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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-10-2017

Julio Cortzar, cronopio mayor
Nacido para no aceptar el mundo tal cual es

Luis Carlos Muoz Sarmiento
Rebelin


Fuiste capaz, nos diste la medida, que tambin necesitamos,

del letrado deletreando los nombres de los mrtires,

el libro de los hroes, la poesa pura de la patria;

y ardiendo por los pobres, defendiendo con tu nombre la justicia,

nos entregas ahora tu vida completa, enteramente til.

CINTIO VITIER (1921-2009)

 

 Siempre supe que tu obra nos abriga, que tu mejor obra sos vos.

JUAN GELMAN (1930-2014)

 

 Quiz debemos considerar la muerte de Cortzar

como el final de una prodigiosa historia de amor.

FLIX GRANDE (1937-2014)

 

 Mi propsito es evidenciar de qu manera busqu el conocimiento a travs de una avalancha de tinieblas

y mi propia potencia en la infinita debilidad que me acompa hora tras hora.

ROBERTO ARLT (1900-1942)

 

Yo creo que desde muy pequeo mi desdicha y mi dicha, al mismo tiempo, fue el no aceptar las cosas como me eran dadas. A m no me bastaba con que me dijeran que eso era una mesa , o que la palabra madre era la palabra madre y ah se acaba todo. Al contrario, en el objeto mesa y en la palabra madre empezaba para m un itinerario misterioso que a veces llegaba a franquear y en el que a veces me estrellaba. En suma, desde pequeo, mi relacin con las palabras, con la escritura, no se diferencia de mi relacin con el mundo en general. Yo parezco haber nacido para no aceptar las cosas tal como me son dadas.

JULIO CORTZAR (1914-1984)

 

Esta no es una ctedra sobre Julio Cortzar, ni una muestra de erudicin sobre su obra, entre otras cosas porque nuestra cultura es lacustre, est siempre llena de lagunas y este trabajo no aspira a llenar las de nadie. l mismo reconoca tener una especie de visin muy planetaria de las cosas (), con grandes lagunas. Se trata entonces de un ensayo personal, con la libertad que ello entraa; un punto de vista que aspira a ser acogido con tolerancia, en torno al quehacer del, para m, Cronopio Mayor y Mayor aqu no es ttulo castrense o blico pues no ira bien para uno de los hombres ms pacifistas que hubo en este planeta. Se trata de una invitacin a la lectura de sus libros, no de todos, encaminada a escoger para que los lectores no corran el riesgo de volverse eruditos. Esta es mi experiencia con su obra, reflejada a travs de un afecto no incondicional: es posible criticar lo que se quiere, sin denostarlo; es posible polemizar, sin que ello signifique persecucin, ni menos muerte, como tanto se ve en Colombia. El orden aqu no es lo determinante: orden es la palabra preferida en el diccionario de la tirana. He aqu un ensayo en clave jazzstica, aunque tambin tangustica Mi Buenos Aires querido, en la voz del Zorzal Criollo Carlos Gardel.

http://www.youtube.com/watch?v=81xAgGh0nt8 : 2:45

Advierto, voy a hablar con toda la libertad que me otorga la democracia (la que no hay). Que todo lo que diga es de buena fe (lo que omita tambin) y que slo espero satisfacer las expectativas de ustedes respecto a este trabajo. En el intento por abordar la vida y la obra del escritor Julio Cortzar, hay que hacer mencin de su importancia como autor latinoamericano y en particular argentino, al lado de su padre putativo Roberto Arlt, as como Jorge Luis Borges y Ernesto Sbato, para no citar sino tres de los ms grandes creadores rioplatenses. De l como heredero del autor de El juguete rabioso, escritor romntico, autor para jvenes, hombre de letras comprometido, poeta casi desconocido (Florencio de Bruselas); en fin, de la relacin entre literatura y poltica (si es que la hay); de sus vnculos con otras expresiones artsticas, en especial jazz, tango y cine y con un deporte, el boxeo, que tambin se relaciona con el jazz y con su literatura. Nacido en Bruselas, el 26/ago/1914, y fallecido en Pars, el 12/feb/84, aqul enormsimo cronopio llamado Julio Florencio Cortzar, es uno de los representantes del llamado boom latinoamericano, explosin editorial alimentada con el fuego de la explotacin econmica.

Al final de este fugaz recorrido, se sabr si cuando regres del autoexilio a su Buenos Aires querido no hubo ms penas ni olvido o si, por el contrario, como dice Fito Pez en Buenos Aires nos acechan los fantasmas del pasado y cada tango es una confesin/ en Buenos Aires la poltica qu falta de respeto, qu atropello a la razn. La alusin a Mi Buenos Aires querido se justifica al recordar que el propio Cortzar en Buenos Aires, Buenos Aires, de 1968, puso textos a una serie de fotografas de dos amigas, Sara y Alicia, intentando presentar una imagen ms autntica de la capital argentina. Las fotografas estaban en las paredes y en la mesa de su casa hasta que los textos vinieron, dice, como un tango que acompaaba a Buenos Aires. Mi Buenos Aires querido, podra agregarse, mxime cuando se sabe que a principios de diciembre de 1983, con el retorno de la democracia, tras la segunda dcada sucia, Cortzar regres a la Argentina por ltima vez para despedirse de su mam, de esa patria que es la infancia, de sus enemigos los militares. En fin, a oler por ltima vez los jazmines de su pas, un pas, Argentina, que, como dira Osvaldo Soriano, nunca termin de aceptarlo porque le deba demasiado. Un pas que se corresponde ya no con el de Gardel sino con el que Pez describe, precisamente, en su cancin Buenos Aires, el mismo lugar en el que he perdido mil batallas/ pero hay una guerra que pienso ganar

http://www.youtube.com/watch?v=bihn6Q2iwMs : 4:25

Todo ser esttico es tico?

No sobra recordar que Julio Cortzar es una de las figuras emblemticas de la literatura latinoamericana, junto a Onetti, Rulfo, Carpentier, Roa Bastos, Fuentes, Ribeyro, Arguedas, Monterroso, Garca Mrquez, Macedonio Fernndez, Felisberto Hernndez, entre muchos otros, y desde luego Roberto Arlt, padre putativo literario no slo de Cortzar sino de la llamada Generacin Intermedia: Onetti, Mujica Linez, Sbato, Marechal, Di Benedetto.

Considerado un escritor tardo, Cortzar publica su primer libro, Presencia, en 1938, bajo el seudnimo Julio Denis, libro de sonetos destinado, por timidez o por seguridad, a sus amigos, con un tiraje de apenas 250 ejemplares. Libro del cual es probable nunca se arrepinti pero del que tampoco se sinti satisfecho y por ello lo escamoteaba en su bibliografa. Su primer relato publicado, El examen (que no crey pasar), presentado a Borges y escrito entre 1944 y 45, ofreca como mayor novedad el aproximar el lenguaje de los personajes al de la vida cotidiana, al del hombre de la calle. Como si se tratara del Arlt de El juguete rabioso, texto ya citado, pero tambin de El jorobadito, volumen de cuentos del que extraer no pocas de sus armas y temticas literarias: el problema del doble; el desgarramiento interior; el encierro (como en Los premios); las laceraciones de la infancia; el extravo metafsico; la angustia existencial; el gusto por la excentricidad y lo fantstico: esto ltimo, anclado siempre en la realidad.

Realidad de la que Cortzar parece alejarse en El examen para introducir al lector en la actual, con todo lo que tiene de cursilera, frivolidad, estupidez. Atencin a lo que all se atrevi: Haba [sic] que curarse en salud y escribir pensando en eso, en las circunstancias en que seremos ledos. Captulos para el caf, para el tranva y otros para el fin de semana en que nos perfumamos y elegimos el buen silln, la buena pipa y la cultura. Texto que remite a una posicin burguesa que si bien no es reprobable del todo, no se compadece con su posterior actitud vital ni con su postura poltica posterior al triunfo de la Revolucin Cubana, por la que se declar socialista, de la que fue defensor incondicional hasta su muerte y a la que, sin embargo, critic cada vez que lo crey necesario.

La crtica ubica sus orgenes literarios hacia 1949, fecha en que publica Los reyes, poema dramtico sobre el mito griego de Teseo y el Minotauro, al que aqul mat en el laberinto por encargo de Egeo y con la ayuda de Ariadna. Mito que Cortzar invierte, para desquitarse, en especial de Teseo: as, en el Minotauro ve al poeta, al hombre libre (cronopio), marginado y condenado por la sociedad, frente al cual Teseo es el perfecto defensor del orden (fama) que entra en el laberinto para seguirle el juego a Minos, al poder (esperanza). Esta forma de aproximarse a lo archiconocido desde una perspectiva nueva y por ello distinta, anuncia una de las claves de su esttica: la necesidad de interpretar la realidad (o el mito, en este caso) desde un ngulo inusual, no intervenido por la costumbre.

En uno de sus textos collage, La vuelta al da en ochenta mundos (1967), afirma: Mucho de lo que he escrito se ordena bajo el signo de la excentricidad, y aade escribo por falencia, por descolocacin. Ya en 1963, entrevistado por Luis Mario Schneider, haba dicho algo que recuerda a Roberto Arlt (quien vendr luego): Es muy fcil advertir que cada vez escribo menos bien, y sa es precisamente mi manera de buscar un estilo. Algunos crticos han hablado de regresin lamentable, porque naturalmente el proceso tradicional es ir del escribir mal al escribir bien. Pero a m me parece que entre nosotros el estilo es tambin un problema tico, una cuestin de decencia. Es tan fcil escribir bien! No deberamos los argentinos (y esto vale no solamente para la literatura) retroceder primero, bajar primero, tocar lo ms amargo, lo ms repugnante, lo ms obsceno, todo lo que una historia de espaldas al pas nos escamote tanto tiempo a cambio de la ilusin de nuestra grandeza y nuestra cultura, y as, despus de haber tocado fondo, ganarnos el derecho a remontar hacia nosotros mismos, a ser de verdad lo que tenemos que ser? Aqu ya se advierte lo esttico asociado a lo tico. Concepto que se puede extender para decir que todo ser esttico es tico, pero no al revs, en el camino hacia la representacin de la existencia del hombre como bsqueda: idea contenida en la figura del laberinto y que le viene a Cortzar a travs de otra de sus ms grandes influencias, la de Borges, para quien el laberinto surge bajo la forma de una galera de espejos, los que junto a las palabras son la mentira del mundo, y a la cpula, abominables, porque multiplican el nmero de los hombres. La afirmacin en torno a que palabras y espejos son la mentira del mundo no es gratuita, ni est desligada de lo dicho por el propio Cortzar respecto al ataque al lenguaje en Rayuela: Toda Rayuela fue hecha a travs del lenguaje. () Hay un ataque directo al lenguaje en la medida en que, como se dice explcitamente en muchas partes del libro, nos engaa prcticamente a cada palabra que decimos. He ah una posicin tico-esttica.

La esttica vinculada a la tica se puede observar tambin en Roberto Arlt, en el prlogo a Los lanzallamas. All seala algo que se corresponde perfectamente con la idea del escribir bien o mal, del estilo como problema tico, del privilegio del ser sobre el deber ser: Se dice de m que escribo mal. Es posible. De cualquier manera, no tendra dificultad en citar a numerosa gente que escribe bien y a quienes nicamente leen correctos miembros de sus familias. Para hacer estilo son necesarias comodidades, rentas, vida holgada. Pero, por lo general, la gente que disfruta tales beneficios se evita siempre la molestia de la literatura. O la encara como un excelente procedimiento para singularizarse en los salones de sociedad. Si lo anterior no entraa una posicin tica frente a la escritura, y antes frente a la vida, entonces los conformes pueden seguir tranquilos evitndose la molestia de la literatura, la angustia de la razn, pueden continuar en la frgil nave del statu quo, que en cualquier momento, por la segunda ley de la termodinmica, se les puede volver mierda.

Para algunos, Cortzar alcanza la madurez literaria en 1951 con Bestiario, cuando tiene 37 aos. En dicho libro, se despoja de su retrica tradicional para adecuar su prosa, como Arlt, al habla corriente y oral, a la vez que se define como escritor de cuentos fantsticos. No se puede pasar por alto que a l le impresion mucho La luna roja, cuento fantstico que habla de las obsesiones arltianas por el averno que en la Europa de la I Guerra Mundial describan Barbisse y Remarque en El infierno, precisamente, y en Sin novedad en el frente. All alcanza la cumbre de la fascinacin y del horror frente al anuncio de las bombas atmicas que caeran tres aos despus de su muerte. De antemano, Arlt haba visto lo que luego mostraran los noticieros sobre las infames explosiones en Hiroshima y Nagasaki: las vctimas tratando, intilmente, de escapar, con los cabellos erizados en posicin vertical. Y, dice Cortzar, vaya a saber qu posicin tomarn nuestros cabellos cuando caigan las bombas de neutrones, tan entusiastamente aprobadas por Estados Unidos, Francia y otros pases democrticos (el subrayado es mo). Recurdese a Quino, para quien los estados democrticos o, mejor, el Estado, a secas, slo debe ocuparse de resolver problemas del Estado, no de la gente, como esta ingenuamente se imagina que debe ser. O sea, no hay estados democrticos. Y no los hay por estar inscritos dentro del capitalismo, sistema econmico antes que poltico que al ser excluyente, no puede ser democrtico; mxime cuando se sabe su motivacin esencial: El poder real es econmico, entonces no tiene ningn sentido hablar de democracia, como siempre sostuvo Jos Saramago. O el godito Jorge Luis Borges: Democracia: es una supersticin muy difundida; un abuso de la estadstica. A propsito de esa entelequia, la democracia, acude el poeta, cantante e instrumentista Leonard Cohen (1934-2016), con el tema titulado, justo, Democracy: en l recuerda, con irona similar a la de Quino: La democracia est llegando a los EE. UU

http://www.youtube.com/watch?v=-JwmIBSMzSM :7:02  

Es sabido que para Cortzar la fantasa creadora y la imaginacin no son contrarios al realismo sino que permiten reforzar la verosimilitud. Y aqu se habla de la imaginacin imaginante, no meramente reproductora de lo real manifiesto, que, como seala el crtico Sal Yurkievich, en Cortzar es mltiple y multiforme. Mltiple en cuanto a la variedad de componentes que la integran: experiencia sensible, sueos, recuerdos, proyecciones fantasiosas, fantasmas, asociaciones sorpresivas, iluminaciones, alucinaciones. Multiforme, por la variedad de combinatorias y de configuraciones que adopta en su traslado a la escritura. Cortzar se caracteriza por la versatilidad formal y estilstica de sus cuentos y novelas. Por eso no le disgustaba que calificaran su literatura de fantstica, como agente de renovacin e integrante del humanismo liberador, aunque sea tanto o ms que eso, como testimonia Osvaldo Soriano, a quien despus de dejarle en claro que deploraba la solemnidad y le saban a cacho (no de marihuana, esta vez) los cultores de la literatura til, Cortzar le dijo algo que al menos a quien escribe le produce mucho regocijo, sobre todo por el segundo texto mencionado: Te cambio Rayuela, Cien aos de soledad y todas las otras por Paradiso. Cosa que no le hubiera hecho gracia a Monterroso, quien cambiara a Paradiso por todas las otras. S, por ininteligible y conste, es la opinin de Monterroso.

En la mayora de relatos, Cortzar expresa lo fantstico mediante un elemento irreal que de a poco comienza a formar parte de la vida de los personajes y se instala en su cotidianeidad, como ocurre en Casa tomada, con esa presencia inmanente nunca descubierta que termina por desalojar a aquel simple y silencioso matrimonio de hermanos. Metfora en la que algunos han querido ver al espectro del peronismo. Explica Cortzar: Lo fantstico puede darse sin que haya una modificacin espectacular de las cosas. Simplemente para m lo fantstico es la indicacin sbita de que, al margen de las leyes aristotlicas y de nuestra mente razonante, existen mecanismos perfectamente vlidos, vigentes, que nuestro cerebro lgico no capta, pero que en algunos momentos irrumpen y se hacen sentir. Lo fantstico enriquece la realidad, pero sin la realidad se disuelve y no tiene ningn sentido.

En Cortzar hay un intento, dice Carlos Fuentes (1928-2012), de conducir con una sola mano dos caballos: el esttico y el poltico. Pero, antes de ir con este vnculo en su obra, valga anotar que por encontrarse ella en un mundo culto y refinado, con habitual dedicacin a lo fantstico, absurdo y, sobre todo, humorstico (como en Arlt, recurso que Cortzar le niega en el prlogo a su obra completa) por oposicin a la lnea realista, castiza y telrica que ha sido la tradicional en la narrativa hispanoamericana, quizs no se trate de una obra para lectores-hembras sino para lectores-machos, en tanto participantes o comprometidos (Cortzar, citando a un humorista, deca: Los escritores comprometidos haran mejor en casarse). No en la prejuiciosa perspectiva de lectoras (feministas: tranquilas) sino de lectores pasivos. Tampoco en la de una exaltacin particular de su virilidad sino desde la ptica de lectores activos y cocreadores del discurso literario. No obstante, por la dificultad que entraa leer Rayuela, debida a su ropaje intelectual, sus mltiples referencias a mltiples autores de distintas disciplinas y a otros textos, no slo literarios, autorreferencias o citas intertextuales, plurilingismo, etc., Cortzar podra decir como Ch. Garca, con Sui Generis: para quin canto yo entonces/ si los humildes nunca me entienden.

http://www.youtube.com/watch?v=_wjq2WzlsM8 3:42

Lo poltico excluye lo artstico

Sobre la relacin literatura-poltica en la obra de Cortzar, habra que empezar diciendo que fuera del intento por conducir con una sola mano dos caballos, el esttico y el poltico, el principal compromiso del autor de Reunin (un tributo sincero al inspirador del Hombre Nuevo, Che Guevara, el ltimo revolucionario romntico, el ltimo guerrillero decente), El Libro de Manuel (mucho ms que la ancdota trivial del secuestro de un embajador por parte del grupo revolucionario la Joda, texto solidario con los presos polticos: e n noviembre de 1974 recibi el premio Mdicis tranger y entreg el dinero respectivo al Frente Unificado de la resistencia chilena ) o Nicaragua tan violentamente dulce (uno de sus ltimos textos comprometidos, en particular con la revolucin sandinista), fue siempre el de escribir bien (y pese a lo dicho sobre escribir mal), ser fiel a s mismo hasta el final, ofrecer resultados sin obedecer a intenciones. El arte no obedece a intenciones, produce efectos. Y eso tal vez lo saba Cortzar, conocedor del cine, de los vnculos entre poltica y delito y de los que pueden afectar al arte cuando se pretende relacionarlo con la poltica. En este sentido, quizs no ignorara lo que Tolstoi anot en su diario: Lo poltico excluye lo artstico, porque lo primero tiene que ser partidista para poder conseguir algo.

Argumento difcilmente discutible cuando se sepa, adems, que para poder ser verosmil, creble, el arte en general no puede ser partidista pues tiene que conjugar en s el carcter contradictorio de los procesos artsticos. Lo que tiene de posible, no de probable. Y la poltica no puede permitirse la duda ni la ambigedad de la ficcin, por ms comprensiva y amplia que quiera ser: en realidad, sus bases estn ancladas en la estrechez de miras, el provecho econmico de las circunstancias, la inmediatez de los resultados para atesorar riqueza y poder. No en el espacio insondable de la imaginacin, con sus infinitas posibilidades, renuncia consciente al usufructo y al poder, rechazo no deliberado al oportunismo. El arte vive en el asombro permanente ante el acoso de las sorpresas. La poltica sobrevive acorralada frente a la inminencia de la traicin que vuela por los corredores del Poder. A los dogmas de ste ltimo el arte se resiste, subrayando que no hay ni puede haber dogmas pues el rostro siempre cambiante de la verdad impide que los haya. El arte puede ser y de hecho es poltico, en tanto obra enigmtica, no dogmtica como s lo es la poltica si se halla al margen del tratamiento artstico. El enigma, el misterio, la resistencia al dogma, en la obra de Cortzar, continan vigentes en sus novelas y en los cuentos censurados por la dictadura y llevaron al escritor del autoexilio al exilio forzado.

En consonancia con el oficio de escribir, con el hecho artstico en general, como acto de resistencia, se escuchar la Milonga del tartamudo, con letra y msica del cineasta F. Solanas, en la voz de Alfredo Zitarrosa, pieza incluida en la banda sonora del filme Sur. Milonga que recuerda que cuando calla el tartamudo/ seguro que va a pelear Milonga del tartamudo/ que siempre dijo que no/ sigo pobre y no me vendo/ la puta que lo pari  http://www.youtube.com/watch?v=ajhx6CvxHMM 4:12

Aunque no se pueda evitar que la poltica con su omnipresencia en la vida, lleve al escritor a tocar realidades que son polticas, no hay duda de que alguien como Cortzar prefiera escoger sus temas en un mbito de aparente indiferencia poltica. Ya se conocen los riesgos que se corren cuando el panfleto suplanta a la denuncia, el panegrico al homenaje, cuando el reconocimiento se oculta tras el velo de la hipocresa. De todas maneras, podra decirse que Cortzar fue siempre un escritor sin mandato, uno de aquellos autores que tienen la posibilidad de sealar, aun con sus flacos medios, el rumbo desastroso de los sucesos que dibujan el porvenir y dificultan la percepcin correcta de los qus, cmos y porqus de cuanto sucede. La ofensiva del capitalismo contra la formacin humanista, la instruccin, el conocimiento de las lenguas clsicas y la obligatoriedad de la literatura en la enseanza media, son ndices alarmantes de la desposesin progresiva en el ser humano, de sus facultades ms nobles: la conciencia crtica frente a s mismo y al mundo que le rodea; el amor a las artes y a toda forma de saber desinteresado; la posibilidad de disentir frente a tantos y discutibles productos de la Industria Cultural o, peor dicho, meditica.

En torno a todo esto, Cortzar siempre estuvo alerta hasta convertirse en conciencia crtica de su generacin, signada por la guerra de Vietnam, los conflictos sociales, el apartheid, la lucha contra la represin poltica en Chile, Uruguay y Argentina, a partir de 1973, es decir, de aquel 11 de septiembre cuando fue asesinado el primer presidente socialista de la historia elegido por votacin popular: una muestra apenas de la tolerancia de la poltica tradicional frente a la diferencia. De ah que Cortzar termine por encontrar en el socialismo, continuamente sometido a crtica eso s, la nica posibilidad de crear el Hombre Nuevo, a travs de un proceso de renovacin y de invencin constantes.

El boxeo tambin es msica

Ese mismo proceso de renovacin e invencin constantes, que tanto tiene que ver con la libertad como accin del deseo, no sin lmites, encuentra eco en los vnculos de Cortzar con jazz, cine, boxeo. En Algunos aspectos del cuento relata que un escritor muy amigo del box, le deca que en ese combate que se entabla entre un texto apasionante y su lector, la novela gana por puntos, mientras el cuento debe hacerlo por knock-out. Por lo mismo, estaba de acuerdo, quizs sin saberlo, con Miles Davis, quien crea que la msica (ampliaba el concepto ms all del jazz) se relacionaba estrechamente con el boxeo: El boxeo se puede comparar con la msica. En ambos casos es preciso dominar el ritmo, poseer un buen tempo. Entrenarse, practicar, clarifica las ideas y mejora la circulacin sangunea, lo que permite pensar con ms fuerza, percibir las sensaciones con ms intensidad y actuar con mayor vigor, cualquiera que sea el instrumento que uno utilice. Cuando miro a un baterista es como si mirase a un boxeador, evalo sus reacciones, su velocidad 

Cortzar, gustador del jazz, del boxeo y segunda (o veinticincoava) trompeta, expone a su vez un argumento anlogo, referido al jazz y la escritura: El jazz me ense cierto swing que est en mi estilo e intento escribir en mis cuentos, un poco como el msico que enfrenta un take, con la misma espontaneidad de la improvisacin. Swing, el elemento, no el estilo, espontaneidad, improvisacin, trminos bsicamente jazzsticos, que van muy de acuerdo con una escritura basada en la libertad creativa, en la distancia frente a la academia, en el rechazo a toda pompa deliberada, a toda circunstancia limitante. Por si subsiste alguna duda respecto a los vnculos entre escritura y msica, cuyo ritmo y cuya meloda emanan esta vez del lenguaje, no de los sonidos, agrega: Para m, la escritura es una operacin musical. Lo he dicho ya varias veces: es la nocin del ritmo, de la eufona. No de la eufona en el sentido de las palabras bonitas, sino de la eufona que sale de un dibujo sintctico (ahora hablamos del idioma) que al haber eliminado todo lo innecesario, muestra la pura meloda. En 2013 se public Clases de Literatura. Berkeley, 1980 (Alfaguara, 344 pp.), libro que recoge ocho clases que dio entre oct/nov/1980 en la U. de Berkeley, CA, y que estn prologadas por Carles lvarez Garriga: el Cortzar oral es extraordinariamente cercano al Cortzar escrito: el mismo ingenio, la misma fluidez, la misma ausencia de digresiones. All, el autor belga-argentino seala la necesidad de darle a la escritura esa libertad que es inherente al jazz por su creacin permanente, su infinito fluir de la invencin, en la bsqueda de nuevas cosas, as se corra el riesgo de equivocarse: El elemento de creacin permanente en el jazz, ese fluir de la invencin interminable tan hermoso, me pareci una especie de leccin y de ejemplo para la escritura: dar tambin a la escritura esa libertad, esa invencin de no quedarse en lo estereotipado ni repetir partituras en forma de influencias o de ejemplos sino simplemente ir buscando nuevas cosas a riesgo de equivocarse.

En cuanto a la relacin de Cortzar con el jazz, bastara citar el captulo 17 de Rayuela, un homenaje a quien se autoproclamaba creador del ragtime y a la vez inventor del jazz, el seor Jelly Roll Morton; el relato largo o nouvelle El perseguidor, en memoria del ms grande saxo alto de la historia, Charlie Parker, pero no recreacin de ste, toda vez que Johnny Carter es una caprichosa conjugacin cortazariana entre Johnny Hodges y Benny Carter, dos de los ms relevantes exponentes del sonido ellingtoniano, del Swing y del clasicismo jazzstico, y el protagonista se remite al propio Cortzar antes que al Pjaro del jazz (como se ver); y el tributo al enormsimo cronopio Louis Armstrong en La vuelta al da en 80 mundos. En dichos textos sale a flote la razn ltima del jazz: la libertad de expresin. El jazz vuela como un pjaro libre, una msica que permita todas las imaginaciones, una definicin de libertad distinta a la que ensean en las escuelas: eso que el jazz alude y soslaya y hasta anticipa es, en ltimas, la libertad autntica. La libertad como sentimiento, no concepto, de afirmacin vital. La misma libertad que encarna, justo, Armstrong, de quien en el texto ya citado dice: De la trompeta de Louis la msica sale como las cintas habladas de las bocas de los santos primitivos, en el aire se dibuja su caliente escritura amarilla, y detrs de esa primera seal se desencadena When the saints go marchinin y nosotros en las plateas nos agarramos todo lo que tenemos agarrable, [] y en el medio est Louis con los ojos en blanco detrs de su trompeta, con su pauelo flotando en una continua despedida de algo que no se sabe lo que es, como si Louis necesitara decirle todo el tiempo adis a esa msica que crea y que se deshace en el instante, como si supiera el precio terrible de esa maravillosa libertad que es la suya. Como si supiera, se agrega, el precio astronmico de esa terrible libertad que es la nuestra. Del trompetista y cantante Satchmo comienza a dibujarse en el aire su caliente escritura amarilla, la de When the saints go marchinin (Cuando los santos entran marchando), jubileo (o spiritual) que, en un acto de licencia creativa, ha reemplazado a Muskrat Ramble o El correteo del almizclero, tema originalmente citado en el prrafo anterior

http://www.youtube.com/watch?v=hZNYMwgHIAg 3:14

Sobre el tango y en particular sobre sus letras, Cortzar confiesa: Algunas me hacen rer porque son completamente absurdas, muy mediocres y muy malas. Pero cuando el autor se llama Homero Manzi, cuando el autor es Celedonio Flores, la cosa es distinta. Para m, el poema de Mano a mano es absolutamente admirable como texto lunfardo o semilunfardo (Tema) que prefiero a cualquier otro tango y a todas las grabaciones de Gardel

http://www.youtube.com/watch?v=HRguzgfaBGo 3:05

Cortzar, el perseguidor

Antes de ir con El perseguidor, que es ms bien El perseguido, y a fin de que cada oyente pueda crear su propia atmsfera, quiz valga la pena entrar en la de Dizzy Gillespie, con el tema Dizzy atmosphere, es decir, la atmsfera creada por los Discuros del bebop: Charlie Parker en el saxo alto y Gillespie en la trompeta.

http://www.youtube.com/watch?v=lHuJ2CkEGO0 3:54

Dentro de la relacin Cortzar-jazz-juego-humor-bsqueda, no podra quedar por fuera una mencin a El perseguidor, aquel relato que a travs del personaje Johnny Carter devuelve un reflejo problemtico, existencial, metafsico. Personaje con quien, de paso, Cortzar homenajea a Ch. Parker en un pretexto perfecto de tributo a s mismo pero nunca de autoalabanza o de espejo narcisista. En efecto, Johnny, quien pese a la apariencia no es Charlie sino Julio, tras su penoso periplo vital, lleno de angustia y dolor, se convierte en el punto de partida de muchos otros personajes de la obra cortazariana, siempre perseguidores por buscadores de un sentido para la existencia del hombre en el mundo. Cortzar recuerda: En El perseguidor quise renunciar a toda invencin y ponerme dentro de mi propio terreno personal, es decir, mirarme un poco a m mismo. Y mirarme a m mismo era mirar al hombre, mirar tambin a mi prjimo. Yo haba mirado muy poco al gnero humano hasta que escrib El perseguidor. Recuerdo que, adems, apunta a diferenciar entre ver y mirar.

Y ponerse en el propio terreno personal significa mirar hacia adentro. Y mirar al prjimo significa que el yo est en el otro. Que hay que ponerse en el lugar del otro, principio elemental de la tolerancia, una de esas palabras violadas hasta la saciedad por los stiros de la poltica, huelga decir, los de la intolerancia la nica que no discrimina: en Colombia, por ejemplo. Podra decirse que en El perseguidor no son Johnny ni, mucho menos, Charlie los perseguidores sino Cortzar. Es l quien desde el comienzo del relato percibe la miseria del ser humano en la de Johnny. Es l quien a fuerza de fumarse sus porros es capaz de contraer o dilatar el tiempo. Es l quien se para en una esquina a ver pasar lo que piensa pero es angustiosamente impotente de pensar lo que ve. Es l quien se pregunta cmo se pueden pensar quince minutos en minuto y medio y, lo que es ms grave, llega a vivirlo. Es l quien al tiempo cronolgico, el de los relojes, le opone el tiempo interior, el del ocio quien descubre, aunque no se diga, que el tiempo es el reloj de la muerte.

En ltimas, Carter no es Parker sino Cortzar, quien es el dueo de una msica que no facilita los orgasmos ni las nostalgias, de una msica que me gustara poder llamar metafsica y quien parece contar con ella para explorarse, para morder en la realidad que, por la rejilla de la angustia, se le escapa todos los das. Cortzar que es Carter que es Balder, podra decir, como ste ltimo, que siempre busc el conocimiento en medio de las tinieblas y la potencia en la debilidad pues de esa incoherencia, de esas debilidades, nacer siempre la interminable, indestructible fuerza de la gran literatura, como dira Cortzar en el prlogo a la obra completa de Arlt. Aquella literatura que aunque mal escrita tendr siempre la violencia de un cross a la mandbula de los defensores del statu quo, esto es, de la mediocridad, de la ignominia, de la violencia. De esa inconmensurable violencia del poder, disfrazada de bsqueda de soluciones, que cierra escuelas y hospitales para abrir cuarteles y cementerios. Que cambia saber por guerra, salud por dolor, vida por muerte.

Contra esto, Cortzar propone que si el hombre quiere ser libre, deber despojarse de los hbitos adquiridos, recuperar la capacidad de asombro, sustituir el pragmatismo por la gratuidad de los actos. En fin, cambiar la razn por la imaginacin, actitud que lleva a Johnny Carter, alias Ch. Parker, alias J. Cortzar, a decir: En realidad las cosas verdaderamente difciles son otras distintas, todo lo que la gente cree poder hacer a cada momento. Mirar, por ejemplo, o comprender a un cerdo o a un gato. Esas son las grandes dificultades. Para entender mejor estas cosas difciles, como comprender a los gatos, nada mejor que citar a Cortzar mismo, quien los adoraba y, como prueba, bautiz a uno de ellos Teodoro (por Adorno): A m me ocurri que en mitad de una reunin de negocios pens, sin saber por qu, en los gatos, que no tenan nada que ver con el orden del da y descubr bruscamente que los gatos son telfonos. As noms, como siempre las cosas geniales.

Un grito repetido por mil centinelas

Sobre la relacin Cortzar/cine, se citan apartes de un texto publicado originalmente en revista Sur (mar/abr/1952) pero escrito en Pars sobre Los olvidados de Buuel, en 1951, cuando es becado por el gobierno francs y se hace luego traductor de la UNESCO. Texto publicado en Colombia por el Magazn Dominical No 561 (30/ene/94): una poderosa declaracin de principios contra el maniquesmo, muestra sin par de poesa y anlisis, de crnica como novela de la vida, de observacin detallada sobre lo que pasa en la calle, sobre quienes juegan al gran juego de la realidad, caso perfecto de dialctica entre palabra e imagen y de sensibilidad que no distrae ni engaa, sobre el personaje malo en teora: El Jaibo se ha escapado de la correccional y vuelve entre los suyos, a la pandilla, sin dinero y sin tabaco. Trae consigo la sabidura de la crcel, el deseo de venganza, la voluntad de podero. El Jaibo se ha quitado la niez de encima con un sacudn de hombros. Entra en su arrabal al modo del alba [sic] en la noche, para revelar la figura de las cosas, el color verdadero de los gatos, el tamao exacto de los cuchillos en la fuerza exacta de las manos. El Jaibo es un ngel: ante l ya nadie puede dejar de mostrarse como verdaderamente es. Una pedrada en la cara del ciego que cantaba en la plaza, y la fina pelcula de las formas se triza en mil astillas, caen los disimulos y las letanas, el arrabal brinca en escena y juega el gran juego de la realidad. El Jaibo es el que cita al toro, y si la muerte alcanza tambin para l, poco importa; lo que cuenta es la mquina desencadenada, la hermosura infernal de los pitones que se alzan de pronto a su razn de ser. Esta noche me acuerdo del Sr Valdemar. Como las gentes del arrabal de Buuel, como el estado universal de las cosas que lo hace posible, el Sr Valdemar est ya descompuesto, pero la hipnosis lo retiene en una estafa de vida, una apariencia satisfactoria. El Sr Valdemar est todava de nuestro lado, y todos rodeamos el lecho del Sr Valdemar. Entonces entra el Jaibo. Esto es como si hubiera escrito su parte en el filme a partir de una reflexin humana, humanstica y humanizante en la que no caben equvocos ontolgicos ni perversiones racistas o de clase sino, simple, la mirada sobre el hombre sin distinciones de raza ni de sexo ni de credo poltico o religioso.

Con el nimo de ampliar (no de mejorar) la comprensin del problema tratado por Cortzar, se menciona parte de mi ensayo sobre la obra de Buuel en Magna Terra No 22 (2003), de Guatemala: Como los 20 personajes de El ngel exterminador que no pueden salir de un espacio hacia otro, los muchachos de Los olvidados y con ellos toda esa constelacin de mendigos, putas, ladrones, y dems ngeles negros marginales del cine de Buuel, no pueden salir de su atolladero con las ddivas seudo altruistas, seudo filantrpicas y sentimentaloides-burguesas que la sociedad les procura, conociendo de antemano su inutilidad. En tal sentido, Buuel ha dicho: Para m, la verdadera inmoralidad es el sentimentalismo burgus. La clave de Los olvidados no est en descubrir la existencia o no de la felicidad sino en averiguar hasta qu punto es capaz de llegar el hombre en su desgracia, hasta qu punto se hace imposible encerrar su miseria, hasta qu punto la traicin es hija legtima de la carencia. Al final, cuando el cadver de Pedro (el bueno), asesinado a tubazos por el Jaibo, es conducido por Meche y su abuelo sobre un burro a un basurero y arrojado all, todo parece detenerse. Hasta el hipcrita tren de la misericordia cristiana se descarrila; y es que aqullos seres abandonados, sin posibilidad de identificacin con progenitor alguno, incapaces de realizar el ms mnimo movimiento (y ni hablar de crecer) mueren tal como nacieron: de un incontrolable impulso sexual, sin un verdadero sentido, cubiertos de antemano con el asfixiante manto del olvido, del silencio, de la desidia...

Buuel termina Los olvidados como seguramente a Cortzar le pareci que deba hacerlo: sin concesiones a ese sentimentalismo burgus de que hablaba el primero. Por el contrario, con un irrefrenable deseo de despojarse de falsos moralismos, idea avalada por Cortzar mismo al decir del filme que quiz su proyeccin en las pantallas del mundo lo convierta en un grito repetido por mil centinelas. El filme concluye con una terrible e irrefutable sentencia del viejo ciego, cuando al infecto estercolero es arrojado el cadver de Pedro, apenas uno de tantos nios que siempre han querido salir de la suciedad fsica y moral que los rodea, olvidando en su inocencia que antes de haber nacido ya han sido abandonados De manera que s, pese a la crueldad de su aserto, el viejo ciego tiene razn: Ojal los mataran a todos antes de nacer! Y tambin Cortzar: No s que un asesinato sugerido por gritos y sombras sea ms meritorio o excusable que la visin directa de lo que ocurre.

Servir al lenguaje, trabajar sobre l

En estos pases, en los que la poltica absorbe prcticamente todo, resulta casi natural que ciertos crticos quieran, por un lado, ms poltica en lo que los escritores escriben; y, por otro lado, al hacer stos lo que aqullos quieren (olvidando que los escritores hacen lo que quieren), entonces se les declara autores panfletarios, al servicio de intereses partidistas, lacayos del comunismo (o del imperialismo, que tambin los hay) y entonces estamos en tablas, declaran los critiquillos, chiquillos, pobrecillos.

Los mismos que han dicho que Cortzar se sirve del lenguaje para producir una literatura para adolescentes, engaosamente comprometida, perecedera. Olvidan los desdichados, Cortzar escribi siempre para los jvenes, sobre todo, de manera comprometida, es decir, fiel a s mismo como corresponde a un gran hombre que escribe no a un mero malabarista de la palabra, y a favor del lenguaje y en defensa del lenguaje. Para poner un solo ejemplo en Las palabras violadas (texto del libro Aos de alambradas culturales), en el que se refiere a aquellas que por fuerza del abuso terminan perdiendo completamente el sentido o adquiriendo otro, el que le otorgan sus nuevos poseedores, los que las desfiguraron, con la pasiva complicidad de aquellos a quienes ya esas mismas palabras (poltica, democracia, justicia, lucha contra la corrupcin y la politiquera, empleo, paz, libertad, salud, vivienda, educacin, etc.) no les dicen nada. Por encima de cualquier cosa, hay en la obra de Cortzar un indeclinable deseo por servir al lenguaje, trabajar sobre el lenguaje, antes que servirse del lenguaje. Para crear el lenguaje, hay que destruirlo, pensara Cortzar. Pero, para que ello ocurra, agrega Perogrullo, antes hay que dominar el lenguaje. El dominio de la palabra significa la soberana del espritu, ensea la Paideia. Y Roa Bastos, en homenaje a Cortzar: kuimbar (en guaran hombre) es aqul que slo se humaniza por el dominio de su lengua. Para crear uno nuevo hay que transgredir el lenguaje anterior. Como lo demuestra en Rayuela, su segunda novela, al incorporar el glglico, lenguaje musical analgico a base de palabras con y sin sentido y de sugerencias fonticas, al parecer inventado por la uruguayita Luca tango de Daniel Lpez, es decir, La Maga** (Cap. 68), o sea, la escritora alemana Edith Aron: Temblaba el troc, se vencan las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pnice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el lmite de las gunfias. O al crear el ispamerikano, en una arremetida contra el lenguaje normativo, tal como figura en el Diccionario, para Cortzar el cementerio del lenguaje vivo, como en el prlogo a los captulos Del lado de all: Siempre que viene el tiempo fresco, al medio del otonio, a m me da la loca de pensar ideas de tipo esotrico y estico, como ser por egenplo que me gustara venirme golondrina para agarrar y volar a los pax adonde haiga calor, o de ser hormiga para meterme bien adentro de una cueva y comer los productos guardados en el verano o de ser una vbora como las del soljicO, que las tienen bien guardadas en una jaula de vidrio con la calefaccin para que no se queden duras de fro que es lo que les pasa a los pobres seres humanos que no pueden comprarse ropa con lo cara quest, () Y ojal que lo que estoy escribiendo le sirbalguno para que mire bien su comportamiento y que no se arrepienta cuando es tarde y ya todo se haiga ido al corno por culpa suya! Csar Bruto, lo que me gustara ser a m si no fuera lo que soy (captulo: Perro de San Bernaldo). 

Como se puede sentir, en Rayuela la existencia de los personajes se identifica con el juego: as, Morelli, alter ego intelectual del autor (como vivencial es Oliveira), suea con un ajedrez indio de sesenta piezas a cada lado porque esa sera la partida infinita. Y al final del captulo 93: ya sabemos que el juego est jugado. Similar identificacin propone Cortzar: el hombre es un animal que juega () me sera absolutamente imposible vivir si no pudiera jugar. Actividad que se extiende al oficio literario: para m escribir forma parte del mundo ldico. En el texto hay varias menciones a Johann Huizinga, autor del Homo ludens. Jugar, entonces, supone sobre todo destruir los muros (del trabajo, obligacin, deber), salir de la crcel y ejercer la libertad como dice Cortzar: Otra libertad ms secreta y evasiva lo trabaja, pero solamente l (y eso apenas) podra dar cuenta de sus juegos. Rayuela es de por s juego: la rayuela se juega con una piedrecita que hay que manejar con la punta del zapato. Ingredientes: una acera, una piedrecita, un zapato, y un bello dibujo con tiza, preferentemente de colores. En lo alto est el Cielo, abajo est la Tierra, es muy difcil llegar con la piedrecita al Cielo, casi siempre se calcula mal y la piedra sale del dibujo. Definicin que se antoja ms metafsica que remitida a la realidad inmediata o al juego de la rayuela propiamente dicho. De todas maneras, en Rayuela, como sostiene el crtico Yurkievich, Cortzar juega con todo y se juega el todo por el todo con el riesgo de perder la partida. En Rayuela juega a todo o nada. En efecto, entiende que lo ldico reconcilia el mundo interno con el externo; que ello implica tener conciencia de estar separado de la vida corriente, de la rutina; oponerse a los trabajos serios; guardar vnculos estrechos con los actos gratuitos liberadores de que se habl en relacin con los gatos.

Qu historia cuenta Rayuela? Hay que leerla, para saberlo. Sin embargo, va aqu un adelanto para interesados, no para perezosos. En la primera parte, Del lado de all (Caps. 1 a 36), en Pars, Horacio Oliveira vive rodeado de dos mujeres, La Maga y Pola, y por ello de una serie de amigos e intelectuales, oyentes extticos del jazz y ante todo disentidores vocacionales, que forman el Club de la Serpiente. Muere Rocamadour, el hijo de la uruguayita Luca/La Maga/Edith Aron, y Oliveira, despus de varias crisis, se separa de ella. En la segunda parte, Del lado de ac (Caps. 37 a 56), Horacio ha decidido volver a Bs. Aires, vive con su antigua novia, Gekrepten, especie de Penlope bonaerense, que lo esper. Realmente, se pasa la vida con sus amigos Traveler y Talita, trabaja con ellos en el circo y luego en un manicomio. En Traveler reconoce a su doppelgnger y en Talita cree ver de nuevo a La Maga y eso le conduce a otras crisis. Una tercera parte, De otros lados (caps. Prescindibles, del 57 al 155), agrupa materiales heterogneos, a la manera de novela-collage: complementos de la historia anterior, recortes de peridico, citas de libros y textos autocrticos atribuidos a Morelli, escritor al que Horacio visita despus de un accidente de trfico. Pese a la sntesis anterior, este texto se limita a averiguar qu significa Rayuela como literatura, es decir, lo que no est en plena calle, lo que es falso e inventado. Lo que como arte crea una segunda realidad, tanto o ms creble que la primera, la inmediata. Sobre pocas novelas se han elaborado tantos panegricos como sobre Rayuela. Se la ha tildado de magistral, un paradigma dentro de su gnero. Difcilmente podra ser novela magistral una obra que en sentido estricto no es novela (no tiene unidad narrativa, ni temporal, ni espacial claro que si se juzga desde el hoy, cualquier cosa es novela) y cuya originalidad, discutible, anula de entrada el epteto magistral, en cuanto pieza irregular, ambiciosa quizs, mas no redonda ni, menos, contundente. Ahora, cul gnero? Novela, anti novela, contra-novela, des-novela, meta-novela, para-novela, texto-collage, novela-collage, novela tipo rollo chino, contranovela de lectura variable, vaya a saberse cul... He aqu la primera descripcin del futuro proyecto de Rayuela que Cortzar le hace al traductor franco-uruguayo Jean Barnab, tras decirle que ha terminado la redaccin de Los premios (carta del 17/dic/1958): Quiero escribir otra, ms ambiciosa, que ser, me temo, bastante ilegible; quiero decir que no ser lo que suele entenderse por novela, sino una especie de resumen de muchos deseos, de muchas nociones, de muchas esperanzas y tambin, por qu no, de muchos fracasos. Pero todava no veo con suficiente precisin el punto de ataque, el momento de arranque; siempre es lo ms difcil, por lo menos para m (Para un diccionario Cortzar-Pars-Rayuela, por Juan M. Bonet). En cartas dirigidas posiblemente al mismo Barnab, pretende acabar con los sistemas y las relojeras y sostiene que el libro ser una especie de bomba atmica, como recuerda Carles lvarez en Rayuela, el estudio pendiente; y [agrega] que de no haberla terminado se hubiera arrojado al Sena, pero slo al estudiar ese periodo creativo en detalle confirmamos nuestras sospechas: la audacia del proyecto (Quiero acabar con los sistemas y las relojeras para ver de bajar el laboratorio central y participar, si tengo fuerzas, en la raz que prescinde de rdenes y sistemas, se lee en una carta de 1959) y la confianza en el resultado (Si te interesa saber lo que pienso de este libro, te dir con mi habitual modestia que ser una especie de bomba atmica en el escenario de la literatura latinoamericana, escribe en 1962). Aunque, poco tiempo despus Cortzar confesara que escribir Rayuela fue el sper exorcismo

Se ha dicho tambin que a partir de una escritura de neto cuo literario, capaz de todas las gamas y galas estilsticas, Cortzar procura librarse de la fascinacin de las palabras. Y, cmo lo logra? A travs de lo que, segn el crtico Yurkievich, no se propone, que es dejarse fascinar por las palabras. Que cada vez que Cortzar entra en contacto con lo axial, vira de lo reflexivo o narrativo a lo puramente potico, al lenguaje que desvela, posedo por fuerzas inquietantes, y dotado de una conformacin mntica nada tranquilizadora. Todas, lucubraciones interesantes, retrica elaborada, potica del guijarro o de lo puro por anodino, pero que echan por tierra la razn esencial de Rayuela: el juego y el humor. El juego, serio, y el humor, negro, para olvidarse del autoexilio en trnsito al exilio verdadero, el que empieza para Cortzar cuando en 1976 sube al poder el milico Jorge R. Videla. Uno de los enemigos a muerte que, sin querer, Cortzar va a despedir a su regreso a Bs. Aires, en diciembre del 83. Dicho de otro modo, en no pocos apartes de Rayuela, al contrario de lo que haba hecho en muchos otros textos (no necesariamente de neto corte poltico: El perseguidor), Cortzar va a servirse del lenguaje (ya no a servirlo o a trabajar sobre l). En tal sentido, Rayuela tambin podra ser un equivalente del glem, leyenda juda relacionada con Adn, hombre artificial hecho de barro, en el sentido de cosa inacabada, informe

Aunque no se pueda negar la exuberancia estilstica, la validez de sentido, la trascendencia potica, lo que recuerda que el arte es emocin, no coherencia, de captulos como el siete (Toco tu boca), el 17, dedicado a Jelly Roll Morton y en general al jazz, el 23, homenaje a Berthe Trpat, quien hace ostentacin de una misoginia, una xenofobia, un clasismo inusuales que, tratndose de franceses, ya no sorprende a nadie: Aqu solamente estn esas viejas inmundas, los argelinos del ocho, la peor ralea. En fin, el 26, que podra titularse Pars, una metfora, ciudad en la que Horacio anda como loco buscando una llave que no sabe si la hay o que si la hay no sabe, mientras otros se hacen iniciar en cualquier fuga, el voodoo o la marihuana. Cuya teraputica ayuda literaria es imposible despreciar en relacin con Cortzar y la escritura o anti o contraescritura de Rayuela, texto con el que el autor dio en el clavo, sin proponrselo, y enseguida los crticos comenzaron a hablar de obra precursora del hipertexto, happening literario, incomparable collage (del francs, coller, pegar; en espaol, colaje) cuando en realidad ya la precedan Picasso, Braque, Gris, Arp, Duchamp, Hoch, Grosz, Joyce/Ulysses, Cage, Dos Passos, Dblin, Canetti, Schwitters, etc. Su obra ms madura, tal vez, que de todas maneras sigue siendo para jvenes. Para espritus jvenes. Al respecto, deca: Me considerar hasta mi muerte un aficionado, un tipo que escribe porque le da la gana, porque le gusta escribir. La literatura ha sido para m una actividad ldica, una forma de amor. Me ha hecho feliz sentir que en torno a mi obra haba una gran cantidad de lectores, jvenes sobre todo, para quienes mis libros significaron algo, fueron un compaero de ruta. Eso me basta y me sobra.

Cortzar, incurable romntico

Si tras la muerte de Carol Dunlop, el 2/nov/82, con quien coescribi Los autonautas de la cosmopista, Cortzar ya nunca ms se repuso hasta su muerte el domingo 12/feb/84, en Pars, se puede decir que el autor de Salvo el crepsculo (ttulo de su ltimo libro, de poemas, que en ese momento se imprima en Mxico, sacado de uno del japons Matsuo Basho: Este camino ya nadie lo recorre/ salvo el crepsculo) muri, sencillamente, de pena moral Pero eso, decirlo hoy en da, en tiempos egostas y mezquinos, de todos contra todos, en los que siempre estamos solos, en los que se ha cambiado tica por moral, honestidad por piratera, amor por traicin, da una pena mortal: la modernidad y su bastarda hija la pos nos confirman, cada da, que amor y humor son las ms subversivas de las armas. Que por lo mismo generan muchos conflictos entre los defensores del orden, la disciplina, el deber, en ltimas, del statu quo, del incuestionable estado de cosas actual.

Del actual y catico estado de cosas que, contra lo que se piensa, no es un estado para la paz sino para la guerra. Ya lo dijo Camus en El primer hombre: Siempre hay guerra. Pero uno se acostumbra enseguida a la paz. Y termina por creer que es normal. No, lo normal es la guerra. S, entonces lo anormal es el amor y por ello cuando uno mismo oye hablar de l se ruboriza. El amor seguir produciendo rubor siempre Y eso quizs nunca dej de tenerlo en cuenta Cortzar cuando l y Carol Dunlop emprendieron un viaje (un raro viaje inicitico pues se conoca el destino de antemano) de Pars a Marsella, por la autopista del sur, a bordo de una destartalada camioneta Volkswagen Combi roja: Faffner, por el nombre del dragn guardin del tesoro de los Nibelungos. Viaje que deba durar 33 das y en cuyo transcurso los exploradores no deban abandonar jams el trazado de la ruta, o sea, el itinerario del compromiso, o sea, la trayectoria del amor. La misma trayectoria a la que a travs de su arte Cortzar fue fiel hasta la muerte, como hacia Carol Dunlop. Pero, como dira Paco Ibez en La mala reputacin: A nadie le gusta que/ uno tenga su propia fe. Mucho menos una comn, como la de Julio y Carol, quienes en su viaje seguramente muchas veces estuvieron al lado del camino y al final de su prodigiosa historia de amor, quizs hubieran sido cmplices del tema de Fito Pez que a continuacin se escuchar y cuya pertinencia en relacin con Carol y Julio el lector/oyente sabr extrapolar

http://www.youtube.com/watch?v=f63ALlfdy_Q 5:25  

Tras la muerte de Carol Dunlop, Cortzar regres por ltima vez a su pas, no para quejarse por la prdida de su esposa, sino para confrontar sus recuerdos con lo que de ella qued en su memoria. No para regodearse en su dolor, sino para sacar fuerzas de su debilidad, de lo poco que en l quedaba de placer. Las cosas no existen por s solas. Necesitan encarnar en alguien para que se pueda recordar que estuvieron ah, que, efectivamente, fueron ciertas. Como dice el poeta chileno Ral Zurita: Los objetos nos definen no porque sean objetos sino porque son las formas que le damos a nuestra fragilidad. Adems, el dolor de la muerte no es para el que se va La desdicha de un amante no es perder el amor, sino quedarse con su memoria. De ah el dolor de ese incurable romntico llamado Cortzar, la impotencia para hacer su duelo frente a la prdida de Carol Dunlop, la imposibilidad de recuperarse estando muerto en vida, la hartera de ya recuperado estar sin aqulla.

Como un testimonio del amor del Lobo por su Osita, es decir, de Julio por Carol, viene en breve Una carta de amor, texto del cuasi desconocido poeta Florencio de Bruselas que apareci en Internet al lado de otro titulado Nuevo elogio a la locura, parodia, obvio, del original de Erasmo de Rotterdam Una carta de amor: Todo lo que de vos quisiera/ es tan poco en el fondo/ porque en el fondo es todo/ como un perro que pasa, una colina, esas cosas de nada, cotidianas,/ espiga y cabellera y dos terrones,/ el olor de tu cuerpo,/ lo que decs de cualquier cosa,/ conmigo o contra ma,/ todo eso, tan poco/ yo lo quiero de vos porque te quiero./ Que mires ms all de m,/ que me ames con violenta prescindencia del maana,/ que el grito de tu entrega se estrelle/ en la cara de un jefe de oficina,/ y que el placer que juntos inventamos/ sea otro signo de la libertad.

El compromiso es individual

Tal como refiere Soriano, Cortzar escribi varios textos comprometidos, eficaces por la perfeccin de su metfora (Graffiti, Reunin, Segunda vez) y tambin una novela, la citada Libro de Manuel, que en 1973 fue como una bofetada para muchos guerrilleristas solemnes que, de inmediato, renegaron del Padre literario. Cortzar no lograba ser ceremonioso ni siquiera con los revolucionarios y quiz el futuro de las revoluciones se lo agradecer. Y como cada vez hay menos revoluciones (la nica es la de ricos contra pobres, para acabarlos, pero de esa no se habla), menores son las posibilidades de que el futuro se lo agradezca. Mis hijos y yo, se lo agradecemos ya. No se olvide, adems, en caso de que triunfe alguna revolucin, las palabras de Sbato (1911-2011): No hay peor conservatismo que el del revolucionario triunfante. Y no se confundan los que quieran ver en m a un reaccionario: reaccionarios son los que intenten ver en m a un reaccionario. Lo que sucede es que ahora slo hay una retrica para camaleones, aqullos que detrs de su sonrisa esconden su rencor, toman el color del partido que convenga o, igual, se declaran independientes (de qu, en poltica?). A quienes Rubn Blades, quien ya comprob que el arte no va con la poltica y por eso volvi a aquel, se refiere en una cancin que ya vendr.

Sostiene Monterroso, el compromiso social es de todos. El del escritor, pienso yo, es individual. El autntico escritor primero se da gusto a s mismo, se complace, y no necesariamente por intervencin del narcisismo (salvo ciertos casos que no vale la pena citar) o lo que ha dado en llamarse, en la jerga posmoderna, nuevo narcisismo: el del individuo que adora su cuerpo; que no utiliza su cabeza (cosa razonable, pues no le sirve para nada); que no piensa en otra cosa que en tcnicas de masturbacin, fsicas y mentales. Una vez entregada su obra a los lectores, el problema es de ellos con la obra y no con el autor aunque, desde luego, es deseable una mayor identificacin entre ste y aquella. De manera que s, el compromiso social es de todos, el del escritor es individual. Y s, los escritores demasiado comprometidos primero que todo deberan pensar en casarse

Julio Cortzar: Cronopio Mayor

Qu son los cronopios? Se ha dicho que son globos de colores, preferentemente verde y azul, como quienes no cambian naturaleza por progreso, ni tranquilidad, agua, playa o mar por riqueza, barro, acera o calle. Que son humanoides pero representan rasgos indeterminados y combinan caractersticas de animales dispares. Que son hmedos, con algo de gusano o rana (eso s, nunca sapos), lo que no quiere decir que por gustarles la tierra les guste a su vez arrastrarse o que vayan a renunciar a su parte femenina, por envidia de los otros, aqullos que no merecen ser nombrados. Si bien su apariencia es indeterminada, la misma se esboza dentro de un marco zoolgico. Luego psicolgicamente, igual que en las fbulas, los cronopios obran como humanos. Los que no merecen ser nombrados, no. Obran como bestias o, sencillamente, no obran. Los cronopios son lricos, idealistas, onricos. Los dems son prcticos, pragmticos, burcratas reales o potenciales.

Seres que por naturaleza tienen el orden en la cabeza, no en el armario, los cronopios son tambin por naturaleza tibios (nunca mezzotintas ni calculadores) y pesimistas (en cuanto optimistas bien informados) que compensan con su fantasa e imaginacin, las deficiencias de lo factible, las incoherencias de lo que se ha planeado, las mezquindades de lo ejecutado. Morelli lanza un vistazo al inconformista, Cap. 74 de Rayuela: Este hombre se mueve en las frecuencias ms bajas y las ms altas, desdeando deliberadamente las intermedias. Los cronopios, a su vez, desdean los aparatos producidos por la tecnologa deshumanizante, por la modernidad tecnolgica, lo que no implica desprecio de la civilizacin tecnolgica. Desprecio s de la tecnologa que de a poco, pero seguro, se devora a la civilizacin o lo que queda de ella. Al contrario de los dems, hacen gala del humor, la stira, la irona, son tiernamente traviesos, tienden trampas a los otros, quizs, para descubrir cmo son; pero, eso s, sin ser jams hipcritas ni pensar en traicionarlos. Son personajes de cuento, novela, teatro, cmic o dibujo animado. Tienen algo o mucho de Chaplin, Buster Keaton, Harold Lloyd, Harry Langdon, Groucho Marx, Cantinflas.

Los cronopios son tambin aquellos seres para quienes el fuego slo habr empezado en serio cuando el hombre entienda que, pese a tanta bosta, hay que seguir al rescate de cuanto romanticismo sea posible, de tanto romanticismo necesario y desenfrenado, as sea peligroso. Y si no que lo diga el Che Cortzar en Reunin, relato que no le pareca interesante al Che autntico, al nico. Pero, eso hay que leerlo, no contarlo. Qu sera de este mundo sin los romnticos: sin Baudelaire, Beethoven, Armstrong, Ch. Parker, Miles Davis, Coltrane, Cortzar. Seres que dejan atrs el odio tal vez porque no tienen miedos, que pueden mirar al enemigo con una nobleza tal (la de los aristcratas de espritu), que el enemigo desaparece al no poder sostener la mirada, al darse cuenta de su mezquindad, al comprender que de l se habla cuando se dice al bagazo poco caso. As, los cronopios suscitan en el enemigo la imagen de un juez que no juzga, a la vez acusado y testigo, que simplemente sabe separar verdad perceptible de verdad demostrable. Para que por fin nazca una patria de hombres, si no Nuevos, ms limpios, menos turbios.

Los cronopios se preocupan por vivir, no por morir poco a poco como los otros que no merecen ser nombrados. No envidian la vida de nadie, ms bien la compadecen, al contrario de ciertos miserables que se olvidan de la suya y pasan metidos en la de los dems. Quizs porque son idealistas, soadores, utopistas (sin importar que entre ms caminen, ms se les corra el horizonte), a los cronopios no les preocupa ni la fama (esa estatua que cagan las palomas), ni el reconocimiento (salvo el de la gente a la que quieren), ni la esperanza (esa puta que se parece a la desesperanza), porque son conscientes de la fugacidad de la vida, no tanto del paso del tiempo. Les preocupa, nicamente, dejar obra y morir tranquilos. Los cronopios aman la vida. Los otros no, porque ni siquiera estiman la suya. Les ocupa ms la ajena, ya se dijo, pero siempre hay que repetir lo obvio

A los cronopios les gustan la libertad, la tolerancia, la utopa (otra vez) y no se resignan a la opresin ni al borreguismo, pues bien saben que la resignacin es la cuota inicial de pago por la prdida de la dignidad. Respecto a esto ltimo, Cortzar se mantuvo inclume e invicto hasta el final. Motivo por el cual es el Cronopio Mayor. Que, en este caso, no es ttulo marcial, sino de dignidad, la que hay que conservar a toda costa, para no convertirse en uno de aquellos que no merecen ser nombrados. Para morir como se ha vivido, apartado de la fama y del xito, avaro de esa libertad que desaparece cuando comienza el exceso de bienes. Tanto Juan Goytisolo (1931-2017) como Cortzar saban que Borges tena razn: La mejor manera de no pasar de moda es esforzndose por no estarlo nunca, por eludir el xito. Y Cortzar nunca estuvo de moda, siempre eludi el xito, jams cambi discrecin por publicidad, por vanidad, por mediocridad. Para l mismo no es fcil ser cronopio pues bien saba de los fracasos, las renuncias, las traiciones, mientras ser fama o esperanza es simplemente una cuestin de inercia; ser cronopio, en cambio, implica ir en contra de todo y de todos, de lo acostumbrado y de lo establecido, incluso por ley (la del Procurador, por ejemplo): No es fcil ser cronopio. Lo s por razones profundas, por haber tratado de serlo a lo largo de mi vida; conozco los fracasos, las renuncias y las traiciones. Ser fama o esperanza es simple, basta con dejarse ir y la vida hace el resto. Ser cronopio es contrapelo, contraluz, contranovela, contradanza, contratodo, contrabajo, contrafagote, contra y recontra cada da contra cada cosa que los dems aceptan y que tienen fuerza de ley.

Los cronopios saben que la derecha no tiene ni puta idea de un mundo tico, participativo, plural, sino de otro que tiende cada da ms al individualismo, a la competitividad, al xito y que, sin embargo, pregona la unidad familiar, la solidaridad, la convivencia. Aunque los cronopios tambin saben que la izquierda no tiene ni puta idea del mundo (como sostiene Saramago) ya no slo tico, sino social, econmico y, sobre todo, poltico. Y es que la izquierda no ha sabido formar las circunstancias humanamente, para un hombre formado por las circunstancias. Lo nico que ha hecho, al llegar a las instancias de Poder, es reproducir los peores vicios de la derecha que antes haba criticado. De todas maneras, los cronopios saben que estamos en tiempos en los que no hay izquierdas ni derechas, slo excusas y pretextos, en tiempos de una retrica maltrecha, para un planeta de ambidextros. Y conste que cualquiera sabe que habito a la izquierda, sobre el rojo, igual que dice Cortzar despus de darle la vuelta al da en 80 mundos. A esos ambidextros se refiere Rubn Blades, ahora s, en Hipocresa. Diciente metfora sobre la poltica de estos tiempos. Y poltica aqu se dice en el mal sentido del trmino pues en realidad no tiene otro.

http://www.youtube.com/watch?v=UpTX4OHKNIk 4:55

Sin conocer an la globalizacin, los cronopios ya saban que estos son los tiempos de la globalizacin de la injusticia, los tiempos de inquietud, el tiempo de los asesinos. Por eso ha llegado el momento de la Policrtica en la hora de los chacales, texto del cual se cita apenas un fragmento. La explicacin del ttulo, para acabar con chacales y con hienas, lagartos y camaleones, hidras y basiliscos, la da el propio Cortzar: Hablando de los complejos problemas cubanos, una amiga francesa mezcl los trminos crtica y poltica, inventando la palabra policritique. Al escucharla pens (tambin en francs) que entre poli y tique se situaba la slaba cri, es decir, grito. Grito poltico, crtica poltica en la que el grito est ah como un pulmn que respira; as la he entendido siempre, as la seguir sintiendo y diciendo. Hay que gritar una poltica crtica, hay que criticar gritando cada vez que se lo cree justo: slo as podremos acabar un da con los chacales y las hienas.

Policrtica en la hora de los chacales

De qu sirve escribir la buena prosa,/ de qu vale que exponga razones y argumentos/ si los chacales velan, la manada se tira contra el verbo,/ lo mutilan, le sacan lo que quieren, dejan de lado el resto,/ vuelven lo blanco negro, el signo ms se cambia en signo menos,/ los chacales son sabios en los tlex,/ son las tijeras de la infamia y del malentendido,/ manada universal, blancos, negros, albinos,/ lacayos si no firman y todava ms chacales cuando firman,/ de qu sirve escribir midiendo cada frase,/ de qu sirve pesar cada accin, cada gesto que expliquen la conducta/ si al otro da los peridicos, los consejeros, las agencias,/ los policas disfrazados,/ los asesores del gorila, los abogados de los trusts/ se encargarn de la versin ms adecuada para consumo de inocentes o de crpulas,/ fabricarn una vez ms la mentira que corre, la duda que se instala,/ y tanta buena gente en tanto pueblo y tanto campo de tanta tierra nuestra,/ que abre su diario y busca su verdad y se encuentra/ con la mentira maquillada, los bocados a punto, y va tragando/ baba prefabricada, mierda en pulcras columnas, y hay quien cree/ y al creer olvida el resto, tantos aos de amor y de combate,/ porque as es, compadre, los chacales lo saben: la memoria es falible/ y como en los contratos, como en los testamentos, el diario de hoy con sus noticias invalida/ todo lo precedente, hunde el pasado en la basura de un presente traficado y mentido./ Entonces no, mejor ser lo que se es,/ decir eso que quema la lengua y el estmago, siempre habr quien entienda/ este lenguaje que del fondo viene,/ como del fondo brotan el semen, la leche, las espigas./ Y el que espera otra cosa, la defensa o la fina explicacin,/ la reincidencia o el escape, nada ms fcil que comprar el diario made in USA/ y leer los comentarios a este texto, las versiones de Reuter o de la UPI/ donde chacales sabihondos le darn la versin satisfactoria,/ donde editorialistas mexicanos o brasileos o argentinos/ traducirn para l, con tanta generosidad,/ las instrucciones del Chacal con sede en Washington,/ las pondrn en correcto castellano, mezcladas con saliva nacional,/ con mierda autctona, fcil de tragar. No me excuso de nada, y sobre todo/ no excuso este lenguaje,/ es la hora del Chacal, de los chacales y de sus obedientes:/ los mando a todos a la reputa madre que los pari,/ y digo lo que vivo y lo que siento y lo que sufro y lo que espero.

S, hay que gritar una poltica crtica, protestar contra la injusticia, hablar para que el silencio no siga siendo el principal alimento de la impunidad. El compromiso es no callarse ante nada, hablar frente a todo. Ser inconforme es una virtud. Conforme, un delito. Esto es lo que, en esencia, debe recogerse de un texto como Policrtica en la hora de los chacales. Una ctedra sobre lo que no debe ser el periodismo, que contina vigente. Como vigente contina, salvo algunas (des)honrosas excepciones, la obra de Cortzar, una obra que, eso s, no tiene por qu ser perfecta, ni satisfacer a todos. No. La gracia del arte est en que divida opiniones, como pensaba el bizco, no El Bosco. Al respecto, Tarkovski seala: Un genio no se manifiesta en la perfeccin absoluta de una obra, sino en la fidelidad absoluta a s mismo, en la consecuencia frente a su propio apasionamiento. El ansia apasionada de verdad, de conocimiento del mundo y de s mismo concede un significado especial incluso a partes no especialmente buenas o incluso a las llamadas pginas erradas.

Claro, hay muchas pginas erradas en Cortzar, como las haba en su compadre Arlt: de las que, justicia potica, aqul no pudo liberarse jams pues, vctima de sus temores, termin encarnando los errores de ste. O sea, Cortzar respecto a Arlt acabar preguntndose como Lowry en Bajo el volcn: Cmo convencer el asesinado a su asesino de que no ha de aparecrsele? Acabar representando en su obra, la aventura de la inaccin, la de aquellos personajes que, como Balder, se la pasan esperando que un suceso extraordinario se produzca: magster en pereza e inaccin, no busca solucionar nada, simplemente escribir en el aire la suite de la queja y el ensueo. En este sentido, basta un fragmento de Rayuela (Cap. 124): Era fcil advertir el empobrecimiento de su mundo novelstico, no solamente manifiesto en la inopia casi simiesca de los personajes, sino en el mero transcurso de sus acciones y sobre todo de sus inacciones. Acabar por atribuir a uno de sus personajes, Oliveira, mi fuerza est en mi debilidad, palabras cuya esencia, una vez ms, como lo hace en el prlogo a la obra completa de Arlt, Balder asume: Mi propsito es evidenciar de qu manera busqu el conocimiento a travs de una avalancha de tinieblas, y mi propia potencia en la infinita debilidad que me acompa hora tras hora. En dicho prlogo, sostiene: Si de alguien me siento cerca en mi pas, es de Roberto Arlt. Y en Rayuela (cap. 21): Mi mano tantea en la biblioteca, saca a Crevel, saca a Roberto Arlt, saca a Jarry.

En aras de la justicia, tambin tiene pginas ya no solo admirables sino imprescindibles: los cuentos que se desee escoger y en Rayuela los captulos ya citados ms, entre muchos, el 105, dedicado a las obras del tiempo, con el que se cierra este sincero y a la vez crtico homenaje al Cronopio Mayor quien, justo, en Rayuela (cap. 40) seala algo elocuente en torno al criticar sin denostar: en esas crticas haba una cantidad tal de amor que solamente dos tarados como ellos [Traveler y Talita] podan malentender sus denuestos. Va pues el captulo con el que pasa de la dimensin real, subjetiva y objetiva al tiempo, a la mtica, a travs de un sutil tributo a esa especie de cuarta dimensin que es la memoria, ese nico tribunal incorruptible, a la vez un eficaz dardo contra la desidia humana en torno a sus ancestros, as como una ontolgica declaracin, mediante una prosa potica sin tacha: Morelliana. Pienso en los gestos olvidados, en los mltiples ademanes y palabras de los abuelos, poco a poco perdidos, no heredados, cados uno tras otro del rbol del tiempo. Esta noche encontr una vela sobre una mesa, y por jugar la encend y anduve con ella en el corredor. El aire del movimiento iba a apagarla, entonces vi levantarse sola mi mano izquierda, ahuecarse, proteger la llama con una pantalla viva que alejaba el aire. Mientras el fuego se enderezaba otra vez alerta, pens que ese gesto haba sido el de todos nosotros (pens nosotros y pens bien, o sent bien) durante miles de aos, durante la Edad del Fuego, hasta que nos la cambiaron por la luz elctrica. Imagin otros gestos, el de las mujeres alzando el borde de las faldas, el de los hombres buscando el puo de la espada. Como las palabras perdidas de la infancia, escuchadas por ltima vez a los viejos que se iban muriendo. En mi casa ya nadie dice <la cmoda de alcanfor>, ya nadie habla de <las trebes> las trbedes. Como las msicas del momento, los valses del ao veinte, las polkas que enternecan a los abuelos. Pienso en esos objetos, esas cajas, esos utensilios que aparecen a veces en graneros, cocinas o escondrijos, y cuyo uso ya nadie es capaz de explicar. Vanidad de creer que comprendemos las obras del tiempo: l entierra sus muertos y guarda las llaves. Slo en sueos, en la poesa, en el juego encender una vela, andar con ella por el corredor nos asomamos a veces a lo que fuimos antes de ser esto que vaya a saber si somos. http://www.youtube.com/watch?v=EhD-RtE0pjA 4:02

Morir sin haberse vendido: en dignidad

A m me gustan los viejos tangueros, en eso soy un perfecto reaccionario que no ha tenido realmente tiempo de estudiar un poco ms, lo que est sucediendo en este momento. Cuando es medianoche, estoy cansado y es la hora del ltimo trago antes de dormir, yo s que casi siempre pongo un disco de Pichuco, recuerda Cortzar, un hombre que pese a haber vivido en Pars 33 aos, jams se fue de su barrio Al final de su vida, podra haber dicho lo mismo que Monterroso: He estado fuera de mi pas, pero mi pas nunca ha estado fuera de m. En este sentido, quizs baste decir que Rayuela es el libro por excelencia del exilio. Para confirmarlo basta traducir los epgrafes que acompaan los captulos Del lado de all y Del lado de ac: Nada mata tanto a un hombre como el estar obligado a representar un pas; Hay que viajar lejos pero amando su casa. Este ltimo, cuenta Juan M. Bonet, fue extrado de Les mamelles de Tirsias (1917) y encabeza la parte portea de Rayuela, novela en la que el autor, sin citarlo, cita a Apollinaire (Onze mille verges) y en la que lo cita Morelli, personaje inspirado en el poeta espaol Jos Bergamn.

Cortzar muri sin aceptar las cosas tal como le fueron dadas, sin haberse vendido y por ello pobre, eso s, en dignidad. Como dira Toms Eloy Martnez, apegado a unas pocas posesiones felices: entre ellas, quizs, el recuerdo de su mujer, Carol, un gato o una gata, una pipa de picadura o de bareta, qu importa! O Soriano, quien seala que Cortzar para vivir se conformaba con lo necesario y lo cita: mis discos, un poco de tabaco, un techo, una camioneta para gozar del paisaje, es decir, como quien sin querer hace recordar a Miller en El tiempo de los asesinos (o sea, el de siempre): Entre ms elevada sea la condicin espiritual de un hombre, en peores condiciones materiales est. Lo que en el acto conduce al revs de la frase y, al mismo tiempo, a los polticos, los que con los bolsillos llenos siempre han llevado a los dems a la miseria y al mundo a la debacle.  
 


Dedico este trabajo a mi padre, Luis Jorge, m. en 1979, no a su memoria; a mi madre, Cecilia, quien, desde aquel desolador 20/jun slo hasta el 1/jun/2005, tras su muerte en Barranquilla, renunci al recuerdo del Gatico; a mi hermano Jaime, cuya nobleza le ha permitido superar una insoportable adversidad; a Marthica, por su insobornable afecto e inclaudicable apoyo; y, claro, a mis hijos Santiago y Valentina, amigos hacedores de mis alas, de quienes siempre depender el vuelo que pueda tomar. Todos ellos tan cronopios como Cortzar y quienes recuerdan que ante los seres verdaderamente grandes (y no por la acromegalia) no nos sentimos inferiores, sino misteriosamente afines.

* (Bogot, Colombia, 1957) Padre de Santiago & Valentina. Escritor, periodista, crtico literario, de cine y de jazz, catedrtico, conferencista, corrector de estilo, traductor y, por encima de todo, lector. Estudios de Zootecnia, U. N. Bogot. Periodista, de INPAHU, especializado en Prensa Escrita, T. P. 8225. Profesor Fac. de Derecho U. Nacional, Bogot (2000-2002). Realizador y locutor de Una mirada al jazz y La Fbrica de Sueos: Radiodifusora Nacional, Javeriana Estreo y U. N. Radio (1990-2014). Fundador y director del Cine-Club Andrs Caicedo desde 1984. Colaborador de El Magazn de El Espectador. Ex Director del Cine-Club U. Los Libertadores y ex docente de la Transversalidad Hum-Bie (2012-2015). Invitado al V Congreso Internacional de REIAL, Nahuatzn, Michoacn, Mxico, con Roberto Arlt: La palabra como recurso ante la impotencia (22-25/oct/12). Invitado por El Teatrito, de Mrida, Yucatn, para hablar de Burgess-Kubrick y Una naranja mecnica (27/oct/12). XXIV FILBO (4-16.V.11): Invitado por MinCultura a presentar el ensayo Arnoldo Palacios: Matar, un acto excluido de nuestras vidas (MinCultura, 2011), en Pabelln Juvenil de Colsubsidio (13/may/11). Invitado al II Congreso Internacional de REIAL, Cap. Colombia, Izquierdas, Movimientos Sociales y Cultura Poltica en Colombia, con el ensayo Arnoldo Palacios: Matar, un acto excluido de nuestras vidas, U. Nacional, Bogot, 6 a 8/nov/2013. Invitado por UFES, Vitria, Brasil, al I Congreso Int. Modernismo y marxismo en poca de Pos-autonoma Literaria, ponente y miembro del Comit Cientfico (27-28/nov/2014). Invitado a la XXXIV Semana Internacional de la Cultura Bolivariana con la charla-audicin El Jazz y su influencia en la literatura: arte que no entiende de mezquindades, Colegio Integrado Guillermo Len Valencia, Duitama, 28/may-1/jun/2015. Invitado al III Festival Internacional LIT con el Taller Cine & Literatura: el matrimonio de la posible convivencia, Duitama (15-22/may/2016). Invitado al XIV Parlamento Internacional de Escritores de Cartagena de Indias con el ensayo Jack London: tres historias distintas y un solo relato verdadero (24-27/ago/2016). Invitado a la 36 Semana Internacional de la Cultura Bolivariana con las charlas-audiciones Los Blues. Msica y memoria del pueblo y para el pueblo y Leonard Cohen: Como un pjaro en un cable, Duitama, (21/jul/2017). Invitado al Encuentro de Escritores en Lorica, Crdoba, con el ensayo La casa grande: estamos derrotados? (10-12/ago/2017). Escribe en: www.agulha.com.br www.argenpress.com www.fronterad.com www.auroraboreal.net www.milinviernos.com Corresponsal www.materika.com Costa Rica. Co-autor de los libros Camilo Torres: Cruz de luz (FiCa, 2006), La muerte del endriago y otros cuentos (U. Central, 2007), Izquierdas: definiciones, movimientos y proyectos en Colombia y Amrica Latina, U. Central, Bogot (2014), Literatura, Marxismo y Modernismo en poca de Pos autonoma literaria, UFES, Vitria, ES, Brasil (2015) y Guerra y literatura en la obra de J. E. Pardo (U. del Valle, 2016). Autor ensayos publicados en Cuadernos del Cine-Club, U. Central, sobre Fassbinder, Wenders, Scorsese. Autor del libro Cine & Literatura: El matrimonio de la posible convivencia (2014), U. Los Libertadores. Autor contraportada de la novela Trashumantes de la guerra perdida (Pijao, 2016), de J. E. Pardo. Espera la publicacin de sus libros El crimen consumado a plena luz (Ensayos sobre Literatura), La Fbrica de Sueos (Ensayos sobre Cine), Msicos del Brasil, La larga primavera de la anarqua Vida y muerte de Valentina (Novela), Grandes del Jazz, La sociedad del control soberano y la biotanatopoltica del imperialismo estadounidense, en coautora con Lus E. Soares. Su libro Ocho minutos y otros cuentos (Pijao Editores) fue lanzado en la XXX FILBO (7/mayo/2017), Coleccin 50 Libros de Cuento Colombiano Contemporneo: 50 autores y dos antologas. Hoy, autor, traductor y, con LES, coautor de ensayos para Rebelin.


http://www.lanacion.com.ar/577957-edith-aron-la-maga-de-julio-cortazar  

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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