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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-10-2017

Calladito te ves ms bonito

Ailynn Torres Santana
OnCuba


Tena 14 o 15 aos la primera vez que sent violencia sobre mi cuerpo de mujer. Andaba de uniforme de pre-universitario y estaba parada en el borde de la acera esperando para cruzar una calle. Pasaron unos muchachos en bicicleta y me tocaron las nalgas con mano firme, agarrando todo lo que pudieron. Todava puedo sentir mi estupefaccin, el ardor en todo el cuerpo, la impavidez con que mir la mayora de las personas a mi alrededor, y el gesto solidario de unos pocos que se decan: Qu barbaridad.

Me qued petrificada en aquel contn. Los carros terminaron de pasar; la luz roja, la verde para peatones, otra vez la roja, y otra vez la verde. Las piernas me temblaban de impotencia, no de miedo: era de da, plena avenida, en una ciudad muy segura para m, y quienes me haban tocado no iban a regresar ni me estaban persiguiendo. Simplemente haban aprovechado la oportunidad para hacer una maldad casi inocente, casi sin consecuencias que, resulta, recuerdo dos dcadas despus.

Aos antes, sala con miedo de la secundaria porque un muchacho del barrio me esperaba en la esquina y balbuceaba lo que podra pasarme en sus manos. Segn decan, tena problemas, no haba que hacerle caso, era inofensivo; pero yo cambiaba la ruta de ida a mi casa. Cuando el miedo se convirti en pnico, mi familia fue a hablar con su madre. Desde ese da no dijo nada ms, y slo me miraba. Sin embargo, no pude dejar de cambiar de ruta. Era demasiado nia para advertir que esas situaciones se repetiran en muy diferentes formatos.

Tampoco pude traducir, hasta mucho tiempo despus, el malestar enorme que senta cuando, caminando por la calle, miraban entre mis piernas y me lanzaban un: Mami, todo eso es de verdad? Todo eso es tuyo?.

No te bajes la saya, que te queda muy bien as, Mama, esos muslos estn pa caerle a mordidas, Qu rica para hacerte todo lo que yo quiera. Y as sucesivamente. Por qu tendra que sentirme mal si, al fin y al cabo, eran piropos? De ltimas, el problema es que yo llamaba demasiado la atencin, cmo no iban a decirme algo siendo el mujern en que me haba convertido. He escuchado argumentos parecidos muchas veces despus, en voz de mujeres y de hombres: las mujeres a veces son demasiado provocativas al vestir, al caminar, al relacionarse; adems, el piropo es un halago a la belleza femenina, una forma de reconocimiento pblico. Dicen.

Desde mi adolescencia, vi a ms hombres masturbarse que los que hoy podra contar; cruc ms veces de acera para no pasar entre un grupo que me dira piropos, que las que decid partir en dos la nube de deseo viril que me vea acercarme; me qued ms veces callada escuchando frases ofensivas que las que respond; baj ms veces la cabeza ante lenguas saborendose la boca, que las que mir de frente. Nada de eso evit que una maana, mientras iba a la universidad, un hombre sin rostro nunca lo vi se masturbara detrs de m con tanto xito que pudo llenarme el pantaln de semen. Cuando me baj del camello en que iba, me sent hmeda, toqu mi ropa, mir mis dedos, y reconoc, violada en lo ms profundo de mi psiquis, lo que haba pasado. Regres a la casa, me cambi, y volv a la universidad para una clase de Psicologa Social donde no dije una palabra sobre aquello.

Ninguna de esas referencias es excepcional. De hecho, podran ser ampliadas por mujeres de todo el mundo; tambin por mujeres cubanas. Esos eventos, y otros, requieren traducirse en trminos que los nombren con propiedad: violencia, violencia sexual, acoso sexual callejero. Organismos internacionales, observatorios sociales, organizaciones ciudadanas, estudian las consecuencias del acoso sexual callejero; analizan sus dinmicas para construir polticas pblicas y mapean las rutas de la violencia.

As demuestran cmo las mujeres cambian sus espacios de vida por miedo; cmo ese miedo, para nosotras, va ms all del temor al asalto o al robo, es un miedo por el propio cuerpo: la calle y el transporte pblico no son territorios neutrales y los grados de libertad para hombres y mujeres al transitar la ciudad, son distintos.

La cuestin especfica del acoso sexual callejero es polmica, y en Cuba lo es especialmente. Cmo llamar acoso por ejemplo al piropo, en un pas donde este es bandera nacional! Pero el halago que es con lo que muchas veces se quiere identificar el piropo es muy diferente al acoso. Todas las situaciones descritas antes, y todas las que lectores y lectoras puedan aportar, son situaciones de acoso sexual callejero si incluyen prcticas con connotaciones sexuales explcitas o implcitas que provienen de un desconocido, si son unidireccionales (quien habla no considera el malestar de quien escucha, mira o siente), si ocurren en espacios pblicos y si provocan malestar.

Las consecuencias son afectaciones en las posibilidades de movimiento en el espacio pblico y en la sensacin de libertad y control sobre el entorno y el propio cuerpo. Entonces, el piropo, tanto como otras formas de acoso sexual, no son prcticas neutrales ni fundadas en el bienestar recproco. Funcionan en un contexto de asimetras de gnero, se expresan a travs del control y del poder que otorgan esas asimetras, y se reproducen a travs de las mismas rutas de otras formas de dominacin patriarcal.

Por lo anterior, es necesario pensar el acoso sexual callejero desde las polticas pblicas y a travs de campaas de educacin ciudadana que consideren las necesidades y voces de mujeres y hombres sensibilizados con el tema. En Cuba no contamos con normativa alguna para hacer frente a esas situaciones, tan cotidianas como alguien sea capaz de imaginar. En 2016, el peridico Vanguardia public uno de los pocos anlisis sobre el acoso sexual callejero. All se refiri que en nuestro pas no contamos con formas legales que regulen y sancionen ese tipo de violencia. Para encontrar amparo jurdico, las personas afectadas requieren evidencia de la reiteracin del acoso; de lo contrario, se califica como vulgaridad, grosera o casualidad.

Cuntas veces ms tendr que caminar con incomodidad y hasta temor, cuntas masturbaciones ms tendr que presenciar sin querer, cuntas frases violentas ms tendr que escuchar para demostrar que la violencia sexual, que el acoso sexual callejero, es reincidente en mi vida, en nuestra vida, hasta un punto en que no lo podran creer?

Fuente: http://oncubamagazine.com/sociedad/calladito-te-ves-mas-bonito/



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