Portada :: Opinin :: 2017, cien aos de la revolucin rusa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-11-2017

A 100 Aos de la Revolucin de Octubre: por las sendas de San Peterburgo
La verdad como justicia

Atanasio Campos Miramontes
Rebelin


Traj-taj-taj!

Traj-taj-taj...

...Ah van en portentosa marcha-

Atrs va un perro hambriento.

Adelante con la bandera ensangrentada,

invisible en la nevasca,

y a salvo de las balas,

abriendo a suave paso la ventisca,

sobre nveas dunas de perlas,

con una corona de rosas-

Adelante va Jesucristo.

A. Blok. Los Doce (1918).

 

La cultura rusa del Siglo XIX estuvo poseda de la idea de la verdad como un designio que los hombres aspiran alcanzar en su paso por el reino de este mundo. La gran literatura rusa puso su punto final en una calle oscura de Petrogrado: en medio de la nevasca slo se alcanzan a vislumbrar la silueta de un perro hambriento (el viejo mundo demolido?), doce sombras con las armas empuadas en pos de Jesucristo y una bandera ensangrentada. La imagen final del poema Los Doce de A. Blok es la ltima pagina de la literatura rusa. Ese maravilloso torrente creador culmina atrapando la imagen del ideal que siempre persigui: los doce guardias rojos (apstoles con rifles? malhechores que vieron en la revolucin su elemento?...) tras de Jesucristo, que se abre camino en medio de la negra noche y la tormenta de nieve (los elementos desatados por la revolucin?), con una bandera ensangrentada en lugar de una cruz (el ideal que, al descender de los cielos, para tornarse realidad ha tenido que mancharse de sangre? Acaso el cielo y la tierra, el ideal social y la realidad, convergen en armona, se ensamblan sin catastrficos y terribles acoplamientos?...).

Los contemporneos de Blok, sin importar sus tendencias, en su mayora fueron unnimes en reconocer que Los Doce era la mayor obra que la literatura rusa dio al mundo en los aos de la revolucin. Los Doce, junto con Los Escitas, escritas en enero de 1918, son la culminacin de la obra potica de Blok, son el eslabn que une orgnicamente al torrente de la tradicin clsica rusa con la proyeccin de un mundo nuevo. Los Doce constituye la ltima pgina de la literatura rusa, y la primera del nuevo libro de la literatura sovitica.

Como hemos visto, todo el periodo previo a la Revolucin de Octubre se caracteriza por una intensa bsqueda, de ah que todo el sentido del arte sea el movimiento haca la verdad. (Y.M. Lotmn. Poetas y Poesa. S.Petersburgo, 1996). Lo mejor de la literatura, el pensamiento social y las artes, dirige sus energas a la bsqueda de la verdad, pero no slo de la verdad racional (cientfica) que se limita a constatar, explicar, y a sacar provecho de un fenmeno o regularidad, sino tambin de la verdad como justicia, como expresin de la armona entre los hombres, y de su quehacer transformador con el mundo circundante. La tensin entre la verdad racional y la verdad como justicia, que atraviesa la literatura y el pensamiento social ruso de entre siglos, contiene en s el problema de los ideales sociales, a saber: la relacin contradictoria entre la realidad como es y como debera ser; entre la cruda realidad y su negacin moral; entre lo que est determinado por la necesidad y la contingencia en una realidad histrica concreta y es negado por una proyeccin poltico-moral, como crtica, como intento por superarla, pero factible slo a condicin de que se sustente en las mismas condiciones que se niegan. Pero la revelacin de la verdad como justicia, en su inicio, es slo eso -un descubrimiento deslumbrante. El pintor y msico lituano K. M. Chiurlionis (1875-1911), que viviera varios aos en San Petersburgo, pint un pequeo cuadro, La verdad, en cuyo fondo aparece un extasiado rostro, iluminado por la llama de una vela que devora a pequeos ngeles, cual mariposas atrados por el fuego: es seductora esa revelacin de la verdad, como un fuego que se alimenta de los materiales ms ligeros..., de mitos y valores, una hoguera que purifica devorando antiguas creencias para abrir paso a otras nuevas. As se anuncia la revelacin de un ideal pronto a tornarse realidad. Pero, la encarnacin del ideal exige medios, que sern obtenidos de quienes los detentan y, una vez que stos se han agotado, se tendr que inventar y crear nuevos. La primera posibilidad conduce generalmente a la destruccin y a la violencia, la segunda a la creacin y a la reconciliacin. Slo la segunda posibilidad demostrar que una revolucin es realmente grandiosa.

La revolucin represent para buena parte de esa generacin una respuesta a esa bsqueda. La Revolucin de Octubre constituy la revelacin del ideal, de la verdad como justicia tan largamente anhelada. Esto tendra implicaciones trascendentales para el arte y la cultura. La idea de que la verdad ltima ha sido encontrada, deriva en la tentacin de asignar al arte la funcin ya no de bsqueda, sino de propaganda. Propiamente la teora pasa a ocupar un lugar ms alto que el arte; las pocas dogmticas aproximan la funcin del arte con la tcnica... Sin embargo, la cultura nunca suele ser univalente: poner un signo de equivalencia entre sus ideales y su propia realidad siempre engendra errores. La senda de la cultura rusa despus de Blok nunca fue unilineal ni tampoco representa en s la simple realizacin de temas dados de antemano... y es un derecho del arte zafarse de la esfera de los sentidos univalentes al espacio de la bsqueda abierta. (Lotmn).

En realidad el triunfo de la Revolucin de Octubre signific para millones de gentes, tanto en Rusia como en Occidente, la recuperacin del sentido de finalidad de la historia; largamente buscado en Rusia, y perdido en la vorgine de la guerra en Occidente. La demencia de la guerra fue reemplazada por el planteamiento utpico de un mundo racional. ( A. Siniavski. Bases de la Civilizacin Sovitica. Mosc, 2001.)

Cuando autores como Lotmn sugieren que la revolucin en el poder cay en la tentacin de pretender asignar al arte una funcin tcnica, tienen en mente las experiencias de las vanguardias artsticas, particularmente de sus expresiones, tales como ProletCult, Left, el Futurismo, y el Constructivismo. Se refieren concretamente al abandono de su previo espritu rebelde. Pero en realidad, como hemos visto, precisamente en los primeros aos del poder sovitico la vanguardia poltica (bolcheviques) y las vanguardias artsticas confluyen naturalmente. Ante unos y otros se presenta ahora la posibilidad de forjar su capacidad inventiva, su aspiracin de transfigurar el arte en la vida y la vida en el arte, a travs de la construccin de las condiciones materiales y espirituales de una nueva sociedad, abrindose un gran horizonte a sus posibilidades fantsticas. Que la cruda realidad y la prctica impusieran correcciones a los proyectos de unos y otros es otra cuestin. Despus de la revolucin, en el seno del movimiento artstico de izquierda tom fuerza una nueva tendencia a concentrar su imaginacin y energas en la solucin de tareas y problemas prcticos, a grado tal que, -afirma Siniavski- , sacrifica la esttica en aras de la utilidad, la forma en favor de la funcin. En efecto, si antes de la revolucin el nfasis del futurismo ruso se expresaba ante todo en la forma pura, en el arte por el arte; cuando la revolucin ofrece la posibilidad de llevar el arte a la vida, buena parte de sus energas se volcaron al diseo y realizacin de objetos de uso til (el arte a la produccin, de la grafica a la industria textil, los artistas abstractos que disean propuestas arquitectnicas, maquinas, muebles, utensilios, losa, etc.). As, los crticos de las experiencias prcticas de las vanguardias artsticas slo ven el sacrificio del arte en aras de la produccin, pero no reparan en que los movimientos vanguardistas recuperan el sentido de finalidad cuando, con sus extravagantes elucubraciones, descienden del cielo inalcanzable al sucio suelo del mundo terrenal.

Ahora, cuando la vanguardia poltica, al parecer, ha encontrado la respuesta a la ansiosa bsqueda que tanto fustig al pensamiento y a la literatura rusa de las ultimas dcadas, la vanguardia artstica desea apuntalar esa respuesta, y contribuir con sus descubrimientos y proyectos a la edificacin de la vida nueva. No es casual que en este periodo se d el mayor esplendor del arte vanguardista, de aquellos artistas que seguan creyendo en la fuerza creadora de la revolucin. Pero ya no slo como propuestas experimentales, llamadas a subvertir el orden, sino como aplicacin inmediata a la cimentacin de la nueva sociedad. A esto obedece que se suela afirmar, con cierta razn, que en este periodo las artes se sometieron a las tareas asignadas por el poder, identificndose con la tcnica. Pero esto es verdad slo en parte, la bsqueda nunca ces, y no slo por parte de los artistas que no se identificaron con el nuevo rgimen. En 1927 M. Sholojov publica el primer libro de El Don Apacible, quiz la ms grande obra de la literatura rusa del siglo XX, equiparable con La Guerra y la Paz de L. Tolstoi. Esa obra monumental aborda, por primera vez con toda profundidad, el desgarramiento trgico de la revolucin rusa que busca alcanzar los ideales ms sublimes y venerables con medios, a veces, hasta criminales. El Don Apacible es al mismo tiempo la historia de amor de Grigori y Aksina, que para realizarse tiene que contravenir las normas morales, lo que a su vez causa la desintegracin de toda una familia. Un gran amor, como una gran revolucin, transforma necesariamente a quienes lo sufren y al entorno de stos, y se realizan siempre en el lmite, son el trofeo que se disputan el bien y el mal. Desde que vieron la luz las dos primeras partes de la obra, Sholojov tuvo que enfrentar toda suerte de calumnias y crticas, que llegaron -inclusive- a acusarlo de plagiar esa obra maravillosa. Para defender su honor de escritor, Shlojov present a una Comisin de Escritores los manuscritos de los dos primeros libros, mismos que se extraviaron durante la Guerra, dando nueva vida a esa insidiosa versin. El propio A. Solyenitzin, que siempre ha tenido como credo no vivir en la mentira, escribi en 1975-75 el folleto El Estribo del Don Apacible, en el que, con toda su autoridad moral, respalda esa alevosa calumnia, argumentando, entre otras cosas, que un mozuelo de 22 aos sera incapaz de escribir tan grandiosa obra. Pero, parafraseando a San Lucas, no hay misterio que no llegue a ser develado: en 1999 fueron encontrados los manuscritos, poniendo punto final a una de las ms largas alharacas de la historia de la literatura rusa. En 1931 Sholojov tuvo que acudir a Stalin para evadir la censura en la publicacin de los dos ltimos tomos de esa epopeya.

La realizacin del nuevo ideal social (la utopa, para muchos autores) en los hechos gener nuevas bsquedas. Precisamente en los primeros aos de la Rusia Sovitica, E. Zamiatin escribi Nosotros, la primera gran novela de la anti-utopa, en la cual se inspiraron posteriormente G. Orwell y A. Huxley (el primero, a diferencia del segundo, as lo reconoci). En esos aos tambin despunta otra generacin que con su voz construy su tiempo: M. Prishvin, B. Pilniak, A. Platonov, A. Tolstoi, I. Ilf y E. Petrov, M. Vulgakov, etc.

En su estupendo ensayo El Poeta y el Tiempo (1932), M. Tsveteva (*) explica mejor que nadie la compleja relacin entre el artista y su tiempo: Ser contemporneo es crear tu tiempo, y no reflejarlo. S, reflejarlo, pero no como espejo, sino como escudo. En Rusia no hay un solo poeta de magnitud a quien, despus de la Revolucin, no le haya temblado y crecido la voz... El tema de la Revolucin es un pedido del tiempo. El tema de enaltecer la Revolucin es un encargo del partido... La nica salvacin, para m y las cosas, es que el pedido del tiempo sea el resultado de una orden de mi conciencia, de la cosa eterna. La conciencia por todos los muertos, puros de corazn y no alabados, y que no pueden ser ya alabados... En ese mismo texto, Tseveteva

discierne que Esenin muri porque tom el pedido ajeno (del tiempo a la sociedad) por su propio pedido (del tiempo al poeta). Uno de los encargos lo tomo por todo el encargo. Muri porque permiti a otros saber por s, y olvid que l (poeta) mismo es el conducto, el interlocutor ms directo del tiempo. En la vspera de su trgica muerte, el 28 de diciembre de 1925, Esenin entreg a su amigo, el poeta Wolf Erlih, un verso que finaliza as:

Morir no es nuevo en esta vida,

Y claro est que vivir lo es menos.

Pocos das despus, Mayakovski le respondera:

Para la alegra

nuestro planeta

es poco idneo.

Hay que

arrancar la alegra

de los das venideros.

En esta vida

morir

no es difcil.

Hacer vida

cuanto ms difcil es.

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(*)   En una conversacin con rma Kudrova, Isif Brdski afirm categricamente que consideraba a Marina Tsveteva el ms grande poeta del siglo XX. Cito la conversacin:

-Entre los poetas rusos?

l insisti un tanto irritado:

- Entre los poetas del siglo XX.

-Y Rlke, y ?

Brdsky insisti dando muestras de una irritacin creciente:

- En nuestro siglo no hay poeta mayor que Tsveteva.

 

I. Brodski Acerca de Tsveteva. Ed. NG. Mosc, 1997.

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Del mismo modo, Tsveteva aborda el fin trgico de Mayokovski: Durante doce aos Mayakovski-Hombre someti a Mayakovski-Poeta, hasta que, en el treceavo ao, el poeta se revel y mat al hombre... Mayakovski vivi como hombre y muri como poeta. En la tragedia de Mayakovski hubo dos suicidios: el primero fue una hazaa, y el segundo una fiesta... Y no obstante que Tsveteva se declara pura ante el Juicio Final de la palabra, nueve aos ms tarde tambin opt por la ltima salida, y muri como Poeta, cuando su voz, que se diriga a la cosa eterna, no encontr eco en la veloz locura de los tiempos.

En trminos concretos la edificacin de una nueva vida significa enormes posibilidades de una amplia movilidad social para los que nunca fueron nada, proporcionando a su vez un fuerte aliento al impulso transformador. Al encarnar el nuevo ideal social, se exige la incorporacin de nuevas fuerzas a la industria, a las enormes tareas trazadas de construccin que se plantea el nuevo poder. De esta manera, el ideal social se vuelve tangible en la expansin sin precedentes de la movilidad social (y con sta, el acceso a un mundo antes negado: a la instruccin, a nuevas profesiones, cargos, etc.). Y as lo vieron hasta los crticos ms acrrimos del nuevo rgimen. G.P. Fedotov, historiador y pensador religioso, que permaneci en Rusia hasta finales de los aos veinte, escribi: Es difcil imaginar a una familia campesina que no tenga por lo menos a un pariente en la ciudad con un cargo ostensible: oficial del ejercito rojo, juez, agente de la polica poltica, o en el ltimo de los casos a un estudiante. Es decir, el ideal social se plasma en la realizacin concreta del sentido de finalidad de millones de hombres que slo haban conocido la oscuridad. Cabe recordar que en 1918, en plena guerra civil, se decret la Escuela nica para los trabajadores, la Educacin en lengua natal para las minoras nacionales, y la Erradicacin del analfabetismo (1919); que durante el primer ao del poder sovitico fueron abiertos 33 institutos cientficos, y organizadas varias expediciones cientficas... Luego vendra el Plan Electrificacin de toda Rusia GOELRO-, que en realidad constituye el primer plan econmico de la revolucin. Cuando en 1920 Lenin explicaba sus planes de electrificacin de la naciente Rusia Sovitica y deca que el comunismo era igual al poder sovitico ms la electrificacin del pas, un clsico de la ciencia-ficcin occidental, H. G. Wells, en su libro Rusia en Tinieblas, lo llam el soador del Kremlin. As, el poder sovitico, venciendo enormes resistencias, se va abriendo paso y, como Prometeo que trae el fuego al hombre, impone su proyecto civilizatorio. Tambin cabe recordar que con la revolucin de febrero se inici la desintegracin del inmenso imperio ruso, y slo con el gran ideal de fraternidad de los pueblos que emergi con la Revolucin de Octubre fue posible cementar de nuevo esa inmensidad continental. Luego este proceso centrpeto se vio fortalecido por el renacimiento econmico de la Nueva Poltica Econmica, recuperando Rusia el papel de centro de atraccin de las otrora provincias del imperio ruso para conformar la URSS en 1922. Al respecto, el prncipe Aleksandr Mijailovich (hermano de los prncipes Nicolai, Serguei, y Georgui Mijailovich, asesinados por los bolcheviques), to del Zar Nikolai II, almirante y pionero de la fuerza area rusa, poco antes de su muerte, acaecida en Pars en 1933, escribi en el epilogo de sus memorias (consideradas su testamento poltico): Por lo visto los aliados... pretendan acabar de un solo golpe con los bolcheviques y con la posibilidad del renacimiento de una Rusia fuerte. La posicin de los lderes del Movimiento blanco se hizo insostenible. Por un lado, aparentando no darse cuenta de las intrigas de los aliados, llamaban... a la guerra santa contra los soviets, por otra parte, en defensa de los intereses nacionales de Rusia luchaba nada manos que el internacionalista Lenin, quien no escatimaba fuerzas para protestar contra la fragmentacin del otrora imperio ruso... (citado en: V. Kozhinov. Rusia: Siglo XX. Mosc, 2001, T.1).

Lenin, como heredero de las tradiciones revolucionarias rusas y como marxista, personifica la sntesis, la combinacin ideal de la ardiente verdad como justicia y la fra y descarnada verdad racional. El humanismo y el pragmatismo que encarna Lenin resulta ser la fuerza que salva a Rusia de la deflagracin total y de la desintegracin que inician con la revolucin de febrero. Pero, pensar que era posible salir de la hoguera de la revolucin sin someter a los elementos agitados de la sociedad rusa es una quimera irresponsable. En eso radica precisamente la tragedia de toda revolucin: las contradicciones se tensan y agudizan a tal grado que construir compromisos es ya casi imposible y, por lo general, cualquier desenlace suele ser sangriento: retroceder implica someter a las clases explotadas que ya no estn dispuestas a continuar viviendo conforme al viejo orden; avanzar hacia la construccin de un nuevo orden implica pasar por encima de las clases privilegiadas que ya no tienen la capacidad de continuar dominando, pero que no estn dispuestas a perder sus privilegios... Y no obstante, Lenin aseguraba que en Rusia existi la posibilidad de evitar la guerra civil, si a comienzos de 1918 los socialistas revolucionarios y mencheviques hubieran reconocido el poder de los Consejos (soviets). Al no reconocer el poder de los Consejos, la Asamblea Constituyente regresaba en los hechos a la insostenible situacin de la dualidad de poderes. Si bien la Asamblea Constituyente contaba con la legitimidad de haber emergido de una eleccin, no contaba con bases sociales que daban sustento a los Consejos, y que a la postre daran la victoria a los bolcheviques en la guerra civil. El enfrentamiento entre dos programas, dos revoluciones (febrero y octubre), dos visiones del futuro de Rusia, se hizo inevitable. En la guerra civil se enfrentaron dos concepciones que procedan de la vieja tensin entre occidentalistas y autctonos (eslavfilos). Lenin, como heredero de la tradicin autctona (de los populistas) persigue la verdad como justicia, pero por su formacin marxista (occidental) asume tambin la verdad racional. Lenin representa uno de los momentos de reconciliacin de las dos vertientes que marcaron las bsquedas de la poca que le precedi. Lenin es la sntesis lgica de la vieja tensin entre eslavfilos y occidentalistas. De ah su sencillez, humanismo, obstinacin, y pragmatismo.

Como en toda guerra civil, los bolcheviques lucharon denodadamente por mantenerse en el poder. Si se considera que, al estallar la guerra civil, los bolcheviques slo controlaban una minscula parte del inmenso territorio del imperio ruso, y que la Guardia Blanca y otras fuerzas hostiles a la Revolucin de Octubre contaban con una buena parte del ejercito regular, mejores armas y un fuerte respaldo del exterior, retener el poder era de por s un enorme desafo. Durante ese periodo, tambin conocido como comunismo de guerra, todas los esfuerzos estaban dirigidos a vencer, y no a la creacin de un nuevo rgimen econmico y social. De ah el nfasis en la distribucin (a travs del decomiso) ms que en la produccin. El historiador L. P. Karsavin, expulsado de Rusia en 1922 junto con otros 160 distinguidos representantes de las artes y las ciencias, escribi en 1923: Acaso era posible en un pas donde el ejercito hua por todos los caminos, con el transporte destruido... salvar las ciudades del hambre absoluta de otra manera que no fuera decomisando y distribuyendo, robando los bancos, los almacenes, los mercados y las tiendas, y suspendiendo el libre mercado? Inclusive, con estos medios heroicos se logr salvar de la muerte de inanicin slo a una parte de la poblacin urbana y del aparato estatal: la otra parte muri. Acaso era posible obligar al aparato necesario (soldados, marineros, guardias rojas, jvenes revolucionarios) a trabajar por esa poltica de otra manera que no fuera con la ayuda de las consignas, muy conocidas y comprensibles desde haca tiempo por la propaganda socialista?... En verdad la ideologa comunista [el comunismo de guerra, ACM] result ser una etiqueta muy idnea para una necesidad muy cruel... Los bolcheviques, al nadar con la corriente, suponan ingenuamente que implantaban el comunismo (L. P. Karsavin. Filosofa de la historia para quienes juzgan con las anteojeras del presente. S. Petersburgo, 1993).

Al vencer en la guerra civil, los bolcheviques tuvieron que enfrentar un desafo todava mayor. Adems de restablecer las condiciones elementales para echar andar una economa deshecha, estaban obligados a responder a las expectativas creadas por la promesa de una nueva vida. Y no slo a la gente sencilla, sino a las mentes ms refinadas. As, por ejemplo, en una carta a L. Trotski, fechada el 6 de enero de 1920, el filosofo cosmista, V. Murviev, deca que por ahora el pas vive a cuenta de las viejas reservas (en el sentido material y espiritual) de la riqueza cultural, o bien a cuenta de los nuevos valores producidos con base a viejos procesos productivos. Esto significa que el nuevo rgimen poltico se alimenta de viejas relaciones productivas... Estoy lejos de negar los xitos del poder sovitico, su dimensin e importancia, pero si se plantea la cuestin de la profundidad de lo que se ha hecho, me veo obligado a expresar mis dudas. S, polticamente es indiscutible la victoria de los bolcheviques, pero... lo que se necesita es que cambie el subsuelo de la vida para que se lleve a cabo una profunda revolucin en todas las relaciones, y en todos los modos de vida, y sus representaciones. Y en eso se ha alcanzado muy poco... Es importante, no la nueva forma de relaciones, sino la vida misma de stas relaciones... Por ahora slo veo un mecanismo artificialmente creado. Es necesario que viva por s mismo, por su propia vida, que se convierta en organismo... Entonces vuestra victoria estar garantizada y en realidad estaremos ingresando a una nueva era. Entonces podremos decir si realmente ha surgido de verdad o se trata slo de un espejismo... Mientras esto no suceda, me considero en el derecho de ver todo esto como el resultado de una revolucin en pequeo sentido histrico... y aplicarle las analogas histricas y predecir su futuro destino con base a las regularidades de las revoluciones histricas que conozco.

Al finalizar la guerra civil, cuando prcticamente el 90% de la industria estaba parada, con un enorme ejercito desmovilizado y con armas en las manos, urga dar empleo a millones de desocupados, y abrigo a siete millones de hurfanos y menores abandonados. Las masas que haban cobrado conciencia de su fuerza, en una situacin insoportable y de franco desastre, no dejaron de expresar su estado de nimo a travs de la sublevacin, y la de Kronshtadt fue aleccionadora para el nuevo poder. He aqu el testimonio de V. Serge sobre esos dramticos das: Al iniciar una nueva revolucin libertaria, la revolucin de la democracia popular, la verdad estaba de lado de Kronshtadt; !Una tercera revolucin! -decan algunos anarquistas... Sin embargo, el pas estaba totalmente exhausto, la produccin prcticamente paralizada; las masas populares no contaban ya con ningn recurso, los nervios ya no daban ms. La elite del proletariado, templada en la lucha contra el viejo orden, estaba literalmente destrozada. El partido, que haba engrosado sus filas a cuenta de los arribistas, no inspiraba mucha confianza. Otros partidos eran demasiado pequeos, con ms que dudosas posibilidades. Evidentemente stos podan recuperarse n pocas semanas, pero slo por cuenta de miles de inconformes enfurecidos, y no de entusiastas de la joven revolucin como en 1917. A la democracia sovitica le faltaba inspiracin, organizacin y cabezas perspicaces, tras ella slo haba masas hambrientas y desesperadas. La oposicin pequeo-burguesa reemplazo la demanda de consejos electos libremente por la consigna de !Consejos sin comunistas!. Si la dictadura bolchevique caa, hubiera seguido el caos inmediato, en ste los alzamientos campesinos, la matanza de comunistas, el regreso de emigrantes y, por ltimo, de nuevo la dictadura, pero a causa de las circunstancias, ahora anti-proletaria. Tales eran las perspectivas que entrevean los emigrados... lo cual fortaleca la decisin de la dirigencia en acabar rpido y a cualquier precio con Kronshtadt. Y estos no eran razonamientos abstractos. Slo en la parte europea de Rusia se tena conocimiento de cincuenta focos de revueltas campesinas... En estas condiciones el partido deba retroceder, reconocer como insoportable el rgimen econmico, pero mantener el poder. A pesar de todos los errores y abusos, el partido bolchevique representaba en ese momento la fuerza ms organizada, racional, confiable y sensata, a la que, a pesar de todo, se deba confiar. La revolucin no tena otra base, y no resistira una renovacin ms profunda (Memorias de un revolucionario. Orenburg, 2001). Entonces Lenin concibi la Nueva Poltica Econmica (aunque l la consider como un paso atrs para poder avanzar, en realidad era el nico paso adelante posible). Gracias a la NEP, en poco tiempo Rusia retom la senda del crecimiento, y para 1924 en muchos rubros se haban alcanzado los niveles previos a la Primera Guerra Mundial, mientras que en otros se superaban. Tal es el caso de la produccin de electricidad, que se rebasaba en un 150% el nivel de 1913. Y, lo que es ms importante, ya para 1923 se revierte la catastrfica tendencia demogrfica, al incrementarse la poblacin en casi tres millones de habitantes. Una vez ms se hizo patente que, en situaciones cardinales, Lenin siempre demostr tener un espritu flexible y libre de dogmas, un fino tacto y una audacia poltica sin igual, as como un saludable pragmatismo.

Con la victoria de los bolcheviques en la guerra civil, se demostr en los hechos que el programa de octubre fue el que menos resistencia encontr en el pueblo ruso, porque, ms que culminar la demolicin del viejo orden (iniciado por la revolucin de febrero), haca eco de las demandas y aspiraciones ms sentidas de las mayoras campesinas, obreras, y de los soldados que combatan en el frente. Desde su regreso a Rusia, Lenin tuvo que nadar a contracorriente de la mayora de los dirigentes bolcheviques, as como de los dirigentes de socialistas revolucionarios, mencheviques, cadetes, etc., fuerzas relevantes de los acontecimientos de esos meses cruciales: negociacin inmediata con Alemania de una paz separada (en contraposicin del gobierno provisional dominado por las fuerzas mencionadas: paz hasta la victoria); tierra y libertad a los campesinos (esperar que fuera decretada por la Asamblea Constituyente); Repblica de Consejos (democracia parlamentaria de tipo occidental)... Mientras tanto, los hechos hablaban por s mismos: la conduccin desastrosa de la guerra haca ms frecuentes la desercin, sublevacin, y hasta la confraternizacin de los soldados; el incendio de haciendas y la violencia en el campo cubra ya el 90% de las provincias; la conformacin de los consejos era una respuesta espontnea a la parlisis de los gobiernos locales, y al proceso de desintegracin del viejo orden. Estas propuestas atendan el llamado a evitar una catstrofe mayor en todo el pas. No es casual que N. Berdiaev, tal vez uno de los crticos ms profundos de la revolucin rusa, escribiera que los bolcheviques para nada eran maximalistas, ellos eran minimalistas, siempre actuaron en direccin de la menor resistencia... en consonancia con los instintos y deseos de los soldados... campesinos... y obreros. Maximalistas eran quienes queran a toda costa continuar la guerra, y no quienes luchaban por terminarla cuando esta se desataba ya dentro de Rusia... El bolchevismo fue una forma transfigurada de la realizacin de la idea rusa, y por eso venci.... la salvacin slo puede venir del nacimiento de una nueva vida (N. Berdiaev. Reflexiones sobre la Revolucin Rusa. Berln, 1924).

La revolucin, como portadora de un autentico ideal social, avanza como un potro indmito que los bolcheviques sometieron por la fuerza (es decir, dictadura), a fin de darle sentido y direccin. De lo contrario, el aliento de la revolucin se ahoga en el torbellino social o se consume en la hoguera de la guerra civil. En su panfletoLa Inteligentzia y la Revolucin, escrito el 9 de enero de 1918, Blok inquiere a buena parte de sus contemporneos: Y qu pensaban? Qu la revolucin era un idilio? Qu la creacin no destruye nada en su caminar? Qu el pueblo era un corderito? Qu cientos de ladronzuelos, de gentes que les encanta calentarse las manos no intentaran hacerse de lo que no estaba en su lugar? Y, finalmente, qu la querella secular entre la plebe y los de sangre azul, entre los ignorantes y los instruidos, entre el pueblo y la inteligentzia sera resuelta sin sangre y sin dolor?. En ese mismo artculo Blok se responde a s mismo: La revolucin es semejante a la naturaleza. Qu pena para quienes piensan encontrar en la revolucin slo la realizacin de sus ensoaciones, por muy sublimes y nobles que stas sean. La revolucin, cual torbellino tempestuoso, cual tempestad de nieve, siempre trae algo nuevo e inesperado; engaa cruelmente a muchos; en su remolino mutila con facilidad a los justos, y con frecuencia arroja a tierra firme sanos y salvos a los indignos; pero esos son sus pormenores que no cambian ni la direccin general de su corriente, ni aquel temible y ensordecedor rumor que emite su torrente. Indistintamente ese rumor es siempre sobre algo grandioso.

Segn distintas estimaciones, durante la guerra civil murieron entre 10 y 12 millones de personas. En su gran mayora fueron victimas del desmantelamiento de la economa y del aparato del Estado, del caos social y econmico. Las principales causas de muerte fueron la privacin de los medios de vida, consecuencia del desbarajuste econmico y la ausencia de un orden elemental que atendieran el hambre, las enfermedades, las epidemias, y la proliferacin de la delincuencia. El desplome de las instituciones estatales, proceso que comenz en febrero de 1917, desencaden lo que algunos pensadores actuales llaman la guerra molecular de la sociedad: violencia de numerosos grupos delincuentes, todo tipo de querellas entre vecinos, pobladores, familias, tendan a resolverse por va de la fuerza, aunque luego las hacan pasar por rencillas polticas. Entre 1918 y 1922 murieron 940 mil guardias rojos, en su mayora de tifus. Si bien no hay datos exactos de las prdidas de vidas humanas entre la Guardia Blanca, los historiadores coinciden en que fueron mucho menores. Esto quiere decir que la inmensa mayora (nueve de cada diez) no muri en el frente de batalla, sino a causa del quebranto de las bases normales de vida. En estas condiciones, cuando distintas fuerzas radicalizadas pugnaban por menos Estado (liberales, anarquistas, levantamientos campesinos, etc.) acaso haba otra va de salvacin que no fuera la dictadura para someter el caos al orden? M. Prishvin, el nico de los escritores destacados que pas todos estos aos en el campo, anot en sus diarios el 11 de septiembre de 1922: El campesino se opone a los comunistas, porque se opone a todo tipo de poder... Y as lo percibi Mayakovski:

Este torbellino,

de la intencin al fusil,

y a la obra de construccin,

y al humo de la hoguera

el Partido los tom

en sus manos,

los dirigi, y los puso en formacin.

 

En realidad aqu hay un problema que tiene que ver con la interrelacin dialctica entre cultura y civilizacin; entre el caos de los elementos y el orden social. Es conocido que la civilizacin en general emerge cmo resistencia a la propensin natural de las comunidades humanas al relajamiento, surge como una aspiracin a moderar la efervescencia, a imponer determinados lmites, diques, a los elementos que tienden a la ebullicin permanente. En su base misma la civilizacin es, antes que nada, una forma artificial de autodefensa del hombre con respecto a s mismo. La civilizacin siempre implica denodados esfuerzos, ya que las comunidades humanas se mueven en direccin al menor esfuerzo. Cuando los avances culturales (nuevos valores espirituales, polticos, morales, artsticos, cientficos, tcnicos...) van preparando las rupturas revolucionarias, llega un momento en que esas quiebras tienen que ver hacia atrs, hacia la tradicin, para consolidar los nuevos valores e incorporarlos, como elementos perdurables, a la civilizacin humana. De lo contrario, la ruptura revolucionaria se vuelve una propuesta vana, que no aporta, que no enriquece, que no responde a las demandas y necesidades de los sujetos sociales emergentes. Este proceso de incorporacin y consolidacin de valores se realiza mediante las instituciones, leyes y normas, creadas o adaptadas con ese propsito. Esa es la razn, por la que, despus de pocas revolucionaria, enseguida deviene el problema del sometimiento de los elementos sociales desatados, que despus de romper los obstculos que impedan la realizacin de sus aspiraciones, comienzan a amenazar las propias bases que podran permitir dar respuesta a sus propios anhelos. Es decir, deviene la necesidad del orden, de la imposicin del nuevo poder, correspondiendo a la civilizacin plasmar los nuevos logros de la cultura. As, mientras que la cultura tiende a ser abierta y expansiva, dinmica, nmada y ligera; por el contrario, la civilizacin tiende a ser cerrada e introvertida, sedentaria, lenta, esttica y petrificada. Esta tensin dual caos-sistema tambin es inherente a la creacin artstica: Si la revolucin, poltica o cultural, conduce al caos, es preciso preocuparse de que su inercia, que tiende siempre al caos, resulte creativa en ltima instancia, y no se condense en formas primitivas, o bien en formas an no definidas del todo. (D. Lijachiov. Ensayos de filosofa de la creacin artstica. S. Petersburgo, 1999). El mismo autor sostiene que en esencia hay dos tipos de ideas, o ms exactamente dos estados de las teoras... un tipo de ideas precede a la aparicin de un nuevo estilo, como si le abriera el camino, sometiendo a la destruccin el estilo predecesor y su ideologa. El otro tipo de ideas aspira a la realizacin, a la materializacin del nuevo estilo. Estas ya no son simplemente ideas, sino un riguroso sistema de ideas, una ideologa, que conlleva al fin de cuentas a la petrificacin del nuevo estilo, misma que anuncia su propio fin. As, las revoluciones, ms temprano que tarde, terminan por enfrentar una paradoja: sistematizar (civilizacin) lo que por su propia naturaleza (cultura) se desarrolla alimentndose de los elementos en ebullicin (es decir, sin norma, sin prescripcin, de lo contrario se le reduce al papel de mera tcnica). De esta manera, si la civilizacin implica fuerza y organizacin, entonces ese fue precisamente el papel del Partido Bolchevique en la Revolucin.

Ahora bien, el proceso inverso tambin es muy conocido: cuando las clases dominantes echan mano de la civilizacin, de las leyes, normas y todo la maquinaria del Estado para someter todo a sus designios y; al pretender civilizarlo todo, los diques institucionales y normativos impuestos (concebidos como marcos de autodefensa de la sociedad) terminan por encadenar los procesos expansivos de la cultura, hasta que se forma una masa crtica, y una presin tal que, al estallar el sarcfago institucional que la encierra, se liberan en forma de transformaciones profundas o revoluciones, desatando a los elementos que tienden a barrer con todo a su paso... M. Volshin, testigo de la hecatombe revolucionaria que condujo a la guerra fraticida, escribi en 1923 el poema Por las Sendas de Can:

El mundo es una escalera,

y por sus peldaos

camina el hombre.

Palpamos todo

lo que l deja en su camino.

Los animales y las estrellas

residuos de carne,

chamuscada en el fuego de la creacin;

todo en su momento

sirvi al hombre de apoyo,

y cada escaln

fue una revuelta del espritu creador.

 

Con la revolucin se hizo evidente que, al fundar San Petersburgo, Pedro I no abri una ventana a Occidente, sino tan slo una rendija, a travs de la cual slo se asom la estrecha cabeza de la elite poltica y econmica. Y, desde entonces, como en ningn otro pas, se fueron formando en Rusia dos pueblos diferentes: el del seor (Barin) y el del campesino (mujik). Mientras que en otros pases de Europa las sociedades presentaban cierta graduacin social, en Rusia exista una hendidura abismal entre esos dos mundos. Para algunos estudiosos, esta hendidura rebasaba el carcter meramente clasista, y lleg adoptar rasgos, inclusive, antropolgicos, constituyndose dos pueblos dentro de un mismo pas que no se entendan entre s. Esa abismal escisin entre la elite y el pueblo, que como nadie entendi A. Blok, cre las bases para que la guerra civil se desatara con una violencia de envergadura realmente csmica. Y en la literatura rusa del Siglo XIX, con todo y su sorprendente humanismo, nunca se escuch con plena nitidez la voz autentica del mujik. La maravillosa literatura rusa del Siglo XIX es predominantemente citadina, y sus personajes son los pequeos hombrecitos que produce la modernidad como sueo o realidad. Por primera vez en la poesa de Esenin se escucha la voz de esa inmensidad campesina de Rusia. Luego vendran M. Prishvin, M. Sholojov y A. Platonov en la prosa. Slo con el colosal impulso modernizador que por primera vez incorpora a los de abajo se fue conformando esa corriente de la literatura rusa del Siglo XX, conocida hasta hay da como literatura aldeana, como una continuidad y expresin transfigurada de la visin autctona (eslavfila) de la senda rusa...

* * *

Pero si en 1917 Petrogrado, la ciudad ms politizada del mundo, contaba con casi dos millones y medio de almas, al terminar la guerra civil en 1920 su poblacin era de apenas 722 mil habitantes. Las brigadas obreras y los soldados revolucionarios conformaron la Guardia Roja, que sera el ncleo del futuro Ejercito Rojo. Miles de jvenes fueron movilizados al frente, y la mayora de los habitantes de la ciudad emigr al campo en busca de alimentos. Petrogrado vivi das aciagos de asedio, hambre, fro, y terror. Pero en medio de las balas asesinas, entre la sangre de inocentes, brotaba obstinadamente la nueva vida: pocos das despus de la muerte de A. Blok, fue fusilado injustamente el poeta N. Gumilev, al mismo tiempo en la ciudad se abran nuevos teatros, museos, escuelas, y renacan los crculos literarios y artsticos. Despus de 1917, al decretarse la abolicin de la propiedad privada de los inmuebles, la arquitectura de Petrogrado atraves por un largo y desastroso periodo, principalmente como resultado de la reubicacin de miles de sus habitantes de los distritos obreros a los barrios centrales de la ciudad, violentando las estructuras funcionales de las viviendas, edificios y mansiones. Los exquisitos muebles, los decorados y pisos de madera sirvieron de lea para proteger del fro invierno a una poblacin agobiada. Los majestuosos palacios pasaron a ser museos e institutos de arte; los antiguos palacetes fueron convertidos en palacios de la cultura, clubes obreros, artsticos y deportivos. Con el enfrentamiento entre el nuevo rgimen y la Iglesia Ortodoxa fueron cerrados varios templos... El resultado fue la perdida parcial, y en algunos casos, definitiva, de las cualidades artsticas de los inmuebles ocupados por los refugiados y las clases bajas. Pero a pocos das de que los bolcheviques tomaron el poder, el arquitecto constructivista, Lev Rudnev, diriga ya la construccin del memorial a los luchadores de la Revolucin en el Campo de Marte. Ivan Fomin y Rudolf Kiser participaron en el proyecto con el diseo los trazos geomtricos de los paseos y prados de la inmensa plaza: el conjunto se inaugur en 1923. Cuatro aos despus, bajo la direccin de los arquitectos A. Nikolski, G. Siomonov, y A. Tegelho, concluy la construccin del conjunto arquitectnico de la avenida del Tractor, y la Plaza de las Huelgas, en las que se manifiestan claramente los trazos del estilo constructivista: los autores unieron en la escuela Diez Aos de la Revolucin de Octubre el eje principal del conjunto, combinando de manera original los volmenes diferenciados de las construcciones. Precisamente en este distrito empieza la construccin masiva de vivienda para los trabajadores de Leningrado. Asimismo, en las Puertas de Narva, Tegelho, junto con D. Krichevski, proyecta la plaza de Narva, poniendo como referencia espacial al Palacio de Cultura M. Gorki, el primer de la ciudad. Estas edificaciones son consideradas prototipos clsicos del Constructivismo ruso, con sus caractersticas formas y volmenes geomtricos precisos, y enormes superficies de vidrio en sus fachadas...

* * *

Pero la nueva vida no haba terminado de nacer. Y el crecimiento, como el de todo ser, una y otra vez sera perturbado por los padecimientos de la infancia, por accidentes, tropiezos y tropelas. La sombra del ala de Lucifer no haba asomado toda su envergadura. Tal vez a eso se refera Blok, en 1920, cuando escriba que la gente dorma endiablada y despiadadamente, muchos duermen todava hasta ahora; y, no obstante, el nuevo mundo ha navegado con mpetu sobre nosotros, convirtiendo los aos, que vivimos y hemos vivido, en centurias... An nos aguardan muchas cosas insospechadas: nos esperan acontecimientos que habrn de ponerle cruz a las vidas y a las concepciones de los hombres ms clarividentes, lo cual ya sucedi ms de una vez en los aos recientes.

Copenhague, diciembre de 2003.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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