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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-10-2017

Pasado y presente de la Revolucin rusa

Giaime Pala
TopoExpress


En un artculo publicado por el diario La Vanguardia el 3 de marzo de 2017, el historiador y politlogo Walter Laqueur (1921) afirm que hasta finales de los aos ochenta exista un consenso general en el sentido de que el acontecimiento ms importante que tuvo lugar en 1917 fue la revolucin bolchevique. Pero, cien aos despus, resulta dudoso que ni siquiera el Partido Comunista de Rusia siga con gran atencin el citado acontecimiento [1]. En su opinin, hoy deberamos ver que en 1917 se desarrollaron otros hechos ms importantes que los que acaecieron en Rusia: por lo pronto, la carta que el ministro de Exteriores britnico, Arthur James Balfour, envi en noviembre de ese ao a la organizacin sionista de su pas para comunicarle que el gobierno de Su Majestad vea con buenos ojos la creacin en Palestina de una patria nacional para el pueblo judo [2], y en segundo lugar, que en abril de 1917 Estados Unidos entr en la poltica mundial al declarar la guerra a Alemania. De una forma evidente, aunque no explcita, pues, se da a entender que el parmetro con el cual hay que evaluar la importancia de una serie de sucesos acontecidos en un mismo ao, es el de la longevidad y el xito de sus protagonistas. De modo que la disolucin en 1991 de la Unin Sovitica redimensionara rebours la importancia de la Revolucin Rusa de 1917; mxime si la comparamos con la historia de pases que todava son protagonistas en la escena internacional como Estados Unidos e Israel.

Estas consideraciones no slo son presentistas, sino que tambin suenan a insinceras. Sobre todo porque son formuladas por un historiador prestigioso [3] que no puede ignorar que el proyecto sionista tard dcadas en concretarse y que, hasta 1947, mantuvo una tensa relacin con ese mismo gobierno britnico que en 1917 declar su voluntad de apoyarle; o que la entrada en la poltica mundial de Estados Unidos en 1917 no fue realizada con la intencin de ejercer un papel de potencia global capaz de moldear las relaciones econmicas y geopolticas de los distintos continentes (suponiendo, aunque no admitiendo, que estuviera en condiciones de hacerlo en 1917 o incluso antes de que −como vieron in illo tempore economistas de la talla de Alvin Hansen, Paul M. Sweezy o Josef Steindl− el aumento del gasto militar en la Segunda Guerra Mundial sacara al pas del estancamiento econmico que le afliga desde 1929) [4].

En realidad, la reflexin de Laqueur confirma la validez de la advertencia del filsofo Benedetto Croce segn la cual toda historia es historia contempornea, en el sentido de que la coyuntura poltica y cultural del presente termina influyendo en el juicio del historiador [5]. Y, en este caso, Laqueur relativiza el alcance histrico de la Revolucin Rusa con el objetivo de exorcizarla o, cuando menos, de disminuir su legado en un momento en que el capitalismo atlntico sigue sin encontrar la va para acabar de salir de la mayor crisis econmica de los ltimos setenta aos.

Con todo, su generacin, incluyendo en ella a la parte ms anticomunista, nunca dud antes de 1989 de que los acontecimientos rusos de 1917 marcaron inmediatamente un antes y un despus en la historia mundial, en tanto que dieron vida a un movimiento, el comunista, que no ha sido solamente la galera de horrores dictatoriales y de miseria moral y material al que ahora se le suele reducir: ha sido un movimiento colectivo que ha implicado la vida de millones de personas y que ha asumido con los aos un carcter cada vez ms diferenciado y menos unitario; que ha marcado en profundidad la historia de las relaciones internacionales y la de distintos pases, fundindose −de varias maneras− con la especificidad de sus tradiciones nacionales y sus conformaciones sociales; que ha plasmado directa o indirectamente la organizacin econmica, los sistemas polticos, las coordenadas culturales del mundo contemporneo y, sobre todo, de Europa [6].

Estas consideraciones del historiador italiano Aldo Agosti apuntan a otra realidad que ni siquiera un intelectual liberal como Laqueur podra negar; a saber: que sin el movimiento comunista tampoco puede entenderse la historia del capitalismo del siglo XX y sus transformaciones. Pensemos, verbigracia, en la reordenacin del capitalismo global pactada por los pases occidentales en los acuerdos de Bretton Woods de 1944, pivotados alrededor de la progresiva apertura de los mercados internacionales, la estabilidad monetaria y el objetivo de conseguir un aumento del crecimiento y de la productividad de las economas [7]. Desde una posicin de fuerza, el gobierno estadounidense impuls este modelo convencido de que un capitalismo abierto habra creado las condiciones para acrecentar el bienestar de las poblaciones del mundo, lo que, a su vez, habra atemperado los conflictos de clase que caracterizaron el mundo anterior y fortalecido las instituciones de la democracia liberal americana adoptadas por otros pases a partir de 1945. En definitiva, un modelo concebido para ganar la lealtad de los trabajadores al sistema y alejarlos de las ideas anticapitalistas pregonadas entonces por la Unin Sovitica y, ms en general, por los partidos comunistas de todas las tendencias.

El mismo discurso se puede aplicar a la socialdemocracia europea; un espacio poltico que, a diferencia de lo que explic Tony Judt en su celebrado libro Postguerra [8], no se movi de forma autnoma a la hora de construir potentes Estados del Bienestar en la Europa Occidental de los Trente Glorieuses (1945-1975), sino que promovi avanzados programas de redistribucin de la riqueza tambin por la necesidad de competir con un movimiento comunista rival que, en algunos pases como Italia y Francia, lleg a ser hegemnico en el mbito de la izquierda y que oblig a los socialdemcratas a mantener un nivel de autoexigencia social elevado. La transformacin, en los aos noventa, de los partidos laboristas y socialdemcratas en organizaciones socioliberales y sensibles al monetarismo friedmaniano, nos indica que el intento de formular una poltica socialdemcrata en ausencia de un contrapunto comunista parece histricamente inverosmil [9].

Mientras dur su capacidad de encarnar una alternativa creble al capitalismo, la Unin Sovitica represent el mejor acicate para que las lites occidentales se avinieran a buscar el consenso de sus trabajadores mediante la plena ocupacin, la intervencin del Estado en la economa y la introduccin de derechos sociales inditos en la historia contempornea. Y su declive corri parejo al rearme ideolgico de los partidarios de un capitalismo desregulado y agresivo. En efecto, la imposibilidad para Mosc de sostener un abultado gasto militar para hacer frente a la confrontacin bipolar y, al mismo tiempo, de aumentar los bienes de consumo y la productividad del sector agrcola, le impidi afianzarse socialmente en los pases de su bloque y le oblig a emplear la fuerza militar para aplacar las puntas ms elevadas del descontento popular (como en Hungra en 1956 o en Checoslovaquia en 1968). Y el estancamiento econmico de los aos setenta, agravado por los gastos relacionados con el intervencionismo militar en frica y Afganistn, adems de la escasa voluntad del PCUS de democratizar la vida poltica de la federacin, proyectaron finalmente la imagen de una URSS esclerotizada e incapaz de revertir la lenta decadencia a la que estaba sumida [10].

Quien mejor supo captar ese momento histrico fue tal vez el secretario general del Partido Comunista Italiano (PCI), Enrico Berlinguer (1922-1984), el cual, tras el golpe de Estado del general Jaruzelski en Polonia en 1981 −y en continuidad con una crtica de los regmenes del socialismo real que tuvo sus inicios en la condena por parte del PCI de la invasin sovitica de Praga de 1968− lleg a declarar en una rueda de prensa: Lo que ha acaecido en Polonia nos lleva a considerar que, efectivamente, la capacidad propulsiva de renovacin de las sociedades, o cuando menos de algunas sociedades, que se han creado en el Este europeo, se ha agotado. Hablo de un empujn propulsivo que se ha manifestado durante largos periodos, que tiene su fecha de inicio en la revolucin socialista de Octubre, el ms grande acontecimiento revolucionario de nuestra poca, y que ha dado lugar a una serie de acontecimientos y luchas por la emancipacin amn de una serie de conquistas. Hoy hemos llegado a un punto en que aquella fase se cierra [11].

Ledas hoy con desapasionamiento y la ventaja que nos da el tiempo pasado, hay base para afirmar que las palabras de Berlinguer sealaron con acierto la imposibilidad de que aquellos regmenes pudieran reformarse en un sentido plenamente democrtico. En suma, que an tuvieran la fuerza para regenerarse y seguir presentndose como modelos polticos atractivos para todos aquellos que aspirasen al rescate social, econmico y cultural de las grandes masas de Occidente y del Tercer Mundo. Es por ello por lo que, en sus ltimos aos de vida, el lder del PCI luch, incluso dentro de su misma organizacin, para dar vida a un tipo de socialismo que l defini como tercera va entre la socialdemocracia europea y el socialismo sovitico; un modelo que, basndose en la leccin de Marx y Gramsci y sin renegar del legado de Lenin, supiera perseguir la superacin del capitalismo sin por eso sacrificar la libertad poltica de los ciudadanos, y que incorporara en su visin del socialismo a los nuevos problemas civilizatorios que impedan el libre desarrollo los pueblos: el peligro de la guerra nuclear, la crisis ecolgica y el declive energtico, la discriminacin de gnero y la situacin dramtica de un Sur del planeta pobre y vctima de los intereses econmicos occidentales [12].

En opinin de quien esto escribe, el de Berlinguer fue el ltimo intento significativo de desvincular −para salvarlo− el legado de la Revolucin Rusa de la trayectoria concreta de las sociedades nacidas de ese acontecimiento. Desde luego, no lo fue la confusa e improvisada reforma gorbachoviana ni, mucho menos, la apertura de China al libre comercio impulsada por Deng Xiaoping en el marco de un capitalismo dirigista y autoritario.

As las cosas, la suerte poltica e historiogrfica de la Revolucin Rusa recibi un duro golpe a causa del final repentino de la Unin Sovitica y de su bloque en el trienio 1989-1991 [13]. Y el exagerado cold war triumphalism que experiment Occidente despus de la cada del Muro de Berln, dificult durante aos un estudio serio y ponderado de la trayectoria del comunismo de matriz tercerinternacionalista (y, dicho sea, paso, del igual de problemtico liberalismo occidental) [14]. Es decir, un estudio que, sin dejar de analizar sus pginas ms oscuras y terribles relacionadas con el estalinismo, afrontara el reto de explicar la complejidad de un movimiento plural, que moviliz a millones de personas por la universalizacin del sufragio universal, la justicia social y la participacin en una escena poltica casi siempre dominada por pequeas lites autorreferenciales y/o protegidas por la fuerza de las armas. En una palabra, un movimiento de progreso. En otra, de emancipacin. Este es el tipo de historia que reclam aqu en Espaa el aorado Francisco Fernndez Buey en sus ltimos aos de vida [15] . Y es el que han practicado los autores del libro que el lector tiene ahora en sus manos.

Notas:

[1] Walter Laqueur, 1917, un ao de aniversarios, La Vanguardia , edicin del 3 de marzo de 2017.

[2] Ibidem.

[3] Autor de decenas de libros sobre la historia de Europa y de Oriente Medio en el siglo XX, Laqueur es tambin un estudioso de la URSS y autor de libros que, en su momento, crearon debates en la comunidad acadmica como The Soviet Union and the Middle East (1959), The Fate of the Revolution: Interpretations of Soviet History (1967), Soviet Realities: Culture and Politics from Stalin to Gorbachev (1990).

[4] Sobre la fenomenologa histrica del proyecto sionista en Palestina en los aos 1917-1947, vase: Ilan Papp, A History of Modern Palestine: One Land, Two Peoples , Cambridge, Cambridge University Press, 2004, pp. 72-122; en cuanto al intenso debate inherente al estancamiento econmico estadounidense en los aos treinta, sigue siendo til: Paul M. Sweezy, Why Stagnation, Monthly Review , 34 (1982), n. 2, pp. 1-11 (consultable ahora en red en el enlace: https://monthlyreview.org/2004/10/01/why-stagnation/).

[5] Benedetto Croce, Teoria e storia della storiografia , Bari, Laterza, 1963 (primera edicin, 1917), p. 4.

[6] Aldo Agosti, Bandiere rosse. Un profilo storico dei comunismi europei , Roma, Editori Riuniti, 1999, pp. 15-16. La traduccin al castellano es ma.

[7] Barry J. Eichengreen, The European Economy Since 1945: Coordinated Capitalism and beyond , Princeton N.J., Princeton University Press, 2007; y tambin: Charles S. Maier, The world economy and the Cold War in the middle of the twentieth century, en Melvyn P. Leffler y Odd Arne Westad (eds.), The Cambridge History of the Cold War , vol. 1, Cambridge, Cambridge University Press, 2010, pp. 44-66.

[8] Tony Judt, Postguerra. Una historia de Europa desde 1945 , Madrid, Taurus, 2006.

[9] Dylan Riley, Tony Judt: una mirada ms fra, New Left Review (edicin en castellano) , n. 71, diciembre de 2011, p. 53.

[10] La reconstruccin ms convincente del lento declive sovitico a partir de los aos sesenta es la de Vladislav M. Zubok, Un imperio fallido. La Unin Sovitica durante la Guerra Fra , Barcelona, Crtica, 2008.

[11] Antonio Tat (ed.), Conversazioni con Berlinguer , Roma, Editori Riuniti, 1984, p. 271. La traduccin al castellano es ma.

[12] Sobre el ltimo Berlinguer, vase: Guido Liguori, Berlinguer rivoluzionario , Roma, Carocci, 2014, cap. 3; y tambin la excelente antologa de escritos de Berlinguer, editada por Miguel Gotor, La passione non finita. Scritti, discorsi, interviste (1973-1983) , Turn, Einaudi, 2013.

[13] Lanse, al respecto, las interesantes reflexiones que formula David Priestland en la introduccin de su Bandera Roja: historia poltica y cultural del comunismo , Barcelona, Crtica, 2010.

[14] Ellen Schrecker (ed.), Cold War Triumphalism: The Misuse of History After the Fall of Communism , New York, New Press, 2004.

[15] Francisco Fernndez Buey, Marx e os marxismos, Poltica Democrtica. Revista de Poltica e Cultura , ao 1, n. 1, 2001, pp. 152-164.

Captulo final del libro Crisis y revolucin

Fuente: http://www.elviejotopo.com/topoexpress/pasado-presente-la-revolucion-rusa/

 



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