Portada :: Opinin :: 2017, cien aos de la revolucin rusa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-11-2017

Lenin, Mariategui y la epopeya de octubre

Gustavo Espinoza M.
Rebelin

Ponencia sustentada en Simposio Jos Carlos Maritegui y la Revolucin de Octubre. Lima, 25 - 27 de octubre del 2017. Casa Museo Jos Carlos Maritegui


Uno de los poemas ms bellos escritos por Gonzalo Rose est dedicado a Maritegui deplorando su muerte, ocurrida cuando apenas haba cumplido 35 aos. Hay algo ms terrible que la muerte de un hombre verdadero cuando aun su estacin dictaba frutos? se pregunta el poeta de Las Comarcas iniciando el verso que evocamos. Pero l termina con una formulacin que no es slo literaria, sino tambin poltica: Dice El es nuestro Lenin. Slo le falta su octubre rojo.

  Este bello verso simboliza no slo el mensaje de un intelectual que juzga su deber vincular al revolucionario peruano con el inspirador y ejecutor de la Revolucin de Octubre, cuyo centenario celebramos en nuestros das; sino que tambin forja un paralelo poltico que debe ser analizado en una circunstancia como sta, cuando el recuerdo de este acontecimiento constituye no solamente una necesidad histrica, sino tambin aliento para nuevas batallas.

Hay elementos comunes entre Lenin y Maritegui, sin duda, pero tambin notables diferencias. Ellas tienen que ver no solamente con las circunstancias en las que ambos vivieron, sino tambin con los escenarios concretos en los que desarrollaron sus luchas; las diferentes experiencias y tareas que abordaron, y hasta la formacin acadmica que ambos alcanzaron.

Nos se trata, entonces, de disear un paralelo, ni de pretender ubicar a uno al mismo nivel que al otro en la consideracin de los pueblos. Apenas, si de esbozar un perfil que nos ayude a comprender mejor el fenmeno que estudiamos, y nuestra realidad; al tiempo de resaltar la opinin que el Amauta tuvo de la Gesta de Octubre y de sus repercusiones en el escenario.

  Cuatro lecciones de la historia

Hemos dicho, y es verdad, que la Revolucin Rusa fue el acontecimiento ms trascendente y significativo de los ltimos cien aos, que cambi el rostro del Siglo XX, y abri una perspectiva distinta para el desarrollo de la humanidad.

Una somera visin del fenmeno que naciera al fragor de los caonazos del Crucero Aurora, nos permite percibir hasta cuatro factores que ameritan esa afirmacin.

La Revolucin Rusa, en primer lugar, mostr al mundo que era posible cambiar radicalmente el escenario poltico de un pas. Que no tena sustento la conocida afirmacin de que nada es posible , que todo habr de seguir igual, que no hay salida a los problemas de los pueblos. En otras palabras que es algo as como la suerte del destino o una simple Voluntad Suprema- la que ha hecho a algunos hombres ricos y a otros pobres; a algunos pases avanzados, y a otros dependientes; a algunos pueblos libres, y a otros siempre oprimidos.

La Revolucin de Octubre demostr que la explotacin no era perpetua; que la opresin social, poda concluir; que la injusticia y el hambre, no eran eternos; que en un momento determinado de la historia, podan cambiar las cosas. Y que se era el signo de un tiempo nuevo. Fue ese, un mensaje de oro para todos.

En segundo lugar, la Revolucin de Octubre fue capaz de sacar a un pas del fondo de un pozo, y colocarlo a la cabeza de los pueblos en la lucha por una sociedad mejor, ms humana y ms justa. Hay que recordar que antes de 1917, la Rusia de los Zares era un pas secularmente atrasado.

Casi el 80% de la poblacin viva en el campo; en tanto que ms del 60% de los que habitaban las ciudades, registraban muy altos niveles de pobreza y an de miseria. El 95% de la poblacin rural era analfabeta. Haba, ciertamente, esbozos de desarrollo industrial, pero eran escogidos, y se situaban en lugares precisos. No implicaban un nivel compatible con el alcanzado por otros pases europeos.

En pocos aos, la Unin Sovitica logr impresionantes niveles de desarrollo. En 1931 puso en vigencia sus Planes Quinquenales y asumi dos polticas complementarias: la industrializacin forzada y la colectivizacin forzosa de la agricultura. Ambas herramientas le permitieron, diez aos ms tarde, enfrentar militarmente al la primera potencia mundial -el eje Berln / Roma- y vencerlo.

Y luego del 45, convertirse en una de las cuatro Grandes Potencias. En los aos 50 super prontamente a Inglaterra y Francia y a partir de 1950 comenz a igualar a los Estados Unidos de Norteamrica, a quien super en diversos escenarios como la conquista del espacio- en los aos 60.

De modo general, en la educacin, la ciencia, el arte, y la cultura, la URSS alcanz niveles excepcionales. Ni siquiera sus adversarios ms enconados pudieron nunca negar tales evidencias. Si hoy se habla de los adelantos de Cuba en materia de educacin, por ejemplo, hay que admitir que sa, fue una escuela que dej el socialismo, desde los tiempos de Lenin hasta nuestros das.

Y es que, en muy poco tiempo, en apenas medio siglo, la Unin Sovitica se forj como una Gran Potencia. Fue el primer Estado Pacfico y Creador de la historia humana. Y abri una perspectiva sin igual para el hombre. Por eso, su implosin constituy la mayor tragedia para los pueblos.

El tercer elemento clave estuvo vinculado a la capacidad de la URSS para salvar al mundo de la barbarie Nazi-Fascista. Mucho ms all de lo que hoy dice la prensa imperialista, fue la Unin Sovitica la que derrot a la Alemania Nazi en la II Guerra Mundial. Portentosas hazaas como la defensa de Mosc, el Cerco a Leningrado, la batalla de Stalingrado, el Arco de Kurts y la Marcha hacia Berln; fueron, una a una, epopeyas que marcaron historia y costaron la vida a 25 millones de soviticos. Nadie, jams, pag tan alto precio por la libertad.

Hoy se conocen los planes hitlerianos, aquellos que se habran puesto en ejecucin en el caso que la Alemania Nazi hubiera ganado la guerra: Mosc habra desaparecido completamente ahogada con todos sus habitantes, quedando convertida en una nueva imagen del Mar Muerto. Y en nuestro continente habran sido exterminadas todas las llamadas poblaciones nativas. Se habra repoblado estos territorios con exponentes de la raza superior, la Raza Aria.

La URSS no slo se salv a s misma. Salv al mundo del oprobio nazi; y nos salv, a los latinoamericanos, de la extincin total. Eso, nunca hay que olvidarlo.

Y el cuarto elemento a considerar es que, gracias a la Revolucin de Octubre y a la lucha nacional liberadora de los pueblos, se desmoron definitivamente el rgimen colonial. Cayeron -para no levantarse ms- los viejos Imperios Coloniales y asomaron centenares de nuevos pases en Asia, Africa y Amrica Latina. Y fue posible la Revolucin China, la liberacin de la India, la victoria de Corea, la Revolucin Cubana, el triunfo de Vietnam, el ascenso de las luchas de la clase obrera europea y el desarrollo de una slida conciencia antiimperialista de los pueblos de Amrica Latina. La URSS, fue el comienzo. Lo dijo el Amauta en 1921: La Revolucin Rusa es siempre el principio de la Revolucin Social.

  Aunque an subsisten algunos enclaves coloniales, es claro que ya qued en la historia la etapa aquella en la que los Grandes Imperios vivan de las riquezas de los pueblos sometidos. Con el advenimiento del Imperialismo, los esquemas de la dominacin son otros. Y los Estados surgidos en nuestro tiempo- afirman de manera constante y creciente, su independencia y su soberana.

  Vidas paralelas

  Guardando las distancias que la realidad reclama, hay que subrayar que, definitivamente, Lenin y Maritegui fueron vidas paralelas.

Ambos nacieron, aunque en distintas fechas, en el siglo XIX. Mientras el lder ruso vio la luz en una aldea lejana en 1870, nuestro Amauta naci al sur del pas, en Moquegua, en 1894. Y ambos vivieron poco tiempo muriendo en la primera parte del siglo XX con apenas seis aos de diferencia. Uno, en 1924 y el otro en 1930; con 53 y 35 aos, apenas, respectivamente.

Los dos se guiaron por el ideario Marxista. Y lo asumieron a partir de su propia experiencia de vida. Estudiaron la teora, asimilaron su prctica y enriquecieron sus formulaciones con aportes ideolgicos y polticos de innegable valor. Asistieron a la fundacin de sus propios Partidos, y fueron sus lderes histricos y naturales, sin apego alguno por cargos o por puestos.

Trabajaron siempre estrechamente vinculados a la clase obrera de sus propios pases, Y aportaron a sus luchas con vigorosas ideas y concepciones de clase. Fueron plenamente conscientes del papel de la prensa y trabajaron de manera infatigable en la batalla de ideas que libran los pueblos contra sus opresores.

Para Lenin, la Iskra las Chispa- y Pravda -Verdad-; fueron valiosas herramientas de combate: para Maritegui, Amauta y Labor jugaron un rol de primera importancia en la tarea de difundir el pensamiento.

Y los dos buscaron afanosamente conocer la realidad de sus pases y extraer de ella los caminos para avanzar a la tarea de sus pueblos. No en vano, la primea obra de Lenin se llam El desarrollo del capitalismo en Rusia, en tanto que la ms conocida de Maritegui fue sus 7 Ensayos

  Pero al mismo tiempo, fueron marcadamente internacionalistas, convencidos que la lucha que libraban no podra resolverse slo en el marco de las fronteras de sus pases, y que ellos tenan el deber de aportar al combate del proletariado universal alentando la Revolucin Mundial; porque, como Carlos Marx, haban llegado a la conclusin que no bastaba conocer el mundo, sino que haba que transformarlo.

  Pero, sobre todo, los dos fueron revolucionarios a carta cabal. Nunca se encasillaron en conceptos formales, ni en dogmas, rechazaron el diletantismo, y pusieron su mayor esperanza en la organizacin y en la conciencia de clase de los trabajadores. Enarbolaron la bandera del Socialismo con seguridad absoluta en el porvenir de los pueblos, y estuvieron imbuidos del ms alto sentido del optimismo en la historia. Los dos hicieron de la Poltica una elevada prctica de Pedagoga, y la ennoblecieron para colocarla en el sitial que le corresponda.

Maritegui en la senda de octubre

Algunos analistas del escenario mundial y hasta incluso personas consideradas de izquierda, se empean con cierta pertinacia en ubicar a Maritegui alejado de la experiencia Sovitica. Argumentando que fue un revolucionario original, distinto y distante de los comunistas ortodoxos, lo sitan casi como contestatario de la visin bolchevique, algo as como un libre pensador, ajeno a esquemas y a dogmas.

Las palabras dichas al desgaire pueden inducir a engao. Hay que partir de la idea que Maritegui fue un comunista. Y que los comunistas, por el mismo hecho de serlo, son originales, libre pensadores, ajenos a dogmas y a criterios formales, y a esquemas. Si alguien los tiene, registra defectos y deformaciones de ese orden, que finalmente lo alejan de su auto definicin.

Veamos en el caso concreto, cul fue la posicin del Amauta respecto a la Revolucin de Octubre. Recordemos, en primer lugar que slo cuando ella se produjo (noviembre de 1917) fue que Maritegui encontr el rumbo que buscaba: nauseado de poltica criolla, me orient resueltamente hacia el socialismo, rompiendo con mis primeros tanteos de literato inficionado de decadentismo y bizantinismo finiseculares dijo a inicios del 18 y muy poco antes de asegurar, que si bien su revista Nuestra poca no portaba un programa socialista, si apareca como un esfuerzo ideolgico y propagandstico en ese sentido.

Y porque andaba en ese sentido, Maritegui se vincul a las organizaciones sindicales de la poca, a la Federacin Grfica del Per, a los textiles, panaderos y otros, a los que procur entregarles un mensaje de clase que lo distanci obviamente de los anarquistas, que, a su vez, lo combatieron como lo recuerda en sus memorias Julio Portocarrero.

Fue con la intencin de conocer la experiencia europea que Maritegui viaj al viejo continente. All estudi el proceso de formacin de los Partidos Comunistas, se vincul a los ncleos revolucionarios ligados al Partido de Gramsci, nacido en Livorno; y analiz con singular detenimiento la evolucin de la naciente Rusia Sovitica.

Cuando tuvo lugar la Conferencia de Gnova para la reconstruccin de la economa de Europa,, en 1922, se anunci la posible asistencia de Lenin. Este no pudo concurrir. En su lugar estuvo el diplomtico sovitico Georgui Chicherin. Maritegui lo entrevist con singular inters porque eso responda a su ms definida vocacin poltica.

Maritegui no pudo viajar a Rusia por razones de orden estrictamente personal, como lo asegur, pero eso no disminuy su inters por el proceso sovitico, que sigui con diligencia ejemplar. Cuando retorn al Per, su quinta conferencia en las Universidades Populares Gonzlez Prada el 13 de julio de 1923- fue sobre la Revolucin Rusa; y luego, el 22 de septiembre de ese mismo ao, en la revista Variedades, insert un extenso artculo titulado precisamente Lenin. Recordemos algunos prrafos del mismo:

La figura de Lenin est nimbada de leyenda, de mito y de fabula. Se mueve sobre un escenario lejano que como todos los escenarios rusos, es un poco fantstico y un poco aladinesco. Posee las sugestiones y atributos misteriosos de los hombres y las cosas eslavas

Quienes han asistido a asambleas, mtines, comicios en los cuales ha hablado Lenin, cuentan la religiosidad, el fervor, la pasin que suscita el lder ruso. Cuando Lenin se alza para hablar, se suceden ovaciones febriles, espasmdicas, frenticas. Las gentes vitorean, gritan, sollozan. Pero Lenin no es un tipo mstico, un tipo sacerdotal, ni un tipo hiertico. Es un hombre terso, sencillo, cristalino, actual, moderno

Lenin es un revolucionario sin desconfianzas sin vacilaciones, sin grimas. Pero no es un poltico rgido ni inmvil. Es, antes bien, un poltico gil, flexible, dinmico, que revisa, corrige y rectifica sagaz y continuamente su obra la historia rusa de estos seis aos, es un testimonio de su capacidad de estratega y de conductor de muchedumbres y de pueblos

Alguien podra decir que estos escritos corresponden a una etapa de la obra del Amauta cuando estaba sensiblemente atrado por el genio de Lenin, por su vida o por su muerte. Pero no, aos despus, en febrero de 1928, cuando Trotski fue separado del Partido Bolchevique, Maritegui consider su deber resaltar nuevamente el papel de Lenin. Dijo:

La Revolucin Rusa, que como toda gran revolucin histrica, avanza por una trocha difcil que se va abriendo ella misma con su impulso, no conoce hasta ahora das fciles, ni ociosos. Es la obra de hombres heroicos y excepcionales, y, por este mismo hecho, no ha sido posible sino con una mxima y tremenda tensin creadora. El Partido Bolchevique. Por tanto, no es ni puede ser una apacible y unnime academia. Lenin le impuso hasta poco antes de su muerte su direccin genial; pero ni an bajo la inmensa y nica autoridad de este jefe extraordinario, escasearon dentro del Partido los debates violentos. El Partido Bolchevique no se someti nunca pasivamente a las rdenes de Lenin, sobre cuyo despotismo fantase a su modo un periodismo folletinesco que no poda imaginarlo sino como un Zar Rojo Lenin gan su autoridad con sus propias fuerzas; la mantuvo luego con la superioridad y clarividencia de su pensamiento. Sus puntos de vista prevalecan siempre por ser los que mejor correspondan a la realidad.

No necesitamos aludir extensamente a la posicin que asumi Maritegui cuando la crisis toc las fibras del Partido Bolchevique. Tan slo decir que el Amauta record que Trotski result el lder de una composicin heterognea en la cual se mezclaban elementos sospechosos de desviacin derechista y social-democrtica, con elementos incandescentemente extremistas, amotinados contra las concesiones de la Nueva Poltica Econmica, la NEP . Por eso, pese a reconocerle innegables meritos, nunca se sinti particularmente atrado por su figura ni por sus planteamientos.

Por lo dems, Maritegui observ con claridad un fenmeno errtico. Y dijo: El trotskismo no sale de un radicalismo terico que no logra condensarse en frmulas concretas y precisas.

Esta toma de posicin que reviste el carcter de una opcin de principios, no debe llevarnos a la confusin. Hay que juzgar siempre a los hombres de acuerdo al tiempo en el que vivieron, a los elementos de juicio con los que contaron, a los compromisos y tareas que abordaron, y al escenario concreto en el que les toc vivir y luchar.

Sera estril inducir un debate respecto a lo que podra haber sido la posicin del Amauta si ste hubiese tenido a la mano los elementos de juicio y los recursos con los que contamos hoy. El subjetivismo, en ese plano, siempre nos habra ganado la batalla.

Perfiles en la historia

Como puede apreciarse, al evocar el Centenario de la Revolucin Socialista de Octubre, resulta legtimo y emblemtico- citar a Lenin y a Maritegui. Sus vidas estuvieron estrechamente vinculadas a ese ideal que hoy vuelve a estar en los sueos y en las expectativas de los pueblos.

Aunque la URSS hoy no exista, los mensajes de su fundador, y los de su primer discpulo en el Per, se levantan con renovados bros y palpitan en el pecho de millones.

Llegar da, sin duda, en el que volver a brillar el sol del Socialismo alumbrando el derrotero de los pueblos. Cuando eso ocurra, se podr decir que Lenin y Maritegui, con sus perfiles diseados en la historia, sellaron finalmente su obra.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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