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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-10-2017

Voces por las calles vacas
De las mujeres del Aguaucho a la actualidad

Paqui Maqueda
La Marea

Hoy seguimos dando voces pronunciando los nombres de las vctimas, solicitando la justicia que se les debe, exigiendo que se eliminen los smbolos fascistas que llenan de vergenza las calles y plazas de esta Espaa ca


Dicen que los asesinos de las mujeres del Aguaucho, todas ellas originarias de Fuentes de Andaluca, un hermoso pueblo situado en la campia sevillana, daban voces por las calles vacas despus de vejarlas, violarlas y asesinarlas vilmente aquella tarde del 27 de agosto de 1936. Dicen que los asesinos de las mujeres del Aguaucho, una vez saciados de sangre y hombra, se pavonearon por el pueblo, enseando la ropa interior de algunas de ellas como muestra de lo que haban cazado esa tarde.

Porque a lo que estos salvajes asesinos se dedicaron era precisamente a eso: a cazar como conejos a Mara Jess Caro Gonzlez, de 18 aos de edad, a las hermanas Garca Lora, Coral y Josefa, de 16 y 18 aos; a Mara Len Becerril, de 22 aos, y a Joaquina Lora Muoz, de 18 aos. A cazarlas y a tomar como botn de guerra el cuerpo de estas jvenes mujeres. Una vez ms. Repitiendo el esquema machista y sexista transmitido de generacin en generacin al guerrero desde el inicio de la humanidad: en las guerras, al enemigo se le mata; a la enemiga, se la viola. As, esta hazaa se convierte en bandera de venganza para el violador y smbolo de humillacin para el padre, hermano o esposo de la mujer vejada. Y por supuesto, para la misma mujer.

Una de las definiciones de la Real Academia Espaola sobre terrorismo dice as: Actuacin criminal de bandas organizadas, que, reiteradamente y por lo comn de modo indiscriminado, pretende crear alarma social con fines polticos. Me parece la mejor definicin posible al caso que nos ocupa, porque el crimen del Aguaucho fue ejecutado por una banda organizada de criminales, arengados en su vil tarea por el general Queipo de Llano (enterrado, por cierto, en la Baslica de la Macarena de Sevilla), cuyo objetivo era crear terror y alarma social.

No nos equivoquemos. No pensemos en ellos como simples hombres, borrachos de alcohol y deseosos de sexo. Tampoco pensemos que eran psicpatas, personas sin escrpulos. No. Eran y seguirn siendo a pesar de que ya no estn entre nosotros, criminales de guerra. Criminales que consiguieron su objetivo. Y vaya si lo consiguieron. Crear terror. Un terror que paralizase a la poblacin, no solo de este pueblo, sino de los cientos y cientos de pueblos de nuestra Andaluca por los que los brbaros dejaron cientos de fosas comunes, cientos de hurfanos y hurfanas, cientos de mujeres vejadas, y/o asesinadas. Objetivo cumplido.

El terror fue utilizado por el fascismo como una estrategia que tuvo consecuencias nefastas para la ciudadana. Y no solo para los hombres y mujeres de aquellos convulsos aos. Ese terror provoc en muchas familias un mecanismo de defensa bien conocido para las personas que nos dedicamos a la recuperacin de la memoria histrica: el olvido y el silencio. Dos muros con los que continuamente nos topamos a la hora de recopilar informacin en nuestros pueblos. Mejor olvidar. Mejor no contar. Mejor no pronunciar el nombre de nuestros familiares y mejor que las generaciones que fueran naciendo no supieran qu pas con ellos y ellas. Por si acaso los fascistas vuelven de nuevo y, a dentelladas de terror, vuelven a repetir lo mismo. Por suerte esto no pas en todas las familias y muchas han trasmitido, envueltos en dolor y rabia, los recuerdos dolorosos de aquel tiempo.

Otro muro con el que las vctimas nos topamos, producto de la tan cacareada y modlica Transicin espaola, es la impunidad de estos crmenes. Impunidad que vive y que corroe todos los estamentos democrticos de nuestro pas, impunidad que impide llamar a los crmenes lo que fueron: crmenes. Impunidad que impide sealar a los verdugos y ejecutores como lo que son: criminales. Impunidad que provoca que las vctimas seamos ninguneadas en el Estado espaol y no seamos consideradas vctimas de terrorismo. Dicen que los asesinos de las mujeres del Aguaucho daban voces por las calles vacas del pueblo

Qu metfora ms potente y cunto nos acerca a la situacin de hoy, en la que los hombres y mujeres, familiares o no de las vctimas del fascismo, seguimos dando voces pronunciando los nombres de las vctimas, solicitando la justicia que se les debe en los tribunales espaoles y extranjeros, requiriendo que se abran las ignominiosas fosas comunes cuyos vientres albergan los restos de los hijos e hijas del pueblo, exigiendo que se eliminen los smbolos fascistas que llenan de vergu?enza las calles y plazas de esta Espaa ca que sigue devolvindonos en eco las voces que reclaman por calles y plazas VERDAD, JUSTICIA Y REPARACIN.

Paqui Maqueda es presidenta de la asociacin Nuestra Memoria.

Fuente: http://www.lamarea.com/2017/10/09/100498/



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