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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-10-2017

Nosotras, ellas y ustedes
Mujeres, elecciones (2017) y poltica en Cuba

Ailynn Torres Santana
CETRI


En septiembre de 2017 estaba planeada la celebracin en Cuba de comicios generales. Debido a las consecuencias del devastador huracn Irma que recorri la Isla ese mes, se han pospuesto para el prximo noviembre. En su curso, se elegirn 12 mil 515 delegados y delegadas a las Asambleas Municipales del Poder Popular (AMPP) en su XVII periodo de mandato, para igual nmero de circunscripciones (la unidad territorial de representacin poltica en el pas). La Asamblea Municipal es el rgano superior local del poder del Estado y est investida de la ms alta autoridad para el ejercicio de las funciones estatales en su demarcacin; para ello, dentro del marco de su competencia y ajustndose a la ley, ejerce gobierno. Quienes gocen de ciudadana cubana, sean residentes en la Isla, y tengan edad electoral, podrn nominar y ser nominados para el principal rgano del Estado cubano en las localidades. El proceso electoral convoca a la ciudadana a elegir a los mejores candidatos.

De los muy diversos anlisis que es posible realizar de ese proceso, aqu me voy a ocupar de dos: cmo pensar el lugar de las mujeres en el actual proceso eleccionario en Cuba? y, cmo pensar las (im)posibilidades de que ese proceso integre en su forma y/o sus consecuencias agendas feministas en el pas? Con esos fines, primero realizo algunos comentarios generales sobre este llamado electoral y sus sentidos. Luego, analizo algunos datos sobre el lugar de las mujeres en el sistema poltico cubano. Por ltimo, me pregunto sobre cules son las (im)posibilidades de una agenda feminista en la poltica institucional del pas.

Elecciones a las Asambleas Municipales del Poder Popular, 2017

En su mensaje del pasado da 3 de septiembre, Esteban Lazo, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP), record que las personas finalmente electas, tendran eventualmente la posibilidad con arreglo al orden del sistema poltico del pas de ser presidente o vicepresidente del rgano local municipal, de un Consejo Popular o una comisin permanente de trabajo; podran, adems, integrar las Asambleas Provinciales (APPP) o la Asamblea Nacional, rgano supremo del poder del Estado, nico con potestad constituyente y legislativa en la Repblica. En el propio texto, Lazo llam la atencin sobre las funciones de delegados y delegadas como representantes polticos: tomarn importantes decisiones sobre la vida de los habitantes del territorio, como la aprobacin y control de los planes econmicos-sociales y del presupuesto local, entre muchas otras; propiciarn la participacin de sus conciudadanos en los procesos de direccin de la sociedad; rendirn cuenta peridica sobre los resultados de su gestin. Por su importancia, a los electores nos corresponde () concurrir con nuestra familia a ese acto cvico, democrtico y participativo que es la asamblea de nominacin de candidatos, para proponer y nominar all a cubanos y cubanas patriotas, responsables, capaces y sensibilizados con los problemas de la gente; a quienes tendrn la misin de llevar adelante el perfeccionamiento del Poder Popular en el camino hacia el futuro escogido por nuestro pueblo. En la voz del presidente de la Asamblea, el poder poltico enuncia los criterios a tener en cuenta para la eleccin: patriotismo, responsabilidad y sensibilidad con los problemas de los electores. A todas luces, interesa revestir al proceso de la mayor importancia.

El esfuerzo lleva razn, las atribuciones que legalmente tienen los delegados y delegadas del Poder Popular son considerables; y tienen que ver con un espectro de controles, posibilidad de fiscalizaciones, adopcin de acuerdos, nominaciones de cargos polticos, etc. relevantes al interior del sistema poltico cubano. [1] Ahora, si se enumeran esas facultades legales que tiene el delegado del Poder Popular para el ejercicio de su mandato, es necesario aadir, acto seguido, que estn limitadas en la prctica por razones de distinto tipo. Entre ellas, los elevados niveles de concentracin del poder que avala la propia norma constitucional cubana y que se reproduce en el resto de las normas legales y de funcionamiento poltico; la superposicin de funciones de instituciones polticas y de gobierno y la multisubordinacin de algunas de ellas, a la vez, a diferentes instancias; la escasez de recursos y de real autonoma de los rganos locales; las limitaciones de los procesos electorales donde los cargos puestos a eleccin no abarcan toda la estructura de direccin poltica, etc.

Ahora bien, a pesar de las deformaciones de la prctica y del propio diseo del sistema poltico, las elecciones municipales tienen un valor particular: con ellas se pone en juego una forma de participacin ciudadana central en la formacin de la voluntad estatal: el derecho al voto y el derecho a ocupar cargos pblicos dentro del sistema poltico. Tal como est regulado en Cuba, esa es la nica oportunidad donde se ejerce el voto directo y secreto a favor de un representante poltico. El proceso, entonces, merece un alto para pensar en las (im)posibilidades que plantea, en este caso, para potenciales agendas y prcticas feministas en Cuba.

Las mujeres en la poltica

La presencia de las mujeres en el sistema de representacin poltica en Cuba ha sido un tema atendido con relativa sistematicidad por las estadsticas producidas en la Isla. Lo que ello dice, o no dice, sobre las necesidades de las mujeres, ha recibido menos atencin.

Las estadsticas oficiales sobre las mujeres en Cuba tienden a destacar las cifras de su presencia, por ejemplo, en los niveles superiores de enseanza. Los datos dicen que las mujeres somos, aproximadamente, el 60% de los mdicos, el 70% de los docentes en todos los niveles escolares, el 50% de los graduados de ciencias naturales y matemticas, el 70% de economa, el 75% de medicina, el 65% de ciencias sociales y humanidades; constituimos el 70% de profesionales y tcnicos en la Poblacin Econmicamente Activa total, e integramos el 53% del sistema de ciencia e innovacin tecnolgica. Esas cifras dan cuenta de una realidad: el sistema educativo, en todos sus niveles, integra universalmente a los y las ciudadanas, y el gnero no acta en detrimento de la presencia de las mujeres del sistema de formacin profesional. Esos datos avalan, con razn, uno de los mbitos refrendados como logros de la Revolucin. Empero, no debe leerse como indicador de inexistencia de brechas de gnero en los mercados laborales a los que ellos mismos remiten.

Como han mostrado los anlisis feministas en Amrica Latina, existe una falta de correlacin entre los niveles educativos de las mujeres y la reduccin de las brechas de gnero con que operan los mercados laborales. De hecho, parece ser que mientras ms aumenta el nivel educativo, mayores son las brechas salariales entre hombres y mujeres [2] y que puede ser ms difcil para las mujeres acceder a puestos mejor remunerados en los mercados laborales profesionales. La brecha aumenta, adems, si se aade la variable tnico-racial. [3] Un anlisis de este tipo est pendiente en Cuba, pero la acotacin alerta sobre las consecuencias imprecisas que pueden extrarsele a datos como el nivel de instruccin educativa. Anlisis similares podran realizarse en otros mbitos, atendiendo, por ejemplo, al bajo nmero de mujeres propietarias de negocios en el sector de las pequeas y medianas empresas, o de propietarias de tierras, aun cuando sean trabajadoras del campo. Ahora, ese tipo de examen merece otro texto. Propongo concentrarnos en el espacio de la poltica.

En 2016, una vez concluido el Congreso del PCC, qued electo el nuevo Bur Poltico y del Secretariado, para el periodo 2016-2021. Hoy, el Bur Poltico lo integran 17 personas; a su interior, cuatro mujeres [4] , el 23,5% de los miembros de instancia. Sin pretensin de estricta paridad estadstica teniendo en cuenta que las mujeres integramos la mitad de la poblacin cubana, es posible decir que estamos subrepresentadas en el principal rgano del PCC, el cual, a su vez, dirige el Estado cubano. [5] Sin embargo, es merecido un destaque: respecto al Bur Poltico aprobado en 2011-2016, donde solo haba una mujer, el actual periodo hubo tres nuevas incorporaciones de representantes polticos de ese gnero. El Secretariado del PCC, sin embargo, s mantuvo solo una mujer dentro de sus cinco miembros.

Los datos sobre las Asambleas del Poder Popular permiten otro tipo de anlisis. Segn informacin publicada por la Oficina Nacional de Estadsticas (ONE), en 2016 el 48.9% de los miembros de la Asamblea Nacional del Poder Popular son mujeres; mientras que en las Asambleas Provinciales representan el 51%. El panorama cambia considerablemente cuando se examinan las Asambleas Municipales del Poder Popular. All, en 2016, las mujeres integraban el 33.5%. Casi veinte puntos porcentuales no es despreciable. Qu sugieren esas cifras?

Una primera lectura puede ser que en los rganos provinciales y nacionales opera, con xito, una poltica de promocin de las mujeres para su participacin activa dentro el sistema poltico; el resultado ha sido una total paridad de gnero en esos niveles. Aunque no existe una norma que establezca cuota de gnero para la nominacin y eleccin de candidatas en esas instancias, en la prctica opera de ese modo, a travs de los procesos de seleccin que realizan las Comisiones de Candidaturas, que son las designadas para proponer candidatos. Sin embargo, una poltica de promocin de la equidad de gnero ha obtenido resultados ms discretos (aunque considerables, si tenemos en cuenta la evolucin de las cifras) en las AMPP, que es donde se pone de manifiesto directamente la mirada y elecciones de la ciudadana; es solo all donde ciudadanas y ciudadanos nominan y elijen. La presencia de las mujeres en ese mbito implicara que la propia ciudadana las propusiera y votara por ellas como representantes polticas, pero lo hacen en menor medida. Entonces, podra decirse que la brecha de gnero, socialmente reproducida, se expresa con claridad cuando se habla, tambin, de elecciones polticas.

Algo parecido a lo que sucede con las AMPP salta a la vista cuando se revisan, por ejemplo, los datos sobre la estructura de los sindicatos en Cuba. Aunque esas no son instancias estrictamente polticas, la informacin sobre ellas permite identificar pistas sobre la reproduccin de relaciones de poder, en base a gnero, en los espacios pblicos cubanos. Segn la ONE, en el 2005 eran mujeres el 57.1% de los dirigentes de secciones sindicales, el 56.5% de dirigentes de buroes sindicales, y el 58.9% de los cuadros profesionales del movimiento sindical. Sin embargo, ellas fueron alrededor solo del 20% de los hroes y heronas del trabajo, distincin que dan los sindicatos. Cmo debemos leer esos datos: las mujeres son ms dirigentes sindicales y menos ejemplares en el trabajo? La pregunta, al menos, levanta una alerta que valdra la pena explorar. Preveo que las respuestas estarn en la reproduccin estructural de la desigualdad de gnero.

Otro dato pone en tensin la poltica de promocin de las mujeres en cargos polticos de alto nivel. Si bien las cuotas basadas en principios de accin afirmativa aunque no est as regulada ni institucionalizada impactan la composicin de las instancias provinciales y nacional del Poder Popular, no sucede lo mismo en los cargos de gobierno de las carteras ministeriales. En el Consejo de Ministros, el presidente, vicepresidente primero y cuatro vicepresidentes son hombres. Contando los jefes de gabinetes y los viceministros primeros, las mujeres son el 27%, y entre los viceministros representamos el 26.5%. La accin afirmativa tiene menos consecuencias, entonces, para los rganos de gobierno.

Antes de pasar al tercer asunto, recapitulo lo dicho hasta aqu. Primero, he llamado la atencin sobre la necesidad de leer de modos informados las estadsticas sobre los lugares sociales de las mujeres.

Adems, he dicho que, en los rganos del poder poltico de base, las mujeres estamos subrepresentadas. En tercer lugar, he reconocido la existencia de una poltica de promocin de la equidad entre mujeres y hombres que opera con eficacia en los niveles provinciales y nacional para las Asambleas del Poder Popular. Por ltimo, he aadido que las carteras ministeriales reproducen, no obstante, una brecha de gnero en sus cargos de ms alto nivel. De cara a las elecciones, esos asuntos permiten elaborar preguntas y anlisis sobre cmo contribuir a que la representacin poltica local de las mujeres supere barreras de gnero, y, en un plano ms amplio, qu sugieren las cifras sobre la mayor dificultad de las mujeres (profesionalmente calificadas) para acceder a altos puestos ministeriales.

Pasemos entonces a la ltima cuestin: cmo pensar las (im)posibilidades de una agenda feminista dentro del poder poltico cubano, en un momento electoral?

Agendas feministas en la poltica

Encontrar discursos y programas polticos feministas en el discurso poltico cubano es sumamente difcil, a pesar de los derechos de distinto tipo que nos estn garantizados. Las mujeres que ocupan cargos polticos y que tienen voz pblica, pocas veces dejan ver una preocupacin puesta al da de los debates sobre los derechos de las mujeres y sobre las estructuras de la desigualdad asociadas con el gnero, la raza y la clase, que operan en Cuba a veces a pesar de y otras veces junto a las polticas pblicas. La Federacin de Mujeres Cubanas, organizacin que integra a 4 millones de mujeres en el pas, desconsidera esas agendas o las lleva a su programa mnimo. Sin desconocer los muy relevantes acompaamientos de esa organizacin en las dcadas post-1960 y hasta los 1980, hoy da es arriesgado calificar su prctica dentro de cualquier imaginacin feminista. Es muy escasa su voz sobre temas fundamentales como la violencia de gnero en hogares y espacios laborales, sobre desigualdades de gnero en los mbitos del trabajo y de la propiedad, sobre las marcas patriarcales en los medios de comunicacin y en los discursos polticos, sobre la feminizacin de la pobreza, sobre la invisibilizacin de los trabajos del cuidado como trabajo productivo, sobre la reproduccin de estereotipos de gnero, etc. Ese hecho se expresa, tambin, en el proceso electoral.

De las caractersticas del sistema electoral cubano me interesa destacar dos, que pueden incidir directamente en la segunda preocupacin de este texto (los lugares de las mujeres dentro del sistema poltico): 1) privilegia en exclusiva la dimensin territorial como base de la representacin poltica; eso es, ni en los niveles locales ni en los niveles superiores del poder pblico, los representantes polticos lo son de sectores sociales (son, en todo caso, representativos de ellos); [6] 2) los candidatos y las candidatas no se postulan ni se eligen en base a ningn programa de gobierno ni en base a intereses de sectores especficos anclados en identidades (de gnero, orientacin sexual, profesional, etc.) sino a mritos polticos y laborales/estudiantiles. Segn lo anterior, quien ser representante poltico en los niveles locales debe haber sido buen trabajador y tener mritos polticos, no ms; cualquier otra intencin puesta en juego podra cuestionarse frente a la inexistencia de campaas electorales, discriminatorias, millonarias, ofensivas, difamatorias y denigrantes. Qu imposibilidades plantea ello para la reduccin de la brecha de gnero desde la poltica institucional cubana?

Las desigualdades de gnero y sus intersecciones con otras desigualdades no son coyunturas sociales. Antes bien, dichas desigualdades son estructurales al funcionamiento social en sus ms diversos mbitos y se expresan: en los mercados laborales que excluyen a las mujeres o las colocan en situacin de desventaja; en la sobrecarga en ellas de las labores de cuidado; en el no reconocimiento del trabajo domstico como trabajo productivo y la invisibilizacin, entonces, de que somos las mujeres las que en parte importante sostenemos las crisis y las economa nacionales; en la sexualizacin de la subordinacin; en la sobrerrepresentacin de las mujeres en los grupos ms desfavorecidos; en el aumento del acoso callejero; y en muchos otros mbitos y estructuras sociales, extremadamente diversas, a las que nos enfrentamos las mujeres durante la cotidianidad de nuestros trabajos productivos y reproductivos y de nuestras relaciones polticas en los espacios privados y pblicos. Si las mujeres delegadas o los hombres con preocupaciones feministas, ms escasos lamentablemente en Cuba, pero existentes no pueden poner en juego sus potenciales o reales agendas contra las desigualdades de gnero, raza y/o clase, la poltica local y sus rutas electorales quedan blindadas a cualquier agencia democratizadora en esos sentidos. Esas instancias quedan imposibilitadas, tambin, para el despliegue de sensibilidades frente a los problemas de los electores, como reclam Lazo.

Lo que me interesa dejar en claro es que la existencia de mujeres delegadas del Poder Popular debera ser una posibilidad para demandar a la poltica oficial, y desde ella, la necesidad de gestionar democrticamente las brechas de gnero y sus intersecciones con la raza y la clase. Entre otros muchos temas, las delegadas y/o la ciudadana, deberamos colocar en la poltica local preocupaciones sobre la responsabilidad pblica de los cuidados cuando los crculos infantiles no son suficientes o estn en malas condiciones o reproducen exclusiones de gnero en sus procesos educativos; sobre las violencias de gnero privadas y pblicas; sobre la violacin de derechos laborales sobre todo de las mujeres trabajadoras contratadas en el sector privado, donde se evidencian sistemticas exclusiones por maternidad, cuidado de hijos; etc. Deberamos, como electores y electoras, intencionar la eleccin de personas que, estando dispuestas, identifiquemos con esas sensibilidades; deberamos exigir contenidos de esas agendas en los espacios disponibles con nuestras delegadas y delegados; deberamos, si somos nosotras las nominadas, responsabilizarnos con estas y otras preocupaciones que construyan sensibilidades y prioricen la atencin a las desigualdades de gnero en la gestin de la poltica local.

Algunos, algunas, pensarn que esta agenda no es urgente, pero lo es ms de lo que, a veces, podemos apreciar.

El 19 de enero de 2017, por ejemplo, el diario Granma public un trabajo que resea: Suzel Delgado Martn perdi el trabajo cuando la barriga haba crecido lo suficiente como para dar a entender que el parto era inevitable. No me despidieron al saber que estaba embarazada. Solo me dijeron que poda formar parte del negocio por todo el tiempo que mi estado me permitiera, pero que luego buscaran a otra persona para que ocupara mi puesto. Cuando faltaba poco para que mi beb naciera, me fui.

Segn el propio texto, la Federacin de Mujeres Cubanas ha declarado tener un compromiso con las trabajadoras del sector privado, para que se sientan acompaadas y se cumplan sus derechos. Pero ese empeo requiere de muchos ms esfuerzos, donde el poder poltico local debera y podra intervenir como co-regulador de la vida pblica.

Situaciones como la de Suzel Delgado Martn no son excepcionales. Tampoco lo son las situaciones de acosos laborales, violencias de gnero, pobreza femenina. Entonces, hay alguna posibilidad de pensar el asunto, tambin, en estas elecciones? Frente a la norma de las biografas encartonadas que adornan el proceso electoral, y en lo que se gestionan grandes cambios de la poltica nacional y global, quizs podamos ir colocando en los barrios, las circunscripciones y municipios, una agenda sobre las desigualdades de gnero, y otras. Ese podra ser un gesto que sensibilice a uno o dos, comience a abrir la hendija, y muestre la herida.

Notas:

[1] Guanche (2013) lista esas atribuciones: la nominacin de candidatos a las APPP y de diputados a la ANPP, la revocacin del mandato de diputados a la ANPP y de Delegados a las APPP, la evaluacin de la rendicin de cuenta de los diputados y de los delegados a las APPP y a las AMPP de los respectivos territorios por los que fueron electos, y la eleccin para cubrir cargos vacantes de diputados a la ANPP y de delegados a las APPP. En cuanto miembros de las AMPP, ellos y ellas tienen derecho a participar siempre en el seno de la ley de la toma de decisiones sobre: el ejercicio de la fiscalizacin y el control sobre las entidades de subordinacin municipal; la revocacin o modificacin de acuerdos y disposiciones de los rganos o autoridades subordinadas a ella; la adopcin de acuerdos y disposiciones sobre asuntos de inters municipal; y sobre el control de su aplicacin; la designacin y la sustitucin de miembros del rgano del Consejo de Administracin Municipal (CAM), a propuesta de su presidente; la designacin y sustitucin de los jefes de las direcciones administrativas y de empresas de subordinacin municipal; la determinacin, conforme a los principios establecidos por el Consejo de Ministros, de la organizacin, funcionamiento y tareas de las entidades encargadas de realizar las actividades econmicas, de produccin y servicios, de salud y otras de carcter asistencial, educacionales, culturales, deportivas, de proteccin del medio ambiente y recreativas, que estn subordinadas a su rgano de Administracin; la constitucin y disolucin de comisiones de trabajo; la aprobacin del plan econmico-social y del presupuesto del municipio, ajustndose a las polticas trazadas para ello por los organismos competentes de la Administracin Central del Estado, y controlar su ejecucin; las formas de contribuir al desarrollo de las actividades y al cumplimiento de los planes de produccin y de servicios de las entidades radicadas en su territorio que no le estn subordinadas; el conocimiento y evaluacin de los informes de rendicin de cuenta que le presente su rgano de Administracin y adoptar las decisiones pertinentes sobre ellos; la atencin de todo lo relativo a la aplicacin de la poltica de cuadros que tracen los rganos superiores del Estado; y otras reguladas, como las anteriores, por la Constitucin y el Reglamento de las AMPP.

[2] En Amrica latina, las mujeres de trece aos y ms de estudios, perciben el 25.6% menos del salario que los varones con las mismas caractersticas. En los niveles educativos ms altos, la brecha es ms considerable. Fuente: Nota para la igualdad No. 18: persiste la brecha salarial entre hombres y mejores en Observatorio de la Igualdad de Gnero de la Cepal, 8/3/2016, http://oig.cepal.org/es/notas/nota-la-igualdad-ndeg-18-persiste-la-brecha-salarial-hombres-mujeres

[3] Ver: Bidegain Ponte, Nicole (2016) Desigualdades de gnero y brechas estructurales en Amrica latina. En: Nueva Sociedad. No. 265. Septiembre-Octubre.

[4] Mercedes Lpez Acea, Primera Secretaria del Comit Provincial del Partido en La Habana y Vicepresidenta el Consejo de Estado; Miriam Nicado Garca, Rectora de la Universidad de las Ciencias Informtica; Teresa Amarelle Bou, Secretaria General de la Federacin de Mujeres Cubanas; y Marta Ayala vila, Vicedirectora General del Centro de Ingeniera Gentica y Biotecnologa.

[5] Anoto a continuacin un dato interesante: segn cifras de un anlisis hecho por Rafael Hernndez, las mujeres integran el 39% del PCC, el 52% de los jvenes comunistas. Si la UJC es la cantera directa del PCC, por qu baja tanto el seguimiento de las mujeres en organizaciones polticas?

[6] Guanche (2013) sistematiza con claridad los problemas de la exclusividad del criterio territorial de representacin poltica: a) condiciona que las personas estén representadas ante todo como consumidoras, de modo pasivo y no como productoras y b) el mandato conferido a los candidatos no puede tener escala ni contenidos diferentes a lo que él puede manejar en su territorio con lo que se limita estructuralmente la naturaleza del mandato y grupos sociales con intereses especficos no locales se quedan sin cauces de representacin institucional para introducir sus temas en las agendas pblicas locales, regionales, nacionales y globales.

Fuente: http://www.cetri.be/Nosotras-ellas-y-ustedes-Mujeres?lang=fr



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