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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-10-2017

Mara, la encebollada

Mikel Arizaleta
Rebelin


El profesor y doctor Juan Luis de la Cruz escribi un bello libreto titulado Segn Mara, y editado en el 2010. Deca ya al inicio:

Mi nombre, claro, es Mara. Mara Claro. Nac en un pueblecito blanco, muy blanco y muy pequeo, Alba de Ass, en el que haba todo lo necesario. Agua. Animales. rboles. Casas. Y fuego. Mucho fuego. Mi infancia fue feliz. Como el molino de una morosa noria que un da grit su fin. La ltima blanda revolucin de mi niez me tom a los once aos, cuando el escarlata sangre de la mcula entre mis piernas me ba de hembra. Yo me miraba entonces en secreto, que nadie me vea, en un desazogado espejo y contemplaba una mujer como una ventana, abierto el vientre al mundo, el pecho en punta generosa presintiendo leche y miel. Era hermosa. Una recin mujer hermosa de calor, acogedora, como una puerta que fuera de tierra y fluido y humor.

Haba en el pueblo un varn llamado Jos. Fuerte. Todo ramas. Un rbol que fuera un hombre no lo sera tanto como l. A m me gustaba Jos. Me gustaba desde antes de conocerle. Era agua hirviendo. Vapor de viento. Duro y blando al mismo tiempo. Hombre y riel. Yo le amaba de par en par. l me amaba con la fuerza de un rejn en el toro de sus cuernos.

Y aquella mujer, Mara, ha terminado desnaturalizada, encebollada y embadurnada por siglos de baba, capa a capa ha sido reducida a impostura, a ser lo que nunca fue. Mara la alienada, la violada por teologa de hombres. Excusa y argumento indecente cristiano de patriarcado y esclavitud de mujer. Aquella aldeana juda ha terminado convertida en amatxu de Begoa, en madre y virgen de dogma cristiano, en virgen del Pilar de Zaragoza, en generala de mltiples fajines, en patrona de la guardiacivil lorquiana, en icono de estandartes de guerra y conquista, en madre de dios y dolorosa. Aquella juda Mara ha sido secuestrada durante siglos, hecha medalla y medalln de quereres e ilusiones deshumanizadores, ejemplo para otras mujeres de sumisin y sometimiento al hombre. Los varones hicieron de ellas un hazmerrer de hombres durante siglos.

Nos recordaba Beln Gopegi en la presentacin de No hay nacin para este sexo las palabras de Franz Fanon en Las condenadas de la tierra: Compaeras: hay que decidir desde ahora un cambio de ruta. La gran noche en que estuvimos sumergidas, hay que sacudirla y salir de ella. El nuevo da que ya se apunta debe encontrarnos firmes, alertas y resueltas. () La humanidad espera algo ms de nosotras que imitacin caricaturesca (...) no hay que reflejar una imagen, aun ideal, de su pensamiento y su sociedad, por los que ellos mismos sienten de cuando en cuando una inmensa nusea

Jos me sonrea y yo le regalaba adentros, prosigue de la Cruz. Nuestro amor era grande como un huevo. Caliente como un botn. Juego. Yo soaba. Cada noche soaba. Porque estaba. Y si l no estaba. Soaba. En cada calle y en cada sbana. Soaba. Una noche en el ngel de un sueo, entrev que Jos y yo tendramos un hijo. Por supuesto. Vaya sueo. Un hijo. Claro, Mara. Mara, claro. Un hijo. Qu, si no?.

El Nuevo Testamento sabe demasiadas cosas de dios; comenz a divinizar a aquel hombre Jess de Nazaret, levant y construy sobre l una teologa y una cristologa, un mondongo, que hoy constituye un verdadero drama para la Iglesia: se asienta en una mentira piadosa, en un vaco deseo. Hoy es patente y claro que el cristiano obtiene la verdad divina de segunda mano, de mano extraa, que su verdad es una verdad mediatizada y censurada. El dios, que el hombre creyente encuentra al final de la cadena distribuidora eclesial, es un dios censurado. La verdad, o lo que qued de ella, est terciada, enturbiada, interpretada, degenerada por la incomprensin teolgica de pastores, tiempos, mediaciones e interpretaciones. La Biblia ni es palabra de dios, ni Jess es el hijo de dios, ni ha resucitado. Lo que se pone en duda y se niega es la fundamentacin misma de la Iglesia catlica, su teologa, su revelacin divina. Muchos cristianos, desde el inicio de la Iglesia hasta el da de hoy, apelan a Jess nicamente para atribuirle y poner en su boca y vida los deseos de cada cual, y esto ocurre tambin a los autores de los escritos bblicos. La Biblia es el compendio de una serie de libros de estilos diversos, de calidad literaria desigual, reflejo de la mentalidad de diversos grupos, a veces muy contradictorios, que se sintieron pueblo especial dentro del mundo que les toc vivir, pero que desde un punto de vista cientfico y de tica y altura humana nada tienen que ensear al mundo actual sobre la formulacin de su gnesis o sobre derechos humanos. Muy al contrario, sus autores, la Iglesia catlica, al igual que las dems Iglesias, y el mismo dios debieran aprender a respetarlos.

No hay constancia de ninguna revelacin divina, ni buena ni mala. No consta que dios se haya revelado nunca, por el contrario, dios brilla por su ausencia, y hacer teologa de un dios mudo es harto difcil y mera paja mental. El dios fabricado por el creyente y la Iglesia es a base de denigrar al hombre, como ladrillo de su ignorancia y desconocimiento. A medida que avanza el conocimiento humano retrocede el campo que se ha hecho pisar a dios. El crecimiento del hombre supone la retirada, el retroceso de dios.

Tambin conviene recordar en estas fechas de octubre y de la virgen del Pilar lo que nos ensea el darwinismo y la ciencia: Nuestro principal enemigo es todo aquello que damos por supuesto, aquello que hemos naturalizado e incorporado a nuestro sentido comn. La inquietud y la inseguridad deben ser bienvenidas tanto al hacer historia de las mujeres como al hacer cualquier otra clase de historia.

Y cmo olvidar en este recuerdo de mujer del 2017 aquel 15 del pasado marzo, da duro, del cuerno la punta, en aquel juicio en Bilbao, que comenz un lunes y finaliz un viernes!

La terrible declaracin de Sandra sobre la tortura practicada por 4 guardiasciviles, presentes en la sala. Sandra Barrenetxea fue desgranando entre lgrimas, suspiros y llanto, con silencios largos, interminables, rotos por lamentos, por su pauelo blanco secndose unos ojos rojos y un corazn dolorido, ensangrentado, entre sorbos de agua y el presente el recuerdo de un calvario vivido ahora hace 7 aos, en el 2010, pero que sigue grabado a fuego todava hoy en esta mujer economista.

Terrible tambin el silencio de muerte y horror en la sala mientras Sandra iba desgranando los hechos de aquellos das de acoso y derribo, en una declaracin envuelta en recuerdos amargos, en llanto y desconcierto, en no saber cmo describir aquel calvario, a aquella jaura de funcionarios del Estado, aquellos guardiaciviles lorquianos de charol e inmundicia. En aquellos das de calabozo e injuria, de maltrato y deterioro, de vida sin salida y oprobio tambin Sandra busc en aquel calabozo y ataque humano la muerte como liberacin y acabose.

Una violacin de mujer por funcionarios de estado, una violacin de mujer de las muchas por hombres a diario en nuestros das y a lo larga de la historia, como la violacin prolongada de la juda Mara por el cristianismo.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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