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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-10-2017

El husped del monte Lu

Miguel Casado
Peridico de poesa


Para algunos entre los que me cuento, la obra y la figura de Carlos Piera (Madrid, 1942) son referencia imprescindible. Es uno de los nombres ms altos de la poesa reciente, y marca, tambin, el punto de mximo rigor en nuestro pensamiento crtico: en sus ensayos, poesa y tica, historia y lengua, remiten quiz a un fondo poltico hecho de atencin a la vida, reflexin que fluye como tejido del presente. El pulso de la palabra en Piera es lucidez existencial, apertura de lugares de respiracin y sentido, resistencia y pregunta por la razn. Miembro del histrico Crculo Lingstico de Madrid, profesor en la Cornell University y en la Autnoma de Madrid, introductor en Espaa de autores fundamentales de la crtica y la lingstica, miembro de una revista inolvidable, La balsa de la Medusa, quiz la escasa difusin que ha tenido su obra mide nuestro estado intelectual.

En 1993 public Piera Contrariedades del sujeto, pginas a las que siempre es preciso volver. Y no solo por lo que atae a lo potico, sino por cmo muestran la raz de la que todo pensamiento se nutre para hacerse crtico: "leer y escuchar son ejercicios de moralidad porque la atencin es el primero, el principal y el ms importante de los movimientos morales". Su otro volumen de ensayos, La moral del testigo, despliega la virtualidad de ese nudo, haciendo expreso mucho de lo implcito en l, para entender que la poesa "va en contra de fuerzas muy poderosas, presentes tanto en nuestra sociedad como en nuestros hbitos mentales (suponiendo que quepa distinguir una de otros)", demorndose luego en el anlisis de esos hbitos y de la posibilidad, en consecuencia, de usar el pronombre nosotros.

Es la de sus ensayos una prosa tensa y armada, sin discontinuidades ni fragmentaciones, con ritmo atento a los pasos de un razonar que alcanza su trmino con la misma necesidad que los cuentos de Poe conducen a su desenlace. Y una precisin viva, capaz de dotarse de la peculiar expresividad del habla cotidiana, y de integrar la reconsideracin de nociones tradicionales la disyuntiva platnica entre verdad y opinin, las relaciones entre gramtica, retrica y potica con la personalsima lectura de autores contemporneos asumidos como compaa que afila la conciencia as, Paul de Man o Simone Weil.

En La moral del testigo, con el peso de las figuras convocadas Vctor Snchez de Zavala, Manuel Sacristn, Rafael Snchez Ferlosio, Toms Segovia, la genealoga de "ese plural que nos incluye" se explora en las dcadas centrales del siglo XX: la vida intelectual durante el franquismo, su secuela de ignorancia y mediocridad que no conoci verdadera catarsis ni en la llamada transicin ni despus, lo ajeno de las instituciones acadmicas y culturales a una posicin tica. Y en este punto la figura de Chomsky, como lingista y como pensador crtico, vendra a aportar desde fuera una respuesta. El saber transversal de Piera propicia un continuo y riqusimo ir y venir entre los detalles concretos y los conceptos, entre la ancdota y la teora, llevando a dilucidar a la vez lo colectivo y lo personal: el trabajo en que el sujeto se va "despojando de todas las propiedades que uno y su sociedad han ido atribuyndole, y de las consiguientes expectativas", sera "la condicin misma de un conocimiento fidedigno". No solo desaprender, eliminar los fundamentos falsos, sino prescindir adems de los mitos de la identidad, tanto los individuales como los de la comunidad. No es poco.

Si sus ensayos piensan la poesa, su poesa les marca el camino, va por delante. La posicin moral se concreta en los poemas como exigencia de forma, atencin que se plasma en singularidad: "por una vez las leyes solo vlidas / solo una vez del verso". Su mirada existencial sorprende una realidad incierta, vacilante en sus perfiles, como si una falta de plenitud le impidiera llegar a ser, en permanente conflicto consigo misma: "hemos vivido para que no nos cojan vivos", "esperando una muerte distinta de la vida, / me he retirado, como un animal inverso, a no morir". Es una elega entonada por la razn, continuo plpito de prdida que querra alcanzar un lugar no marcado de existencia: "Solo queda la voz, no la palabra. / Aqu, dice la voz, estoy aqu". Retirarse a ese lugar es condicin de ermitao, en el vaco de mitos y expectativas. Y es en el poema titulado "El ermitao" donde la ascesis se hace generadora de nueva energa, como si hubiera saltado del vaco una chispa: "Ha pasado una vez una mujer. Han sido / aos lentos de espera. Tal vez seas un viejo / y un ermitao, como piensan, porque / una espera muy larga es devocin. / No supiste, no viste. De repente / sabes mirar la bruma del sol de la maana"

Cuando Carlos Piera reuni su poesa en el volumen Apartamentos de alquiler, dispuso sus libros en orden inverso al de edicin, encabezados por los versos de Religio (2005): "Lu, slaba simiente, motivo de la lengua, / hacia ti no se va: se vibra. Surges / y no hay aqu ni all". Una experiencia de iluminacin, me atrevo a decir, para que pueda el lector, impregnado de su inicial msica feliz, asomarse luego a las sequedades de la negacin, a la tarea insoluble de existir; y le quepa tambin recomenzar el libro, repetir las espirales de lo que la vida acoge superpuesto. Quiero ver en lo imprevisto y en la intensidad de este orden de lectura una frmula del poder de la poesa, irreductible a sentido, pensamiento que solo en s mismo cabe. Lu sera la slaba que da a la trascendencia nombre femenino, campo de energa en que lo contradictorio no paraliza, sino que se hace vida y deseo de vida. Religio es ese vnculo nuevo, ya no solo estar ah.

Aunque no haya relacin de procedencia con el nombre que Piera toma como mantra, no puedo dejar de evocar el monte Lu, refugio de poetas y revolucionarios, solar de la escuela budista del "rezo de la tierra pura", boscosa sierra en el sur de la China clsica. Si abundan los poemas sobre el monte Lu y hasta el propio Li Bai habl de su "niebla morada", querra fijarme en dos de los ms clebres, los de Su Dongpo hacia el fin del siglo XI. En uno se refiere a la mvil silueta del lugar "De frente montaas, de perfil picos. / De lejos o cerca, arriba o abajo, cambia" para concluir que no se puede conocer su forma desde dentro del monte, en un vertiginoso anticipo del nexo entre punto de vista y conocimiento que constituy la ciencia moderna. En el otro, habla del curso de la vida: "El Monte Lu en lluvia y niebla; el ro Che muy crecido. / Antes de que fuera all, no cesaba el dolor del deseo. / Fui all y retorn No fue nada especial: / el monte Lu en lluvia y niebla; el ro Che muy crecido". O como dicen unos versos de Piera: "No habr pasado el tiempo cuando mueras". La potencia del saber y la parlisis existencial. Y queda un tercer paso: una cita del primer poema de Su: "L Shān zhēn min m", se convirti en frase hecha, que an se usa en el habla cotidiana para expresar la verdad oculta de algo o alguien que por fin se muestra, casi lo contrario de lo que el poema deca. Solo la vida est quieta entonces, las palabras no dejan de fluir juntndose y separndose de la realidad. Al margen de esa chispa que de pronto llega y lo ilumina todo, poco ms hay que una lnea de conducta: "Decir que no, sirve para vivir: / de los significados aadidos / queda el dolor y error en que caemos".

Lecturas:

Carlos Piera, Contrariedades del sujeto. Madrid, La balsa de la Medusa, 1993.

, La moral del testigo. Madrid, Antonio Machado Libros, 2013.

, Apartamentos de alquiler (Obra potica reunida). Madrid, Abada, 2013.

La pagoda blanca. Cien poemas de la dinasta Tang. Edicin de Guillermo Daino. Madrid, Hiperin, 2009.

Su Dongpo, Recordando el pasado en el Acantilado Rojo y otros poemas. Edicin de Anne-Hlne Surez. Madrid, Hiperin, 1992

Fuente: Peridico de Poesa.

 

 

 



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