muertos, pero es bueno por lo menos dar un concepto general [2]. Esta cita del Che nos plantea el reto de saber si puede haber un concepto general de la praxis comunicativa, o ms concretamente, precisar algo sobre la teora del concepto, sobre la que luego diremos lo bsico. Ahora, siguiendo el consejo del Che, apuntaremos que por praxis comunicativa podemos empezar a entender esa virtud aprendida por las lecciones de la vida sintetizada por la cita del Che con la que inicio esta ponencia -Ustedes saben que yo tengo la mana de hacer crticas siempre que me encuentro con un micrfono- y que, adems de iluminarnos sobre su personalidad, nos obliga a hacernos la siguiente pregunta: qu es la crtica?

Una respuesta muy oportuna y vlida nos la ofrece V. Morales Snchez:

Criticar es juzgar con valenta, es identificar mritos y debilidades; develar lo oculto, actuar de forma abierta y no dogmtica; llamar a las cosas por su nombre. Es una actividad que implica riesgos porque el ser humano (autor tambin de las obras criticadas) es un ser contradictorio y orgulloso que construye, inventa y progresa, pero teme los juicios que puedan descubrir sus errores y debilidades. La crtica es, por naturaleza, polmica; genera discordias y enemigos, pero tambin amigos. Puede producir ideas y conocimientos, as como cambios, siempre necesarios, en las obras y en los seres humanos. De all que lo normal es que el poder establecido o dominante trate siempre de suprimir o de ocultar la crtica [...] Ser crtico no es fcil. Por eso no existen cursos ni recetas para formar crticos como s los hay para evaluadores. Tampoco hay o se pueden construir instrumentos para hacer crtica como s hay cuestionarios, escalas y tcnicas para hacer investigaciones. Y es poco probable que una institucin o persona se arriesgue a proporcionar recursos para desarrollar una crtica de s misma, pero muy probable que s lo haga para criticar al enemigo [3].

Estas palabras nos dan una idea muy correcta de lo que es la crtica, pero nos interesa reforzarla con otras dos citas ms. La primera es el resumen que hace Liria Turner Mart, investigadora a la que volveremos en su momento, sobre cmo aplicaba el Che la crtica y la autocrtica en lo relacionado con la pedagoga socialista:

La utilizacin consecuente de la crtica y autocrtica quiz es ms sistematizada cuando logra descubrir su esencia y sus regularidades internas como mtodo educativo. Cuando advierte que la descripcin de los problemas no es el momento esencial en la divulgacin de los errores, sino slo el inicio, pues habra que contar la explicacin de las causas, las vas de la solucin y la determinacin de los responsables, presenta la propia esencia de este mtodo formativo en el proceso de preparacin del hombre para la vida en las condiciones de nuestra sociedad cubana [4]

La segunda es de Marx y sirve para comprender que no existe praxis comunicativa sin el develamiento de las mistificaciones idealistas que ocultan la lucha de contrarios antagnicos. Por eso, Marx nos dice que:

Nosotros no anticipamos dogmticamente el mundo, sino que queremos encontrar el mundo nuevo a partir de la crtica del viejo. Hasta ahora los filsofos haban tenido lista en sus pupitres la solucin a todos los enigmas () No es cosa nuestra la construccin del futuro o de un resultado definitivo para todos los tiempos; pero tanto ms claro est en mi opinin lo que nos toca hacer actualmente: criticar sin contemplaciones todo lo que existe; sin contemplaciones en el sentido de que la crtica no se asuste ni de sus consecuencias ni de entrar en conflicto con los poderes establecidos [5].

La crtica del mundo viejo no se reduce a negarlo superficial y estticamente, desde fuera del caldero de sus contradicciones como lo hace la casta intelectual. La negacin dialctica es otra cosa totalmente opuesta a la negacin formal. Segn J. Mszros:

No es simplemente el acto mental de decir no, tal como la filosofa formalista/analtica la considera en su circularidad, sino que se refiere principalmente a la base objetiva de tal proceso mental de negacin sin el cual decir no sera una manifestacin gratuita y arbitraria de capricho, ms que un elemento vital del proceso cognoscitivo. De este modo, el sentido fundamental de la negacin se define por su carcter como un momento dialctico inmanente de desarrollo objetivo, convirtindose en mediacin y transicin.

Como momento integrante del proceso objetivo con sus leyes internas de despliegue y transformacin, la negacin es inseparable de la positividad de ah la validez de la frase de Spinoza: omni determinatio es negatio- y todo reemplazo procede de la preservacin. Tal como dijo Hegel: Desde esta faceta negativa, lo inmediato queda sumergido en el Otro, pero el Otro no es esencialmente negativo vaco, la Nada que se considera como el resultado habitual de la dialctica, sino que es el Otro del primero, lo negativo de la inmediatez; por lo tanto, est determinado como lo mediado y en general contiene en s la determinacin del primero. El primero est as esencialmente contenido y conservado en el Otro.

Es as como, a travs de la negacin de la negacin, la positividad de los primeros momentos no reaparece tan slo: es preservada/reemplazada, junto con algunos momentos negativos, en un nivel cualitativamente diferente y socio-histricamente superior. Segn Marx, la positividad nunca puede ser un complejo directo, ni problemtico ni mediatizado. Tampoco puede ser una simple negacin de una negatividad dada producir positividad autosustentada, dado que la formacin resultante depende de la formacin previa, pues cualquier negacin particular depende necesariamente del objeto de su negacin. De acuerdo con esto, el resultado positivo de la empresa socialista debe constituirse a travs de etapas sucesivas de desarrollo y transicin [6].

2. LA VERDAD SIEMPRE ES CONCRETA Y REVOLUCIONARIA.

Empezamos ya a entrar en materia: la lucha de liberacin nacional de clase de Euskal Herria supuso y sigue suponiendo lo que Justo de la Cueva denomin: negacin vasca radical [7] tanto del modo de produccin capitalista como de los Estados espaol y francs, y de la naturaleza burguesa de la actual sociedad vasca. La negacin radical, o si se quiere el poder revolucionario, del principio de la negatividad es parte raizal de la praxis.

La negacin crtica como elemento de la afirmacin revolucionaria surge de y vive en la inmanencia de lo material, que es lo que caracteriza a la praxis materialista, cientfico-crtica. Esta es una de las razones por las que el materialismo histrico constituye un bastin crtico frente a las posiciones idealistas [8]. Lenin, en su relectura de Hegel [9], insisti en que la negacin crtica en cuanto buceo en las contradicciones inmanentes de lo real es por ello mismo un acto poltico consustancial a la unidad y lucha de contrarios. Cuando el Che reconoce que, frente a un micrfono, se le activa una parte de su ser que le dicta comenzar a hacer la crtica de lo real, es que con estas palabras el Che est uniendo la subjetividad con la objetivad, del mismo modo que cuando los sacerdotes vascos escribieron sus famosa carta contra la tortura espaola, contra la dictadura y la persecucin de derechos elementales, tambin dialectizaban su subjetividad cristiana con la objetividad de la opresin espaola.

La insistencia de Lenin, del Che y de las y los marxistas, en la interaccin entre lo subjetivo y lo objetivo es clave para entender el papel de la actividad humana en el momento crtico del salto de lo viejo negado a lo nuevo afirmado, en la aparicin de lo nuevo que subsume parte de lo viejo, y en el desarrollo de la negacin de la negacin. El Che resume as el mtodo revolucionario capaz de acelerar la dialctica entre lo objetivo y lo subjetivo: El conocimiento profundo de la realidad, la relacin estrecha con el pueblo, la firmeza del objetivo liberado y la experiencia de la prctica revolucionaria les dieron a sus dirigentes la oportunidad de formarse un concepto terico ms completo [10].

La crtica de los valores dominantes, en el actual grado de antagonismo, es crtica negativa y destructiva en primer lugar, aunque dentro de todo lo negativo late un componente positivo, constructivo, que tender a desarrollarse positivamente en la medida en que la lucha de clases vaya logrando conquistas que permitan vislumbrar atisbos del futuro, porque la negacin positiva, o sea, la negacin de la negacin siempre termina planteando la decisiva pregunta sobre qu sucede despus? [11]

La pregunta sobre qu suceder luego, que puede ser o ser lo que se avecine despus, es obligada en la praxis comunicativa porque surge inevitablemente del mismo desarrollo del concepto como dinmica consciente de la praxis, como expresin del antagonismo que define a toda contradiccin plenamente desarrollada. El comunicador ha de dominar, por tanto, el mtodo dialctico: La dialctica consiste exactamente, en la habilidad de comprender la contradiccin interna de una cosa, el estmulo de su autodesarrollo, donde el metafsico ve slo una contradiccin externa resultando de una colisin ms o menos accidental de dos cosas internamente no contradictorias [12]. Lo entenderemos mejor leyendo estas palabras de E. de Gortari:

En su existencia, todo proceso es un trnsito continuo en el cual se resuelven los conflictos surgidos constantemente entre fuerzas e influencias opuestas, para dar lugar a la creacin de formas superiores, siempre condicionadas por otros procesos y, a su vez, condicionantes de ellos. Este movimiento contradictorio de cambios y reacciones recprocas que conectan a unos procesos con otros de manera intrnseca e indisoluble, se refleja en los conceptos que constituyen su expresin. Por ello, los conceptos se encuentran enlazados de forma inseparable y en su determinacin, que se ampla y mejora sin cesar, reproducen de un modo definido a la accin recproca que opera entre los procesos existentes. La determinacin de un concepto se produce siempre en conjugacin con otros conceptos, dentro de un proceso cognoscitivo en el cual cada concepto desempea simultneamente la funcin de determinante de los otros conceptos y de determinado por ellos. En rigor, todo concepto se encuentra sujeto incesantemente a este proceso de determinacin, a travs del cual se penetra en las manifestaciones inagotables de la existencia. Por lo tanto, el concepto no es un recipiente pasivo e indiferente de los conocimientos adquiridos, sino que representa en todo momento al proceso activo en el que se determina la existencia, como resultado de la mutua accin entre el hombre y los procesos exteriores, ya sean sociales o naturales [13].

La ampliacin y mejora de los conceptos, que expresa el devenir de la praxis, hace que el comunicador, si quiere serlo realmente, viva como persona revolucionaria, es decir sabedora de que toda crisis slo puede resolverse superando sus contradicciones y que, por tanto, tras teorizarlo, debe decirlo, comunicarlo, ponerlo a disposicin del pueblo. Por ejemplo, Cardoso y Prez Brignoli afirman lo siguiente en su estudio sobre las luchas nacionales en Amrica:

El conflicto entre indios y espaoles se encuentra entre los ms caractersticos, desde el nacimiento de la sociedad colonial. En el siglo XVI, durante la conquista, la primera actitud de los indios fue frecuentemente la de la resistencia armada. Organizado el imperio colonial, distribuida la mano de obra en distintos sistemas de trabajo forzado, la resistencia asume dos formas bsicas: la defensa de sus derechos dentro del sistema legal, exigiendo el cumplimiento de las Leyes de Indias, mediante pleitos judiciales que a menudo resultaban largos y engorrosos; o, vista la ineficacia de la va legal, la insurreccin [14].

Otras investigaciones han demostrado que a lo largo de estas luchas y resistencias, los espaoles recurrieron a dos mtodos bastante efectivos para alienar y derrotar a los pueblos indios: expropiarles sus tierras colectivas e imponerles la religin cristiana, con lo que destruan sus bases materiales y simblicas de reproduccin de identidad colectiva. Sin embargo, lo ms notable pese a todo lo hecho por los espaoles y occidentales es que los indios continan empecinados en seguir vivos, siendo indios, conservando su identidad [15].

Pues bien, la persona que explica a su pueblo la historia, el presente y el futuro probable de Nuestra Amrica, que comunica a su pueblo las conclusiones de sus estudios crticos de la realidad, ni debe ni puede ocultarle esta realidad histrica que tambin es el presente. El comunicado que conoce la historia real, sus contradicciones y sus expresiones a veces terribles e inhumanas, ni puede ni debe escamotearla, falsearla. La persona que se mueve en el rea de la comunicacin y que ha adquirido estos conocimientos de la historia se enfrenta al problema de conciencia tica del uso poltico, liberador u opresor, de su saber. Y debe optar por un bando o por el antagnico.

En el nivel de la epistemologa, el comunicador se enfrenta al debate sobre rechazar o aceptar la teora marxista del conocimiento, la negacin o aceptacin de la posibilidad de conocer materialmente el mundo, o sea de revolucionarlo; del papel de la subjetividad, de la conciencia colectiva en la historia. Y en este punto el Che hace esta reflexin:

Qu significa el desarrollo de la conciencia?, significa algo ms profundo que el aprendizaje de teora estrictamente en los libros; teora y prctica, ejercicio de la teora deben ir siempre unidos, no pueden separarse de ninguna manera de tal manera que el desarrollo de la conciencia debe estar estrechamente ligado al estudio, al estudio de los fenmenos sociales y econmicos que dirigen esta poca y a la accin revolucionaria [16]

Desarrollando la misma lgica del Che pero centrndose en la teora del concepto, Raya Dunayevskaya dice:

La teora del concepto elabora las categoras de la libertad, de la subjetividad, de la razn, la lgica de un movimiento por medio del cual el hombre se hace libre. Sus universales, pese a que son universales del pensamiento, son concretos () La doctrina del concepto expresa la determinacin subjetiva del hombre, la necesidad de hacerse dueo de s. Lo que se elabora en las categoras del pensamiento es la historia real de la humanidad. Que el concepto hegeliano de autorrealizacin se subvierta la revolucin en la traduccin de Marx- o no, lo cierto es que tambin para Hegel constituye una constante transformacin de la realidad y del pensamiento, que prepara un nuevo mundo. De ah, que desde el comienzo de la doctrina del concepto, vemos a Hegel tratando constantemente de separar su dialctica de la de Kant [17].

Por esto, R. Dunayevskaya concluye su exposicin de la doctrina del concepto de Hegel y su impacto decisivo en Lenin, aludiendo precisamente a que ste desarrolla su teora sobre el imperialismo como la era de las revoluciones, es decir, como el momento crucial en el que los pueblos se autoemancipan, indicando que La doctrina del concepto revela lo que era inherente al movimiento objetivo: ste era su propio otro () Precisamente donde Hegel parece ms abstracto, donde parece cerrar totalmente las puertas al movimiento general de la historia, all deja l entrar la savia de la dialctica: la negatividad absoluta [18].

Lo que era y es inherente al movimiento de las opresiones en Nuestra Amrica y en Euskal Herria es, simplemente, la lgica ciega que va de la acumulacin por desposesin segn las necesidades del poder en el siglo XVI - Las prioridades de los espaoles durante el siglo XVI en el continente americano (...) no era otro que saqueo, adquisicin por la fuerza de riqueza que pertenece a otros para transferirla a la propiedad de los saqueadores [19] - a la explotacin imperialista segn sus necesidades de comienzos del siglo XXI. La persona comunicadora se enfrenta a la duda: debo comunicar al pueblo esta leccin histrica o debo silenciarla?

3. PRAXIS COMUNICADORA Y FORMACION TERICA.

El Che sostena que Las revoluciones no se pueden exportar [20], que se exportaba el ejemplo revolucionario por cuanto es la mejor pedagoga existente, ya que El hombre que va adelante impulsa a los dems a que lo alcancen, atrae a los dems hacia su nivel mucho ms que aqul que desde atrs empuja con la palabra solamente [21]. Es por esto que el mejor comunicador es el mejor pedagogo y viceversa:

No es mejor revolucionario aquel que arremete, en estos momentos, contra todo lo que se le opone, que aqul que razona y trata de convencer a un compaero estudiante u obrero o campesino de la justeza y de la justicia de la Revolucin, al contrario, mucho mejor revolucionario es el que sabe hacer esto y lo sabe hacer bien, y lo hace adems, con su ejemplo puesto por delante porque no hay cosa que convenga ms, que el ejemplo propio, puesto para expresar o exponer cualquier idea [22].

El buen comunicador es por tanto el que argumenta con su ejemplo bien explicado adems con pedagoga asequible al entorno en el que se mueve. Insistimos en esta importante aclaracin: el ejemplo de la praxis, de la accin y de la palabra, si bien debe moverse en el nivel medio del entorno cultural en el que lucha, tambin debe ir abriendo las conciencias a nuevas problemticas cuya comprensin requiere un mayor esfuerzo intelectual, de modo de que el pueblo asuma la necesidad de trabajar ms y mejor, de luchar siempre por estar a la cabeza en el trabajo, de no conformarse nunca con lo que se sabe, ni en el oficio que se est realizando, ni en general en el cmulo de conocimientos que pueden ustedes adquirir [23].

La necesidad de aprender continuamente surge, como hemos visto, de la dialctica del concepto que expresa la dialctica de las contradicciones. Yendo a lo concreto, el Che explica que nosotros no podemos ser hijos de la prctica absoluta, hay una teora. Que nosotros tengamos algunas fallas, de algunos motivos de discusin de alguno de los aspectos de la teora, bueno, pues perfecto, para poder hacer eso hay que conocer aunque sea un poquito de teora, ahora inventar la teora totalmente a base de la accin, solamente eso, es un disparate, con eso no se llega a nada [24]

El capitalismo recurre a la fuerza, pero, adems, educa a la gente en el sistema. La propaganda directa se realiza por los encargados de explicar la ineluctabilidad de un rgimen de clase, ya sea de origen divino o por imposicin de la naturaleza como ente mecnico. Esto aplaca a las masas que se ven oprimidas por un mal contra el cual no es posible la lucha [25].

Incluso profundiza ms cuando narra la famosa ancdota de la entrevista entre el embajador norteamericano Daniels en el Mxico de Crdenas que nacionaliz el petrleo y un experto ingls. Daniels le pregunta varias veces al britnico qu es ser comunista en el Mxico nacionalista; al final, y nervioso ya porque no acierta con la respuesta, el ingls le responde: Seor, un comunista es cualquier persona que nos choca [26].

El comunista choca a la gente normal, alienada, fetichizada por la mercanca, porque niega el argumento ltimo de la civilizacin del capital la sacrosanta eternidad inamovible de la propiedad privada ahora en su forma burguesa- con racionalidad radical de las lecciones de la historia y con la lgica aplastante de la crisis. El comunista sabe que debe aplicar la mejor pedagoga del ejemplo para avanzar por los laberintos de la irracionalidad, del miedo inconsciente a la libertad, al comunismo, que la burguesa ha introyectado en la estructura psquica de masas alienadas:

El ejemplar humano, enajenado, tiene un invisible cordn umbilical que le liga a la sociedad en su conjunto: la ley del valor. Ella acta en todos los aspectos de si vida, va modelando su camino y su destino. Las leyes del capitalismo, invisibles para el comn de las gentes y ciegas, actan sobre el individuo sin que este se percate. Slo ve la amplitud de un horizonte que aparece infinito [] La nueva sociedad en formacin tiene que competir muy duramente con el pasado [] La mercanca es la clula econmica de la sociedad capitalista; mientras exista, sus efectos se harn sentir en la organizacin de la produccin y, por ende, en la conciencia [27].

El Che retoma aqu por una parte la leccin aprendida por Marx tras las revoluciones de 1848 y tan brillantemente expuesta con estas palabras: Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado. La tradicin de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos [28].

La dictadura franquista intent insuflar vida a las tradiciones muertas de la poca del Imperio Catlico mientras que atacaba toda tradicin rebelde, todo componente progresista de las culturas populares que resistan bajo sus cadenas. En este contexto vanguardias revolucionarias comprendieron la urgente necesidad de reescribir la historia popular desde una visin crtica para combatir las mentiras burguesas. La lucha cultural mostr as su contenido de nacin oprimida: hasta las investigaciones arqueolgicas y la recuperacin de la mitologa vasca, por no hablar de la antiqusima lengua, tenan por s mismas repercusiones polticas, como las siguen teniendo ahora.

La izquierda vasca tena tres grande medios para concretar sus objetivos de independencia y socialismo elaborando la estrategia adecuada para llegar a ellos: ante todo, el primero y decisivo era ser consciente de sus propias fuerzas, su conciencia y autoorganizacin; el segundo, estudiar crtica y autocrticamente las razones de sus derrotas y de sus logros en la historia; y el tercero, estudiar las luchas de otros pueblos, de otras clases explotadas.

Los cursillos clandestinos de formacin poltica, filosfica, histrica, econmica, feminista, ecologista, tica, y sobre la recuperacin de la lengua y de la cultura prohibida, se iniciaron en el mismo instante en que se comenz a pensar en la necesidad de una organizacin revolucionaria. Sin esta oculta tarea siempre amenazada por la tortura y la crcel nunca se hubiera formado la gran militancia que super tantas represiones y promesas tramposas.

Sin duda, una de las primeras lecciones que se confirm de nuevo porque nunca se olvid del todo coincida con lo que todo comunicador revolucionario, como era el Che, entenda como verdad incuestionable: aceptando como verdad que el enemigo luchar por mantenerse en el poder [29]. Volvemos as al debate crucial sobre la teora de la verdad, sobre la teora del concepto, sobre si puede conocerse la realidad mediante la verdad terica, y comprobamos que ella se confirma de manera irrebatible en situaciones de crisis, situaciones que llegan a su momento lgido cuando chocan sus contradicciones.

Segn se llega a esta situacin crtica, las formas de lucha que aplique el opresor para mantener su poder dependern de un sinfn de factores de entre los que destacan las relaciones de fuerzas entre l y el pueblo explotador que existan en cada momento, pero aun as la verdad ltima, esencial, seguir vigente: el poder endurece sus violencias segn las y los oprimidos multiplican sus fuerzas emancipadoras, como est haciendo ahora mismo el Estado espaol contra Catalunya.

Entre la dictadura franquista, iniciada en 1936 a la represin desatada contra Catalunya en 2017 ha habido diversas fases sociopolticas y econmicas a escala estatal e internacional que no podemos detallar aqu. Sin embargo, lo que se mantiene es la opresin nacional. Euskal Herria y otros pueblos oprimidos hemos sabido sortear esas fases mientras aumentbamos nuestra legitimidad y nuestra fuerza social. Ahora siguen teniendo plena vigencia o ms incluso las siguientes palabras del Che:

La soberana nacional significa, primero, el derecho que tiene un pas a que nadie se inmiscuya en su vida, el derecho que tiene un pueblo a darse el gobierno y el modo de vida que mejor le convenga, eso depende de su voluntad y solamente ese pueblo es el que puede determinar si un gobierno cambia o no. Pero todos estos conceptos de soberana poltica, de soberana nacional son ficticios si al lado de ellos no est la independencia econmica [] la soberana poltica y la independencia econmica van unidos. Si no hay economa propia, si est penetrada por el capital extranjero, no se puede estar libre de la tutela del pas del cual se depende, ni mucho menos se puede hacer la voluntad de ese pas si choca con los grandes intereses de aquel otro que la domina econmicamente [30].

Ms adelante el Che explica que: El pueblo no puede soar siquiera con la soberana si no existe un poder que responda a sus intereses y a sus aspiraciones, y poder popular no quiere decir solamente que el Consejo de Ministros, la Polica, los Tribunales y todos los rganos del gobierno estn en manos del pueblo. Tambin quiere decir que los rganos econmicos van pasando a manos del pueblo. El poder revolucionario o la soberana poltica es el instrumento para la conquista econmica y para hacer realidad en toda su extensin la soberana nacional [31]

El Che advierte sin pelos en la lengua que: para conquistar algo tenemos que quitrselo a alguien, y es bueno hablar claro y no esconderse detrs de conceptos que puedan malinterpretarse. Ese algo que tenemos que conquistar, que es la soberana del pas, hay que quitrselo a ese alguien que se llama monopolio, y ese alguien que se llama monopolio, aunque los monopolios en general no tienen patria tienen por lo menos una definicin comn, todos los monopolios que han estado en Cuba, que han usufructuado la tierra cubana, tienen lazos muy estrechos con los Estados Unidos [32].

La opresin nacional tambin se padece en el capitalismo imperialista, sea en su forma descarnada como Crsica, Galiza, Euskal Herria, Catalunya, etc., o mediante la dependencia econmica expresada en deuda nacional hacia otros Estados, hacia la banca, hacia instituciones como el FMI, etc. Grecia es un caso muy conocido pero hay otros muchos. Las naciones a las que se nos impide por la fuerza tener un Estado propio estamos absolutamente indefensas en las tempestades capitalistas. Para nosotras es fundamental decir la verdad al pueblo trabajador: solamente la independencia socialista garantiza nuestro futuro.

Es bueno hablar claro y no esconderse detrs de conceptos que puedan malinterpretarse advierte el Che. Por esto mismo, hemos empezado explicando qu teora del concepto utilizamos: hablar claro sobre las contradicciones y no esconderse detrs de polisemias y divagaciones abstractas. Hablar claro: el Estado ocupante, el imperialismo, har lo imposible por mantener su poder sobre y contra nuestra nacin. Buena parte de la riqueza de la burguesa nacionalmente opresora depende de los tributos, impuestos y beneficios mltiples que extrae de los pueblos que domina.

La izquierda vasca, socialista e independentista, ha hablado claro desde que se form hace medio siglo, pero tambin cuando era embrionaria, cuando empezaban a confluir diferentes corrientes polticas comunistas y nacionalistas que propugnaban incluso formas de lucha armada contra el imperialismo espaol, y reivindicando la amnista.

Desde su origen, la preocupacin por hacerse comprender por el pueblo trabajador ha sido una constante en la izquierda vasca. A finales de la dcada de 1960, en pleno franquismo desquiciado, exista ya una red de grupos, colectivos que movindose en el muy limitado espacio legal de la dictadura facilitaban la tarea de los movimientos obreros, populares, sociales, sindicales y polticos clandestinos, de manera que para comienzos de la dcada de 1970 estaba meridianamente claro que dos eran los enemigos mortales del capitalismo espaol: la clase obrera en general y en concreto el pueblo trabajador vasco, que es la parte ms concienciada de la poblacin asalariada y explotada del pas.

Los debates sobre la estructura clasista de la sociedad son inagotables porque la burguesa niega la explotacin asalariada, y el reformismo la relativiza quitndole crudeza, lo que hace que siempre reaparezca el debate sobre si existe o no lucha de clases. Obviamente este no es el sitio para reabrirlo. La izquierda revolucionaria vasca recuper el concepto marxista de pueblo trabajador utilizndolo para guiarse estratgicamente en el laberinto social del capitalismo altamente desarrollado. Pero estudiar la dinmica de la lucha de clases exige recurrir en todo momento a la poltica en todas sus gamas, a los partidos, sindicatos, movimientos populares y sociales, etc., y a la interaccin entre lo poltico y lo econmico.

El Che analiza la dialctica entre el pueblo, la masa ese ente multifactico [33], concepto que nos recuerda mucho al de masas que tan dialcticamente explic Lenin [34] al final de su vida, y las propuestas y decisiones del Partido, del Estado. El Che muestra que la masa, el pueblo, no es una cosa amorfa, pasiva, obediente sino que tiene conciencia, que sabe valorar y juzgar esas propuestas, aceptndolas o rechazndolas con mayor o menor contundencia, y alejndose del Partido si ve que ste no defiende sus intereses, no los explica bien, no los razona ni debate. El Che pone como ejemplo negativo el debilitamiento de la confianza popular en el gobierno cubano a comienzos de 1962 por el sectarismo [35] impuesto al Partido por la direccin de Anbal Escalante.

Por qu la masa multifactica, el pueblo trabajador, desarrolla la suficiente capacidad de discernimiento poltico como para cerciorarse de que el Partido se adentra por senderos que pueden alejarle de la revolucin? Sin llegar a los avances de Cuba, las y los vascos justo empezaban a asentar las ikastolas, es decir, las escuelas para ensear la lengua en la semiclandestinidad cuando era posible. La izquierda comprenda la urgente necesidad de reescribir la historia y cultura popular para combatir las mentiras burguesas; de esta inquietud surgiran con el tiempo potentes medios de comunicacin crtica sin los cuales no se entiende la capacidad de aglutinacin de la izquierda vasca en una sociedad capitalista desarrollada, experiencia sostenida durante ms de sesenta aos contra todas las represiones imaginables, experiencia difcil de encontrar en sociedades imperialistas.

4. CREATIVIDAD, RESISTENCIA Y REPRESION CULTURAL.

En 1960 el Che insiste en que en Cuba se est empezando a construir un nuevo ser humano, superior al burgus, un ser humano nuevo gracias a las gigantescas fuerzas creativas liberadas por la Revolucin, Por qu decimos que esas fuerzas eran liberadas por la Revolucin? Porque, responde el Che, el pueblo las tena guardadas en s, que tanto tiempo han estado dormidas [36], que han despertado por la tarea de la Revolucin, y el Che cita al cooperativismo como un ejemplo de esas fuerzas guardadas en el interior del pueblo sin que pudieran emerger por la represin capitalista.

Ms adelante, el Che dijo que cuando comenz la lucha guerrillera el 26 de julio de 1953 en las aisladas montaas solamente existan grmenes de socialismo [] En la actitud de nuestros combatientes se vislumbraba al hombre del futuro [37]. La primera parte de la cita es vlida para la Euskal Herria bajo el franquismo desde comienzos de la dcada de 1960: los grmenes de socialismo aparecan ya en los debates clandestinos de la izquierda vasca, y tambin aparecan las reflexiones sobre la necesidad de ir construyendo las bases de lo que el Che defenda como el hombre nuevo.

El Che sigue detallando otras situaciones posteriores, la Crisis de Octubre, el cicln Flora, etc., explicando cmo se comport el pueblo bajo esas presiones tan tremendas y concluye con esta leccin bsica: Encontrar la frmula para perpetuar en la vida cotidiana esa actitud heroica, es una de nuestras tareas fundamentales desde el punto de vista ideolgico [38] . Sin disponer de un Estado obrero propio, el pueblo trabajador vasco tambin ha dado impresionantes ejemplos de solidaridad, conciencia colectiva, sacrificio y alegra, etc., en sus luchas por la lengua y cultura, por la democracia, por la amnista, por los derechos concretos y socialistas y no abstractos y burguesas. Y se moviliz con autodisciplina, ayuda mutua y trabajo solidario en las grandes inundaciones de 1983.

Teniendo prohibido por la fuerza militar crear su poder estatal independiente, el pueblo trabajador y la izquierda vasca siempre han pensado en cmo garantizar la continuidad de esa imprescindible actitud heroica antagnica con la sumisin capitalista. Volvemos as a la tarea del comunicador, del pedagogo que debe cuidar para que no se debilite la conciencia heroica del pueblo. Nstor Kohan escribe que el problema pedaggico le quitaba el sueo al Che [39]. En su estudio sobre la teora pedaggica del Che, Lidia Turner Mart sostiene que Abog por una educacin del hombre capaz de tomar posiciones propias, defender con pasin sus puntos de vista y estar dispuesto a mantener sus convicciones, an en condiciones adversas [40].

Este era el objetivo que el Che marcaba para la comunicacin revolucionaria: crear hombres y mujeres libres, o dicho con sus mismas palabras: Nuestra tarea consiste en impedir que la generacin actual, dislocada por sus conflictos, se pervierta y pervierta a las nuevas. No debemos crear asalariados dciles al pensamiento oficial ni becarios que vivan al amparo del presupuesto, ejerciendo una libertad entre comillas. Ya vendrn los revolucionarios que entonen el canto del hombre nuevo con la autntica voz del pueblo. Es un proceso que requiere tiempo [41].

Los medios de comunicacin popular alternativos a la industria poltico-meditica del imperialismo son decisivos en la construccin de la mujer y del hombre nuevo, tanto ms cuanto que el pueblo no dispone de un aparato de poder estatal. La experiencia vasca es concluyente: la iniciativa poltica y de los movimientos populares cre muchas revistas culturales en plena dictadura. Gracias a esa experiencia se pudieron crear en los 70 varios diarios de gran impacto concienciador como La voz de Euskadi, Punto y Hora de Euskal Herria, adems de lograr girar a la izquierda la programacin de algunas radios, etc.; sobre todo el diario Egin en 1979, y muy decisivamente por su papel en la recuperacin de la lengua vasca Euskaldunon Egunkaria en 1990. Despus aparecera la famosa Basque Red Net, un verdadero hito en su poca porque adelantaba de manera brillante lo que luego sera la cibermilitancia practicada desde el interior de la lucha de clases.

Fue una tarea titnica, un verdadero trabajo de Hrcules, porque fue la solidaridad popular en mltiples formas econmica, trabajo gratis, movilizaciones en todas partes, legitimacin individual, etc.- la que los cre sin recibir ninguna ayuda institucional y superando infinidad de obstculos, amenazas y golpes represivos. Fue la implicacin de un pueblo consciente sabedor de que su fuerza radicaba en la praxis pblica, en lo que se dice la calle como sinnimo de todos los espacios y reas en las que se libra cualquier lucha contra cualquier opresin.

La burguesa no puede tolerar que el pueblo autoorganizado cree espacios de contrapoder, de doble poder embrionario y menos an de un siquiera fugaz pero simblicamente grandioso escenario de poder popular muy localizado una fbrica liberada, por ejemplo, que obliga al capital a una negociacin victoriosa que infunde nimos a toda la clase-, por lo que ms temprano que tarde reacciona aplicando sus violencias represivas. Volvemos al problema de la verdad histrica, a la teora del concepto arriba expuesta cuando el Che adverta que ningn poder opresor cede sus privilegios sin luchar.

El pueblo trabajador saba y sabe que esta leccin histrica es vlida, por eso se preocup en organizarse de tal modo que la calle pudiera ser defendida contra todo intento de expulsin. Por el lado contrario, un famoso ministro franquista y luego demcrata, responsable de la represin que asesin a cinco trabajadores vascos en Gasteiz en 1976, hizo lo imposible para reconquistar la calle para el capital y su Estado nacionalmente opresor, gritando La calle es ma!. Era todo lo que estaba en juego. El movimiento obrero y popular se haba formado sin tener apenas ayuda de la casta intelectual, del saber acadmico, excepto de muy pocas personas que s pusieron su saber tcnico a disposicin del pueblo arrostrando el boicot y el desprecio de la Academia.

Peter McLaren ha estudiado en profundidad la malla roja que conecta y envuelve las ideas del Che y de Freire sobre la pedagoga como instrumento de educacin y comunicacin revolucionaria. Insiste en el poder de absorcin del sistema capitalista y pone el ejemplo de cmo ha subsumido en su interior a muchas de las corrientes de la denominada pedagoga crtica, responsabiliza en buena medida a los idelogos postmodernos [42] de esa asimilacin burguesa, y propone, volviendo a Freire y al Che una pedagoga de carne y hueso-que se viva en las calles-, en lugar de que se le reduzca simplemente a la prctica de recitar frmulas simplistas de la enciclopedia cultural de la academia burguesa [43].

El simplismo formal de la democracia abstracta defendida por el grueso de la casta intelectual serva para ocultar que las doctrinas y sistemas represivos espaoles, sus respectivas estrategias y tcticas, se haban lanzado siempre para impedir al precio que fuera que la pedagoga vasca se viva en las calles donde precisamente ha tenido y tiene todava su puntal ms arraigado. Vivir en la calle la presencia de las y los comunicadores populares no es lo mismo que verlos en las televisiones o en los peridicos. Lo que se dice la calle es la cotidianeidad en el vecindario, la fbrica, la universidad, la casa, el paseo: lo colectivo, lo comn.

Destruir el sentido de comunidad, la identidad de lo comn que siempre est escindida por la lucha de clases en su interior, cuando la hay- ha sido una constante en la historia espaola y francesa contra las naciones que oprimen: desde comienzos del siglo XVI los pueblos de Nuestra Amrica fueron obligados a cristianizarse, luego a aprender castellano y por ltimo se les prohibi editar libros en lenguas nativas [44] . La represin espaola fue adaptndose, respondiendo y adelantndose en la medida de lo posible a los avances prcticos en las formas de organizar la resistencia de los pueblos de las Amricas. Pero algunas veces no poda ni imaginar las nuevas formas de resistencia decisivas para el futuro que inventaba el pueblo ocupado.

 

Los pueblos indios resistieron a la invasin no slo mediante la violencia defensiva, la no violencia activa, el recurso a la legalidad invasora, etc., sino tambin intentando mantener vivas sus tradiciones, creencias y cosmovisiones precolombinas en grave riesgo de desaparecer sobre todo cuando se trataba de culturas orales, grafas. Por ejemplo, miembros de las clases dominantes de los quichs en Guatemala escribieron en su lengua nacional pero con caracteres latinos el Popol Wuj en 1556 quizs para usarlo en reuniones clandestinas, texto que permaneci desconocido para los invasores hasta 1702. Tambin se escribieron otros textos como el Memorial de Solol. Posteriormente, ya a finales del siglo XVIII, yucatecos de varias poblaciones pasaron a escrito con caracteres latinos las tradiciones de sus propios pueblos, denominndolas Chilam Balam [45]. Gracias a estas resistencias hoy viven estos pueblos.

 

El pueblo vasco ha sufrido la misma suerte, y como los dems en su interior siempre resurgieron colectivos que luchaban por (re)construir la identidad colectiva. Desde 1982 el gobierno espaol aplic una doctrina y sistema de contrainsurgencia que llevaba el nombre de Plan Zona Especial Norte (ZEN) que tena en la destruccin de la identidad comunitaria vasca uno de sus objetivos prioritarios. Desde mediados de la dcada de 1990 la represin legitimada por el juez Baltasar Garzn sobre todo en la ocultacin de las torturas [46], se agudiz contra los medios de comunicacin crtica y en lengua vasca: en 1998 se cerr Egin y en 2003 se cerr Euskaldunon Egunkaria. En este contexto tambin se clausur la Basque Red Net en 2004 intentando destruir el proyecto pedaggico de la universidad invisible [47] realizada por el pueblo gracias al uso revolucionario de internet.

5.- LUCHA CULTURAL PARA PREFIGURAR EL COMUNISMO.

La destruccin del sentimiento de colectividad era uno de los objetivos de las represiones. La importancia de la praxis colectiva es incuestionable en todos los sentidos, y el Che era uno de los primeros en afirmar a modo de ejemplo que un buen libro debe ser ledo de forma colectiva [48] . A la misma conclusin llegamos estudiando los ocho principios metodolgicos sobre pedagoga y comunicacin que afloran en los textos del Che:

1) La asequibilidad en correspondencia con la edad, el grupo social y las caractersticas territoriales. 2) partir de un hecho concreto, analizarlo, argumentarlo y presentar sus contradicciones. 3) incluirse como parte del grupo humano con el que se trabaja, ser uno ms. 4) partir de la enseanza que el propio grupo da y utilizarlo como base para el nuevo aprendizaje. 5) poner de manifiesto las constantes contradicciones que se generan. 6) unir a lo racional del anlisis, lo emocional que acta en los sentimientos. 7) unir a lo objetivo la dosis subjetiva del optimismo hacia el desarrollo social. Y 8) vincular cada suceso con su repercusin social trascendente al individuo [49].

La potencia heurstica, creativa y crtica del mtodo dialctico vertebra los ocho puntos y los recorre en todas las direcciones. Y hablar del mtodo dialctico es hablar del mtodo de la libertad, la revolucin y la creatividad. Segn Fernando Martnez Heredia, la segunda caracterstica del pensamiento del Che es que concibe la lucha por el socialismo desde el poder como una dialctica revolucionaria consistente en la creacin de una sociedad basada en vnculos solidarios [50]. Las otras dos caractersticas son su visin mundial del trnsito al socialismo y que el pueblo controle y dirija las complejas relaciones entre economa, poltica, la nueva educacin [51], tica, ideologa, justicia, conocimiento, conducta

La lucha por el socialismo en pueblos oprimidos que siguen sin poder estatal propio debe prefigurar en lo posible esos objetivos sin esperar a disponer del Estado independiente para comenzar esa tarea heroica. La izquierda vasca fue muy consciente de ello desde su mismo origen aunque peridicamente tena que insistir para retomar la ofensiva frente a la fuerza alienadora del capitalismo y frente a los cantos de sirena del reformismo. Sin entrar ahora al porqu del relativo debilitamiento de la prefiguracin del socialismo en la praxis cotidiana de la izquierda vasca, s queremos concluir esta ponencia desarrollando dos cuestiones directamente relacionadas con la tarea del comunicador crtico, de la pedagoga revolucionaria: el papel de la cultura y del arte, y la lucha contra la ley del valor, contra la base misma de la civilizacin del capital y de la sociedad burguesa vasca.

Dentro de la cultura general de una nacin existen varias culturas concretas pero, en sntesis, es la explotacin social la que las escinde y las posiciona en dos grandes bloques: la cultura dominante de la clase dominante y de su Estado, y la cultura dominada o cultura popular. Tanto bajo la opresin nacional explcita y abierta, directa, como bajo la oculta y disimulada por la mentira de la libertad multicultural dentro del mercado mundial de la industria cultural imperialista, en ambos casos, la opresin de las culturas populares es real: vemos cmo se revaloriza a diario la imprescindible investigacin crtica que en 1971 publicaron A. Dorfman y A. Materlad sobre la factora-Disney y el comic del pato Donald, definida por los autores como mquina de ideas [52] reaccionarias que modelan la psique infantil y juvenil con la axiologa imperialista norteamericana.

La opresin de las culturas populares se inscribe como un frente de combate ms en lo que muy correctamente se define como guerra cultural y que en el nivel ms elemental de la confrontacin y destruccin de simbologas populares resistentes a la explotacin, se caracteriza por los siguientes puntos reseados por Acosta Matos:

1) Elaboracin de mitos fundacionales competitivos propios; 2) deconstruccin de los mitos fundacionales del enemigo; 3) formulacin de historias alternativas a las contadas por el enemigo; 4) uso de metforas que hagan ambigua la historia enemiga, y no comprometan la propia; y 5) el objetivo de la contra-narrativa ha de ser romper la identidad del enemigo y quebrar su organizacin estructural [53].

No creamos que estos puntos tan ciertos slo son aplicables a las culturas populares en el mal llamado tercer mundo. L a investigacin de Owen Jones sobre la campaa sistemtica de la burguesa de Gran Bretaa para demonizar [54] y criminalizar la cultura popular y forma de vida y resistencia de la clase trabajadora britnica actual, y en especial de su juventud precarizada, cuadra perfectamente con la quntuple metodologa bsica de destruccin de las simbologas resistentes sintetizada por Acosta Matos. Los ataques a las culturas populares se multiplican debido a que la cultura se ha convertido en una mercanca y lo econmico en un proceso de inversin libidinal y simblica [55], como demuestra F. Jameson. Gilberto Lpez y Rivas desarrolla esta lnea crtica en las condiciones presentes:

Las polticas culturales de los Estados y la transnacionalizacin corporativa neoliberal a travs de los medios masivos de comunicacin, los monopolios tursticos y las llamadas industrias culturales, se han venido apropiando de la cultura con fines mercantiles y homogeneizadores. El patrimonio cultural, como memoria de las naciones en resistencia y de todos sus pueblos y componentes regionales, soporte tambin de sus identidades, est siendo sitiado por las corporaciones transnacionales y por el uso privado que de l hacen las elites polticas y por la industria turstica que ocupa lugares, costas, territorios y recursos naturales que pertenecen a la nacin, y en los que frecuentemente habitan pueblos indgenas, a quienes se convierte en objetos exticos de consumo [56].

 

Estas pocas citas son suficientes para mostrar la importancia de la praxis comunicadora como un elemento ms en la liberacin cultural humana y, a la vez y como requisito, en la lucha simultnea contra la ley del valor y su superacin en el comunismo. Es verdad que se ha producido un debilitamiento de esta necesaria praxis en una parte de la izquierda vasca como se demostr en su pasividad ante el montaje poltico-econmico del euro imperialismo cultural denominado Capital Europea de la Cultura 2016, o Donostia-16, indiferencia pasiva que hemos comentado en otros textos [57].

Sin embargo, una caracterstica del independentismo socialista vasco fue desde su origen la preocupacin estratgica por la (re)construccin de la cultura y recuperacin y unificacin de la lengua vasca. Fue y es un esfuerzo polidrico y multifactico porque as de compleja y multidimensional es toda cultura, en especial la popular de las naciones oprimidas. Una de las fuerzas claves en esta lucha es la de la militancia especialmente volcada en la creacin de cultura emancipadora en todas sus facetas. Ahora bien, a pesar de su innegable y enriquecedora complejidad, el Che explic as lo que la cohesiona: la reapropiacin de su naturaleza a travs del trabajo-liberado y la expresin de su propia condicin humana a travs de la cultura y el arte [58].

Las crticas del Che a los artistas integrados en el sistema, a la cultura burguesa y al dogmatismo del arte socialista, del realismo socialista iluminan muchos de los debates artsticos y culturales en Euskal Herria: despus de criticar que muchos artistas e intelectuales rechazan la idea de hacer del arte un arma de denuncia, el Che sostiene que: Si se respetan las leyes del juego se consiguen todos los honores; los que podra tener un mono al inventar piruetas. La condicin es no tratar de escapar de la jaula invisible [59].

Pero la nica forma de escapar de la jaula invisible que encadena la creatividad artstica y cultural, en superando el trabajo esclavizado, enajenado, para desarrollar lo que el Che denomina el trabajo-liberado, es decir, el trabajo no entendido segn el paradigma de la ley del valor. Llegamos as a la cuestin elemental de la prefiguracin, dentro de lo posible, de algunas caractersticas del socialismo en el presente capitalista. Antes que nada debemos insistir en que la crtica de la ley del valor choca frontalmente con todos los tpicos reformistas y burocrticos segn los cuales es posible crear algo parecido al socialismo utilizando correctamente la ley del valor.

Pero el Che es tajante: Para nosotros no hay tal uso consciente de la ley del valor, es mentira, es una ilusin [60] porque esta ley oculta la realidad de la explotacin lo que hace que segn Anselm Jappe: La forma del valor es necesariamente la base de una sociedad inconsciente que no tiene control sobre s misma y sigue los automatismos que ella misma ha creado sin saberlo [] La teora del fetichismo objetivo reconoce, por el contrario, que, mientras exista el valor, la mercanca y el dinero, la sociedad estar efectivamente gobernada por el automovimiento de las cosas creadas por ella [61]

Para el Che una de las razones por las que el dogmatismo burocrtico y reformista s cree en el uso consciente de la ley del valor, es la falta de anlisis crtico profundo y de una libertad casi de crtica cientfica ha dado por resultado que se escriban toda serie de libros apologticos que son los que han inundado el mercado [62]. La libertad de crtica y debate, la libertad de investigacin y por tanto de desarrollo cultural y terico, es una garanta contra la ilusin y la mentira del uso controlado de la ley del valor.

La praxis comunicadora, la pedagoga revolucionaria dentro del capitalismo no puede realizarse con los medios e instrumentos de la educacin burguesa. Es plenamente vigente la advertencia del Che: nosotros hemos tomado como arma para luchar contra el capitalismo, las armas del capitalismo, en un campo donde necesariamente tiene que estar mellado, porque se desarrolla en plena sociedad capitalista, en la sociedad donde la filosofa es la lucha del hombre contra el hombre, de los grupos contra los grupos y la anarqua de la produccin [63]. La ley de la jungla liquida el potencial artstico y cultural de los pueblos.

Cules son esas armas melladas?: La mercanca como clula econmica, la rentabilidad, el inters material individual como palanca, etctera. Mejor leer la cita entera:

Persiguiendo la quimera de realizar el socialismo con las armas melladas que nos legara el capitalismo (la mercanca como clula econmica, la rentabilidad, el inters material individual como palanca, etctera), se puede llegar a un callejn sin salida [] la base econmica adaptada ha hecho su trabajo de zapa sobre el desarrollo de la conciencia. Para construir el comunismo, simultneamente con la base material hay que hacer el hombre nuevo [64].

La conclusin es clara: Las categoras del capitalismo tienen que desaparecer en el comunismo y en estos perodos de transicin todas esas categoras deben tender a desaparecer. Esa es la cosa, tender a desaparecer [65]. Cmo acelerar esa tendencia en medio de la spera resistencia contra las permanentes agresiones imperialistas: en momentos de peligro extremo es fcil potenciar los estmulos morales; para mantener su vigencia, es necesario el desarrollo de una conciencia en la que los valores adquieran categoras nuevas. La sociedad en su conjunto debe convertirse en una gigantesca escuela [66].

El pueblo trabajador, su cultura popular, la sociedad entera como una gigantesca escuela en la que se desarrolla la pedagoga crtica, emancipadora. He aqu el modelo que tiene el Che de la praxis comunicadora, modelo que es la sntesis de toda la lucha de clases destilada en su forma terica marxista. Cuando el Che plantea la necesidad de avanzar al trabajo-liberado lo hace desde la dialctica de la superacin en la misma vida cotidiana del fetichismo de la direccin burocrtica, empezando por el ncleo. Leamos:

Porque la direccin de la clase obrera no se ejerce en una fbrica o en una empresa tomando directamente todas las direcciones administrativas. La direccin de la clase obrera se ejerce tomando inters en los problemas de la fbrica, analizndolos, analizndolos en la base, analizndolos en el lugar mismo donde se producen los hechos, y creando entonces ideas nuevas, sugerencias, decisiones de la masa que se transportan hacia la direccin de la fbrica [67].

Estudiar los problemas all donde surgen, analizarlos colectivamente en el sitio en el que aparecen las dificultades, crear en la base social soluciones e ideas nuevas que son ms que simples sugerencias, son sobre todo decisiones que el pueblo traslada a las instancias correspondientes. Acaso no es este el mejor mtodo posible de crear adems de praxis comunicadora, sobre todo libertad humana?


Notas

[1] Che: Discurso en la plenaria azucarera en Camaguey. Escritos y Discursos. Ciencias Sociales. La Habana 1985, Tomo 7, p. 19

[2] Che: Soberana poltica e independencia econmica. Escritos y Discursos. Ciencias Sociales. La Habana 1985, Tomo 4, p. 79.

[3] V. Morales Snchez Ciencia vs. Tcnica y sus modos de produccin, El perro y la rana, Caracas, 2007, pp.108-109

[4] Lidia Turner Mart: El pensamiento pedaggico de Ernesto Che Guevara. Edit. Capitn San Lus. La Habana 2007, p. 162.

 

[5] K. Marx: Cara a Ruge, septiembre de 1843, Anales Francoalemanes , OME, Crtica, Barcelona 1978, Tomo 5, pp, 173-174.

[6] I. Mszros: Negacin, Diccionario del pensamiento marxista, Tecnos, 1984, pp. 569-570

[7] Justo de la Cueva: Negacin vasca radical del capitalismo mundial. Edit. VOSA, Madrid 1994.

[8] Csar Rendueles: En bruto. Una reivindicacin del materialismo histrico. Catarata. Madrid 2016, p. 52.

[9] Pascal Charbonnat: Historia de las filosofas materialistas. Biblioteca Buridn, Barcelona 2010. Pp. 524-540.

[10] Che: Notas para el estudio de la ideologa de la revolucin cubana. Escritos y Discursos. Ciencias Sociales. La Habana 1985, Tomo 4, p. 202.

[11] P. Hudis y K. Anderson: Introduccin. El poder de la negatividad, Biblos, Buenos Aires, 2010, p.29

[12] E. V. Ilyenkov: Dialctica de lo abstracto y de lo concreto en El Capital de Marx, ER Editor, 2007, p. 369.

[13] E. de Gortari: Introduccin a la lgica dialctica, FCE, 1959, pp. 85-86.

[14] Ciro F. S. Cardoso y H. Prez Brignoli: Los mtodos de la historia. Crtica. Barcelona 1981, p. 322.

[15] Benito R. Narvaja y Luisa V. Pinotti: Violencia, poblacin e identidad en la colonizacin de la Amrica Hispana. Endeba. Buenos Aires. 2001. P. 60 y ss.

[16] Che: Conferencia a los estudiantes de la facultad de tecnologa. Escritos y Discursos. Ciencias Sociales. La Habana 1985, Tomo 6, p.203.

[17] R. Dunayevskaya: Filosofa y revolucin. De Hegel a Sartre y de Marx a Mao . Siglo XXI, Madrid p. 39.

[18] R. Dunayevskaya: Filosofa y revolucin. De Hegel a Sartre y de Marx a Mao. Siglo XXI, Mxico p. 43.

[19] Peter Jay: La riqueza del hombre. Crtica. Barcelona 2002. Pg.: 133.

[20] Che: Soberana poltica e independencia econmica. Escritos y Discursos. Ciencias Sociales. La Habana 1985, Tomo 4, p. 95.

[21] Che: Palabras en la entrega de premios de la emulacin de crculos de estudio del ministerio de industria. Escritos y Discursos. Ciencias Sociales. La Habana 1985, Tomo 6, p.86.

[22] Che: Conferencia a los estudiantes de la facultad de tecnologa. Escritos y Discursos. Ciencias Sociales. La Habana 1985, Tomo 6, p.202.

[23] Che: Palabras en la inauguracin de la escuela de capacitacin tcnica para obreros. Escritos y Discursos. Ciencias Sociales. La Habana 1985, Tomo 6, p. 92.

[24] Che: Apuntes crticos a la Economa Poltica. Ciencias Sociales. La Habana 2006, p. 290.

[25] Che: El socialismo y el hombre en Cuba. Escritos y Discursos. Ciencias Sociales. La Habana 1985, Tomo 8, p. 259.

[26] Che: Soberana poltica e independencia econmica. Escritos y Discursos. Ciencias Sociales. La Habana 1985, Tomo 4, p. 98.

[27] Che: El socialismo y el hombre en Cuba. Escritos y Discursos. Ciencias Sociales. La Habana 1985, Tomo 8, pp. 257-258.

[28] Marx: El dieciocho brumario de Lus Bonaparte. Obras Escogidas. Progreso. Mosc, 1978, Tomo I, p. 408.

[29] Che: La guerra de guerrilla. Escritos y Discursos. Ciencias Sociales. La Habana 1985, Tomo 1, p. 199.

[30] Che: Soberana poltica e independencia econmica. Escritos y Discursos. Ciencias Sociales. La Habana 1985, Tomo 4, pp. 81-82.

[31] Che: Soberana poltica e independencia econmica. Escritos y Discursos. Ciencias Sociales. La Habana 1985, Tomo 4, p. 83.

[32] Che: Soberana poltica e independencia econmica. Escritos y Discursos. Ciencias Sociales. La Habana 1985, Tomo 4, p. 88.

[33] Che: El socialismo y el hombre en Cuba. Escritos y Discursos. Ciencias Sociales. La Habana 1985, Tomo 8, p.255.

[34] Lenin : III Congreso de la Internacional Comunista, Obras Completas, Progreso. Mosc 1987, Tomo 44, pp. 30-31.

[35] Che: El socialismo y el hombre en Cuba. Escritos y Discursos. Ciencias Sociales. La Habana 1985, Tomo 8, pp.255-256. .

[36] Che: Discurso en la inauguracin del curso de adoctrinamiento del ministerio de salud pblica. Escritos y Discursos. Ciencias Sociales. La Habana 1985, Tomo 4, pp. 177-178.

[37] Che: El socialismo y el hombre en Cuba. Escritos y Discursos. Ciencias Sociales. La Habana 1985, Tomo 8, p.254.

[38] Che: El socialismo y el hombre en Cuba. Escritos y Discursos. Ciencias Sociales. La Habana 1985, Tomo 8, p.254.

[39] Nstor Kohan: En la selva. Los estudios desconocidos del Che Guevaraa propsito de sus cuadernos de lectura de Bolivia. Gamagrficas. Len, 2011, p. 115.

[40] Lidia Turner Mart: El pensamiento pedaggico de Ernesto Che Guevara. Edit. Capitn San Lus. La Habana 2007, p. 18.

[41] Che: El socialismo y el hombre en Cuba. Escritos y Discursos. Ciencias Sociales. La Habana 1985, Tomo 8, p. 268.

[42] Peter McLaren: El Che Guevara, Paulo Freire y la pedagoga de la revolucin. Siglo XXI. Mxico 2011. P. 138.

[43] Peter McLaren: El Che Guevara, Paulo Freire y la pedagoga de la revolucin. Siglo XXI. Mxico 2011. P. 145.

[44] Ronald Wright: Continentes robados. Amrica vista por los indios desde 1492. Anaya/Muchnik, Madrid 1994, pp. 175 y ss.

[45] J. Mostern: El pensamiento arcaico. Alianza Editorial. Madrid 2006. pp. 264-265.

[46] Pepe Rei: Garzn. La otra cara. Txalaparta, Lizarra, 1999, p. 85 y ss.

[47] Irantzu Larraaga: Internet [email protected] La ltima revolucin. Txalaparta. Lizarra. 1996, p. 59 y ss

[48] Che: Palabras en la entrega de premios de la emulacin de crculos de estudio del ministerio de industria. Escritos y Discursos. Ciencias Sociales. La Habana 1985, Tomo 6, p.80.

[49] Lidia Turner Mart: El pensamiento pedaggico de Ernesto Che Guevara. Edit. Capitn San Lus. La Habana 2007, pp. 89-90.

[50] Fernando Martnez Heredia: Las ideas y la batalla del Che. Ciencias Sociales. Ruth Casa Editorial, La Habana 2010. P. 63.

 

[51] Fernando Martnez Heredia: Las ideas y la batalla del Che. Ciencias Sociales. Ruth Casa Editorial, La Habana 2010. P. 64.

 

[52] Ariel Dorfman y Armand Matterlard: Para leer el pato Donald. Comunicacin de masa y colonialismo, Siglo XXI, Mxico 1981, pp. 101-121.

 

[53] Elades Acosta Matos: Imperialismo del siglo XXI: Las Guerras Culturales, Casa Editora Abril, La Habana 2009, p. 409.

[54] Owen Jones: Chavs, La demonizacin de la clase obrera, Capitn Swing, Madrid 2012, pp. 225-263.

 

[55] F. Jameson: La revolucin cultural, Valencias de la dialctica, Eterna Cadencia Editora, Buenos Aires 2013, p. 313.

[56] Gilberto Lpez y Rivas: Estudiando la contrainsurgencia de Estados Unidos, Universidad San Carlos, Guatemala, septiembre de 2015, pp. 115-116.

[57] Vase en Internet: Euri Iparragirre: Donostia, capital cultural de Europa del 23 de octubre de 2015. Euri Iparragirre Durango y la culturilla donostiarra del 7 de diciembre de 2015. Y escritos por quien firma esta ponencia: Cultura y rebelin. Crtica de la Capitalidad donostiarra de la cultura del 31 de mayo de 2016. La memoria, el tormento y la crcel como cultura de1 de septiembre de 2016. Y Gara y la guerra cultural del 9 de febrero de 2017.

[58] Che: El socialismo y el hombre en Cuba. Escritos y Discursos. Ciencias Sociales. La Habana 1985, Tomo 8, p. 263.

[59] Che: El socialismo y el hombre en Cuba. Escritos y Discursos. Ciencias Sociales. La Habana 1985, Tomo 8, p. 265.

[60] Che: Apuntes crticos a la Economa Poltica. Ciencias Sociales. La Habana 2006, p. 337.

[61] Anselm Jappe: Las aventuras de la mercanca. Pepitas de calabaza ed. Logroo 2016, pp. 83-84.

[62] Che: Apuntes crticos a la Economa Poltica. Ciencias Sociales. La Habana 2006, p. 298.

[63] Che: Apuntes crticos a la Economa Poltica. Ciencias Sociales. La Habana 2006, p. 294.

[64] Che: El socialismo y el hombre en Cuba. Escritos y Discursos. Ciencias Sociales. La Habana 1985, Tomo 8, p. 259.

[65] Che: Apuntes crticos a la Economa Poltica. Ciencias Sociales. La Habana 2006, p. 339.

[66] Che: El socialismo y el hombre en Cuba. Escritos y Discursos. Ciencias Sociales. La Habana 1985, Tomo 8, p. 259.

[67] Che: Discurso en la plenaria nacional azucarera. Escritos y Discursos. Ciencias Sociales. La Habana 1985, Tomo 6, p. 132.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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