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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-10-2017

Crnica del cronista mayor Nelson Estupin Bass
Otras luces que titilan

Juan Montao Escobar
Rebelin


Debe de ser cierto que el periodista se hace en la sala de redaccin, en batalla solitaria con la pantalla del computador ahora, antes era con la hoja en blanco y apurado por el ruido de la rotativa, mientras se enfra la taza de caf o se consume el cigarrillo. El as llamado mejor oficio del mundo, por Gabriel Garca Mrquez, tiene en el cronista el periodista completo, es el nico que posee todas las artes y ciencias de barrio adentro y no las cambia, a pesar de los tiempos y la tecnologa. Las historias humanas se cuentas con la precisin de detalles, para que no se pierda la magia del asunto que se vive o se vivi, as de exacto es el pacto con los odos o con los lectores, segn se cuente o se escriba. En el mundo siempre fueron pocos y felices. Los cronistas trabajan el hecho narrativo sin importar si la calle est dura o light, si la cotidianidad del vecindario no destaca aquello que siendo extraordinario lo acepta como evento comn y si el olvido devuelve en leyenda lo que fue visto por cientos de ojos con una misma mirada [1] .

Don Nelson Estupin Bass es el cronista pap de quienes quieran contar el mgico realismo del mundo urbano de cualquier ciudad de este y otros trpicos, en donde la gente crea que el vivir no es una imposicin riesgosa del destino, sino la maravilla fugaz de cada individuo. El cronista fue l y Diario El Comercio el mostrador oportuno de esas crnicas. Estn recogidas en los libros Desde un balcn volado y Luces que titilan. Ah en los ttulos est la seal: en el primer caso es el balcn que sobresale o sea vuela ms all de la fachada de la casa y las casas de la Costa ecuatoriana tenan estos balcones para el bordado-exhibicin de las jovencitas en edad de merecer, para el coloquio a grito pelado de una casa a otra, para enterarse sin perder ni un adjetivo de las historias urbanas y para contemplar sin estorbos a la vista el pomposo ascenso de la luna llena. Es Esmeraldas la ciudad del cronista Estupin Bass y sus habitantes que por el prodigio de la atenta observacin unas veces son personas comunes y otras son de leyendas. Ese es el pulso del griot [2] , que de tanto pulsear la vida del vecindario al rato es la memoria institucionalizada.

Las luces titilantes, alumbran las historias que se suceden en las calles y con la gente de mirona o protagonista. Ojos encendidos para mirar con la mirada memorstica del narrador de las esquinas. El narrador se afirma en los detalles que es donde se acomoda lo portentoso, mientras que el vida ajena inventa a partir de unas pocas referencias. Esa es la amplia diferencia entre periodismo y faramalla (o farndula). El cronista es la suma refinada de historiador, intrprete, testigo de cargo, maestro del lenguaje, antroplogo y genealogista del vecindario. Y es periodista, porque escribe para prevenir el olvido. Tambin por eso se le llama cronista. El cronista Nelson Estupin Bass es un clsico de ese periodismo que metido en el costumbrismo con pocos giros impide el desgaste implacable del gnero periodstico.

El tiempo social es otra de las adversidades del narrador de lo efmero, pero es un ro que saca la basura cultural a la playa. La invencin de la minifalda debi asustar al conservadurismo y producir episodios para la crnica de risa y carcajada; o la elocuencia abusiva y por eso absurda del aquel que entiende todo al revs; las supersticiones con licencia acadmica; las crnicas de inicio y fin de la muda cultural de los barrios. Los cronistas de la vida diaria destapan el tarro de las esencias del humor y lo consumen sin guardarse nada, porque el tiempo implacable podra maana convertir esta comedia en otra cosa menos risible. Eso y ms se descubre en el pap de este gnero periodstico en el Ecuador y en Amrica, don Nelson Estupin Bass.

Son crnicas de pueblo chico, leyendas grandes.

Don Julio Toledo Sosa era un hombre campechano, para quien haba sido creada ex profeso la Comisara Municipal. Por qu? Por su exigencia hasta obligar a colocar un letrero que deca carne de toro. Una ciudad con esas personalidades folklricas, que ocupan el imaginario popular y no las corroe el xido del olvido. As desde el comienzo del siglo pasado se traspasaban el esplendor del mito (en el sentido antropolgico) de unos (o unas) a otros (a otras). El viejo Jess Vliz el arreglador de huesos dislocados o quebrados, viva en Barrio Caliente (Dnde ms?) y No hubo hueso zafado o roto, que pasando por sus manos, no volviera a su sitio. El prodigio? No saba leer, pero era sabio especialista en su ramo, casi como un taumaturgo. La crnica de Don Trifn Comevela, es toda una conversacin de esquina, muy bien se podra decir escuchen en vez de lean: Era el ms faculto, de fama en muchas leguas a la redonda, para curar espanto, ojo, malaire y bicho. Son parte del catlogo de padecimientos esmeraldeos y son curados por los curanderos que estn en el secreto medicinal. Para aprender estas artes y ciencias no se necesita ms matrcula que quererlo en serio y entender los giros portentosos y democrticos de palabra suelta.

Nelson Estupin Bass hace vuelo bajito por los acontecimientos y no incorpora explicaciones que daaran la narracin. En Don Trifn Comevela, el lector supone bien que l fue de aquellos babalaos de este solar que entendan las dolencias como desajustes energticos, enojos de Orishas o cada en picada del ax. Y adems tena una clasificacin de esas enfermedades, por ejemplo, el espanto comn era de agua. Candela o rabia ltima de alguna nima solitaria. El ojo podra ser seco o corriente, el primero era mortal porque secaba al enfermo. Igual con el malaire estaba el corriente y el entripao, casi imposible de curar. Al final sabemos por qu aquello de Comevela. Despus de cobrar la curacin peda que le regalaran una vela de sebo, para la Virgen, su socia de curacin. Pura mentira, el hombre le entraba a mordiscos a las velas como el mejor de los manjares, descubierto cay en sarcasmo popular, apodo incluido.

En las crnicas del maestro Estupin Bass es posible seguir la evolucin de la ciudad de Esmeraldas, por sus barrios. En la titulada El otro cementerio, se sabe que el cementerio viejo estaba situado entre lo que es la ahora avenida Coln y las calles 10 de Agosto y Vicente Piedrahita. El actual cementerio est en la avenida Eloy Alfaro y calle Juan Montalvo. Y relata: hasta all, por 1 910, la ciudad de Esmeraldas avanzaba, por el occidente, solo hasta la calle Sucre; todo lo dems era montaas, en cuyas cspides, en lo ms acentuado del verano, se enseoreaban los guayacanes en sus festivales de oro; Esa pgina es tambin crnica deportiva, el narrador ubica el relato en 1 910, as pues, sobre las tumbas abandonadas, y cerca de muchas cruces a medio cubrir por los arbustos, se hizo luego una cancha de ftbol, en la que hacan sus partidos, entre otros cuadros el Unin y el 18 de Septiembre, los encarnizados rivales de entonces. Acaso se refera al antecesor del Unin Deportivo de Kiko Vsquez, Canalete Rodrguez, Dalmiro Perlaza y los otros? No hay dudas, el ftbol entr al Ecuador por Esmeraldas.

La maestra de don Nelson Estupin Bass es hablar del escenario, en donde la vida tiene esas ocurrencias de maravillas. Esmeraldas, ciudad de las primeras dcadas del siglo XX, anda su andar con quienes contraran la lgica de lo formal y ya pues, de ah llueve sin escampar el humor colectivo. Es (o quizs era) una sociedad de puertas para fuera, los secretos estn a la vista para conversa y pgina del peridico. En Los barrios viejos, se hace arqueologa social: debajo de los actuales barrios ya hubo otros, que nadie sabe el porqu cambiaron de nombre. Olvidar agravios toponmicos? Ajuste de cuentas histrico con el nombre del barrio? Necios afanes civilizatorios? Un da malo de aquellos que a veces padecen las ciudades algunos empezaron a deshacer la historia ciudad suplantando el nombre de los barrios. Linchamiento a la historia y a sus protagonistas. En Los barrios viejos el cronista mayor devuelve del olvido estas nominaciones: Los barrios viejos de Esmeraldas, antes de que existieran Barrio Nuevo y Nuevos Horizontes (llamado en principio Viernes Santo JME) era: Barrio Caliente, Cantarrana, Matacallao, Vida Suave y Miraculo (ahora Isla Piedad JME).

De acuerdo a Csar Hernndez, Barrio Caliente, apareci como Caledonia y en algn momento cambi al nombre actual y segn don Nelson Estupin Bass, el ms emblemtico de los barrios de Esmeraldas, comenzaba en las calles Sucre y Salinas hasta las alambradas de la antigua hacienda El Potos, en sentido longitudinal. Y desde la Sucre hasta las estribaciones del cerro, que limita a la ciudad por su flanco occidental. Cmo era el Barrio? Estaba lleno de quebradas y en invierno las aguas turbulentas se recogan en la encrucijada del desaparecido Puente de Arriba. Cantarrana deba su nombre al formidable coro de ranas que obligaba a los vecinos a gritar las confidencias. El Matacallao quedaba ms all del Puente Colorado (donde ahora est la Plaza Cvica de Esmeraldas construida por la Alcalda, en el 2 004, a la memoria del escritor y cronista), dice don Nelson que fue una broma popular, por el ningn alumbrado pblico en el sector. Ah, de noche, se poda matar en silencio.

En Orografa de la nostalgia dedicada a quienes cargaron las finanzas del pas sobre sus hombros. Calixto Momp, negro casi redondo, de msculos duros como el hierro, subiendo por la desaparecida Casa Tagua hasta sus depsitos una barrica de manteca de cinco quintales o desde la aduana un bulto de yute de 750 libras. O Clementino Quinez, que con notable agilidad diriga las lingadas (pesadas cargas que deban conducir a la escotilla) y despus como si nada tocaba el bajo en las retretas dominicales en una banda de pueblo. Eugenio Perea, cuadrillero y remachador, en los astilleros de La Boca (hoy Las Palmas), sola comentar con humildad: yo no era de los ms fuertes, solo poda con 550 libras. El cronista verdadero es aquel que narra la gran historia de las pequeas gentes y sus cosas inolvidables. Eso hace inmenso a don Nelson.

Notas:

[1] Verso del poeta Antonio Preciado, del poema Matbara del hombre malo:

[2] Segn Mbare Ngom de la Morgan State University, Tradicin oral africana y su supervivencia en la transafricana: El caso Per. Dice del griot que Por su habilidad oratoria, que le ha valido el apodo lisonjero de orfebre del verbo o de profesional de la palabra

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes. 

 



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