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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-11-2017

Nacionalismo: el fundamentalismo original

Ricardo Orozco
Rebelin


​En Occidente, la historia de la invencin, construccin y desarrollo de los nacionalismos que hoy presionan por mantener su vigencia se aprecia, casi por obviedad, como una historia lejana, perteneciente, en todo sentido, a los espacios y los tiempos en los que se transit de las formas de gobierno monrquicas a las republicanas. Y esa lejana con la que las generaciones presentes observan los orgenes de sus estructuras estatales y de sus identidades nacionales, a su vez, explica por qu la violencia con la que se impusieron ambos Estados y nacionalidades se percibe como una violencia y una barbarie estrictamente perteneciente al atraso civilizatorio en el que se encontraban los reinos y los imperios de los siglos XV a XVII; y no como un rasgo propio del impulso contante por construir sociedades culturalmente normalizadas.

Hoy, apenas contadas salvedades como Catalunya desarrollan fenmenos en los que es posible observar, con diferentes matices, esa vocacin violenta y totalitaria que la defensa militante del inters y la unidad nacional despliega sobre las poblaciones que pretenden fundar su propia identidad al margen o por fuera de la nacionalidad oficial del Estado. Y sin embargo, la defensa de esa una nica nacionalidad por estructura estatal, es decir, de la nacionalidad legtimamente institucionalizada por el Estado, es tan amplia y est tan profundamente interiorizada por el sentido comn del grueso de los imaginarios colectivos que, por un lado, el siquiera atreverse a cuestionar su unidad es, por s mismo, condenable; y por el otro, el cuestionarla efectivamente por medio de un proceso de escisin desplaza la condena pblica de la barbarie de los aparatos represores del Estado hacia las poblaciones que buscan su independencia; victimizando al Estado-nacional y censurando y negando a los intereses autonomistas.

En este sentido, al pensar, por ejemplo, en la ocupacin israel de los territorios palestinos, las narrativas que se construyen en la actualidad ya no nicamente no muestran a la construccin de la nacionalidad y al afianzamiento de la estructura estatal como el principal problema de fondo, sino que, por lo contrario, hacen brotar e injertan otro tipo de fenmenos, como el terrorismo, a partir de los cuales se vuelve a afirmar la legitimidad del exterminio de una poblacin, apelando a nociones como seguridad nacional, orden pblico, etctera.

Aqu, por supuesto, la afinidad tica y la proximidad cultural son dos factores que inciden con gran peso en la aceptacin internacional de este tipo de eventos. La violenta represin de las manifestaciones independentistas de sendos sectores de la poblacin catalana, as como el asesinato a mansalva de rabes palestinos cometidos por los cuerpos castrenses israeles, en este sentido, comparten el hecho de que su justificacin por parte del grueso de la comunidad internacional atraviesa rasgos culturales compartidos y valores comunes; con la democracia, el respeto al Estado de derecho, la paz y la estabilidad internacionales en la primera lnea de fuego.

Por ello, en el caso cataln, tanto como en el israel, las narrativas son tan similares cuando se trata de obtener la venia pblica de la represin y el ejercicio de la violencia estatal en contra de la poblacin aunque Israel cuenta con la ventaja del recurso hipcrita al recuerdo del holocausto. Porque en la medida en que la matriz axial de Occidente, as como sus nociones de libertad, igualdad, fraternidad, democracia y paz, se desenvuelven por el globo siendo aceptadas, naturalizadas e interiorizadas sin cuestionamientos por las comunidades del mundo, y por encima de versiones alternativas de las mismas, atentar contra ellas es como atentar en contra de la propia identidad.

Y lo cierto es que no son pocos los procesos de exterminio y los xodos poblacionales que se estn cometiendo en este momento alrededor del mundo y que, por causa de esta afinidad tica y cultural del modo de vida occidental, pese a que en ciertas ocasiones son visibilizados, su condena se queda en el dato anecdtico de la barbarie que producen las diferencias tnicas en sociedades supuestamente menos civilizadas que la occidental.

La paulatina desaparicin de la minora musulmana Rohiny y de los Kachines cristianos, en la Birmania (Myanmar) budista; o de las comunidades Nuer, en Sudan del Sur por lo anterior, son vistos antes que como resultados propios de una lgica de permanente nacionalizacin de las estructuras sociales de una poblacin en un pas determinado, como causa y consecuencia del lento avance de la civilizacin y los valores occidentales en esas sociedades. Y son vistos as porque la consideracin general de su aceptacin en Occidente atraviesa por diferencias lingsticas, raciales, religiosas, etctera. La humanidad de las personas es el ltimo factor a considerar.

Las banderas de independencia y las luchas autonomistas que durante dos siglos brotaron por todas las periferias globales, en el afn de sus poblaciones de liberarse de su condicin colonial, hoy se aprecian como burdos recuerdos cuya validez y legitimidad, en el tiempo-espacio presente es nula. Vencido el colonialismo jurdico de las metrpolis centrales sobre las periferias globales, los Estados perifricos y sus andamiajes gubernamentales repiten sistemticamente una narrativa en la que se invisibiliza que esas mismas estructuras estatales excoloniales reproducen lo lgica colonial al interior de sus mrgenes.

En Amrica, las poblaciones indgenas son obligadas, permanentemente, a asimilarse con las poblaciones urbanas con las que no comparten nada ms que una historia nacional inventada a modo del nacionalismo de cada Estado; y siempre bajo el riesgo de ser excluidos y exterminados silenciosa y lentamente si se rehsan a integrarse y normalizar sus comportamientos con los de la nacin oficial del Estado. Pero no slo, pues estas poblaciones, aunque en trminos poblacionales sean mayoritarias en el territorio, son reducidas a minoras para desplegar sobre ellas una dinmica en la que se articulan la imposicin de una organizacin poltica en la que la minora carezca de un gobierno propio ms all del slo formalmente reconocido como de usos y costumbres, subordinndola a los centros de produccin y consumo metropolitanos, as como a las normas positivas del Estado que las domina; dinmica que se produce siempre a travs de mecanismos artificiales, y nunca como resultado de intercambios y contactos sociales naturales entre ambas comunidades.

As pues, es imprescindible no dejar de sealar que siempre que se afirma el derecho del Estado de exterminar, reprimir, excluir o violentar a sus poblaciones, minoritarias o mayoritarias, en pos del mantenimiento de su inters nacional, se est defendiendo, simultneamente, el derecho de este de aniquilar las formas de vida que no comparten su origen y sus fines como estructura poltica-econmica. Es aqu en donde se encuentran los verdaderos fundamentalismos que salpican al mundo, porque su ejercicio no se enfrenta a resistencias que vayan ms all de la que presentan las poblaciones sobre las cuales descarga su avasallamiento, y porque sus fines y sus medios son plenamente justificados por la comunidad internacional en su condicin de mayora.

Que no se olvide, entonces, como seal Aim Csaire, hace medio siglo, que el germen de las tragedias vividas por la humanidad durante el auge de los totalitarismos de corte nacionalsocialista y fascista se encuentra en la experiencia colonial de Occidente: desde el crimen, absuelto en su inhumanidad en nombre de la civilizacin, del hombre blanco en contra del hombre negro, del indgena, del conquistado.


Publicado originalmente en: https://columnamx.blogspot.mx/2017/10/nacionalismo-el-fundamentalismo-original.html

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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