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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-10-2017

Revuelta catalana: inyeccin de EPO o inyeccin letal?

Isidro Lpez
El Salto

La movilizacin catalana en esta fase reciente tiene ms de canalizacin del malestar a travs de los mecanismos polticos designados por este modelo que de desafo a ellos


Es una simple cuestin de principios, hay que estar contra la prisin provisional por motivos polticos siempre, y hay que estar contra la mera existencia de la Audiencia Nacional, un tribunal de excepcin, siempre. A pesar del aspecto innegable que tienen las encarcelaciones del lunes 16 de octubre de movimientos pactados de piezas en un tablero reservado a los intereses de los actores institucionales de Espaa y Catalunya, es inaceptable la prisin incondicional sin juicio de dos organizadores de manifestaciones pacficas.

La lstima es que una negociacin entre administraciones no va a devolvernos los montes gallegos y asturianos quemados. Galicia y el medio rural, el ciclo inmobiliario, el cambio climtico y la ecologa poltica vuelven al tercer plano que les corresponde en la jerarqua de temas polticos patrios. El comienzo de una movilizacin por el territorio en Galicia esta s, sin partidos encabezando ni instituciones tutelando quedar confinada a lo estrictamente local. Cosa que, quiz, como ha sucedido en otros momentos histricos recientes en Galicia, d como resultado unas expresiones polticas altamente originales, pero que no deja de ser sintomtica de nuestra pasin por lo ya conocido, por lo trillado, por los temas espaoles clsicos.En su da se le dieron muchas vueltas al concepto de Cultura de la Transicin (CT). Lo interesante siempre me pareci plantearlo como una "cultura nacional" y no tanto como unos contenidos, ni siquiera como una estructura de discurso. Una cultura nacional es una manera pautada de encajar los acontecimientos, de leer la historia, de manera que no haya discontinuidades ni sorpresas en las atribuciones de los poderes, ni en el juego de las escalas geogrficas superpuestas, ni en la definicin de los sujetos polticos legtimos. Esto, desde luego, no quiere decir que la cultura nacional suprima totalmente el conflicto sino que lo canaliza de forma productiva para los intereses del ordenamiento poltico a travs de estos encajes.

En el caso de la cultura nacional surgida del 78: el Estado espaol es el lugar central de la poltica, el que incluye en su interior a la derecha y a la izquierda y, a travs de ellas, interioriza tambin luchas de clases de la transicin que son progresivamente arrinconadas y desactivadas. Y este lugar central esta flanqueado por dos sujetos polticos satlite, Euskadi y Catalunya, que se definen frente al Estado espaol tanto como el Estado espaol se define frente a ellos. Ambos ejes estn organizados mediante la mediacin de partidos-rgimen, el eje izquierda-derecha mediado por el bipartidismo y el eje territorial mediado por los partidos propios de los dos sujetos satlites, surgidos de la matriz nacionalista burguesa del siglo XIX.

Quiz aqu convenga aclarar, antes de entrar en las habituales discusiones absurdas sobre el carcter burgus o no burgus del procs y su actual fase, que una cosa es la burguesa y otra la clase capitalista, una cosa es el crudo dominio del capital y otra un proyecto de dominacin por una va civilizatoria que vertebre la sociedad. En el Estado espaol solo ha existido burguesa en sentido estricto, el segundo, en Euskadi y en Catalunya. En el resto ha existido el crudo dominio del capital terrateniente y financiero. As, para tener un cuadro general, es importante ver cmo en otros territorios los verdaderamente excluidos de este reparto de funciones, como la Asturias del desastre posindustrial, simplemente se les niega la condicin de sujetos polticos centrales al no tener unos partidos propios capaces de mediar y recuperar en trminos nacionales su tradicin de luchas de clases.

Se podra entrar en una cronologa mucho ms detallada y analizar, por ejemplo, los motivos por los que Euskadi y Catalunya cambian roles a partir de la primera dcada de este siglo, motivos que van bastante ms all del dato evidente de la existencia de la lucha armada. En Euskadi el cierre muy tardo de la Transicin genera una situacin abierta hasta mediados de los 80 y una evolucin propia de la lucha de clases, que se desarrolla en sus propios trminos por debajo del progresivo cierre en clave de tensin territorial, y que termina por generar un contexto econmico ganador en la globalizacin.

Mientras, casi en paralelo, Catalunya va perdiendo posiciones en la jerarqua de regiones globales y desarrollando una fuerte crisis de representacin, que anticipa la del resto del Estado hasta que, a principios de esta dcada, el procs y la oposicin al procs generan un nuevo sistema de representacin encajado en los moldes ideolgicos del 78 que no revierte la crisis larga de la economa catalana sino que la remite al consabido modelo inmobiliario-turstico de las economas litorales espaolas.

El territorio en este contexto siempre es una variable administrativa, una escala de gobierno y una dependencia del Estado. Nunca es un territorio material, con lmites y no reproducible, que nutre a (y que se nutre de) unos procesos sociales propios. Siempre bajo la forma de externalidades generadas por los dos sujetos polticos satlite del modelo, Euskadi y Catalunya, el territorio del 78 es un espacio liso que hay que llenar con parlamentos regionales, redes clientelares propias y competencia por la atraccin de flujos de capital. Y, en lo que estos llegan, de recursos que reparte el Estado, rbitro en primera instancia del reparto.

Esta concepcin de partida fue fundamental para que los territorios del 78 se convirtieran, a partir de los aos noventa, en una red de promotores inmobiliarios y agentes de crdito hipotecario a grandsima escala. Algunos adems de promocin inmobiliaria y concesin de crditos hipotecarios hicieron promocin turstica, caso de Catalunya, pero todos mercantilizaron hasta el extremo tanto el territorio material como los procesos sociales a los que nutre y de los que se nutre. Este modelo fue un elefante en la sala que pas desapercibido hasta que se desplom, por sorpresa para muchos analistas, no pocos de izquierda, que estaban demasiado ocupados discutiendo con la mayor gravedad sobre la reforma del Estatut y el 'plan Ibarretxe' como para darse cuenta de que estaban subidos a una masa de crdito impagable y a un bloque gigantesco de cemento.

No es casualidad que el nico amago de reordenacin por arriba de los roles asignados en el 78 fueran las ahora olvidadas guerras del agua, que enfrentaron a los territorios tursticos litorales (Murcia y Valencia) con, fundamentalmente, Aragn por el control del agua, entendida como simple mercanca para producir mercancas. En su momento se acu el afortunado trmino "nacionalismo hidralico" para definir el bloque histrico hegemnico del PP en Murcia articulado sobre la demanda de agua al Estado.

Europa existe en este modelo como contenido aspiracional hasta el 86 como el validador ltimo de este modelo de organizacin, y a partir de ah como la esfera neutra de la economa o de una poltica, a lo sumo, de "valores". Ambas cosas son excluidas intencionalmente de la discusin poltica al ser sacadas de la rbita del Estado para poder cumplir el papel de mitos fundadores, el mismo que les quiere atribuir hoy la inmensa mayora del independentismo cataln que quiere un estado "normal" dentro de la UE. Quin querra no ser prspero como un dans, libre como un holands, rubio y alto como un sueco?

Tan solo en el periodo 2010-2015 cay este velo de la CT y se vio a Europa como un actor poltico central plagado de intereses de clase, como el sostenedor ltimo del resto de ficciones nacionales y como el sostenedor de las lites que representan a todos los ungidos con la condicin de sujetos polticos en el 78. Cuando se cerr esta brecha, no sin esfuerzo, comenz la restauracin de la cultura nacional y del rgimen del 78. Esa rpida transicin de dos aos en la que se pas de hablar del pago de la deuda a hablar de corrupcin, y de fijarnos en Grecia y Alemania a hacerlo en Catalunya y en Espaa, marcan ese cierre de fase.

La movilizacin catalana en esta fase reciente tiene ms de canalizacin del malestar a travs de los mecanismos polticos designados por este modelo que de desafo a ellos. Estamos ante una normalidad hipertrofiada, una cultura nacional con esteroides, a la manera del doping, que se ha cambiado la sangre enferma por la sana de la revuelta de 2009-2015 para que siga haciendo funcionar un organismo enfermo. Si a esto le aadimos la respiracin artificial que le proporciona el Banco Central Europeo tenemos algo as como un enfermo en estado de hiperexcitacin ante tanta transfusin. Por supuesto, todos sabemos que, por mucho que se cambie la sangre, un organismo enfermo termina muriendo. Si nos quedamos sin David Bowie nos quedaremos sin rgimen del 78 y sin CT. Pero, dado que el uno usaba su tiempo extra en hacernos la vida ms llevadera y el otro en jodrnosla un poco ms, sera bueno pensar en cmo se le administra cianuro en lugar de sangre fresca.

Fuente: http://www.elsaltodiario.com/independencia-de-catalunya/revuelta-catalana-inyeccion-de-epo-o-inyeccion-letal



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