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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-10-2017

Tumaco, la perla del olvido

Jos Javier Capera Figueroa
Rebelin


La tierra del olvido, la de nadie y aunque muchos nos resignamos a creer que sea un territorio condenado a la estirpe de cien aos de soledad, violencia y pobreza es la realidad social que atraviesa Tumaco la perla del olvido, esa que por ms de medio siglo se diputa por la defensa de la vida entre el narcotrfico, los grupos al margen de la ley y el abandono estatal, tres grandes males que han marcado la historia de este humilde puerto cada vez ms olvidado por los grupos dominante del pas.

En la tierra de Macondo son muy pocos los lugares que deben enfrentar el post-acuerdo de manera directa y propositivo debido a la magnitud de los problemas estructurales que afectan la cotidianidad de las comunidades en estas zonas. Una muestra de esta situacin resulta ser zonas como Buenaventura, San Vicente del Caguan, Chaparral, Bojay y Tumaco entre otros, sin dejar a un lado toda Colombia que carga con la responsabilidad de dar un giro radical a la historia de la violencia y el peso del conflicto armado que lleva ms de medio siglo y sin lugar a dudas ha marcado la vida de las familias oprimidas en los territorios.

Tumaco est ubicada al sur de Nario es un puerto lleno de oportunidades con presencia de comunidades negras, las cuales llevan en su interior particularidades histricas, polticas, culturales y sociales. Sin embargo, en la actualidad conviven con el velo de ser el municipio con ms cultivos de coca, una zona estratgica para el negocio del narcotrfico y la violencia interna entre grupos paramilitares y bandas criminales, razones que han llevado a la divisin por el control del territorio, el manejo de los negocios y la imposicin de un terror generalizado sobre las familias ms pobres de esta parte del Pacfico Colombiano.

En efecto, el desempleo es casi absoluto y por lo mnimo 100.000 jvenes estn en el diario vivir del rebusque y la mentalidad de ganarse la vida como toque, es decir, entre ejercer o padecer la violencia. A esta panorama se suma la debilidad de las instituciones y el mal de todo los das la corrupcin, aqu la fuerza pblica pareciera no tener voz ni presencia pero si la capacidad de enfrentar a los campesinos en medio de la movilizacin pacfica por exigirle al gobierno nacional garantas frente a la politica de cultivos ilcitos y la importancia de reconocer a los cocaleros como actores fundamentales en el postconflicto.

La corrupcin es otro de los males endmicos de esta ciudad, aqu la esperanza de un cambio y una praxis transformativa se esfuma en medio de la necesidad de tener un Estado fuerte, una economa legal y el fomento de actividades productivas coherentes con las condiciones reales del municipio pero en funcin de construir la paz territorial un sueo de larga data. La situacin que vive Tumaco no est por fuera del panorama nacional ac el narco mueve y/o controla la existencia de la zonas vulnerables, auspicia las cadenas de cultivos, masacres, desapariciones, comercializacin y consumo de la cocana e impone una estructura de laboratorios, seguridad y control sobre el territorio pasando por encima de lo que cueste y de quien sea necesario.

Para nadie es raro reconocer que el narcotrfico pas a ser la actividad econmica de carcter ilegal que tiene presencia hegemnica en Tumaco. Ha llegado al punto de ocupar espacios donde los jvenes y las familias de las veredas reconocen la necesidad de superar esta situacin pero no desconocen que gran parte de la juventud deambula sin un oficio digno para ganarse la vida, una razn de peso que facilita su incorporacin al mundo de la narco-violencia. A esto se le suma, el microtrfico en los barrios, la presencia de sicarios a sueldo o la profesin de ser lanchero para transportar la droga a costas de Centroamrica y Mxico una de las principales rutas para alimentar los pases consumidores, en especial el de mayor tradicin los Estados Unidos.

Ahora presenciamos otro genocidio de Estado sucedido en la perla del olvido dada la muerte de seis humildes campesinos que viven en medio de cultivo de coca, y ahora pasaron a ser considerados como cocaleros, es decir, una profesin indigna para las lites y los grupos polticos tradicionales del pas, pero que se puede esperar de un gobierno clasicista, mafioso y discriminador como el Colombiano, uno que aunque firm un acuerdo de paz con la guerrilla ms antigua del continente las FARC y haya llegado a un cese temporal con el ELN, todava le queda mucho por cumplir y sobre todo por ir aclarando entre ello la politica de cultivos ilcitos en los territorios vctimas del conflicto armado, si es que, seriamente estamos pensando en construir una paz desde abajo y con las comunidades.

En ltimas, el proceso de paz ha alivianado la violencia en muchas zonas, no se puede descartar este panorama, mientras que en Tumaco est ocurriendo lo contrario sigue creciendo los homicidios y esta pasado a ser una zona estratgica para que las bandas hagan presencia en los barrios y veredas donde las Farc ejercan autoridad y control social, que paradojas suceden en la tierra de macondo mientras intentamos pacificar el conflicto con unos, otros van copando los espacios que las instituciones civiles y militares no ha logrado ingresar de forma estructural. Aunque el gobierno sigue con la lgica clsica de los tiempos de guerra: 1) re- militarizar la zona; 2) crear la figura de objetos de tratamiento especial para combatir el crimen organizado; y 3) implementar un plan piloto por medio de grupos elites de inteligencia y contrainteligencia para as intentar erradicar los principales focos de violencia entre otros acciones, sencillamente paos de agua tibia para la situacin de fondo.

Es necesario recordarle a las autoridades que la cuestin no radica en la armas, sino en la justicia social, la inversin en educacin, la lucha contra las mafias, la necesidad de mitigar la corrupcin pero en especial la lgica de dar un giro a esas formas coloniales de concebir la politica y sobre todo de imponerla en zonas donde la mentalidad centralista nunca tendr espacio frente a las particularidades locales que viven los de abajo en Colombia, mientras tanto el dolor de la familias siguen, no se ha podido esclarecer del todo la masacre sucedida y los de arriban le apuestan a una paz en funcin de los intereses del capital y la continuidad de las estructuras tradicionales viciadas por la politiquera y los intereses de los sectores mafiosos del pas.


Notas

[1] Politlogo de la Universidad del Tolima (Colombia), Analista poltico y columnista del Peridico el Nuevo Da (Colombia), la red Tlaxcala (frica), la Pluma.net (Francia) y del portal de ciencias sociales rebelin.org (Espaa).Correo: [email protected] - http://josecaperafigueroa.blogspot.mx/

Blog del autor: http://josecaperafigueroa.blogspot.mx/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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