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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-10-2017

La economa solidaria representa un modelo viable a escala global?

Fernando de la Cuadra
Rebelin


Hace ya algunas dcadas el economista hngaro Karl Polanyi apuntaba que es posible pensar que existen formas de integracin o de funcionamiento de la economa que no se asientan necesariamente en instituciones monetarias basadas en el intercambio convencional, es decir, que superan los movimientos de doble mano que se producen en el lugar del mercado, el cual representara su locus por excelencia . De esta manera, Polanyi propuso algunas visiones alternativas de aquella existente en la economa capitalista, identificando en esa construccin tres principios de distribucin distintos al modelo de intercambio mediado por el mercado y orientado a la ganancia, a saber, la administracin domstica, la redistribucin y la reciprocidad . Segn l, en la economa real pueden coexistir dos o ms principios en los cuales est presente inclusive la ganancia monetaria, aunque su presencia no necesariamente debe representar el principio dominante.

La importancia de estas formas para entender la actividad econmica, residira en que ellas no solo poseen una dimensin histrica sino que adems ostentan una expresin emprica demostrable en actividades concretas realizadas por las personas, lo cual demostrara las limitaciones de la perspectiva de Olson y seguidores, en torno al lugar central ocupado por el comportamiento egosta y la accin racional que tendran los grupos y sus miembros individuales en las actividades desarrolladas cotidianamente.

Especialmente la nocin de reciprocidad permite visualizar otros aspectos en torno a los cuales se organizan las sociedades, ya no basadas nicamente en la idea de inters y de competencia entre las personas y las organizaciones, sino tambin o sobre todo en torno a prcticas de cooperacin destinadas a preservar los lazos sociales dentro y entre los diversos tipos de agrupaciones

En el caso latinoamericano es necesario considerar especialmente la prevalencia de formas de economa domstica, visto el papel prioritario que dichas formas de integracin ejercen en la conformacin de grupos y comunidades que insertan las actividades econmicas de produccin y distribucin en las diversas formas de sociabilidad presentes en la esfera local. Ello es especialmente significativo en el caso de aquellos pases de cultura andina o mesoamericana. En este marco, tal como est enunciado por Jos Luis Coraggio, la cuestin econmica sustantiva se resuelve como una economa natural o comunitaria, cuyo sentido es asegurar la autosuficiencia de todos los miembros o grupos que comparten los medios de sustento segn reglas y estructuras no estrictamente econmicas.

Una reflexin sobre la obra de Polanyi nos plantea el desafo de postular otras formas de organizacin econmica de la humanidad, o como dicen sus principales adherentes, de pensar Otra Economa que supere el paradigma de la competitividad impuesto por la civilizacin del capital y de los mercados globales. En otras palabras, es necesario pasar de un paradigma centrado en la competitividad y la posesin de riqueza pecuniaria para un modelo centrado en las energas y capacidades que surgen desde las personas, en el trabajo y la cooperacin que abunda en las comunidades. Ello implica, que los diversos actores (personas, comunidades y entidades pblicas) sean capaces de construir nuevos espacios de cooperacin, solidaridad y convergencia que integre lo econmico en lo que verdaderamente es, un entramado de relaciones de sociabilidad -de parientes, amigos y vecinos en el territorio-, que buscan establecer vnculos equitativos y justos entre los diversos participantes del proceso econmico y, de esta manera, propender hacia el bienestar de todos. A este tipo de prcticas cooperativas, asociativas y comunitarias se las conoce con el nombre de economa social y solidaria.

Pero no obstante las premisas recin expuestas, igual se mantiene en el aire la interrogante de si puede existir efectivamente una economa social y solidaria que supere el mbito local. Esta es una pregunta que se podra responder y descartar casi automticamente con un no rotundo. Para ciertas visiones, la evidencia acumulada hasta ahora nos permitira concluir que el conjunto de experiencias que se sustentan en formas solidarias, cooperadoras y autogestionarias de concebir la actividad econmica, difcilmente pueden traspasar los lmites de lo local. Por lo mismo, es improbable que lleguen a constituirse en modalidades globales de funcionamiento de la economa y las sociedades contemporneas.

Aceptar esta premisa sin ms, significa admitir que las sociedades y las personas poseen una naturaleza inmutable y que el estado de cosas con el cual nos deparamos cotidianamente va a seguir su mismo curso. Desde otra tradicin crtica de esta ideologa del statu quo, Piotr Kropotkin, Marcel Mauss o Marshall Sahlins han podido demostrar que por el contrario las comunidades humanas han desarrollado preferentemente estrategias de cooperacin para poder afrontar en conjunto la lacha por la supervivencia. Es decir, los seres humanos necesitamos de construir persistentemente lazos de cooperacin con los otros para enfrentar los avatares de la vida, desde las estructuras familiares y de parientes (lealtades primordiales) hasta comunidades ms amplias y complejas de colaboracin.

Si admitimos que la humanidad no se encuentra condenada a la accin individual de personas que emprenden batallas competitivas sin cuartel, en las cuales necesariamente se debe producir una solucin del tipo suma cero, la perspectiva de dar un giro a esta narrativa no resulta tan ilusoria. Entonces, el mayor desafo de este giro consiste en ir edificando un sistema multiescalar, en el que se articulen las diversas experiencias que se originan en un plano local, para ir ascendiendo a una escala regional, nacional y global.

Si bien es cierto que el horizonte de un sistema econmico solidario de alcance global se ve muy lejano, cada vez son ms las experiencias que intentan construir reas de intercambio y flujos de bienes y servicios que no se rigen necesariamente por el parmetro de transacciones de equivalentes en mercados convencionales. Sus principales impulsores no han sido los conglomerados polticos ni las agencias pblicas, sino un sinfn de asociaciones y organizaciones de ciudadanos, que se han inspirado en experiencias histricas (mutualistas, cooperativas, asociaciones de autogestin o cogestin) o que han concebido nuevas modalidades de poner en comn sus capacidades y deseos de complementarse solidariamente. Son bancos de tiempo, de monedas alternativas o sociales, cajas populares de ahorro y crdito, mercados de trueque, cooperativas de diversa ndole (vivienda, previsin, salud, educacin, saneamiento, compra y venta), grupos de produccin y consumo autogestionarios, etc. Es una enorme constelacin de experiencias, muchas veces desperdigadas, pero que pueden ir convergiendo en una escala planetaria a partir de elementos comunes que las unen y que son susceptibles de articularse en entes mayores.

Son iniciativas que demuestran que la historia de la humanidad est llena de millares de esfuerzos por construir relaciones basadas en la cooperacin, la reciprocidad, la solidaridad y la bsqueda del bien comn. Su transformacin en iniciativas que vayan conformando una red cada vez ms densa de relaciones y sinergias no solo representa una tendencia deseable y urgente, sino que es absolutamente posible en funcin de los repertorios culturales con que cuenta la humanidad para construir decididamente un futuro ms viable, justo y fraterno.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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