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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-10-2017

Municipalismo, economa y feminismos

Coordinadora en clave feminista Mac3
El salto


Del 12 al 15 de octubre tendr lugar el III Encuentro de Municipalismo, Autogobierno y Contrapoder, Mac3, en esta ocasin, en A Corua. Tras dos aos de candidaturas municipalistas ya toca hacer balance de los logros y lmites de este experimento poltico. De aqu al Mac3 vamos a dedicar, por lo tanto, nuestro nuevo blog, Palabras en Movimiento, a compartir lneas de debate que, entendemos, pueden alimentar los mltiples debates de las jornadas, en relacin a la libertad de movimiento, los comunes y las remunicipalizaciones, la nueva burbuja inmobiliaria, la deuda, la sostenibilidad y el medioambiente, el problema de la organizacin, los poderes fcticos, el feminismo municipalista, la movilidad, los desafos de la comunicacin o la defensa de los centros sociales.

El sistema patriarcal y el neoliberal, en comunin, han construido un modelo de sociedad que expulsa las vidas de las personas y del planeta del centro de la organizacin econmica para ser sustituidas por los mercados.

Esto ha provocado una crisis civilizatoria: medioambiental, de cuidados y de reproduccin social. Esta alianza entre el capital y el patriarcado promueve en la economa formal un modelo desarrollista, que impone la lgica de la acumulacin del capital a travs de la explotacin de bienes y servicios materiales e inmateriales en la esfera medioambiental y reproductiva.

Esta economa expande un modelo consumista basado en la superproduccin agroalimentaria y la extraccin agresiva de energas que se cargan la biodiversidad en la tierra y nos llevan camino del colapso planetario. Asimismo, este modelo econmico acumula beneficios gracias a la invisibilizacin y gratuidad de los trabajos de cuidados y reproduccin de la mano de obra, que recaen fundamentalmente en los hogares y en las mujeres, generando una existencia precarizada para ellas en todos los mbitos sociales. El empleo, o trabajo llamado productivo, que dota de derechos sociales (pensin, retribuciones por desempleo, plena atencin sanitaria, etc) se ha restringido para las mujeres, que acceden a aquellos sectores ms precarizados y con peores condiciones laborales (jornadas parciales, trabajos domsticos y de cuidados, educacin infantil, etc.).

Bajo esta organizacin social impuesta, las mujeres seguimos asumiendo los trabajos de cuidados, que deben cubrir todo lo que procura el mantenimiento cotidiano de la vida, de forma indisoluble tanto en su faceta fsica como afectiva, imprescindible para todas y cada una de las personas pertenecientes a una sociedad concreta. Y, por si esto no fuera poco, debemos hacerlo por amor romntico. Sin pedir nada a cambio, sufriendo sobreexplotacin y en muchos casos, violencia. Sin pedir los derechos y las libertades que nos corresponden como sujetas ciudadanas y libres.

El heteropatriarcado neoliberal imprime sus imposiciones y condiciones objetivas en nuestros deseos para hacernos cmplices, sujetndonos a travs de mecanismos de control social como el amor romntico o el binarismo heteronormativo. Una complicidad no consciente que nos atraviesa a travs de unos modelos ticos feminizados y masculinizados que buscan la felicidad a travs del consumo del amor romntico. Una feminidad que se orienta por una "tica reaccionaria de los cuidados" por la que muchas mujeres aspiran a ser las esposas y madres perfectas desplegando cuidados de manera abnegada. Y una masculinidad que se vende en el mercado para lograr que muchos hombres aspiren a responder al modelo ideal del sistema: el BBVAh (Blanco, Burgus, Varn, Adulto y heterosexual). De esta manera, nos aproximamos a poner en marcha subjetividades amorosas feminizadas y subjetividades emprendedoras masculinizadas, que deberan tender a unirse bajo un modelo amoroso romntico, heteronormativo y simblicamente violento y desigual. Un modelo funcional al sistema capitalista de financiarizacin de la vida.

Con la estafa financiera, los gobiernos neoliberales nos han culpabilizado de manera individualizada. Han dicho que las familias empobrecidas y desahuciadas de sus casas "han vivido por encima de sus posibilidades". Desde la economa feminista de la sostenibilidad de la vida decimos que la responsabilidad es colectiva, social, porque todos fuimos animados a ser propietarios, a ganar ms sueldo, a eludir nuestras responsabilidades de cuidados, etc. Ahora bien, nos tenemos que hacer cargo de estas responsabilidades de manera asimtrica, porque no todos los grupos han intervenido desde la misma posicin de poder y complicidad. No tiene la misma responsabilidad una mujer migrante expulsada de su casa, que los banqueros que han generado todos los productos financieros.

As pues, el taller de claves feministas que tendr lugar en el III Encuentro municipalismo, autogobierno y contrapoder Mac3, busca identificar cules son nuestras prcticas en todos los mbitos colectivos: cooperativas, colectivos militantes, vida cotidiana. Su propsito es hacernos conscientes de nuestros deseos, de nuestras subjetividades cmplices con los sistemas capitalista y patriarcal.

Estas son algunas de las claves del taller: avanzar en la extincin de la divisin sexual del trabajo generando propuestas y polticas que promuevan la asuncin colectiva de los trabajos de cuidados, desprivatizndolos de los hogares; incluir acciones positivas que rectifiquen las divisiones de gnero y apuesten por una redistribucin de la riqueza y del poder en todos los mbitos: laboral, econmico, educativo, sanitario, etc. Se trata de romper con los techos de cristal y de despegarse de los suelos pegajosos.

El marco neoliberal nos dispone a todos y todas como objetos de consumo de unos para otras y viceversa, dependiendo del gnero. Hay que romper con el reconocimiento del binarismo (masculinidad y feminidad cmplices) para que se redistribuyan los cuidados y el empleo. Frente a un sistema que nos ha educado a partir de la enemistad, la competencia, la comparacin y el individualismo, es el momento de poner en valor otra clave feminista: que somos interdependientes y vulnerables, que tenemos derecho al cuidado. Por tanto es necesario entender el trabajo de cuidados desde lo colectivo: instituciones, empresas y grupos, hombres y mujeres. Cuestionar sus procesos y relaciones para reconstruir el tejido social comunitario con un sentido colectivo, emptico, horizontal y solidario desde la libertad, el autocuidado y el cuidado mutuo. Ser capaces de disear estrategias polticas para hacerlo distinto y anular la complementariedad amorosa entre gneros binarios, tan interiorizada subjetivamente, tan asentada culturalmente.

La economa neoliberal y patriarcal ha hipersegmentado a la poblacin a travs de la interaccin de las opresiones y desigualdades de clase, tnicas y raciales, de orientacin sexual e identidad de gnero, de manera que sustenta la perpetuacin capitalista generando diferentes lugares de privilegios en cuya cumbre est el BBVh. Este modelo de hombre tienen que renunciar a sus privilegios, as como hacerse cargo de sus responsabilidades colectivas porque los mandatos de gnero masculinos son, en muchos aspectos, tan dainos para ellos y el resto de grupos sociales, como los feminizados para nosotras.

Durante siglos, los tejidos feministas han alzado la voz y trabajado para lograr polticas pblicas capaces de eliminar la desigualdad de las mujeres en todos los mbitos, y ahora tambin para que las instituciones pblicas garanticen plenamente el derecho al cuidado de la ciudadana. Ahora es el momento de reconocerlo, en estos tiempos de cambio donde el asalto a las instituciones, incorporando prcticas feministas y polticas pblicas de igualdad, transversales e interseccionales, y con un objetivo claro de transformacin social tiene la oportunidad de poner en el centro la organizacin social las vidas. Pero toda esta gran labor no puede ser desarrollada nicamente desde las administraciones pblicas.

Apostamos por que este cambio se desarrolle contando con los movimientos feministas, que son los que deben fiscalizar, proponer y tambin aportar medidas desde abajo, susceptibles de corregir errores y de superar dificultades. La relacin resultante de esta alianza no es sencilla. Las instituciones parten de una estructura y dinmicas patriarcales, jerrquicas, que premian las actitudes machistas y excluyentes, que piensan en estrategias de bipartidismo, continuistas y, muchas veces, opacas. Por su parte, los movimientos feministas son diversos: algunas corrientes prefieren trabajar de manera autnoma e incluso pueden ser muy refractarias a las instituciones. En cualquier caso, la orientacin tiene que ser feminista, siempre.

Fuente: https://elsaltodiario.com/palabras-en-movimiento/municipalismo-econom%C3%ADa-feminismos

 



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