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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-10-2017

Entrevista a Philippe Corcuff, socilogo, acadmico y profesor de universidad de Ciencias Polticas en el Instituto de Estudios Polticos de Lyon
Y si el capitalismo se alimentara en parte de nuestra creencia sobre su fuerza?

Diana Cordero
Kaosenlared


Kaosenlared estuvo con Philipe Corcuff durante sus presentaciones en Buenos Aires y logramos entrevistarlo Provocador, lcido, subvirtiendo las miradas y los conceptos que tendemos a aceptar y asimilar como ciertos o normales. Como dijo Philippe Volviendo a la pretendida adhesin de las grandes masas al capitalismo, yo cambiara el punto de vista. La gran mayora de las personas en nuestras sociedades no se presentan adheridas al capitalismo sino que viven dentro de l. Y es ms, existe una tendencia a fatalizar la existencia, siendo a la vez crtico. Todo un desafo transitarlo.

 

Kaosenlared: Como socilogo, acadmico y profesor de universidad de Ciencias Polticas en el Instituto de Estudios Polticos de Lyon, como ves el compromiso social de los intelectuales franceses?

Empec a militar en una organizacin poltica en el instituto a los 16 aos y fui a mi primera huelga a los 13, por lo tanto, fui militante mucho antes de entrar en la academia. Llevo ya un bagaje de cuarenta aos de militancia y treinta aos en la investigacin universitaria, desde que comenc mi tesis en Sociologa en 1985 sobre la etnografa de un sindicato ferroviario. Desde esta doble lnea de accin, entiendo la relacin entre ambas luchas, la acadmica y la poltica, como una dualidad con intersecciones e interacciones entre ellas. Eso si, mi compromiso social no depende completamente de mis intereses intelectuales, y an menos de mi estatus acadmico. Esto hace que en muchos aspectos sea un militante ms. En el sentido contrario me pasa lo mismo, mis investigaciones no dependen en exclusiva de mi compromiso social. No obstante, se crean zonas hibridas donde mis conocimientos acadmicos se mezclan con mis reflexiones como militante y viceversa.

De este modo, es importante no caer en el modelo de intelectual que aporta a las masa alienadas la verdad desde el exterior, como una vulgata leninista. O en el del intelectual marxista que integra todo en un gran bloque coherente (partido, programa, filosofa y ciencia), sin tener en cuenta la polifona de los individuos y de la vida en general, atravesadas ambas por sus propias tensiones. Tampoco es buena la instrumentalizacin militante de los saberes universitarios, dejando de lado el rigor cientfico. Desde mi punto de vista, la tensin entre estas dos ticas es vital, ya que es tentador para un pensador ver todo compromiso poltico como una amenaza a la rigurosidad intelectual, al igual que para un militante entender el posicionamiento acadmico peligroso para los movimientos sociales. Se debe, pues, tener en cuenta que estos dos riesgos han estado siempre presentes en la historia y que, en definitiva, no hay una solucin mgica ms all de una prctica que asuma las tensiones de las diferentes lgicas. Es lo que Pierre-Joseph Proudhom, uno de los pioneros del anarquismo, llamaba el equilibrio de los contrarios, como contraposicin al ilusionismo de superacin armnico y definitivo de las contradicciones, de inspiracin hegeliana.

Kaosenlared: Qu te llevo a militar en una organizacin libertaria como es la Federacin Anarquista francesa?

Comenc a militar en 1976 en las Juventudes Socialistas y en 1977 en el Partido Socialista, o sea, en el sector social-demcrata del movimiento obrero que tras la estela de 1968 vivi una renacimiento con un discurso anticapitalista. Yo simpatizaba con la corriente de izquierda marxista y autogestionaria. Una de los referentes ms importantes para mi desde mis comienzos ha sido Rosa Luxemburgo. De hecho, a nuestro grupo de las Juventudes Socialistas en el instituto de Burdeos le llamamos Grupo Rosa Luxemburgo. Abandon el Partido Socialista en 1992 cuando marchit todo espritu de cambio interno por el que yo luch desde 1983, contra el giro neoliberal de la poltica del presidente socialista Franois Mitterrand. La social-democracia ya no era ni siquiera reformista, en el sentido de encarnar una va parlamentaria y progresista de salida del capitalismo. En ms, sta participaba en la contra-revolucin neoliberal causante de la desarticulacin del Estado social que haba simbolizado la social-democracia europea a partir de la Segunda Guerra Mundial. En este sentido, mi trayectoria militante es inversa a la de muchos intelectuales de mi generacin e incluso de la generacin anterior, la del 68, ya que he ido acercndome cada vez ms a la izquierda. Siendo consciente de los desafos ecolgicos, milit un tiempo en el Partido Ecologista (Verts). Luego, sin ser marxista, me afili por pragmatismo a una organizacin troskista, la Liga Comunista Revolucionaria (LCR) y ms tarde particip en la creacin del Nuevo Partido Anticapitalista (NPA).

Yo dej de ser marxista, estrictamente hablando, tras mi encuentro con el socilogo Pierre Bordieu en los aos 80, aunque Marx sigui siendo muy importante para mi como gran terico de la critica social que es. Sin embargo, en aquella poca (1998) la LCR estaba muy integrada en los movimientos sociales dinmicos e intentaba dejar atrs sus orgenes trotskistas, con una ambicin ms amplia y plural, incluyendo en sus filas sensibilidades libertarias. Tambin por entonces, me hice muy amigo de una de las principales figuras intelectuales de la LCR, Daniel Bensad. Ms all de la gran humanidad de Daniel, enfermo de SIDA y a menudo cercano a la muerte, lo cual le atribuy una sensibilidad especial, lo que ms me atraa de l no eran sus ideas trotskistas sino sus exploraciones herticas, como en la filosofa melanclica de la historia, entre marxismo y judasmo, de Walter Benjamin. A partir de entonces, las referencias anarquistas empezaron a ser ms relevantes en mi pensamiento.

Aun con todo, la creacin del NPA en 2009 estaba abocada al fracaso ya que el partido estaba divido entre un sector electoralista, de integracin en las instituciones representativas de carcter profesional, y otro de ideologa izquierdista, sin incidencia social en la realidad. As pues, en febrero de 2013 sal de all para unirme a la Federacin Anarquista (FA), concretamente al grupo departamental de Gard-Vaucluse. Por otro lado, desde los ltimos aos de 1990 soy miembro del consejo cientfico de Attac en Francia, ligado al movimiento antiglobalizacin.

Efectivamente, mi recorrido no es tpicamente anarquista. He podido ver de primera mano los limites de la izquierda social-demcrata, del institucionalismo de la ecologa poltica y de la izquierda radical trotskista. As que se puede decir que ha sido el pragmatismo lo que me ha llevado hacia el anarquismo, debido al razonamiento lgico de estos limites enumerados. Con esta evolucin empec a privilegiar un anarquismo pragmtico que fui construyendo gracias a diversos pensadores clsicos (como Proudhon, Marx, Bakounine o Rosa Luxemburgo) y otros contemporneos (como Emmanuel Levinas, Michel Foucault, Pierre Bourdieu o John Holloway). Esta ideas tomaron forma en mi libro publicado por Editions du Monde Libertaire en 2015 : Enjeux libertaires pour le XXIe sicle par un anarchiste nophyte. (Desafos libertarios del siglo 21 para un joven anarquista).

Kaosenlared: Tras todas estas experiencia y reflexiones, para ti cual es el sentido actual del pensamiento anarquista?

Primeramente, hay algo que las lgicas llamadas reformistas y revolucionarias clsicas llevadas a cabo a lo largo de siglo XX nunca pensaron, y ante lo cual los libertarios han desarrollado histricamente una lucidez particular : es decir, las distintas formas de acumulacin de poder por parte de los grupos reivindicadores de emancipacin. Esto contribuy a la creacin de oligarquas soft, por medio de lgicas parlamentarias social-demcratas, que Cornelius Castoriadis llamaba oligarquas liberales, muy distantes de los ideales demcratas radicales, y por otro lado tambin ayud a la creacin de otras oligarquas hard, totalitarias, con las distintas variantes del estalinismo. Si las corrientes social-demcratas y las leninistas-estalinistas del movimiento obrero han defendido durante largo tiempo la auto-emancipacin, a la manera que fue presentada en la Primera Internacional escrita por Marx y aprobada por los libertarios : la emancipacin de los trabajadores ser obra de los trabajadores mismos, ambas ideologas han abandonado esta mxima por el camino. De hecho, muchas de las corrientes de la izquierda radical europea continan hoy da con esta practica. Se ha pasado disimuladamente del verbo pronominal emanciparse, respecto a la auto-emancipacin, al verbo transitivo emancipar a, por otros, por una nueva tutela.

Las corrientes anarquistas han sido y siguen siendo las que ms claramente se han afrontado a esta deriva tutelar del concepto de emancipacin, aunque no han sido las nicas, pensemos tambin en el luxemburguismo o en el consejismo. De este modo, en el momento actual, en el cual los dos sectores que han dominado el movimiento obrero durante el siglo XX, social-democracia y comunismo, estn en gran medida deslegitimados, la opcin libertaria toma una valor particular. Es ms, con el reconocimiento de las diversas formas de dominacin (clase, gnero, raza, heterosexual, productivista, etc.), como de los distintos movimientos sociales que las combaten, el pluralismo libertario deja ver otra pertinencia, ya que esta pluralidad es al mismo tiempo una critica a la realidad socio-histrica, a los movimientos sociales y al proyecto de sociedad alternativa. Ya no es posible admitir la temtica marxista de la determinacin en ltima instancia del conjunto de relaciones sociales por la contradiccin capital/trabajo, ni sus consecuencias polticas, por medio de una jerarquizacin de las luchas separadas en principales y secundarias. Las convergencias entre las luchas se deben articular entre los actores mismos y no siguiendo una arquitectura terica, vista como objetiva, de lo principal y lo secundario. Esta arquitectura terica, al igual que la de la ltima instancia, impone una suerte de transcendencia a las luchas, supuesta y encarnada en El Partido, constituyendo, en cierto modo, un estatismo en los movimientos emancipadores.

Sin embargo, no pienso que haya que dejarse llevar hacia una inmanencia pura de las situaciones, en lo que sera una dinmica que apostara principalmente por la espontaneidad. Es necesaria una memoria crtica, nacida de las experiencias pasadas, negativas y positivas, as como referencias establecidas que sirvan de orientacin. stas podran ser las nociones de emancipacin y auto-emancipacin, el valor del pluralismo o el carcter deseado de las convergencias de lucha con otras diversas dominaciones. Por eso yo prefiero hablar ms bien de inmanencia con cabeza (immanence boussole).

Y para terminar, una ltima gran pertinencia del anarquismo en la actualidad sera la cuestin de la individualidad. En las sociedades individualistas-capitalistas contemporneas, la inquietud de la individualidad propia a ocupado un gran espacio. Los individuos son ante todo individualizados, segn el anlisis del socilogo Norbert Elias. En el marco capital/mercado, esto provoca una frustracin y un sufrimiento a nivel ntimo, sumado a otras diversas distorsiones. La fase neoliberal y neoempresarial del capitalismo a agudizado este problema con la competitividad generalizada entre individuos. Por lo tanto, uno de los puntos centrales de la accin anticapitalista debera ser sintonizar con las aspiraciones y las heridas de las individualidades contemporneas. No obstante, en las corrientes predominantes del movimiento obrero ha predominado a largo del siglo XX (el siglo XIX fue mucho ms abierto en este punto de vista) lo que yo llamo un programa colectivista, o sea, grosso modo, la izquierda estara en el lado del colectivo y la derecha y el capitalismo en le lado de lo individual. Ahora bien, a menudo los anarquistas han esquivado esta tendencia, poniendo en relacin individualidad y solidaridad, de ah el valor de actualidad en este tema. Cierto es que las corrientes comunistas libertarias, bajo la influencia de los marxistas, han podido en algunos casos marginalizar la cuestin de la individualidad, y las corrientes ultra-individualistas vinculadas a Max Striner olvidar la importancia de la solidaridad. Pero pienso que el corazn de las corrientes anarquistas ha estado siempre a la bsqueda, con sus dudas y conjeturas, de una relacin entre individualidad y solidaridad, alrededor de lo que yo llamo hoy da individualismo asociativo y solidario.

Para una mejor relacin entre los opcin libertaria y los desafos acerca de la individualidad actual, yo propongo una nocin extrada de Marx, de Proudhon y de las ciencias sociales contemporneas en general: contradiccin capital/individualidad. Cmo se puede formular esta contradiccin del capitalismo? Se podra afirmar que el capitalismo contribuye a alimentar el individualismo contemporneo, pero sin embargo, la estimulacin del deseo de realizacin personal limita y trunca finalmente las individualidades por medio de la mercantilizacin y la especializacin del trabajo. De este modo, el sistema capitalista engendra aspiraciones de auto-realizacin y de reconocimiento personal a los que no puede satisfacer por la lgica del beneficio y es aqu dnde la repuesta libertaria debe hacer frente a esta contradiccin, con la idea de individualismo asociativo y solidario.

Kaosenlared: La profesionalizacin de la poltica es una realidad imperante por doquier, Crees que an queda lugar para la accin poltica alternativa? Y, debe definirse sta como no institucional o incluso anti-institucional?

La profesionalizacin de la poltica se ha generalizado en todo el mundo y se ha hecho ms imperante all donde ya exista, extendiendo por amplios sectores de la izquierda radical sus seducciones realistas y pragmticas. Pero la crtica a la profesionalizacin de la poltica y a los lmites de las instituciones representativas tambin se han hecho ms grande. Para cambiar la realidad hay que ser consciente al mismo tiempo del peso de la instituciones representativas profesionalizadas; pero tambin de sus fragilidades y de su deslegitimacin, ya que existe una contradiccin estructural entre los ideales democrticos y estos regmenes representativos profesionalizados. Esta contradiccin estructural se presenta como incentivo para los movimientos emancipadores. Pero como digo, esto se produce si somos capaces de ver ms all de la manipulacin, de la propaganda o de la alienacin de los sectores dominantes.

Las expresiones accin poltica no institucional o anti-institucionalismo son cuestionables, ya que alimentan el prejuicio segn el cual los sectores ms radicales a favor de la emancipacin, o sea los anarquistas, se oponen a las instituciones y por ende se posicionan en el marco del desorden y la desorganizacin. De este modo y bajo esta premisa, se tiende a elegir pragmticamente a la izquierda radical que participa en las instituciones dominantes, encontrando el pensamiento anarquista como algo simptico pero sin efecto. Pero al contrario, yo defiendo un anarquismo pragmtico e institucional, menos simptico y ms presente en la realidad: Por un lado, pragmtico en el sentido en que se trata de extraer los efectos emancipadores, individuales y colectivos, como en los anarquistas clsicos (Proudhon, Bakounine, Kropotkine, Durruti, etc.). Esto supone romper con el anarquismo identitario, que abandona la idea de pensar la realidad, admitiendo implcitamente su marginalizacin social, contentndose con exhibir un postulado anarquista individualista y colectivista de rebeldes y vestidos de negro, para ser ms exactos. Por otro lado, institucional ya que se trata de romper con las instituciones dominantes, basadas en las relaciones de dominacin y en un verticalismo representativo en beneficio de las propias instituciones. Como apunta el socilogo Luc Boltanski en uno de sus trabajos, necesitamos a las instituciones en un sentido semntico, pues nos proporcionarn las referencias compartidas y revisables necesarias para organizarnos en las zonas comunes de las sociedades humanas. Adems, como lo muestran los trabajos del socilogo Robert Castel, los progresos de la autonoma individual moderna han supuesto un apoyo social. De este modo, las instituciones solidarias (seguridad social, sistema de pensiones, etc.), a pesar de su burocratizacin y de sus limites, constituyen un apoyo en la construccin de una vida ms autnoma ante la enfermedad, el envejecimiento o el paro.

De hecho, estas instituciones solidarias son las que ms estn siendo atacadas por la economa neoliberal en la actualidad y por lo tanto los pocos derechos ganados de autonoma individual. Para Castel, contrariamente a la visin liberal (y neoliberal) o a la de Stirner, la autonoma de las personas no es un hecho natural sino el resultado de un proceso socio-histrico reversible. Por lo tanto, necesitaremos esta doble acepcin de la institucin (Boltanski/Castel), pero no necesariamente del Estado, en el sentido estatista de integracin del conjunto de las instituciones alrededor de un nico eje vertical y jerrquico. Las instituciones no deben conectarse a un eje vertical nico sino desarrollar relaciones horizontales y verticales variadas y variables. Adems, esto no anulara toda lgica representativa, dejando abierta esta va en forma de delegacin, ya que no todo el mundo desea ocuparse de todo en todo momento. Eso si, esto implicara formas de verticalidad temporal pero bajo el control de relaciones horizontales. Los discursos del izquierdismo que se centran en la democracia directa solamente, bajo el paradigma de horizontalidad total, olvidan las complicaciones del anti-estatismo institucional.

Si los anarquistas quieren construir una alternativa al callejn sin salida que representa la va llamada reformista y revolucionaria dominante en siglo XX, dejando de lado los mrgenes identitarios de bajo impacto en la realidad, deberan alimentar primeramente un imaginario institucional alternativo al capitalismo y al estatismo antes que auto-definirse como no institucionales o anti-institucionales.

Kaosenlared: Ante el fracaso de estas vas llamadas reformistas y revolucionarias para salir del capitalismo, los movimientos de rechazo a la clase poltica han tenido un gran desarrollo en los ltimos aos. No obstante, stos tienden a ser reintegrados por nuevos partidos que reactivan un ilusionismo, en cuanto a los cambios sociales se refiere, de las vas institucionales dominantes. Cmo pueden las fuerzas realmente radicales, y particularmente las libertarias, hacer frente a esta tendencia?

Efectivamente, con el ejemplo de Podemos en el Estado espaol y, ms recientemente, con el de la France Insumise en el francs, aparecen de nuevo en el circuito de las instituciones representativas y profesionales dominantes las aspiraciones democraticas radicales, producindose una domesticacin de la radicalidad democrtica en los movimientos sociales de los ltimos aos. Las ideas inspiradas en el pensamiento poltico de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe sobre el populismo de izquierdas dan una legitimidad intelectual a la valoracin del lder en la construccin del pueblo. Esto crea una gran paradoja bajo un marketing de lo nuevo. Yo mismo he visto a partidarios de una democracia directa ante todo, ceder ante el liderazgo de la lgica electoralista. La sociologa contempornea nos muestra la pluralidad del individuo y no es necesario juzgar de traicin y de alineacin militante, ya que hay tensiones que debemos tener en cuenta y que atraviesan de una forma u otra nuestras vidas en funcin del contexto. De igual modo ocurre entre las aspiraciones democrticas o entre el rechazo y la necesidad de delegar.

El caso espaol y el francs son diferentes en algunos aspectos. En el Estado espaol, hubo un movimiento de ocupacin de las plazas tras el 15M, los llamados indignados en Francia, y una sucesiva creacin, todava presente, de formas de auto-organizacin. Es ms, dentro de Podemos hay una presencia de izquierda radical leninista y otra Anticapitalista, equivalente a lo que ocurren en el LCR-NPA en Francia. De este modo, el caso espaol es ms variopinto y revela algunas contradicciones, aunque la posicin dominante parece bien orientada hacia el institucionalismo poltico clsico alrededor del lder carismtico Pablo Iglesias. El libro escrito por los dirigentes de Podemos, inspirado en serie de tv americana Games of Thrones, deja ver la pobreza de su imaginario poltico, focalizado en la conquista del poder por representantes nombrados por el pueblo 1. El caso francs es ms obtuso, ya que no cuenta con una experiencia masiva de auto-organizacin, ms all de la frgil y efmera Nuit debout. El nuevo movimiento de la France Insoumise ha sido constituido por su lder, Jean-Luc Mlenchon (ex ministro del Parti Socialiste (PS) y uno de los ms viejos profesionales de la poltica en la izquierda) para la campaa electoral de la presidencia del pas.

Las corrientes radicales y libertarias han tenido tambin una responsabilidad en esta dinmica de recuperacin poltica de las aspiraciones radicalmente democrticas, ya que no han sido capaces de encarnar una alternativa frente a la apropiacin poltica. Contentndose con el grito de traidores, traidores, no slo se deja ver un anlisis errneo de la complejidad del proceso, sino que adems no permite influir en la realidad, mostrando una irrisoria identidad de la rebelda. Por lo tanto, la crtica de las apropiacin poltica debe hacerse bajo una reorganizacin del imaginario institucionalista alternativo. La critica de Podemos y de la France Insoumise tiene que ser pragmtica ante todo, dejando ver sus limites desde el punto de vista de la experiencia y no solamente por la traicin de los ideales.

Kaosenlared Cuales serian entonces los problemas ms urgentes a explorar intelectualmente en esta perspectiva de un anarquismo pragmtico?

Hay algunos ajustes significativos que se deben hacer con el objetivo de desbloquear los automatismos intelectuales que frenan la reinvencin de un anarquismo pragmtico, bajo la necesidad de una renovacin del pensamiento libertario en funcin de los desafos y de las experiencias contemporneas. Voy a poner un ejemplo: la tendencia izquierdista de poner lo ms positivo del lado de la efervescencia social (surgimiento de un movimiento social, insurreccin, eventos revolucionarios, etc.) y lo ms negativo del lado de lo institucional. Encontramos diferentes variantes de esta diferenciacin a lo largo de la historia de las ideas contemporneas: en Jean Paul Sartre y su Critica a la razn dialctica (1960), ms recientemente en Antonio Negri y Michael Hardt o en la corriente del insurreccionalismo francs del Comit Invisible, nos amis (2014). Desde un punto de vista anlogo, es como si slo nos quedramos con los momentos pasionales como nico eje deseable en las polifonas del amor, desvalorizando otras modalidades de las conexiones y de las intensidades amorosas, familiares o pasajeras, y rebajndolas a lo rutinario. La visin que uno de los pensadores radicales de la democracia, Cornelius Castoriadis, tiene sobre este aspecto es ms dialctica e interesante: la sociedad instituida no se opone a la sociedad instituyente como el producto muerto de la actividad que la hace posible: ella ms bien representa lo fijo/estable relativo y transitorio de las formas/figuras en las cuales solamente el imaginario radical puede hacerse social-histrico 2

Kaosenlared: Los movimientos anticapitalistas insisten a menudo en la fuerza del capitalismo. Por el contrario, en tu ponencia dentro del Seminario Internacional Zapatista de mayo del 2015 dedicado a El pensamiento crtico frente a la hidra capitalista, tu ponas el acento en las fragilidades del sistema3. Podras explicar esta paradoja?

Por supuesto. Hace dos siglos que los movimientos sociales y polticos nacen en la una perspectiva de destruccin del capitalismo y a fin de cuentas, esta tentativa ha fracasado. El capitalismo sigue vivo, incluso ms fuerte, siendo la forma socio-econmica dominante en el mundo. Y aunque se encuentra en crisis ste sigue siendo igual de arrogante. Es cierto que las capacidades histricas de metamorfosis del capitalismo se muestran sorprendentes. De hecho, el sistema consigue alimentarse de sus crticas. Esto ha sido objeto de estudio en Francia por socilogos como Luc Blotanski y Eve Chiapello en su obra de 1999 Le nouvel esprit du capitalisme. El neoempresalismo de los aos 1990 integr elementos de protesta del 68 al capitalismo, pero en un sentido inverso, relanzando y haciendo ms fluida la lgica del beneficio.

Sin embargo, insistiendo en la fuerza del capitalismo, en lo que concierne a su tendencia de apropiarse todas las resistencias, inexorablemente, no es cierto que de algn modo todos contribuimos simblicamente a fortalecer el capitalismo que combatimos. Y si el capitalismo se alimentara en parte de nuestra creencia sobre su fuerza? Esto producira una forma de fascinacin paralizante, multiplicando las presiones capitalistas reales sobre nuestras vidas y afectando a las resistencias con un regusto fatalista. Esta pista es la que he intentado seguir, volviendo a la nocin de las contradicciones de Marx, es decir, a las zonas de debilitamiento que abren posibilidades de emancipacin. El capitalismo sera entonces considerado una dinmica no homognea, ni completamente coherente, lleno de agujeros por donde seria posible extraer emancipacin. Yo he trabajado sobre cuatro grandes contradicciones del sistema capitalista, que dejan ver fragilidades potenciales:

-La contradiccin capital/trabajo, analizada por el marxismo clsico. -La contradiccin capital/individualidad, a la cual he hecho referencia anteriormente. -La contradiccin capital/naturaleza, objeto de estudio de los eco-socialistas. -La contradiccin capital/democracia, donde se han centrado sobre todo el movimiento antiglobalizacin.

A estas cuatro zonas de fragilidad del capitalismo, habra que aadir los modos de opresin irreductibles al sistema, que interactan con el mismo, como son la opresin a las mujeres, la opresin racista-postcolonial o el heterosexismo. Ahora bien, estas fragilidades estn en el mbito de lo potencial hasta que no se politizan. Tomando la dualidad potencia/acto de la filosofa griega aristotlica, estas fragilidades existen en potencia y deben convertirse en actualizadas. Pasar por una accin y un lenguaje polticos, para volverse efectivas.

En definitiva, para construir una respuesta generalizada al capitalismo, hay que trabajar las convergencias entre los combates en los diferentes terrenos en los que estn presentes estas contradicciones.

Kaosenlared: A pesar de todo, aunque como demostr Marx, el capitalismo es un sistema que se desarrolla solamente agotando al mismo tiempo las dos fuentes de las cuales brota toda riqueza, la tierra y el trabajador, ste parece continuar contando con el apoyo de las grandes masas. Qu opinin te merece esta realidad?

La adhesin de las grandes masas al capitalismo, llevado a cabo por el control de las mentes a manos de la medios de comunicacin dominantes y en un sentido ms amplio, por la alienacin, me parece una mitologa demasiado instaurada en los mbitos militantes radicales, quienes, con una imagen reluciente de rebelde, se posicionan a parte. Creo que la focalizacin militante sobre la propaganda meditica, tomando una expresin de Noam Chomsky, constituye un impasse, ya que los anlisis crticos ms estimulantes acerca de los medios, como el de una de las figuras iniciadoras de los estudios culturales y marxista hertico, el britnico Stuard Hall, ponen en duda esta tendencia. Hall ha puesto por lo menos dos cosas en evidencia en relacin a la televisin:

1) En el marco de la lgica capitalista, habran un margen en la produccin de los mensajes, dando lugar a espacios crticos debido a una relativa autonoma profesional en los diferentes oficios y participantes. 2) El cdigo del mensaje en la lgica de los estereotipos dominantes deja abierta unas brechas con la descodificacin llevada a cabo por los telespectadores.

Tras el impulso de los estudios culturales britnicos, desde los aos 80 se han generado estudios sistematizados de recepcin de la televisin. Segn los resultados de estas investigaciones, los telespectadores tienden a filtrar los mensajes que reciben (en funcin del grupo social al que pertenecen, del gnero, de la generacin, de diversas dimensiones relacionadas con su experiencia de vida, etc.) y manifiestan capacidades crticas variables, pero en raras ocasiones nulas. La propaganda no tendra de este modo los efectos necesarios y unvocos expuestos a menudo por la crtica maniquea de los medios de comunicacin. Yo mismo lleve a cabo una investigacin de recepcin de este tipo en espectadores franceses, hombres y mujeres, de la serie de televisin americana Ally McBeal.

Desde esta perspectiva, en la cual los otros son capturados de forma elitista y despectiva por los medios de comunicacin como una masa amorfa y pasiva, no queda mucho espacio para la emancipacin de los oprimidos por ellos mismos, para la auto-emancipacin. El militante radical sera el encargado de meter las buenas ideas en lugar de las nocivas en las cabezas de la gente supuestamente alienada. Esta crtica puramente miserabilista de los medios de comunicacin tiende a desarmar a la crtica social de algunas de sus potencialidades liberadoras, coincidiendo, sin darse cuenta, con la vanguardia revolucionaria leninista o con los profesionales de la poltica de hoy en da, creando una relacin de la poltica tutelada por una lite.

Volviendo a la pretendida adhesin de las grandes masas al capitalismo, yo cambiaria el punto de vista. La gran mayora de las personas en nuestras sociedades no se presentan adheridas al capitalismo sino que viven dentro de l. Y es ms, existe una tendencia a fatalizar la existencia, siendo a la vez crtico. El espritu crtico no es suficiente para desfatalizar, pudiendo de hecho contribuir a fatalizar an ms como deca anteriormente. Hay tambin que abrir otras posibilidades, alternativas, que tracen caminos no capitalistas aqu y ahora. De hecho, aunque parezca mentira por ciertos automatismos militantes, los senderos por descubrir son apasionantes!

Traduccin para Kaosenlared: Gines C. L.

http://kaosenlared.net/entrevista-philippe-corcuff-capitalismo-se-alimentara-parte-nuestra-creencia-fuerza/ 



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