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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-11-2017

El da que nos atacaron a tiros en una mina de la Repblica Democrtica del Congo

Klaas van Dijken y Lisa Dupu
El diario/The Guardian


- Los periodistas holandeses Klaas van Dijken y Lisa Dupuy cuentan en primera persona el ataque que sufrieron junto a los agentes forestales de la Repblica Democrtica del Congo en una mina de oro de una reserva natural

- Los agentes forestales son el ltimo objetivo en una guerra por los recursos naturales. En el ataque murieron cinco personas, cuatro de ellos agentes forestales

Trabajo de los mineros que extraen coltan del la mina de Senator Edouard Mwangachuchu en North Kivu (RDC). / Foto: Lucas Oleniuk (Efe)

El conflicto siempre est cerca en la Repblica Democrtica del Congo, un pas rico en recursos naturales como oro, diamantes, coltn y estao. Actualmente est al borde de una nueva guerra civil. Las tensiones no han dejado de aumentar desde diciembre, cuando el presidente Joseph Kabila decidi posponer las elecciones.

A medida que la situacin empeora, los analistas apuntan al papel de la minera en los conflictos. Grupos opositores luchan por el control de los recursos naturales del pas y utilizan los ingresos para comprar armas en momentos de incertidumbre. Todo esto son muy malas noticias para la preciada naturaleza de la Repblica Democrtica del Congo.

Este verano, nosotros los periodistas holandeses Klaas van Dijken y Lisa Dupuy viajamos a la Repblica Democrtica del Congo con la fotgrafa estadounidense Adriane Ohanesian para centrarnos en el papel que juega uno de esos recursos en el aumento de las tensiones: el oro.

Como parte de un proyecto a largo plazo para Lighthouse Reports y medios holandeses, queramos informar sobre cmo el oro ha desencadenado un conflicto entre los agentes forestales, las milicias, el Ejrcito, los mineros furtivos y las comunidades locales, y cmo este oro est conectado con los mercados occidentales y con los productos de lujo y aparatos electrnicos que compramos en el mundo desarrollado.

Viajamos al noreste del pas, a la Reserva Natural de Okapi, un patrimonio mundial extraordinario y una zona rica en oro. Durante algunos aos, esta zona no ha sufrido conflictos a gran escala, pero nos cuentan que en el pasado ha recibido serias amenazas de milicias locales y que es probable que la regin vuelva a entrar en una espiral de caos y violencia.

Nuestros guas en la zona son los agentes de la reserva natural, empleados del Instituto de Conservacin Congoleo (ICCN). Ellos son la autoridad legal en la reserva. Les gusta ensearnos el trabajo que desempean y nos aseguran que las cosas estn ahora calmadas.

Cuando pedimos viajar fuera de la base, en la poblacin de Epulu, las autoridades deciden que deberamos acompaar a una patrulla a una antigua mina ilegal, aproximadamente a una hora en coche de distancia o cinco andando.

Haca fro a primera hora de aquella maana anterior al ataque. Subimos en la parte trasera de la ranchera y salimos camino a la ruta que lleva a la mina de Bapela. De la espesa niebla de la maana salen los primeros ruidos de la selva. Estamos con un grupo de seis agentes forestales, dos asistentes, otro que lleva la canoa y nuestro traductor. Adems, nuestro grupo se reunir ms adelante con otros 10 agentes forestales ya en la mina.

30 kilos de oro a la semana

En el ro Epulu, que tuvimos que cruzar con una pequea canoa, una ardilla voladora salta de rbol en rbol por la orilla. No hay rastro del okapi, un tmido animal mezcla entre una cebra y una jirafa y autctono de esta regin. La reserva natural recibe el nombre en su honor.

El desastroso impacto de la minera ilegal en el ecosistema se hace evidente en cuanto llegamos a Bapela. El suelo, rojizo y agrietado, contrasta con los verdes brillantes de la selva. Hasta marzo de este ao unos 1.500 mineros ilegales han buscado oro en esta zona.

Los mineros recogen unos 30 kilos a la semana tras limpiar la zona de rboles. Por aquel entonces, este sitio debera parecerse a un asentamiento temporal con bares, tiendas y burdeles. Pero en marzo, un grupo de 12 agentes forestales ahuyent a los mineros. Un trabajo arriesgado, reconocen. Sin embargo, ahora consideran este punto como un smbolo de victoria.

Un agente nos cuenta que su base en Bapela, construida estratgicamente en la colina por encima de la mina excavada, es de una importancia crucial. Si nos alejamos dos das, los mineros vuelven, cuenta Lopold Gukiya Ngbekusa, de 61 aos, que creci en la selva incluso antes de que existiese la reserva.

Mi padre me traa aqu a lomos de un elefante en 1956, recuerda. Se hizo agente forestal cuando se cre la reserva en 1992. Ahora, el oro simplemente desaparece. Se lleva a personas ricas que cogen lo que quieren y se van, aade.

En un estudio de 2016, el relator especial de la ONU describi el papel de los comerciantes que mezclan el oro de las minas ilegales como Bapela con el oro de las minas legales. Posteriormente el oro se funde, impidiendo distinguir su procedencia. Finalmente, se vende a empresas, incluidas occidentales, que producen bienes de lujo, joyas y aparatos electrnicos.

Ngbekusa asegura que no est interesado en la gente que compra oro en Occidente, pero le preocupan las armas que introducen los mineros en la selva. Ngbekusa ser uno de los primeros agentes en morir durante el ataque que sufriremos al da siguiente.

Es 14 de julio por la maana. La niebla cubre la vegetacin, atravesada por los brillantes rayos de sol. Otra vez, la maana es fra, pero la temperatura y la humedad aumentan rpidamente. Pasamos la maana entrevistando a los agentes y grabando imgenes de la zona.

Ser agente forestal es una de las pocas oportunidades de trabajo estable en la regin. Tan solo 120 agentes son responsables de toda la reserva, que se extiende por ms de 13.000 kilmetros cuadrados de espesa jungla. Incluso en ese grupo, solo 70 estn lo suficientemente en forma como para participar en cansadas y peligrosas patrullas a pie.

Muerte y desaparicin

A la hora de comer paramos la marcha y los agentes ponen a un lado las armas y empiezan a cocinar arroz y judas. Cuando el sonido de las balas rompe la calma, parece que las judas estn explotando o que se ha cado una de los AK-47 de los agentes y se ha disparado por error. Un segundo despus, nos damos cuenta de que nos estn atacando.

Cunde el pnico. Nos tiramos a cubierto y corremos por encima de las las lonas naranjas y azules colina abajo, donde se haba levantado la base temporal. Nuestro telfono satelital est a dos pasos en la direccin contraria. Vemos a Adriane y a nuestro traductor, Horeb Bulambo, corriendo en una direccin ligeramente diferente a la nuestra.

Seguimos a tres agentes forestales por la mina, pasamos a otro que dispara su arma por encima del hombro y buscamos ponernos a cubierto entre la maleza. Escuchamos a uno de los comandantes gritando rdenes a sus agentes, pero su voz queda prcticamente ahogada por los siniestros gritos de los atacantes y el ruido de los disparos. El ruido seco y repetitivo de una ametralladora parece casi una msica de fondo.

A medida que se acaban los disparos, vuelve el silencio de la selva. No tenemos ni idea de lo que acaba de ocurrir, dnde estn los otros agentes forestales o si Adriane y Horeb estn con ellos.

Nos agachamos en nuestro escondite entre la maleza. Los minutos pasan lentos y el silencio se alarga durante media hora. Una segunda ola de disparos a escasos metros interrumpe el silencio. Dos agentes avanzan lentamente. Las balas continan y parece que los atacantes se acercan.

Volvemos a correr. Las ramas nos araan la cabeza y el cuerpo. Durante una breve pausa los agentes deciden escoltarnos y obtener refuerzos. Nos llevan a toda velocidad por la jungla siguiendo prcticamente el mismo camino que habamos tomado 24 horas antes y aseguran que esta es la decisin correcta. Mientras nos abrimos camino por la selva, uno de los agentes susurra: Aqu tenis la historia verdadera. Esta es nuestra realidad.

Sin seal telefnica en la selva, nadie del Instituto Congoleo de Conservacin se ha enterado del ataque. Somos los primeros en llegar a Epuli. Inmediatamente informamos a las autoridades, pero la noche ya ha cado y ya es demasiado peligroso iniciar una misin de bsqueda y rescate en la selva. Un grupo de agentes forestales saldr de la base con los primeros rayos de sol acompaados de soldados del Ejrcito congoleo. En el pasado, soldados y agentes forestales se han enfrentado entre ellos por los recursos naturales de la reserva, pero esta es una emergencia. Adriane, Horeb y 12 agentes estn desaparecidos.

12 horas escondidos en la jungla

Al da siguiente, al tiempo que los soldados y los agentes llegan a Bapela, Horeb y el grupo de agentes desaparecidos aparece entre la jungla. Pensaban que Adriane estaba con nosotros. La vi correr justo detrs de vosotros!, grita Horeb.

En ese momento, gobiernos, embajadas y Naciones Unidas ya haban sido informados de la situacin, pero tendran que pasar otras 12 tensas horas para rescatar a Adriane. Haba estado escondida en una cantera minera durante casi 20 horas hasta que la encontr el equipo de bsqueda y rescate.

Cuatro agentes y un ayudante murieron en el ataque de Bapela. Sus cuerpos llegan finalmente a Epulu dos das despus del ataque. All les esperan sus atades. Al borde del cementerio, un nio llora desesperado. Papi, papi, papi!.

Una semana despus de salir de Epulu encontraron al ayudante que todava estaba desaparecido. Haba sido secuestrado y torturado por los atacantes, pero consigui escapar del grupo armado. Parece que los responsables del ataque, 15 en total, queran hacerse con el control de la mina. Quines eran sigue siendo una incgnita, pero el Instituto de Conservacin Congoleo y el Ejrcito lo estn investigando. Cinco sospechosos han sido detenidos, pero su papel en el ataque, si es que tuvieron alguno, no est claro.

Mientras tanto, los agentes y los soldados que han recuperado el control de Bapela estn presentes en la jungla. Los agentes forestales con los que seguimos en contacto nos cuentan que la lucha por el oro de Okapi no ha terminado y que esperan otro ataque en Bapela pronto.

Nota de los autores: cinco personas, Sudi Koko (1992), Antopo Selemani (1970), Patrick Kisembo (1991), Lopold Gukiya Ngbekusa (1956) y Lokana Tingiti, murieron en el ataque sobre la mina de Bapela en la reserva natural de Okapi el 14 de julio de 2017. Las familias de los agentes reciben una pensin, pero no es suficiente para cubrir la seguridad social, las tasas de educacin y la sanidad. Para apoyar a estas familias, visita la pgina de donacin de Wildlife Conservation Global. Selecciona el proyecto de conservacin de Okapi como destino de tu donacin y utiliza la palabra RANGERSUPPORT en los comentarios para indicar que te gustara que tu donacin se destine a las familias de los agentes de la reserva natural de Okapi.

Traducido por Javier Biosca Azcoiti

Fuente: http://www.eldiario.es/theguardian/dia-atacaron-tiros-mina-Congo_0_693981344.html



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