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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-10-2017

El juego de educar en el amor y la libertad

Ariel Dacal Daz
Cuba Posible


Una nia juega a ser maestra. Delante de algunas muecas y de un par de amigos, gesticula con un puntero improvisado. Vocifera que algo est mal y exige repetir la leccin. Cerca, mam y pap sonren con orgullo. As lo muestra la televisin. La educacin es un acto poltico permanente. La nia que juega a ser maestra ensaya, a travs de su conducta, valores. Est siendo educada y tambin educa.

La sociedad es un complejo y amplio sistema educativo que produce, reitera y naturaliza un tipo de orden, de relaciones y de funciones sociales. La sociedad es la matriz de su propio sistema educativo, compuesto por muchas instituciones, entre las cuales la familia, la escuela, la comunidad y los medios de comunicacin son las ms robustas.

La escuela ensea a los nios y las nias aportarse bien, a aprender las lecciones y a respetar a sus maestras y maestros. Para ello es respaldada por familiares que comparten ese sentido y lo refuerzan, y por la comunidad barrial, eclesial o de otra ndole, que premia a quienes responden a ese patrn y castiga a quienes no. En este ciclo se naturaliza que las cosas son as porque no podran funcionar de otro modo.

La escuela tradicional, de la que Cuba no se ha desprendido esencialmente, castra la creatividad innata, el ansia de descubrir como mtodo natural de aprendizaje. Mutila el juego, la alegra y el goce como forma de apropiarse de la realidad. El constante proceso de error/acierto, espiral del conocimiento humano, no est entre las esencias pedaggicas ms extendidas.

Esta escuela es unparqueadero de nios y nias, quienes deberan llevar al colegio solo la cabeza porque el resto del cuerpo es un estorbo. Bajen la cabeza; no miren para atrs, no se ran, hoy no tienen receso, van a ir para la escuela de conducta, no saben nada, todo lo hacen mal. Frases que, multiplicables en contenido y forma, son una letana indetenible.

La escuela tradicional es un tedio. Su funcin es fabricar obediencia y reprimir rebeldas. Es un lugar en el que la riqueza de lo diferente se empobrece en la homogeneizacin. Donde la diversidad es un dato y no un recurso para el aprendizaje. Donde todas y todos tienen que aprender lo mismo y al mismo tiempo. All las identidades se diluyen en un rango entre 60 y 100 puntos, y en el juicio dicotmico bruto/inteligente.

Una escuela que no forma en los valores que proclama. La solidaridad, el compaerismo, la cooperacin, el respeto al diferente, la aceptacin y la tica no germinan dentro de un orden escolar de obediencia, de autoridad parcelada, del temor como recurso y la desatencin a la experiencia de vida como fuente de aprendizaje.

Una escuela que evala resultados y no procesos. En la que aprender es reproducir frmulas matemticas, reglas ortogrficas y datos histricos que, por lo general, sirven bien poco por su desconexin de la vida cotidiana. Una escuela que adiestra en las preguntas y las respuestas y desactiva la propensin al porqu con la que las y los infantes reconocen el mundo.

Escuela que no se centra en educar las relaciones humanas desde el dilogo, el disenso, del pensamiento crtico, la mediacin de conflictos y la bsqueda de consensos. Tampoco en el significado y concrecin de la vida en comunidad, por lo que individualiza el saber y no condiciona la construccin colectiva de este.

As se obvia que la democracia, el poder y la justicia se aprenden en la prctica cotidiana, y que la escuela debe contribuir a que se ensaye la toma de decisiones, la eleccin y la gestacin de alternativas, individual y colectivamente.

Escuela tradicional en la que el orden y la disciplina no dan sitio a la ternura. No se prioriza ensear a expresar las emociones ni a gestionarlas. Tampoco se constituye en sentido educativo el cuidado de la felicidad y la alegra que genera la autoestima. Escuela donde no se apuesta por la responsabilidad que implica aprender a manejar la conducta.

Lo anterior no niega que cada septiembre traiga felicidad al abrirse las puertas escolares en cada rincn cubano. Las nias y los nios, con toda la ansiedad colocada en el pupitre, encuentran un stock de materiales que les espera y un colectivo de maestras que les acompaarn. Realidad posible por el principio poltico de que los apuros econmicos no nieguen al sistema escolar su carcter universal y gratuito. Condicin que tenemos que defender con las manos y con el alma.

Pero debemos ir ms all. Hemos de apostar por una revolucin pedaggica que haga ms pleno y sostenible el espritu liberador de la Revolucin. Que supere lo ya logrado, que lo enriquezca, que corra los lmites una vez ms.

Un sistema de educacin que contribuya a producir ciudadanos y ciudadanas sostenedores de la repblica con todos y para el bien de y todos. Sistema cuya funcin sea educar en y para la libertad, la democracia y la felicidad. Para el cual la relacin libertad, ternura y comunidad sea un principio constituyente.

Aspiremos a que la nia que juega a ser maestra sienta que podemos vivir sin saber logaritmos, pero no sin saber relacionarnos con los otros y las otras. Que estudiar no es un acto de consumir ideas, sino de crearlas. Que es ms libre la persona con capacidad de comprender que aquella que solo acumula informacin. Y que invite a la pedagoga del placer en el proceso de descubrir la verdad.

Comprendamos que la solidaridad, la aceptacin, la cooperacin, la humildad y el amor, como hbitos de vida, son aprendizajes que exigen su propia estructura social para reproducirse. Aspiremos, entonces, a un sistema de educacin que asuma la escuela, la familia, la comunidad y los medios de comunicacin como espacios de creacin de la vida plena, digna y tierna que ha de sustentar la sociedad humana. Llammosle socialismo, Reino de Dios o como nos parezca. Espacios educativos donde se explaye el precepto de que se educa en el amor amando y en la libertad liberando.

Fuente: http://cubaposible.com/juego-educar-amor-la-libertad/



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