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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-11-2005

Sobre imperialismo y sindicalismo

Carlos X. Blanco
Rebelin


En estos tiempos los acontecimientos suelen sobresaltar de golpe la conciencia del televidente burgus y occidental. El 11-S, como antes la cada de la U.R.S.S, en conflicto de Irak, o cualquier otro hecho de relevancia mundial salta a escena de los media, y a todos nos pilla desprevenidos. Esta situacin no revela ms que nuestra ignorancia acerca de las corrientes menos superficiales que agitan el mar de la historia y la poltica del globo. La ignorancia en tales cuestiones es construida y buscada. Forma parte del actual sistema imperial de dominacin, y slo una campaa sistemtica de manipulaciones hace posible nuestros sobresaltos de silln y telediario, pues lo ms habitual es que vivamos inopinadamente.

Esta representacin de la historia como cruce de corrientes y fuerzas, latentes a veces, expresadas y estruendosas otras, es una de las ms cmodas metforas que ilustra el fascinante papel de la epistemologa el conocimiento de la totalidad social- en la marcha real de los acontecimientos. Los diversos niveles de profundidad con que se vuelven visibles los hechos, no es en s un dato bruto o una suerte de a priori. Por el contrario, los propios niveles de conocimiento/ignorancia de lo que (nos) est pasando forman parte del proceso histrico, y obedecen siempre a intenciones de actores.

La vulnerabilidad del Imperio es uno de los icebergs que ms estrepitosamente chocaron con la conciencia del televidente occidental medio. Se hundirn muchos prejuicios cimentados a partir de miles de pelculas y otros aparatos de propaganda, y se vendrn al subsuelo de lo cotidiano acompaados de mucha sangre y de muchos cambios en todos los rdenes. Pero el conflicto global, sin lugar a dudas, se ha vuelto mucho ms visible, precisamente por su cariz inevitable ante los ojos de los media, por su incuestionable fuerza simblica as como por tener como escenario el propio corazn imperial.

Las respuestas imperiales son terribles y feroces. Pero ineficaces, con el efecto colateral de ganarse antipatas en antiguos aliados, colaboradores, indecisos y pblico en general. Estos zarpazos, entre histricos y nacionalistas, no nos deben confundir. Los E.E. U.U. constituyen una nacin altamente inflamada de patriotismo en consonancia con su podero militar. Su eficacia militar, fundamentalmente, es una eficacia industrial. Es potencia en el sentido econmico del trmino y ello se traduce en la potencia militar. Su enorme capacidad productiva depende de lo que se ha dado en llamar complejo industrial-militar, y es lgico que un patriotismo que vive de ese complejo deba por necesidad de manifestarse. El histerismo, los himnos, las banderas y los funerales, eso que se llama sentimientos patrios son el ritual concomitante a las acciones de guerra que el imperio despliega en el globo. Imperialismo en el sentido militar y cultural (patritico-ritual) y globalizacin no son conceptos punto por punto coincidentes, aunque es del todo visible que van asociados de forma causalmente estrecha.

En cuestiones de ciencia social e historia, una historia causal es una historia gentica. De acuerdo con esto, globalizacin no es sino el nombre de moda que resume las tendencias expansivas, intromisivas y destructoras del capitalismo a escala planetaria. Es, por as decir, un desarrollo extensivo y cuantitativo de una especie de rgimen de dominacin (ya no slo de produccin) que, si cabe, no muere salvo por intensificacin de sus mismas propiedades internas y la deduccin de sus consecuencias. Ese capitalismo, desde final del s. XIX es un imperialismo, y como tal ha venido adaptndose a coyunturas blicas, econmico-sociales y polticas de todo el mundo. Los rasgos de aquel imperialismo que intensifican la esencia misma del capitalismo, ya descritos por Lenin- no nos pueden sorprender hoy, aunque las nuevas tecnologas al servicio de este rgimen de dominacin cambien la forma de las relaciones sociales y condicionen un desarrollo llevado hasta la hipertrofia de las patologas propias del imperialismo del Capital: esclavismo, bestializacin del ser humano, barbarizacin cultural, hambre, narcotizacin y prostitucin generalizadas, etc.

El imperialismo yanqui es el agente militar de avanzadilla y globalizacin forzada entendida sta en el sentido estrictamente econmico, la globalizacin que ejerce el Capital mundial. La labor de avanzadilla, de suyo, es de tipo extraeconmico. Se corresponde con el proceso de acumulacin originaria que Marx describe en El Capital. Enormes territorios y bolsas de pre-capitalismo subsisten en este siglo XXI, y la misin imperial consiste en ponerlos de rodillas ante la fuerza del Capital, all donde no era posible su penetracin por los cauces aparentemente ms tranquilos del mercado. El pecado original de estas grandes regiones del globo, su pobreza, consiste en una historia colonial an no conclusa. Su detencin en el tiempo tendr que ser redimida por la planificacin de golpes de estado, o la imposicin de gobiernos pro-yanquis pagados y diseados por la CIA, o el mismo despacho oval. Cuando la resistencia popular toma las armas, o la calle, o ambas cosas a la vez, se ponen en prctica lo ms diversos mtodos: escuadrones de la muerte, ajuste del aparato local represivo (fuerzas del orden) o la descarada invasin militar del territorio soberano.

El imperialismo en su faceta militar y cultural trata de cerrar las heridas, despistes y desastres de una globalizacin econmica que en parte es ciega por obra del ciego dominio que tiene el capital financiero sobre los otros capitales y sobre la totalidad social mundial en general. Las medidas que los nuevos organismos de control y dominacin mundial (FMI, BM, OMC, etc.) no pueden lograr una adhesin total de los gobiernos y las clases populares nativas, y como toda decisin a estudiar en la ciencia social, sta siempre es accin y reaccin que debe tomar en cuenta cadenas (a veces imprevisibles) de accin-reaccin. Pero las soluciones ofrecidas por la va poltico-militar no hacen sino agravar sobremanera los ya de por s destructivos efectos de la globalizacin econmica. Es ms, sta no llega a imponerse sin el concurso de aquella imposicin militar y poltica, con vistas a superar resistencias de gobiernos y pueblos.

La globalizacin estrictamente econmica nunca se da sino es revestida de acciones y reacciones polticas, militares y culturales. La imposicin del american way of life no es ms que una de las manifestaciones estticas de este proceso, as como tambin es fenmeno de superficie (pero cruento y no menos real) la poltica hegemnica de los Estados Unidos por la va militar, o por la va de la Polica Econmica, tal y como es ejercida por obra de la diplomacia y de aquellos foros y superestructuras supragubernamentales y que velan por los intereses de esta potencia.

A nivel local, todo pas y comarca mantiene su nomenclatura. Un listado selecto de personalidades clave que ocupan puestos relevantes para la dominacin y pertrecho de la sociedad poltica. No ya slo al frente de la administracin, sino tambin al mando de sindicatos, agrupaciones polticas, religiosas y ciudadanas, clubes de patronos y asociaciones profesionales de toda ndole. La formacin elitista de esta nomenclatura se adquiere, en ciertas cumbres, en los EEUU, pero ya no es enteramente imprescindible. El mundo occidental globalizado cuenta con muchas Mecas, y sucursales del Imperio y especialmente la nomenclatura izquierdista usa vas indgenas de formacin, que parecen suficientes para sujetar las riendas de sus organizaciones respectivas y, burocratizndolas, plegarlas as a los dictados del Imperio, por ms que parezcanen el mbito de su patio interno- entrar en rias con la patronal y la derecha nativas. Los grandes sindicatos domesticados abominan de toda consigna emancipadora y se sienten a gusto con su integracin en el sistema. Son instituciones, como puedan serlo la Casa Real, el Ejrcito, la Iglesia o el Defensor del Pueblo. De esta manera, la sociedad poltica se aliena de la sociedad, propiamente, pues no est conformada por clases ni estamentos de ella, y se cie a ser poltica, poltica que en un proceso imperialista cada vez va excluyendo con mayor tenacidad las vas locales de autogobierno y de gestin social.

Un tipo de institucin, plenamente integrada en el Estado y colaboradora esencial en el mantenimiento del status quo del capitalismo son los sindicatos. Unida a la labor ideolgica y el control meditico, las enormes organizaciones sindicales sirven como freno a la labor espontnea de resistencia y autoorganizacin obrera. Junto a esto, el mantenimiento de ejrcitos de trabajadores liberados, destinados a labores paralelas a la administracin del estado, y control ideolgico de sus antiguos compaeros, es fenmeno masivo y causa de todo el desprestigio del movimiento sindical. Sus posibilidades de agitacin son, igualmente, meramente burocrtico-simblicas. Alinendose con las fuerzas polticas de la socialdemocracia y el sentir de las clases medias, su funcionamiento en la calle en las grandes ocasiones se corresponde punto por punto al que se puede llamar izquierda ritual. Sus pancartas y consignas son el extremo final de una cadena jerrquica de mando. Desde arriba, las cpulas de poder sindical, orgnicamente soldadas a todas las restantes (eclesiales, patronales, militares, etc.), accionan los resortes de agitacin oficial que no pueden ser ms que simblicos o catrticos. Las enormes oficinas y edificios rebosan de cuadros intermedios que hacen las labores de coordinacin, escritura e ideologizacin. El desconocimiento de las necesidades y demandas concretas del obrero se hace notable, y la impostura de hablar en nombre de todo colectivo y de todo sector se convierten en freno a la agitacin autoorganizada de los trabajadores reales, que no participan ni pueden participar en esa sociedad poltica parasitaria. Las grandes centrales sindicales son parte, pues, de la sociedad poltica en el sentido de vivir de la sociedad civil, y ms gravemente, divorciados de la sociedad civil productiva. La subvencin millonaria que ao tras ao reciben del Estado con el fin de mantener a esos cargos parasitarios y colaboradores de la sociedad poltica, aleja cualquier duda sobre su carcter orgnico a la hora de colaborar con las finalidades centrales del Estado: mantener y restablecer el orden pblico, garantizar la explotacin segn grados negociables- del Capital sobre el Trabajo, adhesin a los principios ideolgicos oficiales del mismo. En el momento en que estas organizaciones se radicalizaran (que no es posible salvo por expulsin o escisin de una minora), sus miembros quedaran privados de la legitimidad que el Estado les concede por la va de las subvenciones, libranzas de trabajo, acceso a los medios masivos de comunicacin, etc. Unos sindicatos que viven a espaldas de las necesidades del proletariado ms vapuleado por el sistema, y que slo existe como asociacin cultural y recreativa al servicio de la clase media, se asemeja ms bien a la comparsa del patrono, cuando precisa de mucho ruido y acompaamiento institucional en sus consignas: mantenimiento de su estado de derecho, defensa de los valores constitucionales y de la convivencia, y todas las dems monsergas. Por lo dems, en el marco simblico y ritual en el que se mueven todas las democracias formales, es de todo punto imprescindible disfrazar como negociacin todas y cada una de las claudicaciones que el Trabajo, por obra de sus falsos representantes, ha venido haciendo al Capital en las ltimas dcadas.

Significativo en un grado sumo es el hecho de que las democracias formalmente consolidadas son los estados que conocen una mayor tasa de acumulacin y, que por ende, ese capital obeso y sobrante, a falta de poder ser exportado o aplicado en nuevas y ms amplias operaciones, sea detrado por la agencia del Estado y luego repartido por toda una corte de funcionarios paralelos y colaboracionistas, entre los que figuran los sindicatos principales en pie de igualdad con las confesiones religiosas, organizaciones caritativas y asistenciales, fundaciones recreativas y legitimadoras, y dems entes creados ad hoc para obtener trozos del pastel de reparto. Dicho pastel nunca se repartira de ser otras las condiciones de acumulacin de capital, y las posibilidades de transmigrar ese capital a otros destinos, especialmente a fines inversores, vale decir, productivos. Las sociedades avanzadas, se nos dice, van creando ms y ms necesidades que una vez satisfechas definen un modelo de bienestar de cotas infinitas y siempre inalcanzables. Los pases en vas de desarrollo en cambio han de cubrir unas carencias bsicas y estructurales, y por ende, estas asignaturas pendientes del hambre, miseria, violencia e inestabilidad debern cubrirse antes de destinar fondos a otro tipo de demandas que all an les parecen lujos. Pero esta visin esttica se ve en el marxismo como una descarada impostura alejada de la verdadera dinmica de explotacin del trabajo y de la transmigracin de plusvala de la periferia al centro que all se sufre. Esos pases pobres son ricos en ms de un sentido (natural, humano) y bajo el rgimen internacional de produccin capitalista son una fuente inmensa de plusvala que nunca redunda en beneficio de sus poblaciones locales. El problema no es sino su falta de apropiacin de sus riquezas, pues literalmente estas son expropiadas. Las organizaciones de trabajadores son dbiles verdaderamente en la medida en que denuncian abiertamente el abuso que las multinacionales y su criado, el estado, acometen en contra del pueblo nativo. Tanto la parte asalariada de la sociedad, susceptible de sindicarse, como aquella parte (indgena) que an se ve rechazada en el engranaje de la produccin capitalista por causa de una deficiente y desigual penetracin del Capital en aquellas regiones, carecen por completo de derechos asociativos y de movilizacin en numerosos casos. La implantacin de dictaduras o estados de excepcin ms o menos disfrazados, el ataque a los derechos civiles y, en general humanos, el terrorismo de estado y la mordaza del miedo a expresarse y sealarse son algunos de los sistemas empleadas para desorganizar la resistencia popular.



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