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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-10-2017

Cincuenta aos despus
Ernesto Guevara en la obra de Manuel Sacristn y Francisco Fernndez Buey

Jos Sarrin y Salvador Lpez Arnal
Rebelin


Para las y los guevaristas del mundo, que siguen siendo legin en pie de resistencia y dignidad

Yo tuve un hermano,
no nos vimos nunca, pero no importaba.
Yo tuve un hermano
que iba por los montes mientras yo dorma.
Lo quise a mi modo, le tom su voz libre como el agua,
camin de a ratos cerca de su sombra.
No nos vimos nunca, pero no importaba,
mi hermano despierto mientras yo dorma,
mi hermano mostrndome detrs de la noche
su estrella elegida.
Julio Cortzar (octubre 1967)

Salvo error por nuestra parte, Manuel Sacristn (1925-1985) slo escribi sobre Ernesto Guevara en una ocasin, tras su asesinato el 9 de octubre de 1967. Hay, eso s, en conferencias, algunas de ellas inditas, referencias indirectas a su hacer o a algunos de sus conceptos. El del "hombre nuevo" por ejemplo.

El escrito al que hemos referencia, una nota propiamente, se public sin firma y traducida al cataln -por Francesc Vallverd (1935-2014) probablemente- en Nous Horitzons, la revista terica del PSUC, en 1969 [1], aunque, seguramente, fue escrita poco despus de la muerte de Guevara.

Se abre la nota con unos versos de V. Maiakovski: "Como si para siempre/ te llevases contigo ()/ tu huella de hroe/ luminosa de sangre/ (...) Pero esto/ de golpe da vida a las "quimeras"/ y muestra/ la mdula y la carne/ del comunismo" (Al camarada Nette), ydice as:

No ha de importar mucho el cobarde sadismo complacido con el que la reaccin de todo el mundo ha absorbido los detalles macabros del disimulo, tal vez voluntariamente zafio, del asesinato de Ernesto Guevara. Posiblemente importa slo como experiencia para las ms jvenes generaciones comunistas de Europa Occidental que no hayan tenido todava una prueba sentida del odio de clase reaccionario. Pero esta experiencia ha sido hecha, larga y constantemente, en Espaa, desde la plaza de toros de Badajoz hasta Julin Grimau [2].

Importa saber que el nombre de Guevara ya no se borrar de las historias, porque la historia futura ser de aquello por lo que l ha muerto. Esto importa para los que continen viviendo y luchando. Para l import llegar hasta el final con coherencia. Los mismos periodistas reaccionarios han tributado, sin quererlo, un decisivo homenaje al hroe revolucionario, al hacer referencia, entre los motivos para no creer en su muerte, en sus falsas palabras derrotistas que le atribuy la estulticia de los vendidos al imperialismo.

En la montaa, en la calle o en la fbrica, sirviendo una misma finalidad en condiciones diversas, los hombres que en este momento reconocen a Guevara entre sus muertos pisan toda la tierra, igualmente, segn las palabras de Maiakovski, "en Rusia, entre las nieves", que "en los delirios de la Patagonia". Todos estos hombres llamarn tambin "Guevara", de ahora en adelante, al fantasma de tantos nombres que recorre el mundo y al que un poeta nuestro, en nombre de todos, llam: Camarada.

En cambio, su amigo, compaero y discpulo, Francisco Fernndez Buey, escribi en extenso sobre el revolucionario internacionalista argentino [3]. Veamos algunos ejemplos.

El 9 de octubre de 2007, con ocasin del 40 aniversario del asesinato del Che, el diario El Pas public un editorial muy duro contra el guerrillero argentino-cubano, titulado "Caudillo Guevara", donde entre otras cosas se acusaba al "romanticismo europeo" de haber adulado a la figura del Che bajo la pretensin de "dotar al crimen de un sentido trascendente", y a los movimientos guerrilleros de liberacin nacional inspirados en el Che de que su nica aportacin destacable fue que "las dictaduras militares de derechas pudieron presentarse a s mismas como un mal menor" [4]. Dos das despus, Paco responda en una muy significativa "Carta al Director" publicada en El Pas, donde sealaba lo siguiente:

No hace falta haber sido guevarista o serlo hoy para considerar su nota editorial de ayer, Caudillo Guevara (EL PAS, 10-10-2007), un insulto a la inteligencia y a la sensibilidad, un ejemplo ms del tipo de discurso "autorizado por la polica y vedado por la lgica", que deca Marx. Para empezar, es de una ignorancia supina atribuir en exclusiva al romanticismo europeo el prejuicio de que entregar la vida por las ideas es digno de admiracin y elogio. Slo un inculto puede escribir eso. En segundo lugar, es sectario denominar muerte al asesinato de Guevara en La Higuera y encima atribuirle el propsito de dotar al crimen de un sentido trascendente. En tercer lugar, es una manipulacin incalificable identificar lo que hizo el internacionalista Guevara con movimientos terroristas, nacionalistas o yihadistas de ahora. En cuarto lugar, es un infundio, digno del peor revisionismo histrico, presentar la vida y la accin de Guevara y de sus seguidores como mera coartada para un autoritarismo de signo contrario, que no germinaba entonces, como dice su editorial, sino que exista ya en el continente americano. En quinto lugar, es absurdo presentar a Guevara como puesta al da del caudillismo latinoamericano: los extremos slo se tocan en la cabeza del editorialista de EL PAS. Y, por ltimo, es falso, literalmente falso, que hoy ya slo se conmemore la muerte de Guevara en Cuba, Venezuela o Bolivia. Sobre el uso indiscriminado del trmino "populismo" [5] dije ya lo que tena que decir aqu mismo hace unas semanas. Ahora quiero aadir que tanta ignorancia y tanta tergiversacin de la historia y del presente me parecen indignas de un peridico que se quiere "global".

Claro y rotundo. Defendiendo la verdad y la figura del Che.

De igual modo, en un artculo escrito en aquellas fechas, "Guevara en Bolivia. Cuarenta aos despus" [6], el autor de Marx sin ismos, se refera al Ch en los trminos siguientes:

Una de las cosas curiosas de eso que llamamos Historia es la de vueltas que da sin que quienes la vivimos, pensando en ella, acabemos de darnos cuenta de en qu giro de la noria nos hallamos. Digo esto a propsito de la fortuna de Ernesto Guevara de la Serna, por todos conocido como el Che. Y no tanto a propsito del mito o la leyenda, que eso es algo universalmente reconocido, sino ms bien pensando en sus ideas sobre el socialismo.

Hace diez aos, cuando se cumplan treinta de la muerte del Che en Bolivia, los maestros del pensar en la Academia se hacan una composicin de lugar ms o menos como esta que sigue. Guevara fue parte de una historia finiquitada, la de la ilusin del socialismo marxista que atrajo a tantos all por la dcada de los sesenta. Y si algo queda de l --se deca entonces-- es, en el mejor de los casos, el espritu utpico, el idealismo, el romanticismo, el espritu aventurero, aquel espritu crtico tan suyo que le llev a alejarse del poder y a denunciar dogmatismos y ortodoxias.

Vivamos entonces, seala FFB, una poca en que la mayora de los filsofos europeos haban decretado el fin de las utopas, no fue su caso desde luego, y por lo general (siempre hay excepciones, matizaba) "de las ideas del Che slo se hablaba o se escriba con una sonrisa misericordiosa, la que se suele poner al hablar o escribir de las personas que, habindose equivocado en todo (o casi todo), muestran con su propia vida que son mejores que nosotros: ms libres, ms crticos de la realidad existente, ms valientes". Eso, y no las hagiografas hechas por encargo, "es la base espiritual (porque tambin hay bases espirituales, y el joven Marx lo saba) de la universalizacin de la leyenda del Che".

Eso, el que fuera ms libre, ms crtico y ms valiente en los aos que a l le toc vivir, es lo que explica algo que siempre se suele presentar como contradictorio: el que un marxista-leninista (vade retro!) aparezca como icono en las camisetas en serie de jvenes que se supone que no tienen ni idea de la cosa y que se cruzan sin reconocerse con otros (pocos) para quienes el Che es un smbolo de la revolucin.

Haban pasado otros diez aos, ahora veinte, y ah segua, por supuesto, el mito, el icono, la leyenda.

Lo que era sorprendente en 1997 despus de todos las tentativas desmitificadoras realizadas en nombre de todas las banderas de los poderosos es hoy objeto de sesudas investigaciones sociolgicas ya no sobre los desvaros del hroe de ayer sino sobre los desvaros de los jvenes de hoy, tan despolitizados y desideologizados, que se dice. Pero eso no es nuevo: es parte del mismo giro de la noria de siempre. Lo nuevo, el chorrito de agua que sale de los cangilones y que ahora brota de la noria de siempre, movida por los asnos que somos, ay, nosotros, debemos buscarlo en otra parte. Y qu es lo nuevo, por lo que hace al Che, en 2007? Algo tan elemental como que su leyenda vuelva a vincularse, en algunos pases y lugares, al socialismo. Algo tan elemental como que vuelva a hablarse no slo de su figura sino de sus ideas en relacin con lo que podra ser el socialismo del siglo XXI. Nadie sabe a ciencia cierta qu puede ser eso. Pero quienes hacen el esfuerzo de saberlo intuyen, creo que con razn, que lo que pueda llegar a ser el socialismo del siglo XXI tiene mucho que ver con lo que dijo, escribi e hizo Ernesto Guevara.

Lo nuevo, y llamativo, para los aficionados a la historia de las ideas y para los amantes de las utopas, en el mejor sentido de la palabra, FFB tambin nos ense sobre eso, era que se hablase y se escribiera "sobre Guevara y la construccin del socialismo precisamente en el pas (no slo en l, pero sobre todo l) en el que Guevara fue derrotado y muri: Bolivia". Y que se hablase y escribiera sobre l, no como sobre un icono sino como de alguien cuyas ideas haba que volver a tener en cuenta, "personas que no eran ni fueron nunca guevaristas", aunque s, desde luego, socialistas. An ms:

Digo que eso es llamativo y se puede argumentar en una frase: nadie que leyera el Diario del Che en Bolivia cuando ste fue publicado, ni siquiera quien lo leyera treinta aos despus de su muerte, poda imaginar que all, justamente all, donde Ernesto Guevara debi sentirse tan solo y aislado, su ideario volvera a reaparecer aos ms tarde. Parece una paradoja histrica. Y, sin embargo, no es tan rara. De las (buenas) utopas, como de las profecas, se puede decir que, con el tiempo, acaban cuajando en un lugar distinto y muy alejado de aquel para el que fueron pensadas. Ya pas eso con la primera utopa moderna, la de Thomas More, que fue pensada para la Inglaterra de la poca y acab cuajando, dcadas despus, en Michoacn, Mxico de la mano de Vasco de Quiroga. Pas tambin con algunos de los falansterios socialistas inicialmente imaginados, en el siglo XIX, para Francia o Gran Bretaa y que emigraron a Amrica.

Si eso ocurri, preguntaba finalmente FFB, "qu de extrao tendra el que una utopa de la que casi todo el mundo dijo en su momento que haba elegido para su realizacin el lugar equivocado acabara cuajando precisamente en el lugar equivocado?" No estaba diciendo, por supuesto que no, que "si hay socialismo en el siglo XXI en Bolivia ese socialismo vaya a ser un calco de lo que Guevara intuy equivocndose en vida". No era eso. Lejos de l esa concepcin "aseadilla de la historia".

Lo que quiero sugerir, modestamente, es que en este giro de la historia hay algo nuevo, a lo que se ha prestado poca atencin hasta ahora. Y que, si se la prestamos, tal vez an estamos a tiempo los marxistas (guevaristas o no) de aprender algo de los procesos reales de la historia, tan sorprendentes, tan inesperados, ms all del viejo cuento aquel que el poeta satiriz recordando el recurrente y ocioso "mi Marx tira de la barba a tu Marx y el tuyo de la barba al mo".

FFB, sabido es, escribi mucho ms sobre el revolucionario internacionalista. Desde el prlogo a un libro de Manolo Monereo sobre Guevera (Con su propia cabeza. El socialismo en la obra y la vida del Che, Matar (Barcelona), El Viejo Topo, 2001) hasta su "Discurso sobre Guevara como mito" pasando por su presentacin de los Escritos revolucionarios [7] de este gran filsofo y activista de la praxis, editado este ltimo por los Libros de la Catarata en la coleccin, Clsicos del Pensamiento Critico, que l mismo codirigi con Jorge Riechmann.

Ni Sacristn ni Fernndez Buey fueron guevaristas en sentido estricto, no es imposible que pudieran sealar algunas crticas a sus reflexiones y a algunas de sus acciones, pero, lo ms esencial, supieron reconocer la honestidad y grandeza politica de este gran revolucionario, de este gran clsico del hacer y pensar alternativos, y tambin su intento de pensar siempre con la propia cabeza y con la ayuda de las cabezas de los dems.

Nosotros, por nuestra puerta, no podemos dejar de decir y escribir que Guevara sigue viviendo. Entre nosotros y para siempre.

Notas:

(1) "En memoria de Ernesto "Che" Guevara", NH 16, 1er trimestre, 1969, p. 39. No hemos podido localizar el original en castellano. La traduccin (de la traduccin) es de Salvador Lpez Arnal.

(2) Julin Grimau (Madrid, 1911) fue asesinado (fusilado por la Guardia Civil) por el fascismo espaol el 20 de abril de 1963. Manuel Fraga, el fundador del PP, fue uno de los firmantes de la sentencia de muerte.

(3) Una sugerencia editorial: recoger en un solo libro todos sus ensayos guevaristas.

(4) El texto completo de este editorial de El Pas es el siguiente:

El romanticismo europeo estableci el siniestro prejuicio de que la disposicin a entregar la vida por las ideas es digna de admiracin y de elogio. Amparados desde entonces en esta conviccin, y a lo largo de ms de un siglo, grupsculos de las ms variadas disciplinas ideolgicas han pretendido dotar al crimen de un sentido trascendente, arrebatados por el espejismo de que la violencia es fecunda, de que inmolar seres humanos en el altar de una causa la hace ms autntica e indiscutible.

En realidad, la disposicin a entregar la vida por las ideas esconde un propsito tenebroso: la disposicin a arrebatrsela a quien no las comparta. Ernesto Guevara, el Che, de cuya muerte en el poblado boliviano de La Higuera se cumplen 40 aos, perteneci a esa siniestra saga de hroes trgicos, presente an en los movimientos terroristas de diverso cuo, desde los nacionalistas a los yihadistas, que pretenden disimular la condicin del asesino bajo la del mrtir, prolongando el viejo prejuicio heredado del romanticismo.

El hecho de que el Che diera la vida y sacrificara las de muchos no hace mejores sus ideas, que beban de las fuentes de uno de los grandes sistemas totalitarios. Sus proyectos y sus consignas no han dejado ms que un reguero de fracaso y de muerte, tanto en el nico sitio donde triunfaron, la Cuba de Castro, como en los lugares en los que no alcanzaron la victoria, desde el Congo de Kabila a la Bolivia de Barrientos. Y todo ello sin contar los muchos pases en los que, deseosos de seguir el ejemplo de este mito temerario, miles de jvenes se lanzaron a la luntica aventura de crear a tiros al "hombre nuevo".

Seducidos por la estrategia del "foquismo", de crear muchos Vietnam, la nica aportacin contrastable de los insurgentes seguidores de Guevara a la poltica latinoamericana fue ofrecer nuevas coartadas a las tendencias autoritarias que germinaban en el continente. Gracias a su desafo armado, las dictaduras militares de derechas pudieron presentarse a s mismas como un mal menor, cuando no como una inexorable necesidad frente a otra dictadura militar simtrica, como la castrista.

Por el contexto en el que apareci, la figura de Ernesto Guevara represent una puesta al da del caudillismo latinoamericano, una suerte de aventurero armado que apuntaba hacia nuevos ideales sociales para el continente, no hacia ideales de liberacin colonial, pero a travs de los mismos medios que sus predecesores. En las cuatro dcadas que han transcurrido desde su muerte, la izquierda latinoamericana y, por supuesto, la europea, se ha desembarazado por completo de sus objetivos y mtodos fanticos. Hasta el punto de que hoy ya slo conmemoran la fecha de su ejecucin en La Higuera los gobernantes que sojuzgan a los cubanos o los que invocan a Simn Bolvar en sus soflamas populistas.

(5) FFB hace referencia al artculo "Sobre populismos" publicado el 7 de mayo de 2007 en el global-imperial-antiguevarista ( https://elpais.com/diario/2007/05/07/opinion/1178488811_850215.html )

(6) http://www.rebelion.org/noticia.php?id=57477

(7) "Che Guevara, ayer y hoy". Madrid, Los libros de la Catarata, 1999, pginas 7 21.

 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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