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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-10-2017

Tengo miedo a morir en la miseria

Arturo Arango
OnCuba


Aprovech mi viaje a Manzanillo para visitarla. Mi primera sorpresa fue saber que an viva: me dio clases en la primaria y era ya respetada por su carcter, su inteligencia y su don para relacionarse con nios. Desde mi perspectiva de entonces, era una persona mayor. Ahora me doy cuenta de que a mis diez aos ella no sobrepasaba los treinta y cinco. Lucila, que es como se llama, era a mediados de los 60 todava una muchacha, y se haba graduado en las ltimas promociones de la Escuela Normal para Maestros de Santiago de Cuba.

Como mis padres tambin eran maestros, y amigos de Lucila, me llegaban noticias de ella. En alguna oportunidad le pidieron que dirigiera un centro escolar, y lo hizo bien, pero a regaadientes. Lo suyo, deca, era el aula. Pas por todos los grados de la primaria y siempre prefiri el primero. Nada comparable, opinaba, al placer de ensear a leer y escribir.

Vive sola, en la misma casona de madera y tejas que ha soportado peor que ella el desgaste de los aos. La gran ventana enrejada que da a la calle estaba abierta, y la llam. Su sombra encorvada, lenta, fue hasta la sala, pregunt quin yo era. Decid probar su memoria. Me pidi que me pusiera a la luz, es decir, bajo un sol que en Manzanillo, a esa hora de la tarde, carece de piedad. S que te conozco, pero no doy con tu nombre. Abri la puerta y me identifiqu. Muchacho!, dijo, y me abraz. Desde cundo no venas a ver a tu familia?, reclam.

Como es costumbre all, me hizo ir hasta el comedor, me brind caf. Lucila se cas tarde (para la poca en que fue joven) con Gregorio, un matancero menor que ella que haba estudiado Magisterio en Minas del Fro y Topes de Collantes. Gregorio muri antes de cumplir los cincuenta, cuando Goyito, el hijo de ambos, era adolescente.

Se hizo ingeniero, me actualiz Lucila. Pero t sabes que la cabra tira para el monte. Desde el segundo ao de la carrera, all en Santiago, lo pusieron a dar clases, y dando clases est. Ya se hizo doctor. El primer doctor en la familia. Casado y con dos hijas, Goyito tiene pocas oportunidades para visitar a su madre. En ella se desborda el orgullo por ese hijo al que cri prcticamente sola, y sali ms bueno que un pan. No porque lo diga yo. All en la Universidad lo adoran.

La ayud a preparar una cafetera grande, de seis tazas. A m me vendra mejor una de las chiquiticas, porque en esta el caf de la cuota se me va en tres coladas, me dijo. Pero son tan caras! Se jubil a los setenta y cuatro aos, cuando se dio cuenta de los dolores que se acumulaban en su cuerpo la obligaban a estar ms tiempo sentada que de pie ante sus alumnos. Un maestro no es un papagayo, y menos un locutor televisin. Los nios tienen que ver que uno est vivo. Yo siempre he dicho que dar clases es como conversar. Si t no te mueves por el aula, si no ves lo que estn escribiendo, cmo agarran el lpiz o el libro, si no los miras a los ojos, de cerquita, es mentira que les ests enseando.

Despus de jubilarse, como se aburra demasiado, decidi contratarse en la Universidad del Adulto Mayor. Todos los sbados se reuna con un grupo de coetneos, y con ellos hablaba de la calidad de vida en la tercera edad, o de Historia, o de Psicologa. De no haber sido maestra, me hubiera encantado ser psicloga. Pero en mi poca no se poda estar soando tanto. Un da, de regreso a casa, un mareo la hizo caer en medio de la calle. No se parti un hueso pero se dio un duro golpe en la cabeza que preocup a los mdicos. Yo s cundo retirarme, dijo.

Le pregunt si ahora pasaba el da sola. Goyito paga a una seora que va por las maanas, limpia la casa, hace el almuerzo. En el resto del da, Lucila, con ochenta y cinco aos encima, no tiene otra compaa que la de visitantes ocasionales. Quin queda ya de mis amistades? Los que no se murieron, estn peor que yo. Y la mayora de los que fueron mis alumnos no viven en Manzanillo. O en La Habana (y noto algo de reproche en la forma como me mira), o ms all todava.

Por suerte, uno de esos alumnos tiene un carro que dedica a alquiler, y es quien lleva y trae a Lucila en las muchas ocasiones en que tiene que ir al hospital. A m, el pobre, no me cobra un centavo. Y me da una pena Porque si voy porque las piernas se me acalambran, el angilogo me remite al cardilogo, y el cardilogo al de vas respiratorias, y de ah al ortopdico. Yo creo que a la nica especialidad que me falta por ir es la psiquiatra.

El hijo tambin se ocupa de pagar la cuenta de la electricidad, que supongo mnima, y algn otro gasto imprevisto. Pero las medicinas las pago yo. La mayora son baratas, pero hay unas pastillas de la circulacin que valen veinticinco, y cuando te pones a sumar, son casi cincuenta los que se me van al mes nada ms que en tratar de curar lo que ya no tiene remedio.

En la medida en que dejamos atrs la memoria y llegamos al presente, el nimo de Lucila se fue ensombreciendo. Por ahora no me falta nada. Leche y pan para desayunar, caf, aunque sepa a rayos, y de lo dems cada vez como menos. Me sobra el arroz, los frijoles se los cedo a la vecina de aqu al lado, y de vez en vez alguien me regala unos bistecitos de puerco o un muslito de pollo. Cuando Goyito viene, me llena el refrigerador de cuanta cosa hay.

Pero esto est malo, me dice, como si preguntara. Muy malo, respondo. Lo peor que tiene vivir sola es que todo el tiempo estoy pensando, imaginando cosas. Si a Goyito le pasa algo, por ejemplo. No tiene por qu pasarle nada. No se sabe. Nada est escrito. Gregorio era un roble y se me fue en un suspiro. Comprendo que est dicindome a m lo que se ha dicho a s misma muchsimas veces. T sabes a lo que le tengo ms miedo? A morir en la miseria.

Estuve a punto de preguntarle qu es para ella la miseria.

Yo s que este gobierno nunca me va a abandonar, y mientras tenga techo, algo que comer y mdicos que me atiendan, voy durando.

Y usted cree que pueda perder eso?

Bueno, el techo es mo, y salvo que venga un cicln, nadie me lo va a quitar. De lo dems, no estoy tan segura. El asunto, cuando se tienen tantos aos, es que uno ha visto demasiado.

Le promet que pronto volvera a Manzanillo, que seguiramos conversando. No seas bobo. A ti ya no te vuelvo a ver.

Fuente: http://oncubamagazine.com/columnas/miedo-morir-la-miseria/



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