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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-11-2017

Chiapas, el valor de la insurgencia

Juan Cuvi y rika Arteaga
Rebelin


No estn mudos, nunca han partido nuestros muertos,  
porque se les oye en la lea que arde,
en el sollozo del humo, en los labios de la llaga.
Hombro con hombro vivos y muertos vamos,
porque todos venimos del goteo de un rbol...
Como no dirs... Como no diremos.
(Poema Juan Bauelos tras la masacre de Acteal).


Los zapatistas han reivindicado a la subversin como una forma de estar en contra y al margen del sistema, de la hidra capitalista, como le dicen. Al margen, pero no marginados. Al contrario, son protagonistas centrales de la poltica mexicana, y han obligado al Estado a aceptarlos y reconocerlos: la autonoma de los caracoles implica la existencia real, concreta y tangible de un mundo dentro del Estado. El otro mundo posible se vuelve realidad con este mundo en el que caben los otros, las diversidades, los inconformes.

Dos kilmetros antes de la entrada al caracol de Oventik esta paradoja se manifiesta en toda su desnudez. A partir de ese punto, el pasamontaas negro y el paliacate rojo pasan a ser el smbolo de identidad relevante de las comunidades. Quienes controlan el trnsito, organizan el evento, venden en la cafetera, atienden en el centro mdico, las que ejercen el cuidado de la vida y los que asumen la seguridad los portan.


Militante indgena zapatista amarcando a su hijo.


Todo est listo para recibir a Mara de Jess Patricio Martnez, Marichuy, la candidata a la presidencia de la Repblica por el Congreso Nacional Indgena. No la candidata la vocera: una voz que habla por las 43 voces de los pueblos. Porque desde la lgica de una democracia alternativa, los pueblos deben tener nicamente quien transmita las decisiones colectivas, encarnando el clebre mandar obedeciendo. No necesitan quien los represente, porque en la plaza de Oventik estn todos. Como dijo una de las oradoras, hay que construir la telaraa desde abajo.

Nios, nias, jvenes, viejos, indgenas, mestizos, la banda de msica, las artistas con pasamontaas. Es la provocacin desde el anonimato, y tambin la realizacin desde la igualdad. Ya no sers t; ahora eres nosotros, clama la consigna en uno de los murales que adornan las paredes del centro poblado. Es la semejanza la que les permite sumergirse en la colectividad.

La calle de honor que se ha improvisado para recibir a la vocera pone la carne de gallina. A cada lado del amplio acceso a la plaza, un slido bloque de militantes firmes, disciplinados, nos miran con una mirada indescifrable. Estarn impvidos, estarn rindose en el poder de sus miradas? La mayora son mujeres, muchas con vestimenta indgena. Todas portan pasamontaas. Son trecientos metros de una pared de mirillas elpticas, de ojos oscuros y penetrantes. Sobrecogen. Ya lo percibi Antonio Machado hace mucho tiempo: el ojo que t ves no es ojo porque t lo veas, es ojo porque l te ve.

La calle de honor para recibir a Marichuy a la entrada de Oventik.

Qu significan miles de campesinos y pobladores ocultando su rostro en un territorio donde la ausencia obligada del Estado nacional es una realidad? En Oventik no hay polica, ni Ministerio de Salud, ni Ministerio de Educacin, ni funcin judicial. Qu significa que una de las oradoras intervenga abiertamente a nombre del Comit Clandestino Revolucionario Indgena? Por mucho menos, en el Ecuador ya habra ingresado por la fuerza el Ejrcito, con la sagrada misin de preservar la integridad del territorio nacional y salvaguardar los intereses superiores del Estado. Pero aqu se subvierte el orden a plena luz del da, frente a decenas de cmaras y periodistas que vienen a registrar y cubrir el acontecimiento. S, porque es un acontecimiento, un quiebre ideolgico, cultural y simblico del anquilosado poder poltico mexicano.

La feminizacin del proceso

Vocera oradoras. No es un lapsus. Las mujeres copan absolutamente todos los espacios relevantes del evento. Estn en la mesa directiva, integran los grupos de teatro, realizan las coreografas, declaman. Recalcan una y otra vez en un discurso contra el patriarcado, el machismo y el capitalismo. Podra pensarse en una conexin con alguna forma de matriarcado precolombino. Nada de eso: el zapatismo lleva aos peleando por contrarrestar la vieja y enraizada masculinizacin de la poltica.

Ningn hombre intervino en un evento en el que se tejen solidaridades de varias luchas: una madre de los 43 de Ayotzinapa, la joven tzotzil sobreviviente de la masacre de Acteal, la consejera indgena de gobierno, la vocera nacional, las comandantas del zapatismo. Ellas, y los 163 concejales del Congreso Nacional Indgena, recorrern el pas en cuatro a cinco buses para enfrentar con valenta el dolor intenso de tener desaparecidos, asesinado. Vivos y muertos caminarn hombro a hombro, enfrentarn el sabotaje electoral y seguirn construyendo desde abajo.

Mural en una de las paredes de Oventik. Representa a una mujer con el tradicional paliacate.

Y hubo de todo. Una declamadora comparti un poema que pondra los pelos de punta a la feminista ms flexible: alab a la madre pura de izquierda y recrimin a la pura madre de derecha. Bien a lo mexicano, cuate! O Los Originales de San Andrs, el excelente grupo de corridos zapatistas que interviene al final, con pasamontaas y guitarra elctrica. y que no puede escapar de la maldicin panfletaria de la izquierda. Solo les falta componer un corrido a la lucha de clases y al origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. Igual les compramos un CD.

El zapatismo y este otro mundo se construyen desde lo simblico, desde el arte, desde el lenguaje y desde la inclusin; desde la magia de combinar danzas tradicionales indgenas con ska revolucionario, para terminar con el trillado Venceremos! en menos de tres minutos; desde el discurso de Marichuy exigiendo la necesaria inclusin de los homosexuales en un proyecto comn.

Militantes zapatistas descansan junto a un mural al pie de la oficina del Consejo Autnomo de Gobierno.


De terremotos

El evento es largo, pero no se lo siente interminable. Por pura novedad o porque una fuerza colectiva tan intensa contagia? Luego de ocho horas ininterrumpidas, todava tenemos fuerzas para quedarnos al corrillo que se arma frente a la puerta de un patio. Estn esperando a que salga el subcomandante Galeano (ex Marcos), nos dice un militante con la ms absoluta parsimonia. Ni modo, toca quedarse.

Quien sale es Marichuy, acompaada por los miembros del Consejo de Gobierno Indgena. Estuvieron planificando la campaa. Desde Ecuador te apoyamos, Marichuy!, hubo que gritarle en medio del gento, como para exorcizar nuestra arraigada fobia al anonimato nacional. Se volvi a agradecernos con la mirada y continu su peregrinaje hacia la nueva utopa indgena.

Ingreso del EZLN minutos antes de la llegada de Marichuy. En las ceremonias pblicas est prohibido portar armas. Solamente llevan toletes.

Nadie podra imaginar que hace un mes hubo un gran terremoto en la regin. Ni siquiera en San Cristbal de Las Casas, donde lo nico afectado son algunas iglesias y escuelas. La que ms ha padecido es la catedral, donde reposan los restos del obispo Samuel Ruiz, a quien alguna vez le endosaron la funcin de idelogo del zapatismo. Fuimos a dejarle unas flores, pero no se puede entrar. Le encargamos al actual obispo que le pusiera una orqudea en medio de los escombros.

El verdadero terremoto ocurre a lo lejos, en las montaas zapatistas. Chiapas provee la mitad de la energa elctrica de todo Mxico. Aqu se encuentran las mayores represas del pas y la electricidad es la ms cara del pas. Y los pueblos indgenas estn imponiendo la autonoma para sus territorios. Muchos deben estar asustados.

Multitud en la plaza de Oventik. Asistieron cerca de ocho mil indgenas y campesinos.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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