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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-10-2017

Los hijos de Nixon
Dgame, cmo termina esto?

Tom Engelhardt
TomDispatch

Traduccin del ingls para Rebelin de Carlos Riba Garca


Finalmente David Petraeus responde a su propia pregunta

Fue necesario que pasaran 14 aos, pero ahora tenemos una respuesta.

Era marzo de 2003, la invasin de Iraq estaba en marcha y el general David Petraeus comandaba la divisin 101 aerotransportada en su avance hacia Bagdad, la capital iraqu. Rick Atkinson, periodista del Washington Post e historiador militar, le acompaaba. De pronto, despus de seis das de una campaa relmpago, la divisin se qued detenida a 48 kilmetros al sudoeste de la ciudad de Najaf por unas terribles condiciones climticas entre ellas, una enceguecedora tormenta de polvo y unos inesperados y fanticos ataques de fuerzas irregulares iraques. En ese momento, Atkinson inform de que, [Petraeus] meti los pulgares en el chaleco antibalas y se acomod los hombros. Dgame cmo termina esto, dijo. Ocho aos y ocho divisiones?. Se refera a un consejo dado a la Casa Blanca en los primeros aos cincuenta del siglo pasado por un importante estratega del ejrcito cuando se le pregunt acerca de cmo ayudar a las fuerzas francesas que combatan en Vietnam del Sur. La sonrisa de Petraeus sugera que el comentario era ms una graciosa salida que una aseveracin histrica.

Cuando se refera a las intervenciones de Estados Unidos en tierras lejanas, ciertamente, Petraeus saba de qu hablaba. Haba entrado en West Point justamente cuando la guerra estadounidense en Vietnam estaba empezando a decaer, y el tema de su tesis doctoral en Princeton (en 1987) fue este conflicto blico: The American Military and the Lessons of Vietnam: A Study of Military Influence and the Use of Force in the Post-Vietnam Era (Las fuerzas armadas de Estados Unidos y las lecciones de Vietnam: un estudio de la influencia militar y el uso de la fuerza en la era post-Vietnam). En ella, Petraeus escribi:

Para las fuerzas armadas, Vietnam tuvo un costo muy alto. Los lderes militares estadounidenses se quedaron desconcertados, consternados y desanimados. Incluso peor, devast a las fuerzas armadas; durante una dcada no tuvieron dignidad, ni dinero, ni personal cualificado... Vietnam era en extremadamente doloroso recordatorio de que cuando se trata de una intervencin, el tiempo y la paciencia no son virtudes que abunden en Estados Unidos.

Por lo tanto no extraa que estuviese bien informado de que el intercambio entre el presidente Dwight Eisenhower y el ex comandante en la guerra de Corea, general Matthew Ridgeway, acerca de la accin blica francesa en Vietnam. Tal vez el aspecto de graciosa salida de su comentario tuviera que ver con su conocimiento de lo mucho que Ridgeway subestimaba tanto el tiempo como la cantidad de soldados que la versin estadounidense de esa guerra engullira antes de que, tambin ella, acabara en desastre y con unas fuerzas armadas tan afectadas por la reprobacin y tan cerca del colapso como una fuerza de Estados Unidos de nuestra poca pudiera iaginar.

En su tesis, Petraeus reclamaba que se concediera ms libertad de accin al alto comando militar en cualquier posible intervencin futura. En ese sentido, en 1987, l ya estaba imaginando un mundo de siglo XXI en el que la fuerzas armadas de Estados Unidos consiguen todo lo que quieren (y ms) mientras libran sus guerras sin tener que vrselas con un indisciplinado ejrcito de ciudadanos ni con legiones de polticos tratando de sus imponerles su voluntad.

A propsito, pese a que su comentario referido a Najaf ha sido citado a menudo como si fuese algo sui gneris, como indica la alusin de Ridgeway, l no fue el primer jefe militar o personaje poltico en apropiarse de la pregunta de Juana de Arco en Santa Juana, la obra de teatro de Bernard Shaw: Cunto tiempo, Seor, cunto tiempo?.

Por ejemplo, tal como cuenta David Halberstan, periodista ganador del premio Pulitzer, en su historia de los tiempos de Vietnam The Best and the Brightest (Los mejores y los ms brillantes), en un encuentro en junio de 1965, el presidente Lyndon Johnson se volvi hacia el general Earle Wheeler presidente de de la Junta de Comandantes y le pregunt respecto de la guerra en Vietnam: Cunto tiempo cree usted que har falta para acabar el trabajo?.

Aun en el plan de intensificacin propio de Vietnam, la respuesta de Wheeler fue una repeticin de la que 11 aos antes haba dado Ridgeway: Todo depende de la definicin que usted d a acabar el trabajo, seor presidente. Si usted piensa en echar al ltimo vietcong fuera de Vietnam, harn faltan 700 u 800.000 o un milln de hombres y unos siete aos. Pero si su definicin del trabajo terminado es impedir que los comunistas puedan apoderarse del pas, es decir, pararles los pies, entonces usted est hablando de gradaciones diferentes, de niveles diferentes. Dganos entonces qu desea usted y nosotros le responderemos.

En enfoque generacional de las guerras de Estados Unidos

No mucho despus de ese momento, en los alrededores de Najaf, la divisin aerotransportada 101 se abra camino hacia Bagdad mientras empezaban los incendios y el saqueo; eso nos sera ms que el prlogo de la guerra de David Petraeus, de su versin ocho aos y ocho divisiones. Cuando estall una insurgencia (en realidad eran varias) en Iraq, el general sera enviado a la ciudad nortea de Mosul (hoy en da una montaa de escombros, despus de que en 2017 fuera liberada del Daesh en la tercera guerra de Iraq emprendida por Washington). All, al principio experimentara con el regreso a la mismsima estrategia utilizada en Vietnam por las fuerzas armadas de EEUU con la esperanza de librarse para siempre de la contrainsurgencia o de ganar lo que en esa guerra haba sido habitual llamar corazones y mentes. En 2004, Newsweek ya le estaba saludando en su portada con su dramtica pregunta: Puede este hombre salvar a Iraq? (cuatro meses despus de que Petraeus pusiera fin a su periodo en Mosul, el jefe de polica que l haba adiestrado all se pasaba a los insurgentes y se converta en un importante jefe).

Cuando la ocupacin de de Iraq pas a ser un desastre total, Petraeus volvi a Fort Leavenworth para comandar el centro de fuerzas combinadas del ejrcito de EEUU (USACAC, por sus siglas en ingls. Durante ese periodo, l y otro oficial, el teniente general del cuerpo de marines James Mattis le dice algo este nombre? se unieron para supervisar la redaccin y la publicacin del Field Service Manual 3-24, Counterinsurgency Operations (Manual de campo 3-24 para operaciones de contrainsurgencia). Este es el primer libro oficial sobre cmo encarar la insurgencia (COIN, por sus siglas en ingls) publicado desde la guerra de Vietnam. Gracias a este trabajo, Petraeus lleg a ser el ms importante experto en la lucha contra la insurgencia. En 2007, cubierto de fama, regresara a Iraq con su manual en la mano y cinco brigadas unos 20.000 soldados estadounidenses para lo que acabara llamndose la ola o el nuevo avance, un intento de sacar de sus apuros a la administracin Bush por su desastrosa ocupacin del pas. Sus operaciones de contrainsurgencia seran saludadas como en su momento lo haba sido la primera invasin por los expertos y entendidos de Washington (entre ellos el propio Petraeus) como una maravilla y un xito de primer orden, como un verdadero punto de inflexin en la guerra contra el terror que se libraba en Iraq.

Una dcada ms tarde, con la tercera guerra estadounidense de Iraq en curso, el lector puede ser perdonado si ve algo diferente en los xitos de esa ola.

A todo esto, Petraeus (o el rey David, como parece que fue apodado por los iraques durante su periodo en Mosul) se convertira en el general ms clebre de Estados Unidos; era citado en los medios incesantemente. A continuacin, en 2008, fue puesto a la cabeza del Comando Central de EEUU (que supervisaba las guerras estadounidenses en Afganistn e Iraq. En 2010, sera designado comandante en Afganistn, principalmente para que pudiese repetir los milagros contrainsurgentes que supuestamente haba conseguido en Iraq. En 2011, durante la administracin de Barack Obama, se hara cargo de la direccin de la CIA solo para estrellarse y quemarse un ao ms tarde como consecuencia de un escndalo provocado por el uso incorrecto de informacin clasificada por parte de su amante-bigrafa. Despus de esto, se transform en asesor experto en nuestras guerras y socio de KKR, una empresa de inversin internacional. En otras palabras, como pas con los tres generales de la generacin de las oleadas que ahora destacan en Washington (entre ellos James Mattis, el ex compinche de Petraeus en el antiguo COIN, que tambin encabez el Comando Central de EEUU), l est en lo ms alto del tinglado de las guerras fracasadas de este pas en el Gran Oriente Medio.

Y solo en estos momentos, 14 aos despus de que l y Atkinson fueran atrapados brevemente en las afueras de Najaf, en su papel de entendido y pronosticador sobre sus guerras pasadas respondi por fin y sin bromear la pregunta que le acosaba. A pesar de que lo que dijo fuera ciertamente recogido por los medios (como lo es todo lo que l dice) en un sentido que nadie percibi. Preguntado por Judy Woodruff de la PBS News Hour si acaso en el Estados Unidos de Donald Trump era inteligente enviar una vez ms soldados estadounidenses a combatir en Afganistn, l dijo que la decisin era alentadora, aunque seal que no se trataba de una guerra que fuese a terminar pronto.

Despus de tantos aos de implicacin, experiencia, reflexin y observacin, en un estudio en el que no haba un grano de arena mucho menos una tormenta de polvo en ciernes, l brind esta observacin:

Esta es una lucha generacional. No es algo que vaya a ganarse en unos pocos aos. Lo nuestro no es apoderarnos de una colina, plantar una bandera [y] volver a casa para el desfile de la victoria. Debemos estar all para hacer un largo recorrido, pero de una manera que sea, una vez ms, sostenible. Hemos estado en Corea durante ms de 65 aos porque haba un importante inters nacional. Hemos estado en Europa durante mucho tiempo y, por supuesto, todava estamos all; hoy, dadas las agresivas acciones de Rusia, en realidad con un renovado nfasis. Creo que esta es la forma de enfocar la cuestin.

En su propuesta de entregar una lucha generacional a nuestros hijos, e incluso nietos, Petraeus est muy bien acompaado. Recientemente, tambin el alto comando del Pentgono ha adoptado el enfoque generacional para Afganistn y presumiblemente el resto de nuestras guerras en todo el Gran Oriente Medio y frica. Del mismo modo, los estudiosos del instituto Brookings han animado a los responsables polticos de Washington a que anuncien lo que ellos llaman una asociacin perdurable en Afganistn: Dadas la naturaleza de la amenaza y la posibilidad de larga duracin de sus futuras manifestaciones, la asociacin EEUU-Afganistn debera se reconocida por su calidad de generacional.

Aunque Woodruff formulara nuevas preguntas, Petraeus no podra hacer frente a una guerra de 60 aos en Afganistn (es decir, una guerra que durase al menos hasta 2061); su largamente postergada respuesta a su propia pregunta durante la invasin de 2003 ahora sera definitiva. Esas guerras estadounidenses no acabarn. No ahora, al menos. Quiz no acaben nunca. Ni de una forma que pueda ser menos categrica o nefasta que esa respecto de los xitos en la guerra contra el terror.

Una historia de xitos militares de lo ms extraos

Hasta que, en 2017, James Mad Dog Mattis llam a la puerta en Washington, de ningn general estadounidense de nuestros tiempos se haba escrito tanto ni tan laudatoriamente como sucedi con David Petraeus. Las notas de lisonja (por no decir adulacin) son numerosas. Incluso hoy, cuando se sabe cmo evit ser declarado culpable de delito grave y otros cargos (por, entre otras cosas, mentir al FBI) se declar culpable de un delito menor en el manejo de informacin clasificada y fue condenado a dos aos de libertad condicional (probation) y una multa es posible que contine siendo el general ms famoso de este pas.

Pero, cul es exactamente el porqu de esta celebridad? La respuesta podra haber sido que l sigue siendo alabado y considerado el experto ms citado porque en Washington la guerra contra el terror de este pas y el generalato que ha participado en ella estn ms all de cualquier anlisis serio o reconsideracin. Diecisis aos despus de la invasin de Afganistn, mientras las guerras de EEUU continan diseminndose en todo el Gran Oriente Medio y frica, sus generales gracias en parte a Donald Trump y la necesidad del cuidados de adultos en la Casa Blanca siguen siendo tratados como los nicos adultos en la capital de nuestro pas, como resumiendo los ganadores de Estados Unidos.

Aun as, pensemos en los ltimos acontecimientos en Niger, el pas en el centro de frica, que ya tiene una base operativa de drones de EEUU, otra en construccin y 800 militares estadounidenses estacionados permanentemente y sin hacer ruido, all. Se trata tambin de un pas que, hasta hoy, ni un estadounidense en un milln sera capaz de ubicar en un mapa. El 4 de octubre, cuatro Boinas Verdes fueron asesinados y otros dos heridos en el curso de una rutinaria misin de adiestramiento en ese pas. Mientras patrullaban junto con soldados nigerianos fueron emboscados por combatientes islmicos todava no est claro si eran de al Qaeda en el Magreb islmico o de una nueva sucursal del Daesh. Esto convierte oficialmente a Niger en el octavo pas junto a Pakistn, Afganistn, Iraq, Yemen, Siria, Somalia y Libia que es absorbido por la guerra contra el terror de Washington; si acaso el lector no se haba enterado, en ninguno de ellos esa guerra ha terminado ni las fuerzas de Estados Unidos han triunfado.

Y todava podra usted rebuscar en la cobertura de los medios dominantes algo relacionado con Niger sin encontrar indicio alguno de que esas muertes representen una nueva y mdica escalada en la interminable y en continua expansin guerra contra el terror.

Era inevitable: finalmente, el califato islmico de Abu Bakr al-Baghdadi se derrumb. La ciudad de Mosul est otra vez en poder de Iraq, como lo estn tambin Tal Afar y, ms recientemente, Hawija (con una extraa rendicin en masa de combatientes del Daesh). Estas fueron las ltimas zonas urbanas importantes controladas por el Daesh en Iraq, mientras en Siria, las apocalpticas ruinas de Raqqa, la capital del Daesh, estn en su mayor parte en poder de fuerzas aliadas de Estados Unidos, que cuentan con el apoyo de su poder areo. Sin embargo, es inevitable que lo que ahora es ruina y devastacin en Siria e Iraq, tales victorias resulten ser tan fatuas como los fueron las clebres invasiones de Afganistn e Iraq o la exitosa defenestracin del autcrata libio Muhammar Gaddafi. Mientras tanto, es posible que el Daesh haya propagado su marca en otro pas con presencia de tropas estadounidenses. E incluso, que a lo largo y ancho de una vasta porcin del planeta, las guerras de David Petraeus, James Mattis y los dems generales de esta era continen en una regin cada vez ms dividida y devastada (en la que grandes cantidades de refugiados ayudarn a su vez a fragmentar Europa).

Incluso peor; en este pas, esta es una situacin que no puede discutirse seriamente, porque si lo fuera podran aumentar la oposicin a esas guerras y la formulacin de alternativas a ellas; las de momento descerebradas decisiones de esos generales, entre ellas las nuevamente aumentadas acciones blicas de la fuerza area y el ltimo mini-envo de tropas a Afganistn, podran llagar a formar parte de un verdadero debate nacional.

Por lo tanto, pensemos esto como una historia de xitos militares del tipo ms extrao unos xitos que se pueden rastrear hasta llegar a una nica decisin, tomada hace dcadas por un muy desprestigiado presidente de Estados Unidos: Richard Nixon. Si no nos remontamos a esa decisin, sencillamente es imposible entender las guerras estadounidenses del siglo XXI. En su peculiar estilo, aquello resultara ser un acto de genialidad (al menos, si lo que se quera era librar guerras interminables hasta el final de los tiempos).

En cualquier caso, cuando corresponde el crdito debe ser concedido. Jaqueados por un movimiento contra la guerra que no parara y, que en los primeros aos setenta, inclua a un nmero importante de soldados en servicio activo y de veteranos de Vietnam, el presidente y su secretario de Defensa, Melvin Laird, decidieron tratar de quitarle fuerza mediante la eliminacin del servicio militar obligatorio. Nixon sospechaba que los jvenes que ya no corrieran el riesgo de ser enviados a la guerra de Vietnam estaran menos deseosos de manifestarse contra ella, Los altos jefes de las fuerzas armadas tenan dudas respecto de la medida; les preocupaba y con razn que como consecuencia de Vietnam sera difcil formar unas fuerzas armadas de voluntarios. Quin diablos se preguntaban querra participar en una fuerza tan desprestigiada? Por supuesto, esta era una versin del pensamiento de Nixon a la que se le haba dado la vuelta, pero de todos modos el presidente sigui adelante y el servicio militar obligatorio se acab el 27 de enero de 1973. Ya no habra ms llamados a filas, y el ejrcito de ciudadanos, el que haba peleado en la Segunda Guerra Mundial hasta la victoria y haba armado un jaleo por la nefasta y horrible guerra de Vietnam, sera algo del pasado.

Con esa nica accin, antes de que l mismo cayese por el escndalo del Watergate y renunciara a la presidencia, Nixon cre un legado duradero, que allanara el camino para que las fuerzas armadas de Estados Unidos libraran sus guerras generacionales y las perdieran eternamente con la seguridad de que aparentemente nadie en este pas se preocupara por ello. O, dicho de otra manera, puede el lector imaginar semejante silencio en la patria si el servicio militar obligatorio estadounidense estuviese rellenando continuamente las diezmadas filas de un ejrcito de ciudadanos para combatir una guerra contra el terror que ya dura 16 aos, que no para de extenderse y ahora se piensa en ella como algo generacional? Lo dudo.

Entonces, cuando el poder areo de Estados Unidos en pases como Yemen, Somalia y Afganistn est aumentando otra vez, cuando el ltimo mini-envo de tropas llega a Afganistn, cuando Niger entra en la guerra, es tiempo de poner en contexto a los generales David Petraeus, James Mattis, H.R. McMaster y John Kelly. Es tiempo de llamarles como lo que verdaderamente son: los hijos de Nixon.

Tom Engelhardt es cofundador del American Empire Project, autor de The United States of Fear y de una historia de la Guerra Fra, The End of Victory Culture. Forma parte del cuerpo docente del Nation Institute y es administrador de TomDispatch.com. Su libro ms reciente es Shadow Government: Surveillance, Secret Wars, and a Global Security State in a Single-Superpower World

Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/176339/tomgram%3A_engelhardt%2C_nixon%27s_children/#more

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y Rebelin como fuente de la misma.



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