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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-10-2017

Alternativa al parlamentarismo

Istvn Mszros
TopoExpress


La irrealidad de postular la solucin sostenible de los graves problemas de nuestro orden social en el marco formal/legal, y sus correspondientes lmites, de la poltica parlamentaria se deriva de una concepcin fundamentalmente errnea sobre las determinaciones estructurales del dominio del capital, tal como son presentadas en todas las variantes tericas que afirman el dualismo sociedad civil-estado poltico.

La dificultad, insalvable en los marcos parlamentarios, radica en que como el capital controla realmente todos los aspectos vitales del metabolismo social, puede permitirse definir la esfera separadamente constituida de la legitimacin poltica como un asunto estrictamente formal/legal, excluyendo as necesariamente la posibilidad de ser legtimamente impugnado por la poltica parlamentaria en la esfera sustantiva del funcionamiento de la reproduccin socioeconmica. Directa o indirectamente, el capital lo controla todo, incluido el proceso legislative parlamentario, aun cuando muchas teoras que hipostasian ficticiamente la "igualdad democrtica" de todas las fuerzas polticas que participan en el proceso legislativo plantean que este ltimo es totalmente independiente del capital. Para imaginar una relacin muy diferente con los poderes encargados de la toma de decisiones en nuestras sociedades, ahora completamente dominados por las fuerzas del capital en todos los terrenos, es necesario enfrentar radicalmente al capital mismo en tanto controlador general de la reproduccin del metabolismo social.

Lo que les dificulta an ms el problema a quienes aspiran a un cambio significativo en los mrgenes del sistema poltico establecido es que este puede reclamar para s una genuina legitimidad constitucional de su actual modo de funcionamiento, sobre la base de la inversin histricamente constituida del estado real de cosas en la esfera de la reproduccin material. Porque en tanto el capitalista no es slo la "personificacin del capital", sino que funciona simultneamente "como la personificacin del carcter social del trabajo, del taller total en cuanto tal ", el sistema puede afirmar que representa el vitalmente necesario poder productivo de la sociedad con respecto a los individuos, como la base de la continuada existencia de estos, al incorporar el inters general.

De esa forma, el capital se afirma no slo como el poder de facto de la sociedad, sino tambin como su poder de jure, en su capacidad de condicin necesaria objetivamente dada de la reproduccin de la sociedad y, por tanto, de basamento constitucional de su propio orden poltico.

La incmoda verdad de que la legitimidad constitucional del capital se funda histricamente en la despiadada expropiacin a los productores de las condiciones de reproduccin del metabolismo social los medios y materiales de trabajoy de que, por tanto, la declarada "constitucionalidad" del capital (al igual que el origen de la mayora de las constituciones) es inconstitucional, se desvanece entre las brumas de un pasado remoto. Las "poderes productivos sociales del trabajo o poderes productivos del trabajo social comenzaron a desarrollarse histricamente con el modo de produccin especficamente capitalista, de ah que parezcan algo inmanente a la relacin del capital e inseparable de ella."

Es as como el modo de reproduccin del metabolismo social del capital se eterniza y legitima como sistema lcitamente inimpugnable. La contienda slo se admite como legtima en relacin con algunos aspectos menores de una estructura general inalterable. El verdadero estado de cosas en el plano de la reproduccin socioeconomic esto es, el poder productivo realmente ejercido del trabajo y la absoluta necesidad de l para garantizar la reproduccin del capital se oculta a todas las miradas. Ello ocurre en parte debido a la ignorancia del difcilmente legitimable origen histrico de la "acumulacin originaria" del capital y de la expropiacin concomitante de la propiedad, a menudo violenta, como precondicin del actual modo de funcionamiento del sistema; y en parte debido a la naturaleza mistificadora de las relaciones de produccin y distribucin establecidas. Porque "las condiciones de trabajo objetivas no parecen subsumidas bajo el trabajador, sino que es este el que parece subsumido bajo ellas.

Protesta en Berln oeste en 1969. Movimiento Oposicin extraparlamentaria.

El capital emplea al trabajo. Incluso esta relacin en su simplicidad es una personificacin de cosas y una cosificacin de personas". Nada en esta relacin puede ser enfrentado y remediado en el marco de la reforma poltica parlamentaria. Sera absurdo esperar la abolicin de la "personificacin de cosas y la cosificacin de personas" mediante un decreto poltico, e igualmente absurdo pensar que podra producirse la proclamacin de semejante reforma en el marco de las instituciones polticas del capital. El sistema del capital no puede funcionar sin esa perversa inversin de la relacin entre personas y cosas: los poderes alienados y cosificados del capital, que dominan a las masas.

De modo similar, sera un milagro que los trabajadores que enfrentan al capital en el proceso de trabajo como "trabajadores aislados" pudieran reapropiarse del mando sobre los poderes productivos sociales de su trabajo mediante un decreto poltico, o incluso mediante toda una serie de reformas parlamentarias aprobadas en el seno del orden de control del metabolismo social del capital. Porque en estos asuntos no hay forma de evadir el conflicto inconciliable en torno a los intereses materiales. 

El capital no puede cederle sus poderes productivos sociales -usurpados- al trabajo, ni puede compartirlos con el trabajo mediante un "compromiso poltico" anhelado, pero completamente ficticio. Esos poderes, que adoptan la forma del "dominio de la riqueza sobre la sociedad " constituyen el poder que controla de manera general la reproduccin social. De ah que sea imposible escapar, en el terreno del metabolismo social fundamental, a la rigurosa lgica de ese conflicto inconciliable. Porque o bien la riqueza, en forma de capital, sigue reinando sobre la sociedad humana y la lleva al borde de la autodestruccin, o la sociedad de productores asociados aprende a reinar sobre la riqueza alienada y cosificada con los poderes productivos surgidos del trabajo social autodeterminado de sus miembros individuales, pero ya no aislados.

El capital es la fuerza extraparlamentaria por excelencia y su control del metabolismo social no puede ser polticamente restringido por el  parlamento. Esa es la razn de que el nico modo de representacin poltica compatible con el modo de funcionamiento del capital sea el que niegue efectivamente la posibilidad de disputarle su poder material. Y precisamente porque el capital es la fuerza extraparlamentaria por excelencia, no tiene nada que temer de las reformas que puedan ser aprobadas en el seno de su marco poltico parlamentario. Dado que el asunto vital en torno al cual todo gira es que "las condiciones de trabajo objetivas no parecen subsumidas bajo el trabajador", sino que, por el contrario, "este parece subsumido bajo ellas", ningn cambio significativo es factible sin abordar esta cuestin, tanto con una forma de poltica capaz de enfrentarse a los poderes extraparlamentarios del capital y sus modos de accin, como en el terreno de la reproduccin material.

Por tanto, el nico enfrentamiento que podra afectar de manera sostenible al poder del capital sera el que tuviera como objetivos, simultneamente, asumir las funciones productivas claves del sistema y hacerse con el control de los procesos correspondientes de toma de decisiones polticas en todas las esferas, en vez de verse fatalmente constreido por el cerco que limita la accin poltica institucionalmente legitimada a la legislacin parlamentaria.

Se critica mucho -y con razn- en las discusiones polticas de las ltimas dcadas a personajes polticos que otrora fueran de izquierda y a sus partidos, ahora plenamente adaptados. Sin embargo, lo que resulta problemtico de esos debates es que al subrayar exageradamente el papel desempeado por la ambicin y el fracaso personales, a menudo siguen partiendo de que se puede remediar la situacin en el mismo marco poltico institucional que, en realidad, favorece sobremanera las criticadas "traiciones personales" y las dolorosas "desviaciones partidarias". Lamentablemente, los recambios de personal y de gobierno por los que se aboga y que se ansan tienden a reproducir los mismos resultados deplorables.

Todo ello no debera resultar demasiado sorprendente. La razn por la cual las instituciones polticas establecidas resisten con xito intentos significativos de mejora es que ellas mismas forman parte del problema y no de la solucin. En su naturaleza inmanente son la encarnacin de las determinaciones y contradicciones estructurales subyacentes mediante las cuales el estado capitalista moderno -con su ubicua red de elementos burocrticos- se ha articulado y estabilizado en el curso de los ltimos cuatrocientos aos.

Naturalmente, el estado no fue un resultado mecnico y unilateral, sino que se form en interrelacin recproca y necesaria con el sustrato material del despliegue histrico del capitalismo: no slo se vio moldeado por este ltimo, sino que tambin lo molde activamente tanto como fue histricamente factible en las circunstancias prevalecientes (que tambin eran cambiantes, precisamente gracias a esa interrelacin). Dada la determinacin insalvablemente centrfuga del microcosmos productivo del capital, incluso en el nivel de las gigantescas empresas transnacionales casi monopolistas, slo el estado moderno pudo asumir y cumplir la funcin requerida de ser la estructura de mando general del sistema del capital.

Ello implic, inevitablemente, enajenar por completo de los productores el poder general de toma de decisiones. Hasta las "personificaciones particulares del capital" tenan (y tienen) un estricto mandato de actuar de acuerdo con los imperativos estructurales de su sistema. De hecho, el estado moderno, tal como se constituy sobre el sustrato material del sistema del capital, es el paradigma de la alienacin en lo que se refiere a la toma de decisiones globales/totalizadoras. Por tanto, resultara sumamente ingenuo imaginar que el estado capitalista podra cederle voluntariamente los poderes alienados de toma de decisiones sistmicas a un actor rival que opera en los marcos legislativos del parlamento.

De ah que para imaginar un cambio significativo e histricamente sostenible de la sociedad sea necesario someter a una crtica radical las interdeterminaciones de la reproduccin material y la poltica de todo el sistema, y no sencillamente algunas de sus prcticas polticas contingentes y limitadas. La totalidad combinada de las determinaciones de la reproduccin material y la estructura poltica de mando omniabarcadora del estado constituyen, juntas, la realidad avasalladora del sistema del capital. En este sentido, y en vista de la inevitable cuestin que se deriva del enfrentamiento a determinaciones sistmicas en lo referido tanto a la reproduccin socioeconmica como al estado, la necesidad de una transformacin poltica integral en estrecha conjuncin con el ejercicio significativo de las funciones productivas vitales de la sociedad, sin el cual resulta inconcebible un cambio poltico de gran alcance y duradero se torna inseparable del problema caracterizado como la extincin del estado. En consecuencia, en la tarea histrica de lograr "la extincin del estado", la autogestin mediante la plena participacin y la sustitucin permanentemente sostenible del parlamentarismo por una forma positiva de toma de decisiones sustantivas son inseparables.

Este es un asunto vital y no "una lealtad romntica al sueo irrealizable de Marx", frase con la cual algunos tratan de desacreditarlo y descartarlo. En realidad, la "extincin del estado" no se refiere a algo misterioso y remoto, sino a un proceso perfectamente tangible que debe comenzar en nuestro tiempo histrico. Significa, en lenguaje llano, la progresiva reasuncin de los poderes alienados de toma de decisiones polticas por parte de los individuos en su empresa de avanzar hacia una sociedad genuinamente socialista. Sin la reasuncin de esos poderes a la que se opone no slo el estado capitalista, sino tambin la inercia paralizante de las prcticas de la reproduccin material estructuralmente enraizadas no son concebibles ni el nuevo modo de control poltico de la sociedad como un todo por sus miembros individuales, ni el funcionamiento cotidiano no confrontativo y por ello cohesivo/planificable de las unidades de produccin y distribucin por los productores libre y autogestionariamente asociados.

Superar radicalmente la confrontatividad, y garantizar as el sustrato material y poltico para la planificacin globalmente viable  un requisito imprescindible para la sobrevivencia misma de la humanidad, para no mencionar la potencialmente enriquecida autorrealizacin de sus miembros individuals- son sinnimos de la extincin del estado como empresa histrica actual.