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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-10-2017

Desafo a la la supremaca racial, de Charlottesville a Tel Aviv

Natasha Roth
972mag

Traducido del ingls para Rebelin por J. M.


En la medida en que nuestro entendimiento de la supremaca racial comience y termine con hombres enfurecidos golpeando a gente de color, a izquierdistas y a cualquier otra persona que ven como un objetivo, nunca alcanzaremos un cambio significativo, ni en Charlottesville ni en Tel Aviv.

Supremacistas blancos atacan a manifestantes antirracistas durante la manifestacin Unite the Right, Charlottesville, Virginia, 12 de agosto de 2017. (Rodney Dunning / CC BY-NC-ND 2.0)

Hace tres aos, una noche de julio, yo estaba sentada con un grupo de amigos en un elegante caf en un vecindario de Tel Aviv, tratando de ignorar los cantos de "muerte a los rabes" que venan de la plaza de enfrente. Estbamos en medio de la guerra de Gaza y acabbamos de venir de una protesta contra la guerra en una plaza cercana. Nos habamos ido rpidamente, ya que la zona se estaba complicando. Grupos de jvenes haban comenzado a filtrarse, escudriando a las multitudes agotadas, con el cuello tenso. Fue una de las numerosas protestas en las que miembros de la extrema derecha de Israel haban asaltado a los izquierdistas durante ese verano interminable y sangriento.

Los cientos de manifestantes de la extrema derecha que se haban concentrado en la plaza enfrente del caf comenzaron a marchar por la ciudad cantando y agitando banderas israeles. La tranquilidad volvi y la plaza asumi nuevamente la apariencia externa de la normalidad. Es un espacio comn: bancos, un columpio para nios, rboles, setos bien cuidados. Cafeteras y boutiques alrededor. Esto encapsula perfectamente la "burbuja" de Tel Aviv, criticada por ser una ciudad a cuyos habitantes se percibe, con razn o sin razn, como poco comprensivos de la violencia que acecha gran parte de Israel-Palestina o si lo hacen gozan del privilegio de que los conflictos rpidamente se retiran de ellos.

Y sin embargo esa plaza, al menos en mi mente, nunca parecera lo mismo. Yo pasaba por all semanalmente hasta que sal de Israel-Palestina a finales de 2016. Y aunque slo concurran all familias jvenes y lectores solitarios, ese grupo de rebuznantes hombres jvenes -saltando de arriba abajo y gritando eptetos racistas- siempre estaba all. Invierno y verano, lluvioso o soleado, noche y da, acechando. Una perturbacin atmosfrica, como mirar el horizonte a travs de la niebla que produce el calor. Caminara por la plaza o me sentara all en silencio, oa siempre "muerte a los rabes".

Despus de que sal del pas esos recuerdos se atenuaron, aunque no desaparecieron. Estaban, o eso crea, estrechamente unidos a ese espacio fsico. Pero aqu en Charlottesville, adonde me mud hace unos meses, esas apariciones han resurgido. Yo no estuve all para presenciar las manifestaciones de la supremaca blanca los das 11 y 12 de agosto, pero la sensacin de un ambiente revuelto por la violencia poltica era inconfundible.

Porque se es uno de los efectos ms sutiles, a ms largo plazo, de la violencia que perfora un agujero a travs de cualquier membrana para compartir experiencias y recuerdos en nuestras cabezas. En el mejor de los casos el cerebro tiene el extrao hbito de intercambiar elementos de nuestros recuerdos, ajustar a personas y lugares, agregar aqu y restar all. El choque de la violencia, ya sea experimentado directa o indirectamente, exacerba esas peculiaridades; los recuerdos asociados a ella se fragmentan, los trozos navegan a la deriva a travs de nuestro consciente y subconsciente, irrespetuosos de cualquier espacio o estructura.

Cuando la violencia vuelve a aparecer en nuestro entorno inmediato, se abre un espacio que chupa esas manchas de la memoria y las instala en un nuevo hogar. Y as es que cuando paso por la estatua de Thomas Jefferson en la Universidad de Virginia, donde cientos de supremacistas blancos marcharon el pasado 11 de agosto llevando antorchas y cantando "sangre y tierra", el ojo de mi mente proyecta sobre la escena una multitud de extremistas israeles que coreaba "muerte a los rabes".

Hay, claramente, grandes diferencias entre las situaciones en los Estados Unidos e Israel-Palestina. El racismo estructural en cada pas se ha desarrollado de diferentes maneras. La violencia estatal a menudo, aunque no siempre, se expresa de manera diferente. La carencia de un Estado de millones de palestinos no tiene analoga en los Estados Unidos modernos, a la vez que la escala y el alcance de las historias de ambos pases son de un orden diferente.

Adems las dos manifestaciones fueron, en cierto sentido, la imagen negativa una de la otra: la protesta en Tel Aviv fue organizada por activistas de izquierda anti-guerra, la manifestacin estadounidense fue organizada por neonazis. Y por supuesto aunque hubo lesiones en Tel Aviv esa noche, y en otras protestas durante los 5 das de la guerra, nadie sufri el destino de Heather Heyer, asesinada por un supremacista blanco.