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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-10-2017

Notas para un acercamiento psicosocial a Mara de Jess Patricio y Andrs Manuel Lpez Obrador
Dos caras de un mismo pueblo

David Pavn-Cullar
Rebelin


Legado

El pueblo de Mxico ha llegado a una encrucijada. Su camino se ha bifurcado entre un hombre y una mujer. l es el Peje, Andrs Manuel Lpez Obrador, a la cabeza del Movimiento de Regeneracin Nacional (MORENA). Ella es Marichuy, Mara de Jess Patricio, vocera de una entidad que emana del Congreso Nacional Indgena (CNI) y que es apoyada por el Ejrcito Zapatista de Liberacin Nacional (EZLN).

El Peje y Marichuy representan dos tradiciones paralelas y dos opciones opuestas de la izquierda mexicana. l aparece como heredero del cardenismo al que le debemos en gran parte, como pueblo que somos, lo que ahora intentan arrebatarnos, lo mejor de nuestras instituciones pblicas, las mayores conquistas sociales concretas del proceso revolucionario, la poca justicia y la poca igualdad que hay en Mxico. Ella se presenta como depositaria de la herencia histrica del zapatismo del que recibimos, tambin como pueblo, nuestros ms altos ideales de justicia e igualdad, nuestro ms ntimo mpetu rebelde, nuestra lucha por tierra y libertad, nuestra indomable dignidad y nuestra inagotable capacidad de resistencia.

Ella nos anima con todo aquello que anhelamos y que nunca hemos conseguido. l nos consuela con las pocas aspiraciones que realizamos en el pasado. Nos decimos que l nos har volver a ganar algo, quizs muy poco, aunque sea para mantener viva nuestra esperanza. Contamos con ella para desear algo ms, algo prcticamente inalcanzable, aunque sea para que no muera ese misterioso deseo latente del que siempre depende nuestra esperanza. [1]

Amistad

Tanto Mara de Jess como Andrs Manuel deberan merecer nuestra confianza. Los dos nos han dado suficientes pruebas de buena fe, de honestidad y de legitimidad. Son quienes son, y no, como se pretende, artimaas de quienes corrompen, saquean y destruyen todo lo que nos rodea.

Ella no es el producto de una conspiracin orquestada para dividir los votos de la izquierda. l no es una cabeza ms de la hidra capitalista contra la que arremeten los zapatistas. Ni l ni ella son los verdaderos enemigos de quienes han decidido seguirlos.

Ni l ni ella parecen estar manipulando al pueblo que los apoya con tanto ardor y entusiasmo. Por qu habran de manipularlo? Y cmo habran de hacerlo? Este pueblo tiene memoria, criterio e inteligencia. [2] Piensa con toda la capacidad intelectual de nuestros millones de pensamientos que se han ido entretejiendo poco a poco, generacin tras generacin, hasta componer el abrigo que nos protege y nos cobija en las circunstancias ms adversas.

El pueblo no se dejara engaar como aquellos torpes votantes aislados que lo traicionan al desprenderse de l y al caer en las redes comerciales y mediticas de compra y promocin del voto. El pueblo no es como ellos, pues tiene conciencia de clase: conocimiento colectivo, prctico, material e histrico. [3] Es por esto que no se ha dejado atrapar, devorar, subsumir totalmente ni como productor en el capital [4] ni como consumidor en su ideologa [5]. Sabe mantenerse tambin afuera y es precisamente por eso que es pueblo. Es pueblo porque no es tan incauto como se lo representan quienes lo desprecian.

Mismidad

El pueblo es tan prudente y tan juicioso que tan slo acepta seguirse a s mismo. Digamos que no se aliena sino en s mismo: al desalienarse a s mismo de todo lo dems. Es lo que hace al elegir su propio reflejo en Andrs Manuel y en Mara de Jess. l y ella no pueden ser ms que pueblo: dos caras de nuestro mismo pueblo proyectado en aquello que debe obedecerlo, manifestarlo, identificarse con l, ser l. [6]

Ella, indgena, es la fisonoma femenina, reveladoramente femenina, de quinientos aos de lucha subterrnea por la vida y resistencia invisible contra la colonizacin, la dominacin, la discriminacin, la marginacin y la devastacin. l, mestizo, es el doble rostro masculino, significativamente masculino, de la victoria en la derrota, de la obstinacin en la claudicacin, de la independencia en la dependencia, de la revolucin en la institucionalizacin, de la incesante guerra contra el poder en el seno mismo del poder.

l, inevitablemente contradictorio, tiene que hacer concesiones para llevarnos hacia donde queremos ir. Ella, necesariamente consecuente, debe mantenerse firme y no hacer concesiones para que no terminemos una vez ms en donde no queremos estar. Es verdad que ella, en sintona con el zapatismo, se nos presenta como una utopista que no deja de apostarle histricamente a lo imposible. [7] Tambin es cierto que l ha sabido ser un realista que se atiene obsesivamente a lo posible. [8] Pero acaso l no ha demostrado ya cun utpico es el realismo en una sociedad como la nuestra? [9] Y acaso los zapatistas, en la heterotopa de sus comunidades, no han demostrado que hay un lugar en el que lo imposible puede realizarse? [10]

Tal vez dudemos, con mucha razn, de que el proyecto purista y anticapitalista de ella sea realizable a nivel nacional. Sin embargo, con igual razn, tambin podemos desconfiar de un proyecto, como el de l, que slo parece realizable con la adhesin de nuestros peores enemigos y sin liberarnos del sistema capitalista que todo lo destruye. Pero acaso, volviendo al viejo debate, no resulta imposible deshacerse del capitalismo en un solo pas? [11]

Mientras seamos un solo pas, quizs mejor convenga que nos limitemos a contener el capitalismo globalizado y atenuar localmente sus peores efectos. Es lo que Andrs Manuel parece proponer. Vejez o madurez ante una suerte de infantilismo izquierdista? Realismo u oportunismo? Derrotismo y resignacin o sensatez y buen sentido? Buen o mal aprendizaje de lo que nos ensean las ltimas experiencias populistas latinoamericanas?

Valenta

El caso es que el Peje restringe su movimiento al mbito nacional. Ofrece ni ms ni menos que un pas en el que todos tengamos nuestro lugar. Marichuy, en cambio, prefiere un mundo en el cual, siguiendo la mxima zapatista, quepan muchos mundos.

Quizs ella y sus adeptos muestren una respetuosa humildad al no pretender que nadie se asimile a nada, pero por eso mismo son tan histricamente intrpidos como para querer cambiar el mundo. Tal vez el Peje se muestre mesurado y modesto al buscar tan slo transformar nuestra nacin, pero exhibe su obsesiva osada cuando no desea mantener a nadie afuera de nada. l nos acoge tanto como ella nos respeta.

Ella no insiste, pero slo admite a quienes estn dispuestos a situarse abajo y a la izquierda. l tiene ciertamente una orientacin hacia la izquierda y una inclinacin hacia los de abajo, pero sabe que debe abarcar a todos o al menos a casi todos, entre ellos muchos de arriba y de la derecha, para llegar al poder y para proponer un proyecto de nacin que sea verdaderamente inclusivo, autnticamente nacional.

El Peje cultiva la respetable y esperanzadora poltica populista y quiere triunfar por la unidad, por la universalidad, por la hegemona, por las equivalencias entre diferentes reivindicaciones de nuestra sociedad. [12] Marichuy prefiere la otra poltica, la compartida por los zapatistas, y ni siquiera se interesa en triunfar, aunque sepa muy bien lo que desea y aunque mantenga un respeto irrestricto por la diferencia y por la particularidad. [13]

Complementariedad

Mara de Jess parece atraer uno por uno, caso por caso, a los diferentes, a los ms conscientes de sus diferencias, mientras que Andrs Manuel es masivamente seguido por los iguales, por los ms sensibles a la igualdad. Lgicamente, si los de l tienen la obsesin de la unidad poltica y colectiva, los de ella estn empecinados en la organizacin micropoltica y transindividual.

Ella busca entrelazar y l necesita sumar. l debe ser estratgico y pensar en los trminos cuantitativos de la democracia representativa y de la sociedad moderna o hipermoderna, mientras que ella puede plantear la situacin en los trminos cualitativos de la comunidad tradicional o posmoderna y de una democracia directa como la practicada milenariamente por los pueblos indios.

Hay que decir que ella no slo tiene afinidad con los indgenas y los campesinos, sino tambin con individuos solitarios de las clases medias, con pequeos grupos de soadores, con las ms diversas tribus urbanas, con equilibristas que alcanzan a vivir tanto en los mrgenes de la sociedad, en las orillas del abismo circundante, como en los intersticios que se abren entre los grandes bloques sociales. En cambio, l suele atraer a estos grandes bloques, a sectores enteros de la poblacin, a muchedumbres maltratadas e indignadas, a las masas de trabajadores que sufren todo el peso de los ncleos industriales y empresariales. Quienes optan por l se concentran por lo general en los grandes centros de produccin y circulacin, mientras que los de ella tienden a disiparse en la periferia de nuestro universo simblico.

Podramos conjeturar que las minoras excluidas y marginadas la necesitan a ella, mientras que las mayoras oprimidas y explotadas precisan de alguien como l. Es verdad en parte, pero lo cierto es que todos somos como sujetos, en uno u otro aspecto de lo que somos, tan minoritarios como mayoritarios, tan excluidos como explotados, tan marginados como oprimidos. [14]

Resolucin

Al menos aqu, en el pueblo, todos tenemos buenas razones para sentirnos representados por Marichuy y por el Peje. Quizs necesitemos de los dos para no sacrificar nada en lo que somos, pues quienes los apoyamos, nos guste o no, estamos irremediablemente divididos entre lo que se nos explota y lo que se nos excluye, entre el interior y el exterior del sistema capitalista, entre nuestra universalidad como ciudadanos y nuestra particularidad como sujetos, entre lo que negocia y lo que se resiste a cualquier negociacin, entre el pas y la madre tierra, entre la sociedad y la comunidad, entre lo mestizo y lo indgena, entre lo que intenta regenerarse y lo que busca preservarse. [15]

Es desde siempre que nos hemos desgarrado entre las dos opciones que ahora se nos imponen tan abiertamente. Desde luego que son diferentes y hasta contradictorias. Quizs incluso resulten inconciliables, pero estamos en condiciones de respetarlas y ver cmo se anudan en el pueblo y en cada uno de nosotros, como cuando pensamos con una y sentimos con la otra, o cuando profundizamos en una tan slo para llegar a la otra.

El Peje y Marichuy podran ser los dos trminos de la ecuacin que debemos resolver para vencer al sistema capitalista que amenaza con aniquilarnos. Esto es urgente, pero difcil. Cmo relacionar lgicamente dos trminos que nos parecen a veces inconmensurables y otras veces mutuamente excluyentes?

Cmo no sentirse tentado a ceder a la facilidad al quedarnos con uno de los trminos y descartar el otro? Es lo que haremos al elegir simplemente una opcin, reconocernos en ella y desconocernos en la otra, defender la elegida y descalificar la rechazada. Pero entonces lucharemos contra nosotros mientras luchemos por nosotros. Es algo que hacemos a menudo en la izquierda. Nos ha costado muy caro: an pagamos con la pesada cadena de fracasos de la que no conseguimos liberarnos.

Referencias

[1] Jacques Lacan, Les non-dupes errent (1973-1974), Pars, L'Association Freudienne Internationale, 2001.

[2] Maurice Halbwachs, La psychologie collective (1938), Pars, Flammarion, 2015.

[3] Gyrgy Lukcs, Historia y conciencia de clase (1923), Madrid, Sarpe, 1985.

[4] Karl, Marx, El Capital, libro I, captulo VI indito (1866), Mxico, Siglo XXI, 2009.

[5] Karl Marx y Friedrich Engels, La ideologa alemana (1846), Montevideo, Pueblos Unidos, 1974.

[6] Sigmund Freud, Psicologa de las masas y anlisis del yo (1921), en Obras completas XVIII, Buenos Aires, Amorrortu, 1998.

[7] Jacques Lacan, Le sminaire, livre XVII, Lenvers de la psychanalyse (1969-1970), Paris, Seuil, 2006.

[8] Ibd.

[9] Ver Jacques Rancire, Aux bords du politique (1998), Pars, Gallimard, 2004.

[10] Ver Michel Foucault, Le corps utopique suivi de Les htrotopies (1966), Paris, Lignes, 2009.

[11] Leon Trotsky, El gran debate (1924-1926), La revolucin permanente, Buenos Aires, Pasado y presente, 1972.

[12] Ernesto Laclau, La razn populista , Buenos Aires, FCE, 2005. Laclau y Mouffe, Hegemony and Socialist Strategy (1985), Londres, Verso, 2001.

[13] David Pavn Cullar, Elementos politicos de marxismo lacaniano , Mxico, Paradiso, 2014.

[14] Jacques Lacan, crits , Pars, Seuil, 1966.

[15] Karl Marx, Sobre la cuestin juda (1843), en Escritos de juventud, Mxico, FCE, 1987.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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