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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-10-2017

De vuelta al 78

Santiago Alba Rico
Ctxt

La crisis catalana ha cerrado la ventana de oportunidad que las fuerzas de cambio no haban sabido mantener abierta en Madrid


El mejor de los casos se ha dejado hace tiempo atrs y probablemente nunca se hubiera dado: me refiero a un referndum pactado entre la Generalitat y el Estado espaol. En el peor de los escenarios, que es aquel en el que nos encontramos, lo mejor que podra pasar es que se produjera una desescalada a la gallega, a base de preguntas sincopadas, sin saber si hay o no independencia ni si se ha aplicado o no el 155, de ambigedad en ambigedad, hasta dejar lo sucedido en una nube mientras se negocia una mala solucin --siempre mejor que una guerra-- a instancias de la UE y a espaldas, como siempre, de la voluntad de los ciudadanos, catalanes y espaoles. No es seguro que ocurra ni siquiera esto. Hemos visto a Rajoy hacer con el dilogo lo mismo que a Puigdemont con la independencia, proclamarlo y suspenderlo al mismo tiempo, y los medios de comunicacin con ms audiencia, como serenamente denunciaba Aitor Esteban en el Parlamento, no dejan de empujar y empujar hacia el pasado: Hasta la cabra de la Legin huele a libertad, titulaba El Mundo una crnica sobre el desfile militar del 12 de octubre.

Rajoy ha ganado ya en Espaa. Ha fertilizado la amnesia espaola con veneno patriotero en el nico pas de Europa en el que no hace falta ser antifascista para ser demcrata y en el que, an ms, el antifascismo se criminaliza como radicalismo antisistema. Rajoy est logrando construir una mayora social espaola desde el --hasta ahora-- minoritario discurso ultraderechista, dejando a un lado, invisible e interrumpido, el proceso de cambio que se inici el 15-M. Ha recuperado al dscolo Pedro Snchez y su PSOE de izquierdas, de vuelta al redil del rgimen, para una previsible restauracin consensuada y sin resistencias. Y hasta ha sacado al rey de su sombrerera para regaar y amenazar a la mitad de Espaa. Es un genio. Apoyndose en la Catalunya justamente insurrecta, torpemente insurrecta, est volteando la situacin a favor del PP, que estaba contra las cuerdas. La maniobra est siendo tan brutal --ha comprometido hasta tal punto todos los palillos ocultos del rgimen del 78-- que en la prxima crisis caern todos juntos y de golpe, incluida la monarqua. Pero para eso faltan --otra vez-- unos cuarenta aos.

Es verdad que la aceleracin que estamos viviendo es, adems de poltica, tecnolgica, de manera que ningn acontecimiento deja ya rastros demasiado duraderos ni es posible establecer cadenas estables de causas y efectos. Podramos --s-- olvidar todo lo ocurrido junto con los tuits de ayer y ver volar de nuevo la indeterminacin cuntica en una direccin inesperada. Puedo, pues, equivocarme, pero me temo que, contemplado el mundo desde esta ventanita, hemos perdido una oportunidad histrica. La crisis catalana ha cerrado la ventana de oportunidad que las fuerzas de cambio no haban sabido mantener abierta en Madrid. La correosa versatilidad del bipartidismo, unida a los errores de Podemos en el Estado y de las CUP en Catalunya, han abortado dos procesos de ruptura que, concebidos en paralelo, se contrarrestaban recprocamente. Espaa no ser refundada en las prximas dcadas; Catalunya no ser independiente en las prximas dcadas.

Dir algo de Podemos al final. Permtaseme decir ahora dos palabras sobre las CUP. Colectivo muy plural y heterogneo, nadie podr negar que es la nica fuerza que cree realmente en lo que hace, la ms coherente, la que mejor se cie a sus principios y la que, incluso cuando se ha dejado llevar por un contradictorio tacticismo, nunca ha olvidado su objetivo. Cul es ese objetivo? Luis Mara Ansn, el perspicaz dinosaurio, se lo explicaba hace unos das a esos compaeros derechistas que, desde el nacionalismo espaol, proyectan su identitarismo sobre el independentismo cataln: para las CUP el nacionalismo es slo una forma de acelerar la revolucin. El dolido, hermoso, sereno y combativo discurso de Anna Gabriel en el Parlament tras la independencia burlada de Puigdemont no se prestaba a ambigedades: las CUP quieren restablecer en Catalunya --pues slo lo ven posible en ese territorio-- la Repblica que Franco rob a toda Espaa. Quieren una revolucin y no una patria; y ven en la idea de patria, tan movilizadora e inflamable, el vehculo para una gran transformacin econmica, social y cultural. Muchas risas ha suscitado la alusin de Gabriel a una independencia sin fronteras, una frmula que, sin embargo, resume muy bien el programa, nada risible, de las CUP: a partir del territorio cataln aspiran a independizar (del capitalismo y sus miserias) todos los territorios del mundo.

Siento tanto respeto por este propsito y tanto cario personal por muchos de sus componentes --me he equivocado tantas veces-- que slo con cautela me atrevo a decir que las CUP han pecado de ingenuidad al creer que convena, que la coyuntura exiga, que su propio poder les permita dejar de ser libertarios para hacerse leninistas. Han pecado de ingenuidad --es decir-- al dejar de ser ingenuos. Tenan razn quizs en desconfiar de los procesos rupturistas abiertos en el Estado y nadie les puede reprochar que intentaran su propia andadura para quebrar el rgimen herido desde Catalunya. Al mismo tiempo consiguieron tantas veces desde su minora parlamentaria imponer su discurso al rgimen del 78 cataln, ahora en pugna con su variante espaola, y doblaron tantas veces el pulso a los partidos burgueses catalanes que se convencieron con contagioso entusiasmo de que podan forzar la situacin en el Parlament y movilizar ms y ms gente en la calle para forzar tambin una derrota del Estado. Creo que el presupuesto de partida --el de que s es posible una ruptura revolucionaria desde Catalunya-- era ilusorio; y que esa ilusin fue engordando a medida que su leninismo contradictorio fue dando resultados, creciendo y autoalimentndose de su propia eficacia inmediata, en la poltica y en la calle, y ello hasta que el imposible referndum, la violencia de todo tipo por parte del Estado y el pragmatismo obligado (y me atrevo a decir que honrado) de Puigdemont no slo han dejado claro que se no es el camino hacia la repblica catalana y la gran transformacin social anhelada sino que por ese camino se cierra del todo tambin la posibilidad --incierta y ya muy rebajada-- de ruptura desde el Estado: el nico fulcro desde el que, en esta Europa postrevolucionaria e insensatamente estable, se puede desplazar --si se puede-- la relacin de fuerzas poltica (como slo desde el municipalismo, matriz de las CUP, se puede alterar la relacin de fuerzas social y cultural). Espaa es hoy ms Espaa y menos Democracia; y Catalunya, polarizada, movilizada y frustrada, tambin amenazada, sigue entre sus redes.

Es verdad que el rgimen est descomponindose; pero es verdad tambin que est recomponindose. Como ha demostrado Rajoy, no le importa tener un problema en Catalunya. Todo lo contrario. Puede ser muy funcional a la hora de terminar la segunda transicin de forma muy parecida a como se termin la primera. Se dan ya todas las condiciones para una restauracin del bipartidismo casi clnica respecto del final del franquismo: en un ambiente de miedo, tensin y polarizacin, con brazos en alto en las calles y represin policial selectiva, con una mayora social asustada y espaolizada y una Catalunya vasquizada, con un PSOE una vez ms claudicante y pantanoso, un rey partisano que defiende su patrimonio y unos medios de comunicacin beligerantes, se ha establecido, s, el marco perfecto para prolongar la constitucin del 78 mediante una reforma de consenso que impida durante otros cuarenta aos una verdadera reforma, la que desde el 15M mucha gente peda y que en algn momento pareci no slo imaginable sino tambin posible.

El 15M empez en Madrid y ha acabado en Catalunya? No hay ninguna posibilidad de recuperar la potencial mayora quincemayista, felizmente desmemoriada, que hoy el PP y Cs, con la imprescindible complicidad del PSOE, rememoriza hacia la derecha o vuelve invisible e inaudible? Creo que, en medio de tantos naufragios de buenas intenciones y tantos disparates paralelos, la nica que ha sabido mantener una posicin sensata y adems comunicarla ha sido Ada Colau. No estoy muy seguro de que no quede sumergida en el oleaje venidero, desprestigiada en Espaa y ninguneada en Catalunya. Pero cabe tambin la posibilidad de que acabe catalizando todas las decepciones y todas las corduras: desde su posicin institucional ha sabido moverse entre Scila y Caribdis con pie firme, voz serena y radical sensatez para proponer en positivo un proyecto para Catalunya. Eso es lo que le ha faltado en Espaa a Podemos, cuyos portavoces han aparecido siempre a los ojos de la opinin pblica ms como defensores izquierdistas del procs que como portadores afirmativos de una propuesta programtica dirigida a todos los espaoles y erguida de manera simultnea frente a Rajoy y frente a Puigdemont. Lo tena y lo tiene muy difcil, es verdad, pero la solidaridad sin pedagoga, la denuncia sin proyecto, la rememorizacin paralela sin patriotismo alternativo han hecho envejecer un poco ms al partido de Pablo Iglesias, condenado --cuando ms lo necesitamos-- a un papel regan marginal en el nuevo viejo rgimen en recomposicin.

Se est perdiendo todo tan rpidamente como se gan. El ejemplo de Ada Colau debera servir para entender que la nica va que le queda al bloque de cambio, tambin incierta, es necesariamente conservadora: conservar las plazas conquistadas a nivel municipal, convertirlas en modelos o maquetas de buen gobierno y tratar de ampliar su radio --en sucesivos crculos concntricos-- a la escala autonmica. Ojal quede un intersticio por el que colar esa lucecita; ojal no nos pongamos, como siempre, a soplar las velas.

Santiago Alba Rico Es filsofo y escritor. Nacido en 1960 en Madrid, vive desde hace cerca de dos dcadas en Tnez, donde ha desarrollado gran parte de su obra. El ltimo de sus libros se titula Ser o no ser (un cuerpo). @SantiagoAlbaR

Fuente: http://ctxt.es/es/20171011/Firmas/15577/restauracion-monarquia-ctxt-catalu%C3%B1a-15M-alba-rico-psoe-cup.htm 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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