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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-10-2017

Las tres muertes del Che Guevara

Decio Machado
Aldhea

Pese a los intentos de manipular su herencia, la memoria del Che pervive como la imagen misma de la rebelda.


Cincuenta aos han pasado desde su muerte, pero el Che Guevara contina despertando pasiones. Su imagen sigue siendo cono habitual en camisetas, psteres, carteles, murales y banderas en todas partes del mundo. Los libros sobre su biografa se reeditan ao tras ao y otros tantos ms aparecen cada vez que se aproximan los aniversarios de su muerte.

En Bolivia, Cuba, Nicaragua y Venezuela se celebran en estos momentos actos institucionales de homenaje a la figura de este guerrillero abatido cobardemente el 9 de octubre de 1967 en La Higuera, un pequeo poblado ubicado en el municipio de Pucar, a unos 60 kilmetros de la ciudad de Vallegrande. Pero ms all de las agendas gubernamentales, son muchos los que en estos das recuerdan su figura, rindindole homenaje personal o colectivo de muy diferentes formas en los cinco continentes.

La manipulacin de su memoria

El filsofo francs Regis Debray afirm aos atrs que al Che lo mataron dos veces, primero con una rfaga de fusil del sargento Tern y despus con sus millones de imgenes.

Las revelaciones del hoy general retirado Gary Prado, quien en aquel entonces era el inmediato superior jerrquico de Mario Tern Salazar, identificaron a dicho sargento como el militar a quien le fue encomendada la tarea de asesinar a sangre fra al Che. Segn esta narracin, al entrar Tern con mucho nerviosismo en la sala donde estaba recluido el guerrillero capturado el da anterior por operativos del ejrcito boliviano, este le dijo: Usted viene a matarme, pngase sereno, usted va a matar a un hombre.

En la confesin por escrito que el homicida hizo a sus superiores se indica: "Entonces di un paso atrs, hacia el umbral de la puerta, cerr los ojos y dispar la primera rfaga. El Che cay al suelo con las piernas destrozadas, se contorsion y empez a regar muchsima sangre. Yo recobr el nimo y dispar la segunda rfaga, que lo alcanz en un brazo, en un hombro y en el corazn".

Pese a lo que muchos bigrafos del Che indican, la operacin de montar una guerrilla revolucionaria en Bolivia no fue un acto improvisado. El Che llevaba aos pensando que Bolivia era una base de operaciones apropiada para permitir la posterior extensin de focos guerrilleros en Argentina y Per. En aquellos aos, la estrategia militar del Che se basaba en crear uno, dos, tres Vietnam, basndose en la experiencia del sudeste asitico donde ms all de Vietnam los grupos insurgentes combatan paralelamente en Laos y Cambodia. En pocas palabras, se trataba de crear multitud de focos guerrilleros que impidieran al imperialismo concentrarse en una sola zona.

Sin embargo, la ubicacin del foco insurgente en Bolivia se dio en un territorio donde no haba tradicin de lucha revolucionaria, lejos de la zona minera y de las zonas urbanas, lo que hizo que el apoyo a la guerrilla fuese inversamente proporcional a la experiencia cubana de Sierra Maestra. El Che se equivoc? Pues probablemente s, tal y como ya haba sucedido en su desastrosa aventura guerrillera en el Congo.

Respecto a la segunda muerte del Che, cierto es que la foto tomada el 5 de marzo de 1960 por el fotgrafo cubano Alberto Daz (Korda) -durante el entierro de las vctimas de la explosin de un buque fondeado en La Habana- es considerada la imagen ms reproducida de la historia de la humanidad.

Se lleg a decir que Korda supo, mediante esa fotografa, capturar mediante en blanco y negro gran parte de la belleza existente en aquel revolucionario. En todo caso, sera aos despus cuando el artista plstico Andy Warhol modificando y suavizando esa la imagen a travs de la ilustracin trabajada por el artista de cmic irlands Jim Fitzpatrick en 1968, la convertira en un producto ms accesibles a las masas. A partir de ah, la expansin de dicha imagen le correspondera a esas modas aplaudidas propias del sistema capitalista, ese mismo sistema contra el que el protagonista del retrato luch hasta entregar su vida. Entender cmo se ha llegado hasta aqu tiene una lectura sencilla: el capitalismo sabe bien que el Che es ms que un mito, es el estandarte de las ideas ms nobles de la humanidad, lo cual tiene un valor agregado en los mercados comerciales.

Pero superando a Debray, el siglo XXI ha conllevado tambin una tercera muerte del Che. Esta tiene que ver con la utilizacin que se ha hecho de su imagen durante el llamado ciclo progresista hoy en decadencia en Amrica Latina.

Los llamados gobiernos posneoliberales latinoamericanos convirtieron la figura del Che en una imagen intocable, intachable y permanente pura. Estos procesos de idealizacin, donde adems se intentaron confundir a las figuras presidenciales de Lula, Dilma, Correa, los Kirchner, Evo o Maduro con el legado de Ernesto Che Guevara, nos dejaron estos productos auspiciados desde los aparatos de propaganda gubernamentales y burocratizados.

Basta leer las mejores biografas sobre el Che (A Revolutionay Life, de Jon Lee Anderson, Descamisados, del Comandante Enrique Acevedo Gonzlez, Ernesto Guevara tambin conocido como el Che, de Paco Ignacio Taibo II o Cuba-USA: el Libro de los Doce, de Arnaldo M. Fernndez) para entender que el guerrillero asesinado 50 aos atrs estaba en contra de cualquier tipo de culto a la personalidad, nunca tuvo el ms mnimo acercamiento a tramas de corrupcin ni de enriquecimiento personal y que, adems, era un personaje que personalmente tena la capacidad de burlarse socarronamente de s mismo.

Estos procesos de idealizacin interesada sobre la figura del Che nos traen a la memoria las lgicas dogmticas, doctrinales y hasta religiosas de la izquierda. El Che era todo lo contrario: en lugar de producir doctrina desarroll aprendizaje, reflexin y pensamiento crtico. A diferencia de la reciente experiencia latinoamericana, el Che hizo lo que debe hacerse desde los mbitos de la izquierda.

Su pensamiento siempre en evolucin fue cambiando a lo largo de su vida, lo que implica que lo que pensaba el Che en 1956, momento en el que se uni a Fidel Castro en su exilio mexicano, diste mucho de lo que desarrollara mientras ejerci cargos ministeriales en Cuba (1960-1964) o de las propuestas que expondra en la ltima fase de vida ya en Bolivia. Pese a la construccin forzada de una memoria impoluta sobre su persona, el Che cambi de opinin en muchas ocasiones e incluso mantuvo pensamientos contradictorios en funcin de las pocas y el entorno en el que viva, tal y como nos sucede a cualquier otro ser humano.

Su principal valor fue la coherencia, lugar donde habitualmente se pierden gran parte de sus bigrafos y gobiernos que se reclaman su figura. Esa coherencia que le hizo incapaz de pedirle a ninguno de sus compaeros algo que l previamente no hubiera hecho o estuviera realizando en esos momentos. Acostumbrado a sobreponerse a sus propias limitaciones fsicas fue asmtico desde nio midi a los dems con el mismo baremo con el que se meda a s mismo, lo que hizo que agradeciese poco y diese escasas palmaditas en la espalda a sus colaboradores.

Una memoria viva

Preguntar por qu la memoria del Che se mantiene viva tras medio siglo de su desaparicin tiene una respuesta simple: el Che es la imagen misma de la rebelda. Es la plasmacin del ser humano que dice no a las injusticias.

Albert Camus, en su libro El hombre rebelde, publicado por primera vez en 1951, dice: El hombre en rebelda no se reserva nada, puesto que lo pone todo en juego y exige, sin duda, el respeto a s mismo. Bien, pues ese era el Che, demostrando a su vez que la rebelda no nace slo en el oprimido, sino que puede nacer asimismo ante el espectculo de la opresin de que otro es vctima.

Su figura representa el sentido profundo de la crtica y la asuncin de un estilo de vida que no solamente va ms all de las reglas establecidas, sino que las combate, entregando en dicha lucha hasta la vida. Esa loca generosidad es la de la rebelda, la que da su fuerza de amor sin esperar nada a cambio mientras rechaza sin demora la injusticia.

En definitiva, el Che es la demostracin prctica de que ms all de la razn estn las emociones y los sentimientos. Es la encarnacin de la ley nmero uno de cualquier anlisis social: donde hay dominacin hay resistencia a la dominacin.

A partir de ah, cada piedra lanzada por jvenes palestinos contra las fuerzas de ocupacin sionistas en Jerusalem, cada grafiti nocturno y clandestino clamando libertad en las calles de Harare, cada cancin colectivamente compartida alrededor de una hoguera por las mujeres kurdas en Rojava, cada accin de resistencia indgena shuar en Nankints contra la implantacin de la minera a cielo abierto en la Amazona, cada movilizacin de lucha ogoni contra las transnacionales petroleras en el Delta del Niger, cada movilizacin estudiantil contra la privatizacin de la enseanza en Santiago de Chile o cada reclamo por la aparicin con vida de Santiago Maldonado en Buenos Aires, lleva an hoy la impronta del Che.

Quizs haya sido el subcomandante Marcos, desde la Selva de Lacandona, quien mejor definira la figura del Che: Ciudadano del mundo, el Che nos recuerda lo que sabemos desde Espartaco y lo que a veces olvidamos: la humanidad encuentra en la lucha contra las injusticia una marcha que nos eleva, que nos hace mejor y ms humanos. Y sera el Che, en una frase en alusin a Camilo Cienfuegos, quien mejor definira lo que hoy sucede con su memoria: Podramos mejor preguntarnos: Quin liquid su ser fsico? Porque la vida de los hombres como l tiene su ms all en el pueblo; no acaba mientras ste no lo ordene.

Demostrada su capacidad para el desarrollo de buenas crnicas, ah estn sus pasajes guerrilleros en Amrica Latina y en el Congo, an nos faltan por descubrir textos y pensamientos ocultos del Che. A la fecha de hoy, an hay diarios escritos por el Che que la familia no ha querido publicar, posiblemente porque echan pestes de personajes en aun vivos en la actualidad.

En todo caso el Che nos sigue dejando, medio siglo despus de su desaparicin, cierto legado ideolgico, su sonrisa, la capacidad de ironizar con uno mismo, un concepto del igualitarismo a ultranza, la humildad de quienes entregan sus vidas por los dems y, sobre todo, la voluntad intrnseca de los pueblos del Sur por transformar de forma radical una sociedad que sigue siendo tan injusta hoy como lo era durante los tiempos en el que el Che decidi desenvainar su fusil.

Decio Machado. Director de la Fundacin ALDHEA

Fuente: http://aldhea.org/las-tres-muertes-del-che-guevara/



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