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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-11-2017

Ajiaco made in USA?

Carlos Luque Zayas Bazn
La pupila insomne


Segn el siguiente razonamiento, referido y limitado al acto deliberativo de masas durante la discusin de los Lineamientos pero extendido al debate actual: a) Si algunos ciudadanos hacen propuestas en relacin de no impedir o permitir la concentracin de riqueza en manos privadas, en abierta contradiccin con la esencia del socialismo, y b) si el poder poltico no impugn, no se manifest en contra de, la legitimidad poltica de los ciudadanos que tienen esa opinin, de all seguira que, c) los ciudadanos pueden ejercer y ejercieron su legitimidad poltica para emitir propuestas contrarias al socialismo, con la aceptacin del poder poltico.

Las premisas de esta argumentacin hablan muy positivamente de la capacidad y libertad de expresin que se ejerci en aquel proceso, y tambin del carcter democrtico, propio, cubano, especfico de nuestro sistema, ese que tanto le cuestionan. La inferencia, aunque expresada con circunloquios, es la que amerita algunas precisiones.

Existe una lnea roja respecto a la legitimidad poltica de los actores que hacen propuestas de cambio en Cuba?

Mi opinin es que, en efecto, existe. Y no es privativa de Cuba, sino universalmente aplicable e incluso punible: quien pretenda legitimidad poltica para hacer propuestas de cambios a un sistema legtimamente establecido cambios polticos o econmicos, o de cualquier otra ndole, si transgrede el principio moral, y tambin legal, existente en todo ordenamiento poltico de no rechazar para la consecucin de esos cambios cualquier tipo de asociacin o vnculo directo o indirecto con entidades extranjeras y enemigas de las que se pueda probar o tener la certeza razonable, basada en hechos pasados y presentes, de que esas entidades o sus representantes, por sus acciones y concepciones polticas e intereses se oponen, quieren modificar o subvertir al orden poltico con respecto al cual se aspire la legitimidad de la intervencin poltica, inmediatamente pierde esa condicin.

La legitimidad poltica en uso de la cual, en sus centros de trabajos, organizaciones sociales o de masas, en sus comunidades, o en cualquier otra entidad, los cubanos han propuesto cambios, o modificaciones, o aadidos a los principios y lineamientos de la actualizacin en curso, ha sido ejercida sin transgredir aquel principio bsico, incluso si han hecho una propuesta que exceda los lmites que debe tener la probable acumulacin de riqueza privada, o con respecto a cualquier otro tema en discusin.

Se pudiera admitir como hiptesis que uno o varios de esos cubanos que abogaron por la concentracin de la riqueza privada en el examen de los Lineamientos, lo hiciera desde el presupuesto personal de que el sistema capitalista es preferible para Cuba, y no simplemente que se debe tolerar una determinada concentracin de la riqueza privada. Pero si ese cubano no tiene una relacin orgnica, logstica u organizacional, no depende ni utiliza para posicionar pblicamente su criterio el trampoln de una entidad extranjera, gubernamental, pblica o privada, o, por cierto, colindante con ellas, y desde la cual pretenda y pueda hacer amplio proselitismo poltico por su idea, el uso de la legitimidad poltica que hara ese cubano en su acto de proponer, refutar, enriquecer, o complementar, lo estara ejerciendo en coherencia con el ordenamiento poltico y moral que le reconoce el derecho a ejercer su criterio y hacer su propuesta. No se trata de que haga una propuesta determinada lo que le podra negar su legitimidad para hacerlo. Se trata desde dnde lo hace y con qu objetivo lo hace.

La intuicin tambin existe en poltica. Cualquier cubano sabe o simplemente intuye y apoya el criterio de que la discusin popular de las polticas gubernamentales tienen como propsito contribuir a continuar el proyecto socialista, no a destruirlo. Sabe que hay compaas que son malas compaas. Y destruirlo es el objetivo del capitalismo mediante todas las vas posibles, las cruentas y las incruentas. Y entre las incruentas estn las ms o menos sutiles, la guerra cultural, la psicolgica, la ideolgica, pero tambin el uso de las academias aparentemente neutrales, los centros aparentemente independientes, el pensamiento aparentemente autnomo. Por ejemplo: La aceptacin tcita de la participacin en un evento para un proyecto de Constitucin cubana con financiamiento del gobierno de Estados Unidos y una entidad perteneciente a la terrorista Fundacin Cubano Americana aunque se pretenda escudar sobre un manto acadmico termina cualquier legitimidad en un debate.

La lnea roja en el ejercicio de la poltica en Cuba es la que se pone a prueba cuando los cubanos, al proponer en cada barrio a sus representantes, no aceptan con su voto mayoritario, por ejemplo, que otro ciudadano, francamente relacionado con un poder extranjero, de cualquiera de las maneras que existen para ello, sea elegido.

La conclusin del razonamiento inicial evocado en esta nota es forzada, porque las premisas no consideran, precisamente la zona donde adquiere legitimidad la participacin poltica en Cuba. Que est definida, entre otras, por la conviccin de que cualquier tipo de asociacin, relacin, dependencia, o vnculo de cualquier tipo con un poder extranjero enemigo, sus entidades o sus representantes, se sita, automticamente, fuera de zona. La pasada semana Pascual Serrano nos record una leccin que, aunque bien aprendida, se debe estudiar continuamente: quin es el que paga? He all la cuestin.

Nota final necesaria:

Ya daba por concluido el texto anterior, cuando hoy en la maana le el que parece el ms reciente artculo del Sr. acadmico Pedro Monreal, titulado El oro de Soros, el ajiaco conspirativo y el debate en Cuba. El asesor catedrtico evidentemente aqu se ha descompuesto y por momentos parece abandonar y rebajar su habitual y sereno tono acadmico a la debilidad de la ofensa. La confianza en la solidez de los argumentos evita, no necesita, acudir al lenguaje ofensivo directamente personal de que hace gala el estudioso en esta especie de ltima ratio de la impotencia argumentativa.

En efecto, para cualquier lector medianamente informado, las consideraciones que hace el Sr. Monreal del papel que juega Soros en el mundo acadmico, financiero y poltico hacen, cuanto menos, sonrer. Como suele suceder, su argumentacin, salpicada adems ahora de trminos ofensivos dirigidos a su contradictor (mentiras, bajeza moral, sordidez tica, tc.) ha sido el reconocimiento ms evidente de que resulta imposible explicar y justificar esa colindancia de su proyecto. (para emplear un trmino del mismo Monreal que le seala colindancia oficial a este escriba.) Por lo tanto, me ahorro aqu tratar el tema de las relaciones de la entidad que el acadmico asesora con la Open Society, y que el Sr. Monreal se ha limitado a presentar con un binarismo muy curioso: tenemos a un Soros bueno, a un Soros malo, y una amplia gama de Soros-grises donde con tanta holgura se acomodan ciertas academias y la gente de pensamiento que el filntropo millonario atrae a su rbita aceptando, por esa complejidad que no tenemos en cuenta los pobres ignorantes de este mundo, que algunas iniciativas hagan dao, y otras, beneficios.

No es mi propsito devolver ofensa con ofensa. En verdad no lo necesito. La desigualdad de saberes no me rebaja a la impotencia de la injuria personal. Creo que el Sr. Monreal est honestamente convencido de la cosmovisin que gua su obra, por lo tanto no le supongo a priori una intencin aviesa, ni un clculo fro. Toda postura ideolgica tiene un basamento filosfico. Los resultados que de una cosmovisin se derivan, pueden resultar tendenciosos, unilaterales, sesgados, pero un pensador, intelectual o investigador convencido de sus ideas, que no las trafique, prostituya, o adapte a circunstancias cambiantes con objetivos de medro, no es moralmente repudiable. Pero dicho esto debo declarar, sin ningn nimo de ofensa personal, sino dirigido precisamente al plano de las ideas, que me resulta muy sorprendente que el Sr. Moreal califique meramente a George Soros y la Fundacin Open Society como controversiales cuando muchas de las consecuencias de su actividad han sido francamente criminales.

No es posible extenderme aqu, a partir de los hechos probados, en consideraciones sobre los medios y los fines de este personaje y sus entidades que en el 2002 ya actuaban en ms de 50 pases, sobre qu significa realmente el tibio calificativo empleado por el Sr. Monreal. Baste saber esto: En 2002, George Soros declaraba: En la antigua Roma, slo los romanos votaban. Bajo el capitalismo mundial moderno, slo los estadounidenses votan. Los brasileos, ellos, no votan (Declaracin pblica de George Soros durante el Forum Social de Porto Alegre, Brasil. Citado por la Red Voltaire.). Slo apunto algo que ya cualquiera sabe, cualquiera, por supuesto, que se informe slo un poco: el apoyo del especulador financiero a una amplia serie de entidades y causas que, en su diversidad, abarcan algunas de orientacin progresista, radical y de izquierda, como afirma el Sr. Monreal, no se debe utilizar como argumento del lado positivo de la actividad de este personaje expresado con un enfoque de asptica neutralidad desidelogizada. No es casual que el ncleo fundamental de los economistas que acompaan y ejecutan sus mltiples proyectos, sean neoliberales.

La historia de cmo y con qu objetivos se apoyan las causas y los intelectuales progresistas, radicales y de izquierda, y por cierto, tambin comunistas renegados o desencantados, creando y financiando medios, revistas, premios y simposios, se encuentra profusamente documentada y analizada en el libro de Frances Stonor Saunders, La CIA y la guerra fra cultural.

Todo esto recuerda una pregunta que Retamar diriga a un escritor latinoamericano cooptado como director de una revista que despus se confirm era financiada por la CIA, pregunta plenamente vigente: O debemos creer que el imperialismo norteamericano () se ha entregado de repente al patrocinio desinteresado de las puras tareas del espritu en el mundo?.

Fuente: http://lapupilainsomne.wordpress.com/2017/10/31/ajiaco-made-in-usa-por-carlos-luque-zayas-bazan/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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