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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-10-2017

El maltrato contaminante

Laidi Fernndez de Juan
La Jiribilla


As como somos profundamente solidarios con quienes nos necesitan, el trato que recibimos entre nosotros en el rea de los servicios es malo. Pudiera creerse que la costumbre de no ser afable con la clientela que acude a una tienda, a un restorn, a una oficina de trmites, se debe a que el oficiante (vendedora, camarero, tramitador, etc.) recibe el mismo salario (adems, insuficiente) haga lo que haga sonra o se muestre disgustado, reciba con delicadeza al visitante, o, por el contrario, haga una mueca, pero no es esa la razn, o al menos, no la nica.

En fecha tan distante como los aos 30 del siglo pasado, Jorge Maach, brillante estudioso de nuestro sentido del choteo, seal que el cubano es parejero por naturaleza. La generacin de nuestros padres utilizaba este vocablo para referirse a un nio o nia que adoptaba postura, lenguaje y actitud de adulto. Se deca, por ejemplo Qu parejera est la nia, pintndose los labios, pero est claro que ese no era el significado que le otorgaba Maach, y que viene a colacin con el tema de hoy. Parejero proviene de parejo, y puntualizaba el autor de Indagacin del choteo El cubano no es jerrquico. Jerarqua significa escala de valores, y, por consiguiente, respetos. El cubano es uniformador, igualitario, es parejero, allanador de todas las distancias.

En otras palabras: Nos gusta tratar de t al ministro; palmear la espalda del irlands que nos visita; masticar un pedazo de pan frente al Embajador de Noruega; sonarnos la nariz delante de la Notaria; y decirle Qu hubo? al neurocirujano que nos recibe en la consulta.

Nos gusta sentirnos parejos, y eso, claro est, no siempre resulta conveniente ni educado. Si trasladamos ese anhelo de parejera al rea de los servicios, tal vez se explique por qu, a quien debe servirnos un plato de comida o una malta, le molesta, le irrita su condicin de no ser parejo en ese momento. Cierto sentimiento de inferioridad le impide ser corts. Y si llevamos esta incmoda posicin al tema de las retribuciones monetarias, hasta parece comprensible, algo as como Por qu ser amable, si al final del da apenas recibir centavos?. El tema del poder adquisitivo, crucial como es lgico, no basta, sin embargo, para encontrar explicacin al mal trato.

Actualmente, proliferan negocios que por no llamarse privados, reciben el calificativo de por cuentapropia, y hasta ellos llega, aunque en menor escala, el fastidio del dependiente, de la camarera, de quien debe atender a un cliente. Si solo se tratara de una cuestin monetaria, queda claro que en estos nuevos negocios, el trato debiera ser considerablemente mejor, ya que el salario es proporcionalmente mayor. Si bien esto se aprecia en muchos de los restoranes regidos por cuentapropistas, no sucede en todos, por lo cual, la teora del dinero se tambalea. Y volvemos a la parejera. Mucho se ha hablado del maltrato en centros estatales, aunque no es justo generalizar: hay sitios en los que sentimos verdadera amabilidad.

Lo novedoso es cuando en un sitio regido por cuentapropistas, recibimos el mismo desdn que nos prodigan en esa otra mayora estatal. Pondr dos ejemplos, en uno de los cuales contempl el maltrato en calidad de testigo; y en el otro, me toc el rol de maltratada. En una dulcera privada de El Vedado, con muy buena ubicacin, higiene, presentacin de panes y repostera, el dependiente se molest cuando una muchacha pidi que por favor, cambiara su pedido inicial un cake pequeo por otro el mismo dulce, pero mayor, o sea, ms caro, argumentando ya le serv este. Inconcebible pens, porque ese seor ganara el doble de lo que la clienta se dispona a pagar finalmente pag y porque no existe en esos lugares la gastada frase ya lo pas por la caja.

Hace pocos das, me dirig a una peluquera, tambin de nuevo tipo, o sea, no administrada por el Estado, ni siquiera bajo el convenio de cooperativa, sino obviamente privada, y ante la solicitud de ser atendida, recib por respuesta algo tan inslito, que en un primer momento, no pude creer: regresa dentro de un rato, porque ahora estamos jugando. Me qued ptrea en la misma entrada. Solo luego de un rato, comprend por qu la manicure, los dos estilistas y la peluquera miraban fijamente sus mviles, y tecleaban algo con frenes. Es que estamos todos conectados en red, y as jugamos, aadi la manicure, seguramente al fijarse en mi cara de pasmo. En este ltimo caso, el allanamiento de distancias al que hizo referencia Maach, cobr fuerza inusitada: el trato fue ms all del desdn al que nos tienen acostumbrados los establecimientos cuya paga resulta menos que insuficiente.

Por ltimo, un detalle: en las dulceras estatales y en muchas tiendas, no hay ni jabas ni cajitas donde llevarse los artculos, en contraste con las dulceras, restoranes y cafeteras privadas, donde s existen cajas de cartn, incluso trmicas, y jabitas de diferentes tamaos. Pero hay que pagarlas aparte. Esto, que no tiene relacin con la parejera, lo menciono porque, francamente, me resulta incomprensible, y queda claro que se trata de otra forma de maltrato. Hay que reubicar el concepto de distancia, en bien de la poblacin, claro. Y dejarnos de tanta parejera falsa, perjudicial y absurda, para decirlo en plata.

Fuente: http://www.lajiribilla.cu/articulo/el-maltrato-contaminante



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