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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-10-2017

La actualidad de la Revolucin

Renn Vega Cantor
Editorial de la Revista CEPA


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En noviembre de 2017 se cumple el primer centenario de la revolucin rusa, que sacudi al mundo entero y cuyos efectos transformaron la historia de la humanidad. Con motivo de este acontecimiento es necesario reflexionar sobre la actualidad de la revolucin anticapitalista.

El vocablo revolucin se origin en la astronoma, del latn revolutio, y significa el movimiento de los astros en torno a su eje en forma mecnica, montona y siempre igual. El trmino en su sentido socialista quiere decir lo contrario: el cambio radical de la civilizacin capitalista, para interrumpir abruptamente la inercia de la explotacin, la desigualdad y la injusticia.

Despus de 1917, la revolucin fue asociada a la modificacin del modo de produccin capitalista, puesto que la llegada de los bolcheviques al poder en la Rusia zarista se plante a partir de un proyecto anticapitalista y de la instauracin de una nueva forma de organizacin social.

La experiencia rusa nutri luchas anticapitalistas en los cinco continentes. Los grandes acontecimientos del corto siglo XX (1914-1991) estn ligados en forma directa o indirecta al impacto de la Revolucin Rusa, o, dicho de una forma ms contundente, al miedo que gener entre las clases dominantes y a las esperanzas que suscit entre los explotados y desvalidos. Sin ese doble impacto es imposible entender el efecto de la Revolucin Rusa. Al miedo est asociado el anticomunismo, el fascismo, las dictaduras criminales de extrema derecha, la tortura y la defensa del mundo libre por parte del imperialismo estadounidense y sus siervos. Al miedo est vinculado el diseo del Estado de Bienestar que, despus de finalizada la Segunda Guerra Mundial, se construy en ciertos pases de Europa para evitar la revolucin. Por eso, en Europa occidental se deca, en son de broma, que cada misil exitoso que se probaba en la URSS implicaba el aumento automtico del salario de los trabajadores de ese continente.

Ese miedo rebot en la propia Rusia, y luego en la URSS, desde el comunismo de guerra y la guerra civil (1917-1921) que ensangrent a la naciente revolucin y dej una huella permanente durante toda la historia de la URSS, hasta su vergonzosa disolucin en 1991. Ese miedo ayuda a entender, aunque no es desde luego la nica razn, la creciente burocratizacin, la lgica policial, la represin y persecucin de los contradictores polticos, el estado de excepcin permanente, que impidieron que en la URSS se consolidara un sistema socialista y, a la larga, dara al traste con este primer proyecto anticapitalista.

En cuanto a la esperanza se refiere, la Revolucin Rusa abri el camino a grandes transformaciones en el siglo XX en la que se destacan el ciclo de revoluciones en diversos pases (China, Cuba, Vietnam, Nicaragua) y los movimientos anticoloniales y de liberacin nacional. La recepcin de Revolucin Rusa impuls luchas de trabajadores, campesinos y sectores plebeyos en repetidas ocasiones desde finales de la dcada de 1910, impulsando conquistas sociales y democrticas en diversos lugares. En ese sentido, la revolucin de octubre inaugur un nuevo continente en la historia de la humanidad: el de la igualdad, algo que no haba planteado en el terreno prctico la Revolucin Francesa de 1789, aunque esa palabra figurara en su eslogan ms famoso: Libertad, igualdad, fraternidad. En 1917 se plantea por primera vez un programa conducente a alcanzar la igualdad, y ese objetivo fue un extraordinario incentivo movilizador de los pobres y trabajadores, como se observa con la historia del movimiento obrero y socialista mundial.

Como al final se impusieron los propagadores del miedo y no de la esperanza, en la memoria de la humanidad ha quedado la interpretacin sesgada y unilateral de los ganadores (representados en el capitalismo), que dice que el proyecto socialista slo es una suma de crmenes y fracasos, queriendo borrar de la memoria colectiva de la humanidad las luchas anticapitalistas. La dramtica y contradictoria historia del proyecto socialista y revolucionario en el siglo XX, podra describirse con las palabras del escritor ingls Charles Dickens: Era el mejor de los tiempos y era el peor de los tiempos; la edad de la sabidura y tambin de la locura; la poca de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperacin. Todo lo poseamos, pero nada tenamos; bamos directamente al cielo y nos extravibamos en el camino opuesto.

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Entre 1989 y 1991 se derrumb el socialismo burocrtico que se haba erigido en la URSS y en Europa oriental. Como resultado de ese proceso se anunci el fin de la historia y se proclam que el capitalismo haba salido ganador por la pretendida superioridad intrnseca de la economa de mercado y se empez a presentar como sinnimo de democracia parlamentaria, a la usanza de los Estados Unidos. Lo que vino enseguida, y se ha prolongado en sus rasgos dominantes hasta el da de hoy, fue el desmantelamiento de las conquistas sociales que tenan los trabajadores y habitantes de la URSS y los pases de socialismo burocrtico, lo que signific la privatizacin de las propiedades pblicas, la mercantilizacin generalizada, la corrupcin rampante y la conversin de esos territorios en Repblicas bananeras, plegadas a los dictmenes del capitalismo internacional. La desaparicin de la URSS no solo vino acompaada de terribles retrocesos para los pueblos que habitan ese territorio, sino que sus efectos negativos se extendieron por el planeta entero, ya que el capitalismo en su versin neoliberal se impuso en los cinco continentes, arrasando con todo aquello relacionado con conquistas o logros sociales de la poblacin y de los trabajadores.

El triunfo del capitalismo ha universalizado sus contradicciones y miserias, entre las cuales sobresale la desigualdad a escala interna de los pases y en el plano mundial. Desaparecido el enemigo comunista, el capitalismo mundial se quit la careta socialdemcrata que lo cubra, y se dio rienda suelta a una acumulacin sin freno, que ha tenido como consecuencia alcanzar los parmetros ms aberrantes de desigualdad y acelerar la destruccin de la naturaleza, como en ningn otro instante en la historia. Por supuesto, tales no eran los anuncios del triunfante capitalismo en 1989 y 1991, pues en ese momento se predijo una poca de prosperidad y esplendor para la humanidad entera, al entrar en la rbita de la produccin y consumo capitalistas, y se vaticin que la democracia a secas vendra como complemento a la imposicin de la economa de mercado y se anunci una especie de paz perpetua tras la desaparicin de la URSS. Nada de eso se ha producido. Hoy se ha generalizado la desigualdad, que es resultado de la explotacin intensificada de la clase que vive del trabajo, en los nuevos pases industrializados y las zonas de maquila y ensamblaje que se encuentran desperdigadas por la tierra.

En cuanto a la democracia est nunca ha llegado en el sentido profundo del trmino y simplemente se impusieron las mal llamadas elecciones libres, muy al estilo estadounidense, sin que eso signifique cambios importantes para la vida de la poblacin pobre y trabajadora, que solo tiene libertad para escoger, cada cierto tiempo, a los verdugos que le van a cortar el cuello.

La paz perpetua se convirti en la guerra permanente, auspiciada por los Estados Unidos desde 1989, cuando invadi sangrientamente a Panam, dejando miles de muertos a su paso. En los ltimos 28 aos se han presentado ms guerras de conquista y agresin por el imperialismo que las que se presentaron durante la Guerra Fra.

Esto en cuanto a las falsas promesas del nuevo orden mundial. Y las cosas se agravan al considerar la magnitud de la crisis civilizatoria por la que atravesamos, con la quiebra del modelo de civilizacin del capital. Uno de los sntomas de ese quiebre civilizatorio se evidencia con la destruccin de los ecosistemas, la sexta extincin de especies que est en marcha (la quinta fue hace sesenta millones de aos), la contaminacin de aguas, la deforestacin y el cambio climtico. En suma, el capitalismo pretende superar los lmites naturales con el fin de garantizar un crecimiento infinito y una acumulacin de capital exponencial, y con esa vana pretensin pone en peligro la supervivencia de la humanidad.

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Pese a las contradicciones del capitalismo, sus defensores y apologistas han logrado imponer el ideologema de que el capitalismo es insuperable, es el fin de la historia, y solo hay que saberse adaptar porque aqul forma parte de la naturaleza humana. As las cosas, ya no hay cabida para la revolucin, sino adaptacin al capitalismo triunfante. Se ha dicho hasta el cansancio, por parte de diversos crculos ligados al orden del capital, que la revolucin es un imposible, puesto que el capitalismo es insuperable y expresa la condicin humana, pretendidamente egosta, competitiva y depredadora y las experiencias revolucionarias en el siglo XX han demostrado el fracaso de un proyecto que intente ir ms all de la dominacin del capital. Otros, ligados a diversas tendencias del pensamiento posmoderno, sostienen que la misma idea de revolucin es inadecuada porque es un constructo moderno y eurocntrico, que no sera vlido ni aplicable en la actualidad, y porque adems tendra una fuerte carga progresista.

Estos reparos eluden el problema de fondo: hay una relacin social que se ha hecho dominante a nivel mundial, gstenos o no esa es otra cosa, en las ltimas dcadas: el capitalismo. Y esa relacin social ha llegado hasta el ltimo rincn del mundo perifrico, como se muestra en las comunidades indgenas de nuestra Amrica. Esa extensin ha ido acompaada de la generalizacin de sus caractersticas destructivas, de seres humanos y naturaleza. Y ese afn fustico de acumulacin y crecimiento irrefrenables ha puesto en peligro la existencia de la propia humanidad, empezando por los ms pobres entre los pobres. Si as son las cosas, es un contrasentido suponer la continuidad indefinida del capitalismo, ya que junto con la explotacin intensificada de hombres y mujeres, impulsa un incontenible desarrollo de las fuerzas productivas, convertidas en fuerzas destructivas, que nos conducen al abismo, como lo pone de presente el mal llamado cambio climtico.

Un segundo aspecto que debe subrayarse radica en enfrentar los antivalores del capitalismo, que se han convertido en un nuevo sentido comn, como si fueran una caracterstica inherente a la naturaleza humana: la competencia, el egosmo, el individualismo, el despilfarro, el desprecio por el dolor de otros seres humanos y animales, la desigualdad, la lucha desenfrenada por acumular y consumir, la prepotencia de alcanzar ganancias y presumir por el lujo y el consumo suntuario. Esto obliga a pensar en un cambio civilizatorio que vuelva a reivindicar los valores de la igualdad, de la fraternidad, de la ayuda mutua, de la solidaridad, del ser sobre el tener, de la frugalidad, del respeto por la naturaleza, de la desmercantilizacin Y la lucha por estos valores humanos exige plantearse la urgencia de transformar la civilizacin capitalista.

En estas condiciones, la revolucin es ms actual y necesaria que en 1917. La revolucin no es un sueo, puesto que se apoya en las contradicciones internas del capitalismo, en la lucha de clases que se desenvuelven en su seno, en los intereses de los oprimidos, en la destruccin ambiental que destruye las condiciones naturales y en la demostracin prctica de que el capitalismo produce una desigualdad insoportable que genera opulencia y despilfarro para una exigua minora, mientras arrasa con pueblos y ecosistemas a una escala nunca antes vista en la historia.

Aqu cobra una impresionante actualidad la nocin de revolucin del pensador alemn Walter Benjamin, cuando proclam que las revoluciones son antiprogresistas porque rompen en la prctica con la ilusin de un progreso ascendente, lineal y acumulativo, y haya sostenido: Marx haba dicho que las revoluciones son la locomotora de la historia mundial. Pero quizs las cosas se presentan de otra manera. Puede ser que las revoluciones sean la mano con la que la humanidad acciona los frenos de emergencia. Hoy es necesaria la revolucin para detener la catstrofe planetaria que genera el capitalismo, que destruye lo que encuentra a su paso -hombres, mujeres, nios, animales, bienes naturales-, a nombre de un idolatrado progreso tecnolgico, el cual se sustenta en la bsqueda de ganancias para una minora y en la generalizacin de la explotacin de los trabajadores.

El socialismo debe ser arrancado de la mitologa del progreso y de una visin teleolgica de la historia. En esa medida es una posibilidad y una imperiosa ruptura para la humanidad, pero eso no quiere decir que sea ineluctable. Es una necesidad social, ecolgica y moral, una bsqueda racional, una utopa concreta que fundamenta nuestras luchas y nuestra razn de existir. Hay que seguir luchando aunque el enemigo haya vencido, como deca Bertolt Brecht.

Las revoluciones del siglo XXI sern distintas a las del siglo XX, porque ellas deben incorporar tanto los clsicos problemas generados por el capitalismo, sustentados en la contradiccin capital-trabajo, como en los nuevos problemas, entre los que sobresalen la destruccin de la naturaleza y el predominio del patriarcado. Y en esta lucha son importantes tanto el pasado como el futuro. El pasado para recuperar la memoria de las luchas de los oprimidos de todos los tiempos, entre ellos los revolucionarios del siglo XX que lucharon por instaurar un orden anticapitalista. El futuro es abierto e impredecible, como impredecibles sern las revoluciones que se sucedan. Para cerrar, resulta adecuado hoy recordar las palabras de Voltaire, que tras el terremoto de Lisboa en 1755, afirm: Decir que todo est bien, tomado en un sentido absoluto y sin la esperanza de un futuro, no es ms que un insulto a los dolores de nuestra vida. Algo aplicable al mundo de hoy, donde solo un cnico puede sostener que todo va bien, con el capitalismo realmente existente, cuando lo nico claro es que si las cosas siguen como van, al final nos espera el precipicio, salvo que los oprimidos del mundo digan basta ya e inicien la construccin de un nuevo orden civilizatorio que vaya ms all del dominio del capital.

Fuente: Editorial de la Revista CEPA, No. 25, 2017, publicada en Bogot.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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